LOVE STORY IN THE BEACH VERY FULL OF PEOPLE (Relato íntimo)

LOVE STORY IN THE BEACH VERY FULL OF PEOPLE (Relato íntimo)

-Cari, hace tiempo que quería decirte algo y…¡no! ¡no digas nada, por favor! ¡Deja que te diga esto! Es demasiado tiempo ya guardándolo en los rincones más umbríos de mi alma y…

-¡Ay madre, fíu! Eso ye porque andes guardando les coses mal, y luego cuando les necesites nun les atopes. Pa eso has de poner los vidioclises que fai una china o de per ahí alantrones que ordénalo too más bien que qué sé yo. Dan ganes de pegase un tiru nel cielu la boca, pero tienlo too ordenadino que solo de pensalo danme arcaes y éntrenme ganes de agomitar. Nun me acuerdo como se llama la moza…

-¡Señora, que no estoy hablando con usted!

-¡MariKondo!

-¡Tu padre!

-No, que digo que la china que ordena les coses como si tuviere grillá de la cabeza, llámase así

-Mira Tino, la paisana esa que lleva volantes nel bañador pa tapar les lorces diz que la china llámase como tu padre. Yo que quiés que te diga, Bardomiano ye un nombre que pa una china nun me pega ni pa Dios, pero oye, allá ella…

-¡Estoy tratando de declararme a mi prometida! ¡Cállense, por favor! Cari, mírame a los ojos, porque lo que tengo que decirte…

-A ver guaje, yo si hay que mirate a los ojos, mírote, pero sin tocamientos ni na ¿eh? Que yo meto el trator embaxo la panera a hombros. Soy más paisanu quel Fary prendiendo col Clipper blancu llenu roña una Faria pinchá nun palillu ¡Cuidao!

-¡QUE NO LE DIGO A USTED, SEÑOR!

-¡Oigh! Pa una vez que pienso que ligué, y nun yera pa mí. Ya taba faciéndome ilusiones de que por fin diba afuracar… Na, pues tendré que seguir arreglándome cola empacadora. Ye una relación algo tósica pero ye lo que hay….

-Bueno, home, bueno, y entós ¿que-y tenía que decir usté a la china que ordena les coses como si fuere pichicópata la cabeza?

-¡Eso, eso! ¡Queremos sabelo too!

-¡Nun seas lenguatera, Antonia! ¿Qué tienes tú que metete en les coses de esti rapacín y la china lloca la ñocla que ordena les coses como si fuere metese droga?

-¡Tamos na playa, y lo que se diz na playa ye vozprópulis y tien que sabelo tol mundo! Eso ta en el artículo 3 de la ley

-¿De qué ley, ho?

-De la que me cuelga la fañagüeta

-Clara, amor mío, lo que yo quería decirte es que te amo y si tú quisieras compartir…

-A ver, yo llámome Argimiro pero si te valgo igual, yo adáptome a lo que fuere. Si hay que corchar, se corcha. Tengo praos, perres bastantes, cincuenta vaques, un Dacia Sandero y un trator seminuevu. Polo que más quieras, dime que sí, que nun aguanto a esta bruja un día más ¡Tómame, rapacín! ¡Faime tuyu! ¡Dame la libertá que me quitó esta arranante!

-PERO ¿QUIEREN DEJAR QUE LE PIDA MATRIMONIO A MI CHICA EN PAZ Y CON LA DEBIDA INTIMIDAD?

-A ver guaje, si viniste a San Lorenzo un domingu de calorón, nun veo yo que tengas mucha manera de declarate a la moza, y menos con intimidad

-Home, si se mete embaxo los volantes del bañador de aquella paisana… ¡sitiu hay abondo!

-No, eso ye verdá. Aparqué yo antes el Dacia Sandero y entavía quedaba sitiu a maza.

-¡CLARA! ¡MI AMOR! ¿DÓNDE ESTÁS? ¡CÁSATE CONMIGO!

-¡Oye guaje! la tú Clara, ¿será una que llevaba un bikini blancu y un cintuca amarrando la melena que daba gloria mirar pa ella? A ver, digo pa ella, pal bikini, pa la cintuca’l pelu y pa too. Ahí nun había desperdiciu.

-Sí señor.

-¡Ay madre, Argimiro! ¡Ya te dijere yo que la moza’l fatorolo esti ye la que marchó garrá col rapaz negru de los músculos que aquello nun yera normal. Bueno, y lo otru tampoco yera normal, que fijeme yo que la braganáutica que llevaba nun yera quién pa contener aquello. Si la braganáutica fuere la presa, y el poste de dientro fuere el agua, había que llamar al 112 pa que evacuaren la playa por si acasu. Cosa tal nun la viere yo ni cuando fuere Sánchez de visita al incendiu aquel vestíu colos Levi’s ¡virgen del entrepatu!

-¿A que ahora paezte meyor la mí oferta, guaje? Piénsalu bien, que ahora mismo saco’l Sandero de embaxo’l volante de la paisana monumental y marchamos a empezar una nueva vida.

-¡Es el peor día de mi vida! ¡No volveré a pisar la playa!

-Entós, ¿al final, esti faltosu marcha con la china repelente que ordena les lentejes por tamañu y color Pantone, o qué?

-Obdulia, vidina ¡encima de lenguatera y fata, sorda!

-Bueno, pa mí con leche y sacarina.

-Dígotelo de verdá: yo garro el Sandero ahora mismo, y tírome pol acantiláu más prósimu…

FIN

Vidas y engañifas

Vidas y engañifas

Hace años nos engañaron con el desodorante Axe, que no solo era en formato flis de apretar, que aquello venía lleno de parabenos, parabás, paratantos, CFC’s CDS, LP, PCE y todo tipo de sustancias que se cargaban la capa de ozono, sino que además no se te abalanzaban las gachises encima ni en una avalancha de esas de los sanfermines. Te caías con eso echao por la sobaca en la calle Estafeta y te pasaban en marabunta 20.000 personas, catorce concejales y la manada entera de Mihuras sin tocarte un pelo. Es que ni los ingleses que van mamaos corriendo en chanclas. No se te arrimaban ni los carteristas. Una engañifa que nos hizo saber lo que eran el engaño y la frustración de verdad.

Del tema de «el frotar se va a acabar», ni hablamos. Pa sacar un lamparón de grasona de bollo preñao en toda la pechera de una camisa blanca, la gente del vipesprés aseguraba que sumergías la camisa en un barreño de agua caliente un par de veces, salía un relojín en la pantalla, y aquello salía más limpio que el curriculum de Adriana Lastra (O PONGA AQUÍ EL NOMBRE DEL /LA POLÍTICO/A DE SU PREFERENCIA Y NO ME JODA EL CHISTE). Y no. Lo que omitía el probo publicista era que entre metida y metida había que tratar la zona de la mancha con una radial y jabón lagarto como si fuera gratis, y YA SI ESO, tras dejarse las muñecas en el empeño y tres cepillos de raíz después, podías hacer el gilipollas metiendo y sacando la camisa del barreño dos veces como quien asusta el pulpo antes de cocer. Otro timo más.

Del asunto de las abuelas equipadas con cepillos de raíz pa lijar la ropa gocha, hay que decir que el récord absoluto, registrado por un equipo de la universidad de Wirtzgäarten, está en posesión de una abuela de Blimea que alcanzó los 200.000 kilopascales por mimímetro cuadrado mientras afirmaba tajantamente «¡Ay Dios! Nun fago carrera de esti home. ¡Cosa más gocha comiendo bollu preñáu, nun la vi! ¡ATIENDE QUÉ FACHA CAMISA ME TRAE! ¿PAEZVOS NORMAL, HO?».

Las planchas: ese gran enigma. Me refiero a las planchas que se emplean para planchar la ropa o clavar puntas en la pared. Vamos a ver: eso, además de la ruedina de elegir de qué está hecho el trapo que vas a planchar (seda, algodón, lino, tejido de bolsa de alimerka reciclada…), tiene dos botones que CLARAMENTE los pusieron ahí pa vacilar. Uno es el de escupitajo de agua, y otro es el de pedete de vapor. En el anuncio, tras pulsar el botón de escupitajo de agua, salía una nube de bruma que hidrataba el tejido que aquello era orgásmico y muy guapo de ver. En la puta realidad, lo que sale es un lapazo que moja el tejido que estás planchando, y ya. O sea, que aprietas, suelta un japo acuoso y, de forma mágica, el tejido queda mojao. Y ya. Una puta maravilla de la técnica. Haz una ingeniería pa eso.

Respecto al botón del vapor, cuando lo pulsaban en el anuncio, salía una nube de vapor que dejaba los chorrazos de la locomotora del transiberiano a la altura del cagar. Aquello eliminaba todas las arrugas. NO QUEDABA NI UNA. Y sobraba vapor pa cocer un saco mejillones. Pero el publicista nos dejaba una pista clarísima: aun así, pasaban la plancha por encima de lo vaporizao. Que aquello era como fregar lo fregao: trabajar a lo fato ¿PERO NO HABÍAMOS QUEDAO QUE CON EL CHORRAZO DE VAPOR ESO QUEDABA MÁS PLANO QUE EL ENCEFALOGRAMA DE (PONGA AQUÍ EL NOMBRE DEL/LA POLÍTICO/A QUE TENGA LA CULPA DE TODO)?

¡Plano, los cojones! Le das al botón en cuestión y durante 100 milisegundos suena «ffff». Y eso es todo. No quita las arrugas una mierda, pero oye, hace «ffff» y tú TE IMAGINAS que ya no hay arrugas. Sublime.

Es todo una engañifa muy gorda. Ya solo faltaba que lo de la tormenta solar de esta semana no provocara el caos absoluto ni nada. Al final, ya verás como acaba siendo verdad que hay inflación muy tocha y sale más a cuenta echar al depósito una garrafa de Mc Callan de ese que viene en estuche de ciertopelo y la de mi madre, en vez de gasoil . Y eso sí que no ¿eh?

Qué decepción todo. Pero la camisa me la he planchao, eso sí.

Algoritmos inteligentes y otras hierbas

Algoritmos inteligentes y otras hierbas

Pa mí que los algoritmos inteligentes de las plataformas digitales son inteligentes, pero asintomáticos. Me pongo a ver un programa online. Lógicamente, me caen pa empezar tres anuncios como tres soles, cosa que asumo como parte del juego. Tú me intentas vender mierdas que presuntamente me interesan, y yo a cambio veo el programa un ratito hasta la segunda tanda de anuncios. Aclaro que la plataforma en cuestión sabe que soy un señor de edad mediana tirando a ligeramente abundante, que tengo la condición de persona no menstruante, y además soy de cabellera tímida.

Pues me calza de entremés un anuncio de Evax de no sé qué compresas que absorben pantanos, entidades bancarias y lo que se tercie, como quien silba una jotica. Todo ello gracias a la tecnología flexinosequemimadre, y además con alas, GPS, Dolbisurráun y autoreverse. O sea que cuando una cara de la compresa ya ha hecho más absorciones que el BBVA, se da la vuelta sola y se pone por la otra cara. Hostia, qué mal rollo me acaba de dar…🤢🤢 Estoy bien, estoy bien.

A ver, así de mano me interesa poco el asunto, amiguis de Evax. Pero bueno, bien. Le doy al anuncio un 5,5. Hala, venga, ¡siguiente!

Pues efectivamente, llega el siguiente anuncio: a ver, algoritmo, ¿NO HEMOS QUEDAO EN QUE SOY DE CABELLERA TÍMIDA? ¡LO DEL PELO PANTENE ME LO DICES HACE 20 AÑOS, Y YO TE LO AGRADEZCO CON UN 8,5! ¡ESTA NOTICIA ME LA TENÍAS QUE HABER DAO MÁS O MENOS CUANDO ENTRÓ EL EURO, GILIPOLLAS! ¡Pues ahora te metes el Pantene por la uretra, subnormalo! O sea, de verdad amigo algoritmo: mira a ver porque atinas menos que Ernesto de Hannover en el meódromo de la diligencia Tineo-Ibias.

Tercer anuncio: TAMPAX. ¿Qué podría ir mal? Además me da un truco muy bueno: hay que hacer no sé qué cojones con el aplicador. No sé cómo sobreviví 51 años sin ese truquillo. Como esto llegue a conocimiento de Josetxu el de Bricomanía, domina el mundo, os lo digo. No se puede andar revelando secretos tochos tan a la ligera, que nunca se sabe… Pero vuestro secreto está a salvo conmigo, porque no me acuerdo de qué mierda había que hacer con el aplicador. Todo bien. No le doy más de un 6 porque no he pillao lo del aplicador.

Nota: vendo paquete de Tampax PERL a estrenar. Me parece que es la versión sin alas, pero no estoy seguro porque no lo he abierto no sea que me estalle el aplicador en las manos por no haber atendido al anuncio como Dios manda. Digo yo que si fuera la versión con alas, sería Tampax Perl Harbour, o algo.

Yo qué sé ya…

Las categorías de pelis y series de Netflix:

Las categorías de pelis y series de Netflix:

Mientras voy terminando mis investigaciones acerca de las razones por la que los santones de la India son de la India y no podrían ser de Asturias en ningún caso (ver post anterior), vengo a denunciar que se habla muy poco de la clasificación que hace Netflix de las pelis y series, como queriendo ayudar al sufrido usuario del primer mundo a elegir entre toda la mier… entre su amplísimo catálogo audiovisual.

Por ejemplo, hay una categoría impresionante:

«Películas aclamadas por la crítica»:

Muy recomendable si careces de criterio y necesitas que alguien te diga qué cosas puedes ver sin que te tachen de comemieldas sin criterio ninguno. Pero, por el contrario, no han tenido la honestidad de crear otra categoría complementaria de «Bodrios defenestrados por la crítica». Que esto sí que sería un indicador cojonudo:

-¿Qué dice la crítica de esta serie?
-Que es una mierda totalmente defenestrable
-¿Nos la vemos?
-¡Boh! ¡Poj claro!
-Planazo. Trae los Risketos y los Chococrispis

Luego ya, tienen otra categoría especial pa la gente con agendas muy estrictas que no están pa perder el tiempo en majaderías que duren más de la cuenta.
Eefctivamente, me refiero a «Películas de 1,5 horas»:

¿Es una mierda lo que hay? Pues seguramente, pero tienes la ABSOLUTA GARANTÍA de que en ningún caso serán mierdas de más de una hora y media. Eso es honestidad de la buena: te dicen el tiempo CLAVAO que vas a sufrir. Para este menester, Netflix contrata a los más reputados relojeros que seleccionan las pelis que duran lo que tienen que durar, y ni un segundo más. Lo importante es la precisión. La peli podrá ser una mierda, pero el tiempo es oro. Luego vienen los críticos especializados y dicen: «muy escasa: le han faltao quince segundos», «si no fuera porque dura 90,06 minutos, le daba un diez», «una emocionante puta mierda absurda de hora y media clavada», y así.

La categoría «La fiesta de los Óscar», ya os digo que es un timo del copón: no sale güilesmiz repartiendo toñas a humoristas neg… de color. Muy mal, Netflix. Si buscáis algo de ese palo, debéis acudir a la categoría «Películas violentas» donde encontraréis joyas como «Hostiamiento final», «Doite que te abraso, mongolo», «Holocaustísimo del copón en Algete», o «Serán como mucho dos o tres guantás a mano abierta», última producción de Fernando Simón, que narra las aventuras de un joven que, por si las dudas, apiola a mil millones de señores con cara de malos.

Esta otra categoría es muy desasosegante también:

«Series emocionantes de TV de EE UU».

Ahí ya te han dejao clarísimo que con el resto de las series no te vas a emocionar un pijo. A lo mejor en la categoría «Series emocionantes de TV en Bután», sí. Pero no puedo asegurarlo porque como hablan en butanés, no se entiende nada. Además, no salen butaneros. Ni siquiera una miserable bombona de camping gas. Otra decepción más. No la recomiendo. Además duran todas más de hora y media, y no tengo tol día pa echarlo en series butanesas.

Por si no fuera suficiente aberración, la categoría «Ciencia ficción fantástica» tiene un claro inconveniente: no hay una categoría de «Vaya puta mierda de ciencia ficción, acho». Es un truco de marketing para dejar claro que Netflix na más que tiene ciencia ficción estupenda. Nada de mierdas, como pasa aquí con el Canal Parlamento. Los americanos nos llevan siglos de ventaja.

Al principio iba a haber una sección de «Truños moñas de ayer, hoy y siempre», pero al final la llamaron «TV para toda la familia». Ideal para ver con los peques de la casa durante horas y horas mientras vas fomentando tu adicción a los licores para sobrellevarlo malamente. Este tipo de tormentos ya los habían inventao los japoneses en los campos de prisioneros de la segunda guerra mundial, pero una cosa más refinada rollo meter palillos por debajo de las uñas, o darles Tulicrem a los prisioneros haciéndoles creer previamente que el bocata era de Nocilla, con la consecuente desilusión. Qué cabrones. Los japoneses nos llevan siglos de ventaja en materia de torturas rebuscadas.
Los americanos resolvieron el asunto con mierdacas como «Babe el cerdito valiente», o «Chicken Little», que era aquella del pollete insoportable con la curiosa capacidad de exacerbar los instintos asesinitos de cualquier Ned Flanders estándar. Yo es que me acuerdo de aquella puta mierda y me hierve la sangre. Menos mal que duraba menos de hora y media. Imagino que porque una duración mayor atentaba contra los derechos humanos más todavía.

Naturalmente, también hay sección de «Películas basadas en libros», pero una vez más, Netflix no respeta el asunto del equilibrio universal (el ying y el yang, el día y la noche, la Nocilla y el Tulicrem…). Efectivamente: de forma incomprensible, NO HAY una sección de «Películas basadas en prospectos de medicamentos». Con el juego que daría eso:

«Un trepidante thriller en el que el sargento O’Malley se enfrenta a terribles efectos secundarios tales como diarreas, fimosis anquilosante, náuseas, gonorrea, mildiu de la patata y padrastros en el dedo gordo. En caso de duda, ¿consultará el sargento O’Malley con su médico, farmacéutico o sexador de pollos? ¿Padecerá de alergia severa a la dextrohematopropaxolona, o de intolerancia a los inhibidores de la metaenzimasa? ¿Conservará el prospecto para futuras referencias?»

Un spoiler: el sargento O’Malley NO guarda el prospecto. Como cualquier ser humano normal, lo tira enfurecido al suelo al haber abierto la caja por el lado donde está incrustao el prospecto. Con lo que jode eso. Una cosa es ser un marine retirao mazadísimo que se carga a la tripulación de un portaviones pakistaní a mano abierta y patás en los güevos pakistaníes, y otra muy distinta tener la capacidad de volver a meter el puto prospecto en la caja. Esto no sería creíble ni de coña.

Y ahora, un truquillo muy útil: cuando dejas abierto Netflix y no estás viendo nada, de forma aleatoria te pone un trailer de la peli que le salga del entrepato A UN VOLUMEN INFERNAL QUE YA NO TIENES EDAD NI CONDICIÓN FÍSICA PA ELLO. Si ves que te da un infartito, te recomiendo muchísimo la categoría «Documentales útiles en caso de problemas cardíacos», que sale el pavo de Bricomanía explicando cómo hacerse un desfibrilador con un tupperware y un cable pelao.

Y esta es mi aportación de hoy para personas usuarias de Netflix (para las personas de cierta edad que pronuncian las cosas modernas regular: «Necflit»)

Hala, ya si eso en otro momento lo vamos viendo. Nas noches nos dé Dios

Grandes documentales: los santones de la India (parte I)

Grandes documentales: los santones de la India (parte I)

Hay un tema muy interesante que no valoramos en su justa medida. O sea, haber hay miles de millones de temas que no valoramos en su justa medida, bien por tener un conocimiento limitado, incompleto o, directamente, por no tener ni puta idea. Esto último es lo más habitual, y hablo con total conocimiento de causa porque, efectivamente, no tengo ni puta idea. Como todo español opinador que se precie.

Como los más avispados ya habréis podido adivinar porque lo dice claramente en el título , el tema al que me refiero, huelga decirlo, es el de los famosos santones de la India.

Los santones de la India son unos señores que pilotan la tira del asunto de la meditación y lo que viene siendo el carpe diem hindú. En el idioma hindi o parsi, o lo que coño hablen, se les denomina “sadhu”, que quiere decir “aquel al que se la sopla de canto todo y el asunto de la higiene corporal y cortarse las greñas la familia bien, gracias”. No diréis que no doy datos en abundancia. Inventaos, pero los doy. A un paso estoy de sacar periodismo moderno e imparcial sin haberme apuntao a la facultad ni nada.

Es importante no confundir a los “sadhu” con la shandy, que en hindi y en todos los idiomas significa “cerveza frejquita aguadísima con gaseosa La Pitusa sabor limón”. Ojo con las confusiones, que el famoso youtuber de viajes de aventura y gilipollas profesional Argimiro Panocha falleció de disentería al beberse a un sadhu por error. Como queda dicho, los sadhus no son comestibles ni bebestibles debido al asunto de la no higiene, también conocida en lenguaje políticamente correcto como “higiene inversa”.

Mayormente, un sadhu se dedica a vivir en armonía con el universo. Más concretamente con un universo en el que se barre y se pasa el mocho lo justito pa pasar una glaciación. Los sadhus buenos de verdad se alimentan exclusivamente de prāṇa, que mayormente es lo que viene siendo aire. Exactamente igual que las bolsas de Ruffles. Imagino que cuando no los ve nadie, se pasarán el prāṇa por el forro de los Annapurnas y se comerán las ruffles sabor Curry, porque una cosa es ser santón y pilotar la hostia de ascetismo y humildad, y otra muy diferente es vivir del aire. Esto último es biológicamente imposible salvo que seas político, enchufao de político, o ambas cosas, que entonces tienes el organismo perfectamente adaptado a vivir del aire ajeno.

El cuerpo humano es una maravilla, incluso aunque no esté pa enseñarlo más de lo debido. Una cosa es la chapa, y otra el motor. Poj claro.

Y esta máxima la aplicaba escrupulosamente el conocido santón Pingährata: siendo como era poco agraciado y difícil de ver, jamás se sacó un selfie ni lo publicó en redes sociales. Y ello, a pesar de que tenía la peculiaridad de llevar un ternero atado al glande, cosa que llamaba muchísimo la atención. Falleció a la avanzada edad de 22 años. El ternero. El maestro Pingährata sigue vivo y coleando, nunca mejor dicho. Desde el fallecimiento del desdichado bóvido, lleva atado un tráiler. Uno pequeño, de catorce ejes. Eso sí que es pa verlo. El famoso actor Nähchahrata Vidhali, estrella cinematográfica del género para adultos Pöhllaträncahvergati, abandonó la profesión abochornado tras visitar al gran Pingährata. Momento en el cual tomó el testigo el joven actor Yhordi Ehlniniopöyah, al que su manager y su coach emocional prohibieron terminantemente ir a visitar al maestro Pingährata.

Otro santón destacadísimo fue el famoso Drahjäsahäranda Mahärakampärta, más conocido como “Yoni el de la Paca”. El maestro Mahärakampärta, pasó casi toda su vida en la rama más alta de un enorme ficus sagrado en una zona muy pobre del estado de Puhtrahcoshämbre.

Durante décadas, se dedicó a predicar sus doctas enseñanzas en idioma pahrvaharandra que, lamentablemente, nadie hablaba en la región de Puhtrahcoshämbre. Razón por la cual nadie sabía a ciencia cierta lo que predicaba el maestro, pero como les sonaba bien decidieron otorgarle el título de “sadhu Krishnahaavarti”, que quiere decir “aquel al que se la sopla de canto todo y el asunto de la higiene corporal y cortarse las greñas la familia bien, gracias, pero debe decir cosas tochísimas por el empeño que le pone”.

Resumiendo: el infortunado maestro falleció a la temprana edad de 114 años. Como quiera que pasados varios lustros el cuerpo no acababa de caer del ficus, un equipo del conocido programa de misterios Kwärtho Mihlëniaharastra ascendió al enorme árbol comprobando con consternación las razones por las que el cuerpo seguía aferrado a la gruesa rama.

Tras innumerables investigaciones por parte de Ikher Jhimënharaastri, comprendieron que el famoso mantra, “Sidharta kamharavarti Padme Om”, repetido por el difunto maestro a lo largo de las décadas significaba en realidad “subidme un cortaúñas, que me se han incrustao los mejillones en el ficus y no me puedo bajar, hijos de puta”.

Otro día os explico las poderosas razones por las que los santones de la India son de la India y no podrían ser asturianos de ninguna de las maneras.

Selfies, churros y otras drojas

Selfies, churros y otras drojas

Hay que centrarse un poco. Sin ser una cosa loca, pero al menos un poco. Lo pondré en inclusivo para no zaherir sensibilidades.

Haerfavó, hombre: si eres un/a/e señor/a/e de cierta edad (de cualquiera en realidad, pero si es de «cierta» en adelante, con más razón todavía), que se pone filtros con melena dorada como la bola del pasamanos de Buckingham Palace, a medio filtro más de ser transparente, que eso da más grima que rascar una pizarra con un tenedor, y esto lo combinas con una camiseta tres tallas pequeña con corazones y dibujos que brillan, debes saber que pareces Rosendo venido a menos yendo a comprar drojas con una mano, y churros con la otra. O sea, no. En serio: NO MOLAS UN PIJO. NOTHING. RES DE RES. Rosendo como mola, es a pelo. Sin filtros ni cartón. Así, sí. Menos es más. Porque como dijo el maestro zen Brahmaharastrah Hostiahputrah:

«En la simplicidad se halla la sutil diferencia entre Rosendo y Mamarrachendo. ¡Poj claro!»

Al hilo de las camisetas tres tallas pequeñas que marcan la anatomía de la persona mucho más allá de lo deseable, es interesante señalar que si la camiseta es, por ejemplo, de los Beatles o de cualquier otro grupo, automáticamente la camiseta pasa a ser un homenaje al grupo en cuestión, y además a otro afamado grupo flamenco. Lo que viene siendo la camiseta de marcar Los Chichos, vaya.

Tú piensa en qué tipo de seres van a contactar contigo diciéndote cosas lascivas totalmente prendados ante semejante visión: ¿ya? Pues ahí lo tienes. No te conviene na de na. ¡No! ¡Baix!

Ya imaginamos que, por alguna razón que solo Höðr y algún otro dios invidente conoce, te ves más favorecido/a/e que Audrey Hepburn en la foto esa del recogido que está la zagala de toma pan de hogaza y moja. Pero la cruda realidad es que lo tuyo es más del rollo la gallina Caponata vestida de frac posando espatarrada en la entrada de un taller metalúrgico de Kinshasa. A ver, por el amor de Höðr, ¡que ese look no lo aprueba ni Josie tras amorrarse a un botijo de cazalla! ¡No, home no!

En serio: desde la Federación de Personas de Cierta Edad con Barriga y Cuatro Pelos, queremos pediros decoro y respeto por los derechos de las demás personas humanas. No os dais cuenta del drama, pero si publicáis esas cosas con una privacidad que vaya más allá de «esto solo lo puedo ver yo y nadie más», luego va Facebook y, por lo que sea, decide que es apto para ser visualizado por otros seres sin menoscabo para su integridad física, mental, espiritual y diodenal, Y NOS LO ENSEÑA DE BUENA MAÑANA. Luego el algoritmo se escandaliza porque sale la sombra de un pezón, QUE ESO SÍ QUE MOLA. Lo cual me lleva a pensar que el algoritmo también se hace fotos con filtro de melena rubia, de esos que pareces Rosendo con chándal de Tactel y camiseta de Los Chichos acudiendo a la expendeduría de drojas y churros. He de reconocer que al final de ese tipo de publicaciones, Facebook me pregunta: «¿deseas ver más publicaciones como esta?». Y, naturalmente, digo que sí. El morbo me puede, primos.

Resumiendo: se nos va de las manos el asunto de los filtros, y así no hay quien se quite de las drojas y los churros.