Los que tenemos una afición entre escasa y nula por ir a comprar ropa y complementos en general, nos vemos obligados a pasar por una prueba terrible cada cierto tiempo: IR A COMPRAR ROPA. En mi caso, y para esta materia, hago planes quinquenales. A lo soviético. Hay que ser organizaos.

Pues hoy, mi idea de comprar ropa para la temporada 2022-2026, cosa a mi juicio muy conveniente, se vio, al igual que ocurrió en las últimas 30 temporadas, salvajemente reprimida por mi señora, que dice que de eso ni hablar. Que la persona humana ha de ir varias veces al año a adquirir vestuario. A mí me parece que eso vulnera los derechos humanos, la Convención de Ginebra y el Tratado de Versalles. Y además no es ecológico porque haces varios viajes. Le he preguntao a Gretatúmberg y dice que efectivamente  hay que ir varias veces al año, pero en velero.

El caso es que mi señora no atiende a a razones en lo concerniente a este delicado asunto, procediendo yo a obedecer, pero con desgana. Como queriendo dejar clara mi opinión y lo mucho que me contraría.

Porque según parece, mis planes quinquenales de ir a comprar ropa, no pueden ser “porque luego no se lleva”. Y, según parece, eso es un problema. No me entra en la cabeza. ¿Cómo que no se lleva? ¿A dónde no se lleva? Pues según ella, mis magníficas calzas, mis rumbosos jubones, casacas y polainas en perfecto uso, no se llevan. Y punto. En ese asunto envidio a los de la tribu esa que se apaña con una calabaza a modo de funda para lo que es el manubrio, o a los coreanos del norte, porque ahí ya te dan masticao el asunto del outfit : hay dos modelos de pantalón, dos de camisas, uno de jersey, uno de chaqueta, y otro de gorra. Y asunto resuelto. Las botas, iguales para todo quisqui. Si eres militar, lo mismo. Con la salvedad del color, y de que que si eres general o algo de eso tocho, te ponen un tablón de anuncios a cada lao de la pechera, pa ir clavando las medallas en el corcho. Que con toda esa quincalla colgando de la pechera van desafiando la Ley de la Gravedad que eso no es normal.

Se han dado casos de generales norcoreanos que terminaron sus días esmorraos contra un aparato de esos de resonancia magnética. El último de estos luctuosos episodios ocurrió el pasado día 13, cuando el general Kwan Tan Amera paseaba por Pyonyang sin meterse con nadie, que bastante tenía el hombre con arrastrar sus 43 kilos de medallas con su 1,52 de altura, para instantes después fenecer estampao contra el resonómetro magnético de la clínica La Pilarica, cuando el doctor Antonio Parraguero  le dio al play del artefacto en su consulta de Zaragoza. El infortunado doctor, en declaraciones al Heraldo de Calatayud manifestó estar hasta los magnetones de que se le estampen generales norcoreanos en el resonómetro magnético. No me extraña. Luego no hay quien saque los restos de general norcoreano ni con KH7.

Mis consejos a este respecto, son los siguientes:

-No seáis generales norcoreanos

-No montéis clínicas de resonancia magnética, que luego echáis más tiempo desincrustando restos de general norcoreano, que resonando magnéticamente. Y se pierden perras a lo tonto.

-Comprar pantalones: eso es LO PEOR DE LO PEOR. Hemos ido a la luna, metemos microchises en vacunas, hemos inventao las patatas onduladas sabor morcilla de Burgos, PERO A ESTAS ALTURAS HAY QUE ENTRAR AL PUTO PROBADOR CON MEDIA DOCENA DE PANTALONES, QUE ESO ES UN LÍO. ¡PERO INVENTAD UNA APP O ALGO, CABRONES!

Que leas un QR en la etiqueta, y te diga : “pilla estos, que entras”, “te hacen culo carpeta. Pasando”, o “¿Ánde vas, alma cántaro? Que estos pantalones son  skinny y tienes 50 años”. Pero como esto, según parece, ES MUCHO PEDIR A LOS SEÑORITOS FABRICANTES, os sugiero que si probáis un modelo y os entra, pidáis que os pongan  ocho como ese. Si acaso en varios colores, pero sin pasarse, que luego empezamos con la mierda de que si combinan o dejan de combinar. Regla de oro: si te entran, y puedes abrocharlos decentemente, combinan. Punto.

-En caso de duda, todo negro. Que pega consigo mismo y adelgaza.

-Las camisas, sudaderas, y afines, no se prueban. Eso se coge por los hombros haciendo pinza con los dedos, y se estiran los brazos lo más que puedas. Miras a ojo de buen cubero torciendo un poco la cabeza de lao, y dictaminas: “me entra”. Y asunto resuelto. Es de tu talla. Pa la cesta. En caso de duda, pregúntale a otro tío si cree que te entra. Hay dos opciones: que te dé la razón pa no meterse en líos, o que le pregunte a su pareja si te entra. Cosa esta última, sumamente inquietante. Tira la prenda al suelo y huye.

-Si no tienes claro si la sudadera pega con una determinada camiseta, sube la cremallera de la sudadera hasta arriba y automáticamente, ya pega con todo lo que lleves debajo. Garantizao.

-Los calcetines, gayumbos, y moda interior en general, es talla única. Ni mires. Por algo el Señor, en su infinita sabiduría, los hizo elásticos.

-El calzado, en principio, no se prueba. Menudo coñazo, y qué tensión. ¿Y si llevas tomates en la calcetinada? Nada, nada, pilla, y ya si eso al llegar a casa, si ves que te aprietan, mételos al microondas, que eso con el calor dilata. Si son unas camperas de esas con la punta metálica en forma de calavera, no. Que jodes el microondas. Por cierto: menudo macarra que estás hecho. Dile al jefe del cártel para el que trabajas que contrate a Josie para asesoraros en materia de moda ¡Gañán!

Y esto es todo lo que se debe saber de moda, amigos.

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