por Isma Álvarez Paz | 28/01/2022 | Otros relatos
Los que tenemos una afición entre escasa y nula por ir a comprar ropa y complementos en general, nos vemos obligados a pasar por una prueba terrible cada cierto tiempo: IR A COMPRAR ROPA. En mi caso, y para esta materia, hago planes quinquenales. A lo soviético. Hay que ser organizaos.
Pues hoy, mi idea de comprar ropa para la temporada 2022-2026, cosa a mi juicio muy conveniente, se vio, al igual que ocurrió en las últimas 30 temporadas, salvajemente reprimida por mi señora, que dice que de eso ni hablar. Que la persona humana ha de ir varias veces al año a adquirir vestuario. A mí me parece que eso vulnera los derechos humanos, la Convención de Ginebra y el Tratado de Versalles. Y además no es ecológico porque haces varios viajes. Le he preguntao a Gretatúmberg y dice que efectivamente hay que ir varias veces al año, pero en velero.
El caso es que mi señora no atiende a a razones en lo concerniente a este delicado asunto, procediendo yo a obedecer, pero con desgana. Como queriendo dejar clara mi opinión y lo mucho que me contraría.
Porque según parece, mis planes quinquenales de ir a comprar ropa, no pueden ser «porque luego no se lleva». Y, según parece, eso es un problema. No me entra en la cabeza. ¿Cómo que no se lleva? ¿A dónde no se lleva? Pues según ella, mis magníficas calzas, mis rumbosos jubones, casacas y polainas en perfecto uso, no se llevan. Y punto. En ese asunto envidio a los de la tribu esa que se apaña con una calabaza a modo de funda para lo que es el manubrio, o a los coreanos del norte, porque ahí ya te dan masticao el asunto del outfit : hay dos modelos de pantalón, dos de camisas, uno de jersey, uno de chaqueta, y otro de gorra. Y asunto resuelto. Las botas, iguales para todo quisqui. Si eres militar, lo mismo. Con la salvedad del color, y de que que si eres general o algo de eso tocho, te ponen un tablón de anuncios a cada lao de la pechera, pa ir clavando las medallas en el corcho. Que con toda esa quincalla colgando de la pechera van desafiando la Ley de la Gravedad que eso no es normal.
Se han dado casos de generales norcoreanos que terminaron sus días esmorraos contra un aparato de esos de resonancia magnética. El último de estos luctuosos episodios ocurrió el pasado día 13, cuando el general Kwan Tan Amera paseaba por Pyonyang sin meterse con nadie, que bastante tenía el hombre con arrastrar sus 43 kilos de medallas con su 1,52 de altura, para instantes después fenecer estampao contra el resonómetro magnético de la clínica La Pilarica, cuando el doctor Antonio Parraguero le dio al play del artefacto en su consulta de Zaragoza. El infortunado doctor, en declaraciones al Heraldo de Calatayud manifestó estar hasta los magnetones de que se le estampen generales norcoreanos en el resonómetro magnético. No me extraña. Luego no hay quien saque los restos de general norcoreano ni con KH7.
Mis consejos a este respecto, son los siguientes:
-No seáis generales norcoreanos
-No montéis clínicas de resonancia magnética, que luego echáis más tiempo desincrustando restos de general norcoreano, que resonando magnéticamente. Y se pierden perras a lo tonto.
-Comprar pantalones: eso es LO PEOR DE LO PEOR. Hemos ido a la luna, metemos microchises en vacunas, hemos inventao las patatas onduladas sabor morcilla de Burgos, PERO A ESTAS ALTURAS HAY QUE ENTRAR AL PUTO PROBADOR CON MEDIA DOCENA DE PANTALONES, QUE ESO ES UN LÍO. ¡PERO INVENTAD UNA APP O ALGO, CABRONES!
Que leas un QR en la etiqueta, y te diga : «pilla estos, que entras», «te hacen culo carpeta. Pasando», o «¿Ánde vas, alma cántaro? Que estos pantalones son skinny y tienes 50 años». Pero como esto, según parece, ES MUCHO PEDIR A LOS SEÑORITOS FABRICANTES, os sugiero que si probáis un modelo y os entra, pidáis que os pongan ocho como ese. Si acaso en varios colores, pero sin pasarse, que luego empezamos con la mierda de que si combinan o dejan de combinar. Regla de oro: si te entran, y puedes abrocharlos decentemente, combinan. Punto.
-En caso de duda, todo negro. Que pega consigo mismo y adelgaza.
-Las camisas, sudaderas, y afines, no se prueban. Eso se coge por los hombros haciendo pinza con los dedos, y se estiran los brazos lo más que puedas. Miras a ojo de buen cubero torciendo un poco la cabeza de lao, y dictaminas: «me entra». Y asunto resuelto. Es de tu talla. Pa la cesta. En caso de duda, pregúntale a otro tío si cree que te entra. Hay dos opciones: que te dé la razón pa no meterse en líos, o que le pregunte a su pareja si te entra. Cosa esta última, sumamente inquietante. Tira la prenda al suelo y huye.
-Si no tienes claro si la sudadera pega con una determinada camiseta, sube la cremallera de la sudadera hasta arriba y automáticamente, ya pega con todo lo que lleves debajo. Garantizao.
-Los calcetines, gayumbos, y moda interior en general, es talla única. Ni mires. Por algo el Señor, en su infinita sabiduría, los hizo elásticos.
-El calzado, en principio, no se prueba. Menudo coñazo, y qué tensión. ¿Y si llevas tomates en la calcetinada? Nada, nada, pilla, y ya si eso al llegar a casa, si ves que te aprietan, mételos al microondas, que eso con el calor dilata. Si son unas camperas de esas con la punta metálica en forma de calavera, no. Que jodes el microondas. Por cierto: menudo macarra que estás hecho. Dile al jefe del cártel para el que trabajas que contrate a Josie para asesoraros en materia de moda ¡Gañán!
Y esto es todo lo que se debe saber de moda, amigos.
por Isma Álvarez Paz | 25/01/2022 | Otros relatos
Me fascinan muchas cosas. Pero una de ellas, son los videos de señores japoneses de mediana edad que tienen autocaravanas diminutas de la Señorita Pepis, que caben ellos de puto milagro. Y eso que los japoneses suelen ser de natural compactos. Menos los que hacen Sumo. Las autocaravanas en cuestión vienen a ser del tamaño de un Seat 850, pero con la caja de cierta altura para que pernoctar ahí sea medianamente compatible con la vida y con las leyes físicas del universo.
Lo llamativo del asunto, es que los tíos llevan todo tipo de equipamientos ahí embutidos: panel solar, agua, cagaducto y meaducto portátil, cocina, herramientas, un kayak, una muda limpia, y el lecho para pernoctar.
La mecánica es muy simple: la del video, digo. La de la autocaravana es un milagro, porque meter todo eso en el chasis de un Seat 850 tiene más mérito que el que le insufla la anchoa a las aceitunas y luego les pone la tapa. Una por una. Si eso no es brujería fina, yo ya no sé. En el video te cuentan todas las mierdas que lleva su miniautocaravana llavero, que como digo no son pocas. Lógicamente lo hacen en japonés. Porque los japoneses para esas cosas son muy suyos. Generalmente, te dicen que van a ir con su troncomóvil de Feber a la prefectura de Waygu a tomar una baño termal y a comprar cosas para cocinar dentro de su 850-vivienda. Y, efectivamente, el señor Kagarata se va a la prefectura en cuestión a 60 por hora, que es lo que alcanza el Japomóvil si le pisas como si no hubiera un mañana. La prefectura está a 600 kilómetros, pero sin embargo el tío llega a destino antes de la siguiente glaciación. Ahí tiene que haber truco.
Los videos suelen empezar así:
-¡¡¡JAI!!! ¡¡¡ARATO SO DOGU TOYOTOTOMI!!!
Que te pegas unos sustacos de la hostia, porque parece que el señor Kagarata está como encabronao, y lo que esperas es que a continuación salga una mano de la pantalla y te meta una guantá que te salte un globo ocular. Pero enseguida ves que está contento porque hace una reverencia y sonríe para, acto seguido, rematar con un rotundo:
¡¡¡HARI TOKAMI SO MASSSSSS!!!
Que ahí vuelves a dudar y te dan ganas de pedir perdón, por si acaso. Mientras tanto vas leyendo los subtítulos traducidos automáticamente por Youtube, que a mí personalmente me generan ciertas dudas en cuanto a la precisión:
-Broncearse hola entonces. ¡La cáscara es un poco trocánter! ¡Cascayu! ¡Maleta! ¡Pocos faradios te han dao a ti de muchacho! ¡Alimaña! ¡Calzonazos! ¡ORIGAMI TOKASAKO!
Pero, más o menos, te vas enterando de lo que dice el señor Kagarata, que con gran emoción va sacando todo tipo de artilugios, que no sé dónde coño los guarda, pero el caso es que los lleva en su velocípedo-vivienda. Sólo en materia de termómetros digitales lleva como 8. Y los coloca estratégicamente por todas partes . ¡PERO QUÉ DIFERENCIAS DE TEMPERATURA ESPERAS ENCONTRAR, SI TU VEHÍCULO MIDE 1,50 DE ANCHO POR 1,80 DE LARGO! ¡ALMA CÁNTARO!
Tras constatar con gran satisfacción que la diferencia de temperatura entre el habitáculo y el exterior es muy notable, el señor Kagarata se va a tomar un baño termal, que los japoneses son mucho de eso, y acto seguido se pone a cocinar dentro de la autocaravana de bolsillo para tomarse un «bocadillo de medianoche». O eso dice er hioputa. Porque saca un bistec de buey de Waratashi, catorce salsas, un saco de verduras, un paquete de salchichas que he visto pértigas más pequeñas, y lo cocina todo mientras va trasegando cervezas como quien bebe agua del grifo. No contento con ponerse hasta el ojete con todo eso, con lo piquiñico que es el buen hombre, que eso es tamaño cuartilla, después se cocina un perolo de 80 centímetros de diámetro de fideos de esos de Yatekomo Kawasaki y se los come sorbiendo estrepitosamente, que en Japón es una cosa que está muy bien vista. Y luego se casca otras seis cervezas. ¿Cómo no va a estar contento el cabronazo? Menuda vidorra. Pues si eso es un «bocadillo de media noche», yo no quiero pensar lo que será una espicha japonesa. De ahí vuelves a casa en UVI móvil.
Y luego el señor Kagarata se va a dormir. A la mañana siguiente, observas con estupefacción que el cabronazo se prepara para desayunar una tarreña de arroz que, cabalmente, vienen a ser unas ocho raciones de persona normal. Con salchichas, y panceta de la prefectura de Tocinako. Y le casca dos huevos encima.
Eso es pa verlo, y por eso me fascinan tanto los videos de señores japoneses que tienen microautocaravanas.
Buenas noches.
(en la foto, el señor Kagarata diciendo «broncearse hola, entonces» sin venir a cuento, en el aparcamiento del Pryca de Japón)
por Isma Álvarez Paz | 19/01/2022 | Otros relatos
Hoy me han infiltrao una mano. Ya os digo directamente que es un timo y una decepción muy grande. Yo estaba intrigadísimo por saber dónde me la iban a infiltrar concretamente : en una organización criminal (partido político, mafia local, fabricante de tortillas de brócoli, eléctricas, petroleras…), en alguna caja «B» bien surtida de rupias, en una banda de cuatreros de Mongolia Exterior, que es una cosa que me hacía una ilusión que flipas… Esto último es porque, que yo sepa, en Nachonal Yeografis no tienen ningún documental acerca de las bandas de cuatreros en Mongolia Exterior. Cosa que me parece fatalamente y una discriminación intolerable hacia los cuatreros de Mongolia Exterior, que también son personas y tienen sentimientos. Bueno, en realidad no sé si los tienen o no ¡CLARO, JODER PORQUE NO HAY DOCUMENTALES AL RESPECTO! ¿Yo pa quién hablo? Eso sí: documentales de pingüinos, monos capuchinos y dragones de Komodo, lo que quieras.
Como opciones secundarias para que me infiltraran tenía, por este orden:
-Infiltrao en una vacuna, camuflao entre los microchises. Era una opción muy buena, porque podía atacar desde dentro y tocar los webos por vía intravenosa. A lo caballo de Troya.
-Infiltrao en lo de «El Jefe Infiltrado» para poder trolear al jefe haciéndome pasar por una mano de empleado infiltrao que hace como que trabaja allí, pero no. A lo subsecretario nombrao a dedo.
-Infiltrao en un test de antígenos, falseando el resultado: todo Cristo embarazao, positivo en dengue, y en hemorroide sangrante. Menudas risas.
Pues no: es una inyección. Eso duele más que el final de los Serrano. Más que introducirse una motosierra por la uretra (esto lo supongo, ya que por desgracia, tampoco hay documentales de meterse motosierras y aperos de motor en general por la uretra).
Otra decepción más en la vida. Con la siguiente decepción que me sellen, ya saco pa la batería de cocina San Ignacio.
Por no mencionar que ahora lo más que puedo hacer con la mano infiltrada es saludar como la reina de Inglaterra. Mira, de verdad…
por Isma Álvarez Paz | 14/01/2022 | Otros relatos
-¡Albricias, madre! ¡Qué venturoso día, padre! ¡Apenas puedo contener la emoción! ¡Cuán agradecido me hallo por la deferencia que han tenido ustedes para conmigo al traerme a este mercado tan vasto y bien abastecido! ¡Vean qué variedad de adminículos! ¡Cuán abundantes abarrotes y ultramarinos! ¡Qué ingente cantidad de mercaderías!
-¡Amos, no me jodas Carmen! Este niño no es hijo mío. ¡Que tú me la has pegao con el butanero, lo sabe hasta el papa de Roma!
-¡Deja en paz a Genarito, Paco! Ya sabes que le encanta venir al Carreful ¡Y no nombres al Santo Padre sin haber necesidad! ¡Ni a Genaro el butanero, que Dios lo tenga en su gloria!
-¡Cómpreme unas abarcas, madre! Que está por venir la temporada de lluvias, y será menester contar con unas por no andar con los pies encharcados por esos mundos de Dios. ¡San Andrés nos ampare y nos libre de semejante penuria!
-¡La mierda’l niño! Yo me viá jasé el jarakiri aquí mismo ¿Ánde queda la sección de cuchillería y alfanjes en general?
-¡Paco, no empieces! Deja al niño que se esparza por el centro comercial…
-¡LOS SESOS ME VIÁ ESPARCIR! ¡CAGUN DIOLA! ¿ÁNDE QUEDA LA SECCIÓN DE TRABUCOS? ¡SAN GUINARIO, FUSÍLAME YA!
-¡No se altere, padre! Que luego le da el tantarantán y el apechusque. ¡Madre! ¡Adquiera una frasca de Agua del Carmen en la botica! ¡Y unas cataplasmas de romero! Mala cosa habrá de ser si con unas friegas de aceite de enebro no se le aplacan los malos humores a padre…
-¡Igualico que el cabrón de Genaro el butanero! ¡Si hasta lleva la riñonera pa guardar los cuartos y to! ¡MÍRALO! ¡MECAGON SU PADRE!
-Dígame, madre ¿Cree usted que aquí expenderán labores de cestería, yugos, y frazadas de lana merina?
-¡NO PODÍA QUERER UNA PLESTEICHON, UN ESMARFÓN O UN PIRSING EN EL CIMBEL COMO UN NIÑO NORMAL, NO! ¡LA MADRE QUE LO PARIÓ!
-¡Paco, deja en paz a Genarín!
-¡Padre, deme cuatro reales para ir al alfarero a adquirir una cantaruela para ir a la fuente!
-No me atropellará un trolebús pa acabar con esta tortura, no…
-Dígame, padre: ¿No es cierto que Don Genaro el butanero falleció al ser arrollado por uno de esos trolebuses que dice usted?
-Sí, hijo, sí. Menudo suertudo era er hioputa…
FIN
por Isma Álvarez Paz | 07/01/2022 | Otros relatos
En su día, Albert Einstein se curró el asunto de la Teoría de la Relatividad, que el que diga que la entiende del tó, o miente, o es Einstein. Pero así en esencia, el asunto es que todo es relativo, y no sé qué movidas de la energía, el cuadrado de la masa, el moño la Bernarda, y la trompa de Falopio. o algo. No preguntéis, que no lo vais a entender. Son cosas de mayores. Como el Corega, los bragueros y las polainas.
Pero así en esencia, se puede explicar usando como ejemplo los sobrantes de Navidad. Me explico:
Día 16 de diciembre: todo es luz y color. Los décimos, y las mil participaciones del Júrgol Clús Brañachunga, del Coro Parroquial de Santa Eduviges, y de la Asociación de Amigos del Phoskyto Relleno de Uranio, aún no son papeles de mierda sin valor alguno. hay alguna esperanza de recuperar algo en forma de «LOJUGAO». Que es el último reducto del pobre.
Día 22 de diciembre por la noche: este año, tampoco. Lo único que te ha tocao es «LOGASTAO». Dos de las papeletas que llevabas coinciden totalmente con el primer y segundo premio. Pero del sorteo de 1959. ¡AYYYYYY! ¡POR QUÉ POCO! Al menos tienes la cesta que te han dao en la empresa. El surtido de polvorones consiste en dos variedades: coco y roscos de vino, pero bueno. Al menos la lata de piña viene con su almíbar y todo. Eres un puto jeque.
Día 25: te has jalao tó lo güeno. No vas a cenar. Pero a las 22.00 horas empiezas a ponerle ojillos a un polvorón de coco. ¡Bah, pasando! ¡No estás tan desesperao! Te haces un bocata de langostinos que han sobrao. Con Ketchup. De postre, las opciones son peladillas, piñones, uvas pasas, y polvorón de coco. Te comes tres. Tres peladillas. Pero luego caen seis polvorones de coco. No tienes vergüenza ninguna. No puedes caer más bajo:
Día 28: sí que puedes caer más bajo: cenas un bocata de roscos de vino. Con ketchup. Descubres un mundo nuevo de sabores y texturas. Te crees una mezcla de Dabiz Muñoz y Ferrán Adriá, pero no pasas de ser una mezcla de roscos de vino y ketchup entre dos cachos de pan rancio.
Día 31: has comprao otra vez turrones de persona humana, y mazapanes, y de tó. Te vienes arriba, y miras con asco los polvorones de coco y los roscos de vino a la vez que te preguntas cuántos venían en esa puta caja. Aquí vas pillando el rollo de la relatividad: caja de bombones fetén de medio kilo = cuatro bombones. Eso se evapora como un frasco de éter mal tapao. Caja de medio kilo de roscos de vino y polvorones de coco = mil millones. De cada uno. Jesucristo lo que multiplicó fueron los polvorones de coco y los roscos de vino. ¡No te jode! Con tres cuartos de kilo das de comer a todo el concejo de Judea y te queda pa mandarles las sobras a los Fariseos ¡Que rasquen!
Día 3 de enero: los roscos de vino, si los mojas en champín calentorro, no están del todo mal. Todo es relativo.
Día 5 de enero: has ido a comprar turrones, mazapanes, y de tó lo bueno que le gusta a la persona humana. No queda nada. Han arrasao con todo. Compras de lo poco que queda: por ejemplo, turrón de imitación chocolate. Es ecológico porque lo hacen con cartón reciclao y restos de Titanlux del 8 (Color gamuza). También unas frutas escarchadas rellenas de frutas escarchadas sintéticas hechas con cartón reciclao. De comercio justo. Porque es justo lo quedaba en el comercio. Y una bolsa de peladillas y piñones. Este año, los del supermercao habían traído 6 bolsitas. Te llevas las cinco que quedaban. Completas el cóctel mortal con turrón de piedra arenisca, de arroz con leche sin azúcar, y con un bloque de gluten, que por desgracia resulta ser gluten desgluteinizado sin gluten. En realidad es una caja de cartón, sin más. Es del mismo fabricante que el turrón de imitación chocolate. Vas a comprar el roscón. Había 45 variedades: con nata, con crema, con cremanata, con crema factor 50, de turrón, de trufa, de poliéster, de Pladur, de Pladur y trufa… Pero han arrasao con todos. Se conoce que ha pasao el mismo comando operativo que arrasó con el papel tualé cuando el confinamiento. Grasiadió, queda un roscón en el fondo del refrigerador: es roscón relleno de polvorones de coco y roscos de vino. Naturalmente, lo compras.
Día 8: nada de lo que ha sobrao de Navidad tiene aspecto de ser compatible con la vida de la persona humana. Juras por Tutatis que lo vas a donar todo a alguna asociación que odies. Este año, seguramente será a la Asociación de Señoras que Andan con Tacones Por su Puta Casa a las Tres de la Mañana.
Pero sabes que eres débil, y no puedes caer ya más bajo: el roscón de roscos de vino y polvorones de coco, si lo mojas en Nesquick tiene un pase. Sí podías caer más bajo: a las tres de la mañana te levantas a devorar las bolitas de anís del revoltijo. Todo es relativo. Concretamente, relativo a la basura que tengas en la despensa y a lo degenerao que seas. Con lo que sobra, ya te harás unas croquetas.
Día 9: las croquetas te las haces con el gluten desgluteinizado sin gluten, que se te había quedao al fondo del armario. Es sorprendente lo aceptables que están las croquetas de cartón. Todo es relativo.
Espero que la Teoría de la Relatividad haya quedao bien clarita de una vez. Contento me tenéis…
por Isma Álvarez Paz | 31/12/2021 | Otros relatos
Este año ha sido muy completito y han pasao muchas cosas. Yo no os había pedido casi ninguna de ellas, pero como siempre me traéis lo que os sale del forro del epicóndilo, no me quejo. Me está bien empleao por pedir «sorpresas». En el futuro trataré de ser más específico, no vaya a ser que lo mejoréis y me traigáis una cesta de productos sostenibles, saludables y no sé cuántos coñazos más.
La magnitud del asunto empezó porque entró a saco en el Capitolio de Guachintón un señor mermadito vestido de mamarracher, con sus cuernos de bisonte, o de no sé que movida, acompañado de sus amiguitos mermers para exigir alguna mierda que ahora mismo no recuerdo bien. Ahí reconozco que la sorpresa fue muy currada. El año prometía muchísimo. En España habríamos nombrao ministro al payo. O al menos le habríamos dedicao una calle o una rotonda entre vítores, loores y pinchos de mortadela.
Hizo frejco en enero, y nevó. Bautizaron al evento como «Filomena» pudiendo llamarlo, verbigracia, «Patsy MacFoller». Que hay que tenerlos gordos pa desperdiciar una ocasión tan buena. Confiadme a mí el naming de los fenómenos meteorológicos, señoros del tiempo. Barato, paisa.
No hemos sabido por qué Trump es de color naranja, aunque tengo la teoría de que es porque del mismo modo que Cleopatra se bañaba en las pelis con leche de burra, cosa repulsiva en extremo, Donald se baña en una piscina llena de zumo de Cheetos. Cosa que me parece el colmo de tirar las perras como si fueran gravilla. Un lujo asiático que jamás podré permitirme para poder ser naranja.
Me enteré de que existía lo del poliamor. ¿Por qué nadie me informa de esas cosas a tiempo? ¡Ah, no, calla! Que ya está mi señora diciéndome por qué. Sí cari.
Se ha puesto la luz a precio de caviar. No como antes, que era una vergüenza, pero ahora ya no lo es porque es por culpa de la coyuntura internacional, de las manchas solares y de Mari Trini.
Antes no molábamos, pero ahora sí, porque ponemos la lavadora a las 3 de la mañana.
Cuesta más traer un contenedor de China que mandar a los Gipsy Kings de gira por Urano. Están locos estos romanos.
Me he vacunao. Tres veces. Las mismas que se me ha jodío el coche.
No me he pillao el COVID. Creo.
Hay gente que tras dos años de esta matraca sigue escribiendo «COVIT», «COBIP», «COVI», y «COBI». Cosa que explica a su vez muchas otras cosas.
Las redes sociales han ardido, que eso es inexplicable que siga existiendo de tanto queme. Lo de Filomena debería haber quedao resuelto con tantos ardores. Conclusión: las redes sociales son de amianto y Duralex. Y calientan poco.
Pablo Iglesias se ha cortao la coleta, y no ha tenido la deferencia de regalarme los sobrantes. Reparto de la riqueza, los cojones.
Rajoy ha sacao libro. Y yo también. Esto último sí que os lo había pedido, pillines. Yo por si acaso, visto lo visto, pido la moto nueva a ver si cuela.
Algo ha pasao en el mundo del júrgol y el deporte, pero como me aburro sólo de decirlo, no tengo ni idea de qué. ¡Gracias un año más!
Sigo sin comprender por qué los locutores deportivos no fallecen de un infarto en cada retransmisión. Deben tener una salud cardiovascular acojonante. Conclusión: hay que comer brócoli y ser locutor deportivo. Pero eso regaládselo a otro, por favor. No me seáis cabrones, que bastante tengo con lo mío.
Volcán en La Palma. Home, no me jodas.
Simón dijo algo de que como mucho serían dos o tres erupciones.
Los de Matutano no han sacao las Ruffles sabor tubo escape y bola de pasamanos. Siguen pasando de todas mis sugerencias como de la mierda. ¡Insensibles! ¡Fascistas!
Así que este año, salud, pasta, moto nueva, patatas fritas, croquetas y poliamor. No. Que dice mi señora que sin poli. Se conoce que se ha vuelto comunista o algo. Sí cari.
Y recordad, amiguis: si empezáis a engullir uvas cuando suenan los cuartos, sus quedáis con cara de gilipoller cuando os sobran campanadas a la vez que os faltan uvas, cosa muy desagradable porque quedas como Cagancho en Almagro delante de la familia. Cosa poco novedosa, por otra parte.
¡Qué cosa, oigan!