Andamiajes, estropajos, cal y celo profesional.

Andamiajes, estropajos, cal y celo profesional.

Hoy el título de la entrada rima, igualito que la mítica peli guarrindonga «El carpintero, su mujer y otras cosas de meter». Vamos, que una vez más la realidad me lo pone a huevo sin tener  que esforzarme nada de nada. 


Leo estupefacto en la prensa del movimiento, e incluso en la otra, que el  mundo del arte llora desconsolado porque una excelsa obra del autor Martin Kippenberger, que era un señor que hacía obras de arte carísimas, ha resultado gravemente dañada hasta el punto de que los restauradores del museo Ostwald dicen que los daños son irrecuperables. Antes de nada, por aplicación del principio «Una imagen vale más que mil palabras», centrémonos en el tema observando esta  fotografía de la obra de arte en cuestión: 



La obra de arte en cuestión



La gaveta en cuestión tras dejar de ser una obra de arte
El valor del artístico elemento viene a ser de  unos 800.000 euros, supongo que con IVA incluido (por si alguien se despista, la obra de arte es el andamiaje que se ve en el centro de la imagen bajo el cual hay  una gaveta de goma de esas que usaban los albañiles cuando tenían trabajo). Por cierto, conste que no había oído hablar de  Martin Kippenberger en mi vida. Y no disimulen, que ustedes tampoco… pero vamos a lo que vamos:

Esta hermosa creación artística lleva por título algo así como «Cuando empieza a gotear desde el techo» y al parecer es una alegoría más o menos elaborada de lo que pasa cuando pintas el techo zafiamente y la pintura empieza a gotear al suelo por efecto de la gravedad, que tiene muy mala baba.  La verdad es que por la módica cantidad de 500 euros ya lo podía explicar yo mismo de forma más gráfica, pero como no soy artista conceptual…
    
El caso es que una esforzada limpiadora del museo observó que la gaveta estaba toda llena de cal y guarrerías varias y decidió tirar de mocho,  estropajo del calibre 7 y una mezcla de Mister Proper y Calgón como si no existiera un mañana, hasta dejarla más limpia que una patena sin estrenar. El problema es que el exceso de celo profesional no le permitió ver que las incrustaciones de roña calcárea formaban parte de la obra de arte, y  como ya he dicho antes, los restauradores del museo consideran ahora que no hay nada que se pueda hacer para devolverle su antiguo esplendor roñeril.  Esto me lleva a pensar que los restauradores deberían ser despedidos de inmediato. 

Cuando la empresa responsable de la limpieza reprendió a la curranta por la felonía que acababa de cometer, la buena mujer, con muy buen criterio, respondió que creía que estaban haciendo obras en el museo y que al ver el andamio medio esgonciado y la gaveta de goma con más mierda que el palo de un gallinero venido a menos decidió que aquello  no hacía bonito  en mitad de la sala. Y lógicamente cumplió con su trabajo.

No se por qué extraña razón, pero me da en la nariz que si la Fräulein limpiadora se hubiera topado de frente con un Velázquez,  un Rembrandt o un cuadro de Lola Flores (ya saben, «mú mal pintao»  pero con ese arte que ella tenía), no  se le hubiera ocurrido tirar de Scotch Brite.

Me encantaría escuchar al guía del museo explicando los entresijos filosóficos del andamio en cuestión, aunque imagino que sería algo así como «El artista plasma con genial maestría la efímera inconsistencia del devenir entendido como un exacerbado sincretismo de valores no extrapolables en términos estéticos, en tanto la expresión visual del yo imposibilita la proyección de las superestructuras del inconsciente profundo», etcétera. Siempre he dicho que un par de hostias a tiempo espabilan mucho y evitan males mayores. 

     Lo que sí es arte en estado puro es decidir que esto vale 800.000 euros sin que se te escape la risa floja  Como decía el genial Manuel Alexandre en «Amanece que no es poco»:

«¡Me paice a mí que tenéis un cuajo…!»





Clases medias, medias tintas y tontunas variopintas



En una ciudad cualquiera de la geografía hispana, en cualquier barrio de esos denominados como «de clase media», que traducido al castellano clásico significa «los que sostienen el cotarro a base de ingentes cantidades de vaselina para reducir molestas fricciones en los bajos fondos, pagarse la casa , el coche y el DVD de la marca Carrefour, aparentar que nos va bien  y cerrar el pico no vaya a ser el demonio…»,  una importantísima parte de los españolitos nos despertamos cada día con la faz  legañosa,  el ánimo apático y la cuenta corriente anémica. Y con estos mimbres aún nos extrañamos de que nos salgan estos cestos. 


Entiéndase el  término «apático» como sinónimo de » va a ser que tanta información desanima a cualquiera». No hay duda de que si uno NO se informa medianamente haciendo medias aritméticas de lo que lee en la llamada  «prensa independiente» (término humorístico que emplean casi todos los medios para definirse a sí mismos), será mucho más feliz. Sólo hay que ver las manadas de canis mentales que pueblan nuestra geografía para darse cuenta de que enseñar canalillo, marcar paquete o masa muscular,  repetir mantras superguays relacionados con la libertad la solidaridad, la igualdad, y todo lo que termine en «ad» o hacerse autofotos en el espejo con poses insinuantes de nuevo rico hortera de oferta en el Lidl como si no existiera un mañana son razones suficientes como para no preocuparse de nada más. Ojos que no ven y entendederas que no entienden, corazón que no siente ni padece.   Y probablemente sean los más listos. No lo duden.  


Y es que antaño nuestros padres, con una escasísima  visión de futuro, nos animaban a aquello de estudiar una carrera, o formarnos medianamente en algún oficio y tratar de ser «alguien» en esta vida de moral distraída cuando podríamos vivir a cuerpo de rey con sólo pasarnos por la piedra  a un futbolista, participar en Gran Hermano o ser tertuliano de mercadillo.    Sí, queridos amiguitos de la fauna ibérica:  aunque no nos guste, la mayoría somos una banda de  pringadillos de medio pelo, o incluso menos. 


Todo ello para ver que si eres muy joven no eres apto para ningún puesto de trabajo decente por falta de experiencia, o si eres treintaañero o cuarentón estás en tierra de nadie aunque te sobre experiencia y formación, o si eres cincuentón y la experiencia te rebosa por las orejas estás demasiado «resabiao» para que nadie te contrate o te ayude a crear tu propio puesto de trabajo. Y de los sesentones para arriba mejor ni hablamos.Y si me apuran más, el que produce, trabaja y cumple medianamente  con su parte del trato ve como el que prospera es el que más traseros lame, el que a más amos sirve  disimuladamente,   o el que mejor se vende en su Facebook a base de frasecitas pseudofilosóficas de copia-pega pirateadas a otros aunque el producto final sea de todo a cien de fabricación china,  calidad previsible,lanza en astilleroadarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Y a mayores, la madre que nos trajo.


Y mira que la historia está ahí a disposición de cualquiera para analizarla de forma crítica y recordarnos que  estamos al servicio de la voz de nuestros respectivos amos, pero ni con esas terminamos de espabilar. Seguimos hipnotizados, divididos en tribus sin fundamento, llenos de complejos y de retórica políticamente  correcta a pesar de que interiormente pensemos todo lo contrario. La mayoría estamos hasta los mismísimos de las múltiples sectas que nos abrasan la moral a golpe de telediario y sin embargo seguimos empeñados en votarlas sistemáticamente para que el sistema se perpetúe. 


En un mundo en el que Telecinco le paga 10.000 euros del ala a la mamá del «Cuco» para que nos cuente que su indefendible e indefinible nene pelirrojo es más inocente que la flor de la canela, en el que «El Rafita», asesino convicto y confeso,  campa a sus anchas amparado al igual que el anterior espécimen por una Ley del Menor elaborada y promulgada por retrasados mentales irredentos, en el que las minorías étnicas te pueden parar en un túnel,  darte una paliza digna del pulpo Paul  y afanarte lo que lleves encima sin que les toquen un pelo de las orejas,  en el que nadie se hace responsable de nada, en el que los sindicatos traicionan sus principios y su historia, en el que los bancos son rescatados por sus propias víctimas, en el que los diputados se implantan un Ipad en el ojete,  un ADSL de los buenos en su casa, pensiones vitalicias, estancias en hoteles de lujo y bolsas de Doritos a cuenta de los presupuestos mientras colocan a su familia directa en puestos ridículos para los que no están capacitados, todo esto resulta de lo más normal. Este  mundo sigue siendo patrimonio de los ninis, los mediocres, los comemierdas, los sobrinos retrasados y otros parásitos de amplio espectro. 


Juro por la gloria de Snoopy que hoy no tenía ganas ni intención  de hablar de política, pero me temo que lo he hecho  igualmente porque al fin y al cabo nos guste o no, todos somos animales políticos y comemos de las mismas bellotas aunque muchas veces nuestros respectivos jamones tengan cotizaciones  diferentes en función de la piara que nos gobierne. 


Líbrenos el elenco divino de las aguas mansas, que de las bravas ya nos libramos nosotros aunque sea a medias.



Génesis apocalíptico, apocalipsis genético y otras hierbas ibéricas.

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía.  Y Dijo Dios: «¡Hágase la luz!». Y vinieron los de Endesa e Iberdrola y nos crujieron vivos a todos. Y vio Dios que la luz era buena, pero carísima. Y a petición del Consejo de Administración creó la noche. Y vieron Endesa e Iberdrola que la facturación aumentaba aunque no lo suficiente.  Y vio Dios que igual lo de la luz no había sido tan buena idea y se planteó aumentar el día, pero le denunciaron por competencia desleal.

Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco». Y en lo seco se construyeron mil millones de adosados y pisitos de 70 metros cuadrados. Y los concejales de urbanismo, los notarios, los bancos, los registradores de la propiedad, el Estado, las autonomías los ayuntamientos y El Pocero  se pusieron palotes. Y Dios se quedó perplejo al darse cuenta de que aún no había creado al hombre y sin embargo ya no había sitio para más apartamentos en primera línea de playa. Y Dios descubrió con horror que había creado España.  Y para más INRI, como al crear la tierra había menos agua, el agua se puso a precio de Mc Callan de 18 años y decidió lavarse con gasolina Super Plus de 500 octanos, que salía más barata.

Y aún sin reponerse de su consternación, Dios creó al hombre y la mujer. Y se percató de que algunos hombres y mujeres le salían con la moral defectuosa y la ética bajo mínimos.  Y los llamó «políticos».
Y los políticos crearon una comisión parlamentaria y se escupieron en el ojo unos a otros y consiguieron que un juez empapelase a Dios por responsabilidad civil subsidiaria con agravante de deidad alevosa y flagrante. Y para celebrarlo se subieron el sueldo y montaron una orgía con cargo a los presupuestos. Y Dios empezó a dudar de sus actos.

Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas, árboles frutales que den fruto, llénese el mundo de animalicos comestibles y viandas en general».  Y el Carrefour y sus amiguitos nos vendieron los tomates, el pan y  el morcón ibérico a precio de platino del bueno pese a lo cual los agricultores y ganaderos, poco originales ellos,  no llegaban a fin de mes al igual que el común de los mortales. Y la Duquesa de Alba, que había sido compañera de pupitre de Dios,  recibió varios contenedores de barco llenos de euros en concepto de subvenciones. Y vio Dios que la cosa se le torcía muy seriamente. Y se lamentó por no haber hecho las piedras comestibles. Y lo pensó más detenidamente y se dio cuenta de que si las piedras fuesen comestibles también las venderían el Carrefour y sus amiguitos a precio de platino del bueno. Y el Pocero decidió no invertir ni un duro en piedras y seguir con el ladrillo. Y Dios en su infinita sabiduría no alcanzó a comprender nada, pero se consoló al darse cuenta de que aquello no había Dios que lo entendiera. Y fue entonces cuando se popularizó el dicho de que «si la mierda fuese oro, los pobres nacerían sin culo».

Y como Dios llevaba cuatro días trabajando, vino la sección sindical del cielo y le denunció a la inspección de trabajo  por abuso de autoridad e incumplimiento de horarios. Y a Dios se le cayó el pelo, y cuando fue a pagar la multa no pudo hacerlo porque un banquero le había robado la cartera por el conocidísmo  modus operandi del «procedimiento hipotecario». Y le calzaron un 20% de recargo en concepto de intereses de demora.

Y Dios vio que aquello, lejos de ser bueno, tiraba más bien a regular. Y creó al defensor del pueblo, y la ONU, y catorce millones de organismos más, para que defendieran la justicia, la paz, la solidaridad y la igualdad.  Y los políticos se partieron el ojete de la risa y aprovecharon para subirse el sueldo, organizar otra orgía y colocar a sus amiguetes en los organismos solidarios con la bendición de San Emilio Botín, las Beatas Koplovitz y San Apapurcio obispo y mártir.   Y Dios no se lo podía creer, y se planteó seriamente  hacerse ateo.

Y como ya era viernes por la tarde, Dios se detuvo a tomarse un Kit Kat. Y vino la Merkel y le puso las pilas para que se dejara de tantas fiestas. Y trabajó también el sábado con la Merkel vigilándole por el rabillo del ojo. Pero el sábado no fue productivo porque los políticos decidieron subir el IVA, el IRPF, y los impuestos especiales sobre el alcohol, el tabaco, el aire, y las ganas de vivir.

Y al séptimo día descansó. Y por la tarde ya le había llegado la carta de despido del Vaticano por falta de productividad.  Y la SGAE, que había recaudado los derechos de autor en concepto de creación del mundo, falsificó la documentación contable y a Dios le tocaron dos euros con cincuenta menos el 18% en concepto de retenciones a cuenta del IRPF. Y Dios decidió crear el libre albedrío, pero llegó tarde porque la patente ya la habían registrado los políticos.

Y vio Dios que aquello no había Dios que lo enmendara, ni desarzobispoconstantinopolitanizador que lo desarzobispoconstantinopolitanizase   ni perro que le ladrara (o ladrase).



Tremores sísmicos y esfínteres distraídos.

Tremores sísmicos y esfínteres distraídos.

En estos días en los que a raíz de lo que está pasando en la isla de El Hierro tanto hemos oído hablar del temido tremor sísmico que acompaña a las erupciones volcánicas, es inevitable pensar que también hay un tremor preelectoral  bastante chungo que se distingue del sísmico en el olor (el tremor preelectoral huele, pero no a  azufre) y que durará aún -que los dioses nos pillen con el alma en paz y los esfínteres sellados-  al menos hasta el próximo día 18 de noviembre de este annus horribilis, que en román paladino quiere decir «año de mierda». Sí, he dicho hasta el día 18. Recuerden que el día 19 es jornada de reflexión y no se puede andar agitando a las masas (excepto por el acreditado y muy ético sistema conocido como «Vamos a tocarle la portañica de los escrotos  al contrario a la puerta de su sede,  ¡PÁSALO!). Esto del agitprop, que es una cosa que inventaron los soviéticos para mover a las enfervorizadas masas y que algunos definen más ampliamente como «agitación y propaganda», mola que te pasas. El primer ejemplo que recuerdo de este método fue en una manifestación en mis años de universidad, cuando las masas aún no teníamos móvil y por tanto era bastante chungo «pasar» nada,  escuchando a  una mozuela a sueldo de algún partido político que no pintaba nada allí,  y a la que hoy definiríamos  como «perroflauta de libro con megáfono implantado en el morramen» se desgañitaba lanzando consignas e informaciones más falsas que un billete de siete con cincuenta. Lo cierto es que no le hacía caso nadie, pero ahí estaba ella, a lo suyo. 

Y es que es una cosa delirante escuchar con atención las cosas que se dicen en los mítines, que son esas reuniones idiotas y redundantes cuyo hilo conductor es el agitprop  donde los políticos van a darse baños de masas y a esforzarse en convencer a gente que ya venía convencida de casa (de ahí lo de idiota y redundante).  Es como limpiar sobre limpio, hacerse un  bocata de pan o llover sobre mojado. De verdad que me encanta escuchar a unos y a otros. Un ejemplo de mucha risa es que Rubalcaba, ese señor que SABE como sacarnos de la crisis pero por modestia no nos quiere decir como hacerlo, por no dejar mal a la oposición más que nada, propone ahora muy imaginativo y atento a las peticiones de los ciudadanos que si no podemos pagar la hipoteca el banco se quede con la casa y asunto resuelto, en lugar del tradicional método de «me quedo con tu queli, con las perras que ya me hayas pagado y a cambio tú te quedas sin casa y con la misma deuda» (método también conocido en economía avanzada como «ser puta y poner la cama»). En definitiva, que el tío se acaba de inventar así, sin calentar por la banda ni nada, la dación en pago. 
También es verdad que es fácil prometer cuando no te vas a tener que molestar ni siquiera en incumplir tus promesas. Ahora bien, toda cara tiene su cruz. Sí, amigos de la fauna ibérica: Marianico Rajoy también tiene las recetas muy claras y los chocolates muy espesos, lo que ocurre es que no nos quiere decir su programa, no por modestia sino para que el enemigo no se entere y le copie. El mensaje es claro: «Mirenushtedesh, nosotrosh vamosh a resolver la shituación, pero ya si esho, lesh contamosh como lo vamosh a hacer deshpuésh de lash eleccionesh generalesh.  Muchash Graciash». Y se queda más ancho que pancho, el tío. 
Hay quien dice que a Mariano le va a costar trabajo hacerlo peor. Sin embargo, yo que políticamente hablando soy pesimista, creo que siempre hay margen para cagarla aún más aunque el margen sea estrecho y el listón esté por las nubes. No olvidemos que estos zagales y zagalas son políticos profesionales, por lo que a poco empeño que le pongan… Querer es poder.
Ellos a lo suyo, decidiendo qué corbata les da más credibilidad o qué colores quedan mejor en la tele. De hecho, esta vez tanto PP como PSOE se presentan de color azul, como si le importara un comino putrefacto a cualquier persona normal. De verdad creo que si a alguien le puede influir mínimamente en su intención de voto si van de rojo, de azul o de rojigualda verdoso, debería hacérselo ver de inmediato por su estupidólogo de cabecera, que en caso de gravedad extrema le dará un volante para el especialista, de momento sin necesidad de copagos ni nada. De todos modos no le arriendo la ganancia a Mariano con la que se le viene encima.
En este estado de cosas, me parece que la cuestión no es si viene la derechona o el primo tonto de zumosol, sino que viene alguno de ellos, y eso da bastante flojera de piernas
El Primo tonto de Zumosol,  retratado en el momento de creerse las promesas electorales
Y en este 15 de octubre plagado de manifestaciones de gente que está harta de este sistema con el que nos HAN dotado (si alguien cree de verdad que ha sido el pueblo el que se ha dotado de algo, le felicito por su conmovedora candidez), no puedo más que decir:
Si tiene que explotar, que explote. Torres más altas han caído y la historia está llena de ejemplos. Lo que está clarísimo es que, efectivamente, nos mangonean pero NO NOS REPRESENTAN. A mí desde luego, NO. 
PD: acepto empleo como cargo de confianza en cualquier administración. Prometo total sumisión,  adhesión inquebrantable y tengo carnet de conducir de coche y moto. Seguramente no colará, pero por si acaso…


Zorras, escudos antimisiles y Goyas en el cuarto de baño

Amiguitos: por fin podemos dormir tranquilos. No se si se habrán dado cuenta, pero en breve vamos a tener un fantástico escudo antimisiles que hace diez años era un truño fascistoide, imperialista  y tontorrón inventado y promovido por zagales de contrastado nivel intelectual como Reagan y el Tío Bush,  cosa con la que personalmente estaba y estoy totalmente de acuerdo, y sin  embargo ahora se ha convertido por arte de birlibirloque en una cosa muy molona y que además va a generar un puñadete de unos mil empleos o así. Todo son ventajas, y además no hace falta consultarlo con nadie no vaya a ser que digan que no, cosa que sería asquerosamente  antidemocrática y errónea a más no poder. Ya se sabe que la plebe, y los demás en general, no tenemos ni puta idea y hay que llevarnos por el recto camino.

Supongo que esto será muy útil para salvaguardar la seguridad nacional, sobre todo en el supuesto de que a algún malo malote le de por colarnos una simpática bomba oculta en el dobladillo de la chilaba, por poner un sencillo ejemplo. Para mingitar y no expulsar un mísero mililitro (o como se diría en los ambientes de la LOGSE: «pa mear y no echar gota») porque somos tan pacifistas y tan guays que no nos aguantamos a nosotros mismos. Éramos pocos y parió la abuela con atroces sufrimientos en los bajos fondos.

Y hablando de abuelas, si a esto le añadimos que Doña Cayetana, Grande de España ella, ha contraído nupcias con un señor que está enamoradísimo   hasta el mismísimo corvejón derecho como cualquier cuadrúpedo que se precie, a nadie se le escapa que debemos sentirnos finos y seguros y disfrutar del olor de las nubes mientras departimos amigablemente con nuestras repectivas menstruaciones, eso sí, debidamente sincronizadas  como corresponde a nuestro maravilloso mundo de gominolas de colores  y conguitos políticamente correctos. El que no se consuela es porque no quiere, o bien porque se fija en lo que pasa a su alrededor. Una de dos.
Pero eso sí: el hecho de que cada día se vayan a la calle unas 300 familias por no poder pagar  sus pufos al mismo banco que hace seis años les concedió crédito a paladas y como si no costara, que el paro crezca de forma más que alarmante, que sigamos «saneando»  la banca con dineritos públicos, que la mayor preocupación sea llegar a mediados de mes (y eso con suerte), que la educación caiga en picado, que todo suba menos los sueldos, que la patronal diga que hay que quitar los puentes festivos porque menoscaban la productividad, que no se pueda abrir la boca por el qué dirán, que Rajoy, Rubalcaba y sus amiguitos multimillonarios sigan babeando  a los cuatro vientos sus delirios mongólicos y dándonos clases de ética y moral (que le ronca los perendengues), o que sigan proliferando parásitos sociales de todo pelaje, son cuestiones menores. Vamos, lo que se dice «daños colaterales» o en manchego clásico «el que no se ha escondío, tiempo ha tenío».
En tanto funcione el escudo del Tío Sam,  la Cocacola siga teniendo gas y  Cayetana duerma calentita a la sombra de un Goya de los de verdad mientras el duque consorte le ceba la sopita, todo irá bien.
Para completar el cuadro, a ver si con un poco de suerte las próximas elecciones las patrocina Telecinco y los resultados nos lo dan Berlusconi vestido de chulapa y la Esteban con chándal y tacones de aguja.
¡Ah! Y no olviden que pueden llamar zorra a su mujer sin cortarse un pelo, que ha dicho el Sr. Juez que es un halago del copón.
 Hasta la próxima, si es que llegamos vivos…
El protocolo mola, pero no me llames Dolores… ¡Llámame Lola!

El protocolo mola, pero no me llames Dolores… ¡Llámame Lola!

Carísimos y carísimas  hermanos y hermanas: faltando a mi promesa de escribir semanalmente por razones  personales ( es decir, por desidia y vagancia ante la realidad de «todo a cien rupias» que vivimos),  vuelvo al ataque tras veinte días de mutismo bloguero, y por ello henos aquí de nuevo y nueva reunidos y reunidas en torno y en torna a los maravillosos y maravillosas caminos y caminas de la Internet y el Interneto. Debo aclarar que de aquí en adelante usaremos el género neutro para abreviar. Para quien no esté avezado a semejantes niveles de fascismo, explicaremos que el género neutro es aquel que no tiene ni pilila ni lo otro y por tanto lo mismo sirve para un roto que para un descosido (o descosida):

Lo que me lleva a perpetrar este nuevo engendro es el hecho de que  hoy he llegado a la inteligentísima y poco vista conclusión de que nuestros políticos en general, además de ser bastante (coloquen en este paréntesis sus insultos e improperios: por ejemplo, «hijos de la gran rechingada», u otros),  no son nada originales. Lo juro por Carmen Sevilla.  Decía la cancioncilla aquella algo así como «no me llames Dolores, llámame Lola» y ahora el inefable terrateniente progre Alfredo, alias  «pe punto» Rubalcaba, aquel que exigía que le llamasen simplemente «Alfredo» porque él lo vale y lo dice en su DNI, ahora exige que le llamen «Señor Rubalcaba» por aquello del respeto, que tenía yo entendido que es una cosa muy facha y cavernícola. No deja de ser llamativo, teniendo en cuenta que todo el mundo, incluido él mismo,  llama «Zapatero» a Zapatero o «Rajoy» a Rajoy, cosa bastante lógica y elemental por otra parte. Debe ser que las formas hay que mantenerlas dependiendo de si quien habla soy yo o los otros. Vamos, digo yo…

Piensen en lo triste que sería si la prensa y los medios diversos hablasen del «Señor Alfredo», el «Señor José Luis» y el «Señor Mariano», porque dan ganas de terminar la frase con un «pónganse la mantita por las rodillas que está fresco y echen unas manitas al mus con cuidado no se les vaya a salir la sonda de la uretra». Así, como es lógico, la política nacional no resultaría seria. Y de otra manera tampoco, pero eso ya es harina de otro costal y comisión de otro Diputado o concejal de medio pelo. También cabría la posibilidad de dirigirse a él  respetuosamente que lo flipas, como «Señor Pe Punto«, que sería bastante molón, aunque esto ya sería un debate diferente.

Y qué podemos decir, sufridos conciudadanos, de la despedida de nuestros ilustres Diputados, a los que ya se les termina el recreo hasta dentro de un par de meses largos y deben meterse en la durísima pugna electoral que se les avecina, y que les vamos a pagar a tocateja entre todos – ¡Los muy cabrones… !

Todos se han despedido  de sus amiguitos del cole sufriendo mucho y deseando que «los que lo están pasando mal ante la crisis económica» salgan de tan penosa situación, y tal y Pascual. Lo acongojante  de la cuestión es que toda esta caterva de individuos con tratamiento de «Excelentísimos Señores» o «Señorías» y sueldos venusianos, por aplicación del principio elemental  «Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que amarra la pata», son responsables directos del lodazal en el que nadamos, por bailarle el agua a la Banca, a los mercados y a la prima segunda del lucero del alba que pasaba por allí. Ni más ni menos, como dirían «Los Chichos». Y aún se permiten el lujo de decirnos lo que debemos hacer, decir o pensar…

Y es que ya tradicionalmente los grandes éxitos siempre venían de los Rolling Stones, de los Beatles, de Michael Jackson, o de Marifé de Triana. Al parecer ahora los grupos de moda que arrasan en las pistas son      Standard & Poor’s, o  Moody’s con sus superhits «Ven que te califico la deuda, Papito» ,   «Te ví a meter una subprime que te avío pa los restos» o «Vaselina for your orto, worker de mierda». Es acojonante. Al parecer todo se reduce a lo que digan o dejen de decir «los mercados financieros», que ni Dios sabe quienes son exactamente, pero al parecer tienen tanto mando que el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se van por las patas abajo cada vez que les mentan a la bicha. 


Reconozco que soy muy cortito y que voy tan justo que apenas tengo «pa» pasar la tarde, y por ello agradeceré que alguien me lo explique porque no acabo de verlo. 


Eso sí: entre tanto  seguiremos dándonos palos  entre nosotros, defendiendo siglas políticas que sólo representan a los que viven de ellas y así todos contentos. Unos progres, otros fachas y otros primos de Zumosol. Lo de «divide y vencerás» sigue vigente amiguitos, y mientras tanto «Los Mercados» y «La Banca» seguirán los primeros en la lista de  Los Cuarenta Principales, y sus Señorías seguirán sirviendo al mejor postor. 


Para mí tengo que el que diga que nuestra civilización no es una mierda pinchada en un palo, miente como un bellaco. Claro que las civilizaciones anteriores no eran mucho mejores, aunque a su favor hay que decir que no tenían ni la LOGSE ni el Plan Bolonia.


Mientras tanto nosotros a lo nuestro, que es escupirnos directamente a la niña de los ojos. Ya romperá por donde tenga que romper, que torres más altas cayeron. Y seguiremos sobreviviendo a este estercolero colgándonos del «Sálvame» y productos de similar pelaje intelectual y ético. 


Yo me quedo con aquella frase de Groucho Marx que decía:


 «Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!»


Nos vemos en breve ( o incluso en breva).