¿Truco, trato o patadón en las gónadas?

No puedo más con el Disney Channel de los huevos. Cualquiera que tenga una niña de menos de 10 años en casa, sabrá a qué me refiero. Es oír aunque sea de lejos a Hanna Montana o a los Acojonas Brothers y no se por qué extraña razón  me empiezo a plantear  la adquisición de un buen lanzallamas,  unas simpáticas bombonas de gas mostaza o un Kalashnikov de oferta en el Carrefour.

Más que nada porque según mi humilde parecer, no hay Dios que encuentre por donde coger semejantes pendejadas. Vamos, que historias y mitos como los Reyes Magos,  el ratoncito Pérez, o el Ministerio de Igualdad  han demostrado históricamente tener argumentos absolutamente consistentes comparados con las peripecias de una niñata con cara de pan de Busdongo que pasa de super estrella que te cagas a niñata anónima con sólo quitarse de la cabeza una peluca rubia modelo  scotch brite o las inenarrables aventuras de tres pipiolos de sonrosadas mejillas que lo mismo van al “insti” a mezclarse con la plebe, que  pulsan un botón y les sale del ojete una guitarra una batería y un fliscornio con los que hacen vibrar a las enfervorizadas masas de seres con hormonas en ebullición y espinillas explosivas .

Ya sé que no es novedad esto de las series de adolescentes descerebrados. Ni mucho menos. No es que reclame a gritos la vuelta a los valores de Verano Azul, que también le roncaba los perendengues en el tema de la ñoñería,  pero al menos se exaltaban valores patrios como por ejemplo ese Chanquete poniéndose ciego a tintorros  en la tasca, el chiringuito cutre playero de colores titanlux, los bocatas de chorizamen que se calzaba el Piraña (con quien, mira tú por donde, coincidí en una boda hace años),  o el flequillamen de machote hispánico asiduo de los coches de choque  que lucía Pancho.
No sé si será por el pernicioso efecto de Disney Channel, pero ayer por la noche, me sorprendió una algarabía proveniente de algún punto indeterminado del edificio, producida por una pandilla de zagales que iban tocando alegremente los timbres (y los cojones) de la vecindad al grito de “truco o trato”. Cuando sonó el timbre de mi puerta, consumándose la palpación escrotal, reconozco que ni me molesté en abrir. Eso sí, los simpáticos muchachuelos cumplieron con su parte, dado que al no haber trato optaron por el truco y largaron el felpudo escaleras abajo. Fue mi mujer quien descubrió esta mañana el ilícito perpetrado. La verdad es que a juzgar por la mariconada de truco, se ve que los nenes eran de Disney Channel. Menos mal, porque si llegan a ser de Verano Azul, igual se mean en la puerta y me siliconan la cerradura,  costumbres estas  mucho más hispánicas. Donde va a parar…
En fin, que las hordas yankis han entrado a calzador hasta en estos temas, y ya no se estila representar el Tenorio e inflarse a huesos de santo sino hacer caretos con calabazas y celebrar Halloween que, dicho sea de paso, hay que reconocer que es bastante más divertido y comercial. Los americanos de esto saben un huevo. Basta ver que por allí los regalos de Navidad los reparte un señor mayor con sobrepeso  empleado de Coca Cola que va volando en un trineo con un reno al frente que se llama Rodolfo y  al que se le enciende la nariz, y no se extraña nadie. Más bien se quedan tan pichis. Que digo yo que esta gente se mete pastillas muy raras.
En España hasta hace poco lo resolvíamos con los Reyes Magos, que vienen de Oriente con unos camellos siguiendo una luz en el cielo y reparten los regalos en un plís sin estresarse un pijo. Y es que aquí siempre hemos sido más de porros.
De todos modos, si quieren sumarse a la moda  y celebrar Haloween en condiciones, les sugiero que apaguen las luces,  se pongan una linterna debajo del careto y le cuenten a sus hijos historias de auténtico terror, como aquella que contaba como un alcalde se ponía palote con los morritos de la Pajín ( te has pasao siete parroquias y dos concesionarios de Seat, Francisco), o la del escritor que se trajinaba japonesas de trece años (ojalá te taladre un Mandingo superdotado Fernando). Y si es usted un padre vago o no tiene linterna, no se preocupe: póngale a los nenes un DVD con los grandes éxitos del Congreso de los Diputados y ahí seguro que se cagan por la pata abajo sin esfuerzo alguno por su parte.
God bless America!

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¡Viva México, carajo!

De toda la vida , la música (y ya no digamos la letra) se ha utilizado de forma más o menos perversa para ensalzar y loar hasta la náusea las virtudes, bondades y magnificencias varias del poder de turno, sea este terrenal o divino.

Está claro que hay muchos casos en los que la palabra supera ampliamente al soporte musical y algunos menos en los que ambos se funden en un orgasmo artístico. En mi caso, supongo que por la deformación que provoca eso de tener un papel que dice que soy musicólogo, considero que generalmente  es la letra la que acompaña a la música y no al revés. Reconozco que en muchas ocasiones no tengo muy claro de qué habla  una determinada canción, simplemente  porque la atención se me desvía más  a lo que me dicen las notas que a lo que se supone que dicen las letras. Qué se le va a hacer.

Viene esto a cuento, aunque a primera vista no se lo crean, de la doble celebración del Bicentenario de la independencia  y Centenario de la Revolución en Méjico, el primero celebrado oficialmente hace poco más de un mes, y el segundo a celebrar el próximo 20 de noviembre (fecha que también en España tiene connotaciones peliagudas).

La cosa es que, desde el gobierno mejicano se encargó un himno del bicentenario al músico Alex Sintek (conocido es España entre otras cosas por su dúo con Ana Torroja), que finalmente presentó una controvertida composición titulada “El futuro es milenario” conocida también entre sus detractores como “Shalalalalá” que no sentó demasiado bien entre sus compatriotas, que  tildaron al cántico en cuestión de ser “nomás una rola de Plaza Sésamo” (lo que aquí sería una cancioncilla de Espinete) llena de topicazos  patrioteros y lugares comunes  que no refleja en absoluto la compleja realidad del país.   Vamos, que buena parte de los mejicanos le dedicaron al tema y al autor epítetos como “pendejada”, “chinga tu madre”,  o “no mames güey”.

A raíz de la tormenta de críticas, el autor  llegó incluso a retirarse de la red social Twitter durante semanas y no faltaron mejicanos que opinaran que “mejor debió retirarse del país nomás”. Lo cierto es que la letra no es de Alex Sintek, sino de un tal Jaime López. Cada cual que valore.

La verdad es que para un músico tiene que ser una faena difícil de lidiar eso de recrear y resumir en una composición el espíritu y los valores de su país. Tenemos ejemplos recientes en España, donde somos incapaces de ponerle letra al himno nacional y por eso nuestros deportistas se ven obligados a cantar el consabido “Chunda chunda ta chunda chunda chunda” que, por otra parte resulta de un aséptico y políticamente correcto que acojona (no faltan críticas, no obstante, de los defensores del “Nino nino nonino nino nino”. Ni en esto nos ponemos de acuerdo ¡Joder!).

Lo interesante del tema, no obstante, fue la respuesta del periodista, locutor, escritor, y un sinfín de cosas más, Jorge Saldaña, que al oír el tema, según afirma él mismo, “mentó madres” y se puso a la tarea de escribir  un himno  alternativo titulado “Viva México, carajo”, acogido con satisfacción por buena parte de los mejicanos, que se sintieron más representados por Saldaña que por el dúo Sintek-López.

Reproduzco aquí la letra, que salvando las distancias, bien podría ser aplicada por estos andurriales:

Mi canción no es de llanto ni es de guerra/
es un canto de amor a nuestra historia/
a los hombres que tengo en la memoria/
y que murieron por amar su tierra.

Que reciban los héroes la alabanza/
nos dieron libertad e independencia/
Ojalá que no perdamos la paciencia/
recobremos todos la esperanza.

Este México, nuestro es milenario/
Tiene la misma edad que sus volcanes/

Sus penas sus trabajos, sus afanes
no son un festival bicentenario (2)

El México que hoy añoro/
podrá regresar un día/
Se escuchen las melodías/
Que hablen de nuestros tesoros/
Y que por todos los coros/
Se oiga la música mía/
Mi tierra de alfarerías/
Que ha perdido su decoro.

Ninguna razón había/
Nomás de acordarme lloro (2)

Cuando me falta trabajo/
tengo que emigrar al norte/
Sin lana sin pasaporte/
Sabiendo que soy de abajo/
Por tradición no me rajo/
No le hace que me deporten/
Y que las alas me corten/
A veces echo relajo.

Mientras el pueblo soporte, ¡Viva México, carajo!

A mí desde luego, me mola más esta última. De todos modos, al igual que a Humphrey Bogart siempre le quedará París o que Sam se la toque de nuevo, a nosotros siempre nos quedará el chunda chunda y que a continuación  nos los toque la SGAE en concepto de canon. ¡Tenemos dos por uno mis cuates!

Y si no, ya saben… ¡Shalalalalá y Ninoninonino… Carajo!

 

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Cómo llamarse Ataúlfo y no morir en el intento.

10 de la mañana de un sábado cualquiera. Llaman a la puerta. Ataúlfo Corrochano, con las legañas aún frescas, posa apresuradamente su tazón de humeante cacao marca Hacendado sobre la mesa de la cocina,  y la mitad del mejunje se le cae por los pantalones del pijama. La otra mitad se reparte entre la sección de deportes de un periódico del día anterior,  y el folleto de Ikea que utilizaba para nivelar una pata de la mesa que, curiosamente, también era de Ikea.  Ironías de la vida.

¡Mierda!– exclamó mientras se iba defecando en todos los santos por orden alfabético. Ataúlfo era un hombre metódico para según qué cosas. Se dirigió raudo hacia la puerta,  perdiendo en el trayecto una de sus descalcañadas zapatillas de felpa. Media vuelta. A estas alturas Ataúlfo, rápido como él solo, ya iba  defecándose por la “E” de San Emeterio. Recuperada la zapatilla, se encara hacia la puerta de la entrada.  Observa por la mirilla y ve a dos hombres de mediana edad impecablemente vestidos, ambos con repeinado flequillo y unos papeles en la mano. – ¡Ufffff!  ¡Estos deben ser del Redondel de Leyentes! – Piensa para sus adentros. Decidido, abre la puerta dispuesto a despedir con cajas destempladas al invasor literario.
Antes de abrir la boca, el más alto de los dos le ametralla verbalmente:
Buenos días. Somos de la congregación de los Fedatarios Intesticulares de Cleofás y venimos a anunciar la palabra y traerle la salvación porque sólo aquellos que recojan la semilla y la dejen germinar en sus corazones alcanzarán el Reino de la Luz y vivirán alejados por siempre de la senda del mal.-
Ataúlfo, que  ya avanzaba en su carrera escatológica hacia la “S” de San Sulpicio, comenzó a cerrar la puerta  airadamente mientras acertaba a esgrimir una excusa que en aquel momento  se le antojó cuasi genial:
Oiga mire, que no me interesa… Es que ese ya me lo he leído porque mi hermano es socio y claro, cuando veo en la revista algún libro o algo que me gusta pues ya se lo pido a él y eso… ¡Hale! Buenos días.-
 
Tras el portazo de rigor, aún perplejo a la vez que satisfecho consigo mismo por la eficacia con la que había defendido la plaza, se dirigió hacia la cocina, donde el cacao del Hacendado iba formando caprichosos reguerillos por doquier. Ataúlfo cogió la bayeta ecológica, y rodilla en tierra comenzó a limpiar el oprobio mientras juraba en copto antiguo por lo bajinis y se imaginaba  prendiéndole fuego a la hacienda y dejando al Hacendado, que ya empezaba a adueñarse del mundo, en la puta miseria.  La venganza es dulce como el cacao en polvo,  y cada uno se venga de lo que le da la gana
Ensimismado  como estaba en sus tareas, no pudo evitar  pegar un brinco al oír el teléfono móvil, descuernándose en el lance contra el borde de la mesa Jödensen.-¡Cagüen los suecos de los…!– Aún conmocionado, corrió hacia el salón mientras el tono del Polvorete se desgañitaba proclamando a los cuatro vientos que el gallo, muy currante él,  se sacudía por segunda vez.
¿DIGA?- 
.-Buenos días, mi nombre es Winston Hernandes y le llamo del departamento de atención al cliente  de Nauseafone. Tengo el gusto de ofrecerle nuestra nueva tarifa “Habla hasta que te salgan nódulos laríngeos” que por tan sólo 23,58 euros al mes…-
.-Mire Winston, perdone que le corte, pero no estoy interesado y...- Ataúlfo se vio sorprendido por el timbre de la puerta que, de nuevo, sonaba insistente. Tiró el móvil encima de la mesa y de nuevo avanzó veloz por el pasillo con la cabeza como un bombo y el escroto humedecido en ardiente cacao. Sin molestarse tan siquiera en usar la mirilla, abrió la puerta mientras el humo comenzaba a rebosarle peligrosamente por las orejas.
¿Qué quiere?- bufó al borde del ataque de pánico.  Ante sus ojos apareció una muchacha  vestida con eso que ahora llaman “estilo casual”, como si se hubiera puesto lo primero que había salido del armario. Todo ello, eso sí, muy conjuntadito y de marca. El coste de los ropajes de aquella mozuela tranquilamente permitiría financiar siete escuelas y dos hospitalillos en Sierra Leona.
¡Holaaaa! ¡Soy Naiara,  de “Trancabares sin Fronteras”! Estamos por la zona solicitando su colaboración económica para desarrollar nuestros proyectos de trancabarismo en pro de la juventud, que…. – ¡Mira bonita!- rugió Ataulfo-  Ahora mismo no te puedo atender porque…- ¡Hombre, no me sea insolidario!- cortó tajante la tal Naiara- ¡Piense que por lo que le costarían dos cafelitos al día usted puede colaborar con una causa justa que…– Un sonoro portazo atronó la escalera dejando a Naiara solidarizada consigo misma y con dos palmos de narices que pasaban por allí.

Mientras, Ataúlfo se dirigió hacia la mesa del ordenador para ver si se le calmaban los furores prostáticos  leyendo el correo electrónico mañanero. Tras seis amables comunicantes  que le ofrecían viagra de pega, relojes Rolex a 12 euros y diversos kits de alargamiento de pene,  lo vio: El amenazante asunto del mensaje no dejaba lugar a dudas: “Reenvíalo, infiel de mierda, o la desgracia caerá sobre tí hasta la decimosexta generación” Básicamente,  si no  reenviaba el mensaje a otros 20 infieles de mierda en los próximos  3 minutos y después pulsaba F6, todas las cuitas del mundo se lo comerían inexorablemente empezando por la  pata derecha. Mientras tanto, le pareció oír la voz de Winston Hernandes, que seguía lanzando ofertas rompedoras  por el auricular del “selular”.

Lentamente se levantó, abrió la ventana, y respirando  profundamente lanzó el móvil con ira poco disimulada mientras  consumaba a voz en grito el martirio escatológico de  San Zósimo ante la general sorpresa de los compradores que salían del Mercadona.

Una vez más, el Hacendado había salido invicto y avanzaba hacia la conquista del mundo…

 

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¿Estudias?, ¿Trabajas?, ¿Vegetas?

Si López Vázquez, Landa,  Esteso o Pajares pusieran hoy en práctica sus técnicas de ligue, iban “aviaos”. El infalible ¿Estudias o trabajas, chati? de poco les iba a servir, más que nada por falta de opciones en el enunciado.

No nos engañemos. Tampoco se trata de descubrir Alaska en una cubitera. El fenómeno de los “ninis” no es nada nuevo.   Todos hemos conocido a varios de estos especímenes macho o hembra  cuyo mayor mérito en la vida es hacer la digestión, o tirarse cuescos al son de “La Marsellesa”. Lo cierto es que los de ahora son más visibles que los de antaño, más que nada porque los de ahora suelen dedicar bastante tiempo a su aspecto personal y por lo tanto llaman más la atención visual, cuentan con más medios tecnológicos para extender su particular visión del mundo (concretamente de “su” mundo de unos 2 metros cuadrados), y además papá y mamá tienen más medios para sostener  su actitud indolente, su comportamiento insolente y su intelecto insolvente.  Para ellos, conceptos como “esfuerzo” o “trabajo” sólo son aplicables en situaciones de estreñimiento crónico

Pero no se debe generalizar. Es cierto que todos tienen algunas características comunes que, básicamente son las siguientes:

  • No dar palo al agua
  • No clavarla
  • No jincarla
  • No en general

Dicho esto, quede claro que ni los “ninis” son un subproducto de nuevo cuño, ni son todos exactamente iguales. ¡Qué va! Por ello, me van a permitir una breve, y por tanto no exhaustiva,  catalogación de esta especie.
Pasen y vean:

Los “Ninis”: Tipologías

  1. El  Nini “de carrera” o por oposición:  los miembros de esta peligrosa subespecie tienen  la particularidad de que todos, sin excepción, se sacan una oposición cojonuda como Oficiales Adjuntos a Gilipollas, y sólo puede sobrevivir en pareja.  En definitiva se trata de elementos programados básicamente para ser “Señor o señora de..” “Follante de…” o “Pareja sentimental de…”. Todos ellos  tienen como nexo común encontrar y enamorar perdidamente a un/a gilipollas con cuantos más posibles mejor, que los mantenga de forma indefinida. Por supuesto, el montante total de su vida laboral no supera en ningún caso los 3 días. Cuidadín con estos entes,  que además de  ser ninis poseen una cierta inteligencia y no sólo viven bien en esta tesitura sino también cuando se convierten en “ex” follantes, “ex señores/as”, “ex pareja sentimental”, etc… Lo curioso del tema es que todo el mundo los tiene calados, excepto el/la gilipollas titular.

  2. El nini chungo, o Cani: subespecie de costumbres gregarias, constituyen una verdadera plaga que puebla barrios enteros y  poseen características perfectamente uniformes y definidas, aunque sorprendentemente se creen muy originales. Se trata de entes malos malotes vestidos de chándal hortera, zapatillas de muelles y gorra, todo ello de Nike, si se dedican a traficar, o de Naik, si no se dedican a nada (una de estas dos, o ambas,  son sus ocupaciones habituales). Se desplazan en “amoto” trucada, preferentemente sustraída a otro ciudadano y no se ponen casco porque con la gorra no les entra. Calzan entre 3 y 5 kilos de anillacos, cadenámenes y quincalla brillante de toda especie y cuelgan fotos suyas  en internete  poniendo cara de estreñimiento pertinaz:

    Cani practicando uno de sus deportes favoritos
    La hembra de este especimen nini es la choni, muy aficionada a sacarse fotos en el espejo del baño y a pintarse la raya del ojo de oreja a oreja. Sus valores son  más o menos los mismos que los del Nini cani , y luce tal que “asín”:

  3. El Nini Pijo: estos son tremebundos. En esencia son como los demás ninis, sólo que sus papás tienen más medios y viven en barrios más guays. Se llevan a matar con los ninis canis con los que, aunque ni unos ni otros lo sepan, mientras son jóvenes comparten la misma filosofía básica, cambiando sólo la estética y el precio. Cuando crecen, los ninis pijos se especializan en hundir las empresas de papá. Generalmente se emparejan con su misma subespecie y en ocasiones con ninis del tipo 1.
  4. El Nininini: ni estudia, ni trabaja, ni le importa una mierda nada, ni dios que lo fundó. Es un tipo de nini bastante neutro. Son  también conocidos como “ninis de propósito general” o, simplemente, “vagos de mierda”. Las tipologías anteriores, al menos tienen interés en 3 ó 4 cuestiones (rascarse el higo, jugar a la consola…). Pero estos se llevan la palma más absoluta. Son, tal vez, la especie de nini más antigua y por carecer, carecen incluso de estética o filosofía propia.   Sus filas se nutren de  los más heterogéneos sectores pero abundan, por ejemplo,  los sobrinos de político. Estos individuos suelen pasar la mayor parte de su vida laboral de baja, o bien al frente de alguna subsecretaría, o incluso ambas cosas.
No creo que a nadie le cueste especial trabajo ubicar a varios  especímenes que encajen de lleno en uno (o más) de estos epígrafes.
 
Se admiten sugerencias

 

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Nunca llovió que no parara (o parase)

O al menos eso decía mi abuelo, que en paz descanse. Claro,  que también renegaba del agua en favor del vino argumentando que la primera “pudre la madera y estropea los caminos”…

Aún así,  con la que está cayendo, a poco que uno esnife con moderación la prensa  mañanera le entran unas terribles ganas de ir a comprarse una partida de paraguas, chubasqueros y toldos varios, no sea el demonio, mire usted, que la cosa vaya a mayores (que puede ir, oiga).

La cosa está malita: sube el paro, nos tiran de las orejas desde medio mundo (el otro medio está más jodido que nosotros), financiamos operaciones a conciudadanos del mundo civilizado que, mira tú por donde, es llegar a Benidorm, y ponerse malitos de la cadera, del corazón o de lo que pinte y, claro está, aquí los arreglamos a conciencia para que luego se recuperen en el apartamentito de la playa que, a su vez, han alquilado a compatriotas suyos. Es lo que tiene ser tan guays. De otros temas fundamentales como la enseñanza del árabe como segunda lengua extranjera, mejor ni hablamos. Eso sí: hay que reformar ¡Pero ya! el tema de las pensiones y congelar todo lo congelable, por que para estas fruslerías ya no alcanza el leuro.
Por otras partes, en aras de la creación de empleo y el fomento de la cultura, instalamos en medio de la plaza del ayuntamiento de Jacarandal del Ojete, pueblo de 16 habitantes mal contados,  una estatua en homenaje al “Zurullo Multicultural Rampante” hecha con latas de callos oxidadas coronadas por una tapa de WC, creación excelsa  de un autor de renombre y reconocida adhesión inquebrantable al régimen de turno. Mientras tanto, el Tío Nicasio no sabe si descojonarse viendo el truño artístico, darse a las bebidas espirituosas en la tasca del Nemesio, o ahorcarse directamente con el cable del ratón inalámbrico.
Otro asunto que mejor no tocamos es el de las 17 administraciones autonómicas, cada una de ellas con 356 Fundaciones para el estudio del Orto, 46 Observatorios para la Evolución de la Almorrana Doliente, y 25 Secretarías de la Escojonación Atómica que, a ser posible, se pisen las competencias unas a otras.
Va a ser que, a lo mejor, nuestros gobernantes deberían hacer la lista de la compra antes de ir al súper, que si no ya se sabe que inicialmente ibas a comprar patatas y huevos y al final te traes unos chicles de morcilla, un plumero para limpiar radiadores y siete cajas de condones con sabor a menta. Y claro, luego no hay deidad del Olimpo que se trague la tortilla. Pero bueno, siempre nos quedará la Esteban para hacernos pollo.
A ver si iba a tener razón mi abuelo con lo del agua…

 

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