por Isma Álvarez Paz | 10/10/2010 | Diario de un Ojiplático
O al menos eso decía mi abuelo, que en paz descanse. Claro, que también

renegaba del agua en favor del vino argumentando que la primera «pudre la madera y estropea los caminos»…
Aún así, con la que está cayendo, a poco que uno esnife con moderación la prensa mañanera le entran unas terribles ganas de ir a comprarse una partida de paraguas, chubasqueros y toldos varios, no sea el demonio, mire usted, que la cosa vaya a mayores (que puede ir, oiga).
La cosa está malita: sube el paro, nos tiran de las orejas desde medio mundo (el otro medio está más jodido que nosotros), financiamos operaciones a conciudadanos del mundo civilizado que, mira tú por donde, es llegar a Benidorm, y ponerse malitos de la cadera, del corazón o de lo que pinte y, claro está, aquí los arreglamos a conciencia para que luego se recuperen en el apartamentito de la playa que, a su vez, han alquilado a compatriotas suyos. Es lo que tiene ser tan guays. De otros temas fundamentales como la enseñanza del árabe como segunda lengua extranjera, mejor ni hablamos. Eso sí: hay que reformar ¡Pero ya! el tema de las pensiones y congelar todo lo congelable, por que para estas fruslerías ya no alcanza el leuro.
Por otras partes, en aras de la creación de empleo y el fomento de la cultura, instalamos en medio de la plaza del ayuntamiento de Jacarandal del Ojete, pueblo de 16 habitantes mal contados, una estatua en homenaje al «Zurullo Multicultural Rampante» hecha con latas de callos oxidadas coronadas por una tapa de WC, creación excelsa de un autor de renombre y reconocida adhesión inquebrantable al régimen de turno. Mientras tanto, el Tío Nicasio no sabe si descojonarse viendo el truño artístico, darse a las bebidas espirituosas en la tasca del Nemesio, o ahorcarse directamente con el cable del ratón inalámbrico.
Otro asunto que mejor no tocamos es el de las 17 administraciones autonómicas, cada una de ellas con 356 Fundaciones para el estudio del Orto, 46 Observatorios para la Evolución de la Almorrana Doliente, y 25 Secretarías de la Escojonación Atómica que, a ser posible, se pisen las competencias unas a otras.
Va a ser que, a lo mejor, nuestros gobernantes deberían hacer la lista de la compra antes de ir al súper, que si no ya se sabe que inicialmente ibas a comprar patatas y huevos y al final te traes unos chicles de morcilla, un plumero para limpiar radiadores y siete cajas de condones con sabor a menta. Y claro, luego no hay deidad del Olimpo que se trague la tortilla. Pero bueno, siempre nos quedará la Esteban para hacernos pollo.
A ver si iba a tener razón mi abuelo con lo del agua…
por Isma Álvarez Paz | 09/10/2010 | Diario de un Ojiplático
Al alba y con viento de levante, poniente y otros puntos cardinales menores, nos levantamos los norteños peninsulares acojonaditos perdidos por las alarmantes noticias de tormentas perfectas que nos acechan implacables allende el charco. Lo curioso del tema es que estas movidas meteorológicas siempre llegan cuando hay puente o días moscosos colectivos a la vista. Y más curioso aún es que, generalmente, cuando los avisos son tan insistentes la cosa no suele ser para tanto por estos lares y sin embargo por otras líneas costeras la cosa meteorológica se pone fea sin que nadie le haya dado, fíjate tú, tanto bombo ni tanta génesis.
No digo yo que exista un contubernio meteorológico-hostelero tras todo esto, pero la verdad es que a veces lo parece. Al menos, esta vez, en el día de salida del Puente de la Pilarica, vemos en la prensa que igual la cosa no era para tanto y lo mismo la génesis del bombo se queda en antigénesis del platillo.
¿Porqué ahora lo llamarán «flím» cuando antes se decía «pinícula»? Como ejemplo, hace poco leía por alguna parte que ahora lo políticamente correcto cuando uno se refiere al mundo caló es decir «persona de respeto» en lugar de «patriarca». Imagino que esto será de aplicación también a Alexis II, al que le molará mazo ser «Persona de respeto de la de la iglesia ortodoxa».
Y puestos a seguir citando ejemplos, me permito añadir algunas perlas del lenguaje patrio pretérito y actual, algunas de observación propia y otras leídas por el ciberespacio, que no necesitan comentario (O sí. Vaya usted a saber):
- Bombogénesis explosiva: aire de castañas muy frecuente en el otoño
- 3º de ESO: 1º de BUP, pero mucho más fácil
- PAU: como la selectividad pero mucho más fácil
- Reválida: como la selectividad pero mucho más difícil
- Competencias básicas: saber hacer más o menos la «O» con un canuto
- Diputado/a: persona/o que dice dominar las competencias básicas y además sabe apretar aleatoriamente tres botones que ponen: «Sí» «No» «Abstención»
- Ministro/a: ver diputado/a. Algunos/as carecen de la habilidad de apretar botones.
- Realidades nacionales: Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía…y así hasta 17
- Este país: España
- Francia, Alemania y el estado Español: Francia Alemania y España
- España: conjunto de 17 realidades nacionales muy cabreadas unas con otras
- Unidad de destino en lo universal: ¿lo cualo?
- La calle es mía: la calle era bastante suya
- Puedo prometer y prometo: no me dejan prometer nada
- Mireusté: cálleseusté
- Desaceleración: dícese de aquella situación que va como el culo
- Deslocalización: echar a toda la plantilla de una empresa a la puta calle y llevarse la fábrica a otra parte.
- Miembra: hembra del miembro
- Todas y todos: pareja de palabras que cuando se aparean tienen toditas y toditos.
- Estamous trabajandou en ellou: menuda farra me he pegao con mi amigo George
- Estar en el candelabro: ser idiota y quemarse el culo con una vela
- Adaptación curricular: aprobar por la cara sin clavarla
- Misión de paz: ir a una guerra donde no hay enemigos, pero te vuelan el culo a la mínima y en caso de enfrentamiento se debe disparar con gominolas sin azúcar y lacasitos chupados para que lo de fuera no haga pupa.
- Armas de destrucción masiva: cosas que hay que ir a buscar donde haya petróleo. La forma de encontrarlas consiste en cargárselo todo y luego reconstruirlo a buen precio.
- Traducción simultánea: acción de posibilitar que los políticos españoles se puedan insultar entre sí entendiendo los insultos.
- Estudio prospectivo: encuesta cuyos resultados dependen de quién la encarga
- Ciudadano/a: palabra que se debe poner delante de cualquier nacionalidad extranjera para que la expresión no resulte ofensiva. Ejemplo: «Me engañaron como a un chino» —-> «Me engañaron como a un ciudadano chino». «Hacerse el sueco» —> «Hacerse el ciudadano sueco»
Y colorín colorado, esta bombogénesis se ha acabado.
por Isma Álvarez Paz | 30/09/2010 | Diario de un Ojiplático
Publica la edición digital de «La Nueva España de hoy» tres noticias sin relación alguna entre sí, que por esos duendes informáticos que pululan por las redacciones, acabaron juntas y más o menos revueltas, bajo el paraguas de un mismo titular:
«Descubren un nuevo planeta que podría ser habitable «Stripper» y prostituta antes que maestra California suspende una ejecución por falta de tiopentato»

¿A que mola?
En un universo tan soso como el nuestro, repleto de supernovas, cuásares, púlsares, esfínteres de húsares, basura espacial diversa, agujeros negros y otras guarrerías cósmicas que al común de los mortales no nos entran en la cabeza ni tragándonos todos los «deuvedés» piratas de «Érase una vez el universo», aparece así de repente un nuevo planeta que, «podría» (cuidadín, es una posibilidad, no una certeza) tener trazas de habitabilidad a la par que estar dotado para la danza con ropajes menguantes. Se ve que, lamentablemente, esta ocupación no le proporcionaría medios de subsistencia suficientes por lo que además valoraría la posibilidad de darse al pluriempleo en eso que aquí llamamos aldeanamente «la profesión más antigua del mundo», que al parecer es bien conocida allende nuestras fronteras mundanas.
Seamos humildes y reconozcamos que en la inmensidad del universo, habrá también puticlubs por los cinturones de asteroides y por los «políganos» de las vías interestelares.
Queda claro que ambas profesiones se le antojarían preferibles al planeta en cuestión, antes que dedicarse al noble arte de la docencia, tan puteado por estos lares de la galaxia. ¡Nos ha «jodío» el astro por no haber llovido antes…!
De lo del tiopentato, me alegro. Me imagino la cara de lelo que se le pondría al alguacil Winston López (o Freddy Kowalsky, da igual…) al abrir el armario de los bártulos de matar y descubrir horrorizado que no quedaba ni una mísera chuta que llevarle al brazo al reo. ¡Qué falta de profesionalidad, coño!
De todos modos, digo yo que igual no era mala idea mandar al gobernador, a los jueces y demás pandilla a cualquier puticlub de la zona de Gliese 581 con billete sólo de ida. Total, son 20 años luz de «ná»….
por Isma Álvarez Paz | 29/09/2010 | Diario de un Ojiplático, Otros relatos
La ciudad despertaba de su estado letárgico, acentuado por la exasperante persistencia de la fina lluvia que se había adueñado del fin de semana.
Carlos se asomó a la ventana del salón y observó el bosque de antenas que presidían las húmedas azoteas del vecindario. Era lunes, apenas había amanecido y en la radio se oían las voces de los gurús mediáticos, afanados en crear opinión entre la adormilada ciudadanía.
Siempre se había debatido entre el placer de arrebujarse entre las sábanas hasta horas poco respetables y la intensa sensación que experimentaba levantándose al alba. Esto último le proporcionaba una mezcla de deber cumplido y anticipación, de tiempo aprovechado y pertenencia al grupo de los elegidos que estrenan el día antes que el común de los mortales. Pensó que ciertamente todo depende del color del cristal con que se mire. En su caso, un elaborado cristal multifocal que le permitía adaptar la realidad a sus verdaderos deseos.
Desde pequeño había sido un tipo relativamente solitario. En el fondo era un eremita a tiempo parcial, que necesitaba en igual medida disfrutar de su soledad y sentir el calor reconfortante de la compañía bien escogida. Sabía muy bien que el talento, cuando no hay público que lo valore, es como una moneda sin acuñar: reluciente, tangible…pero de valor indefinido.
Lunes gris y lluvioso. Terreno abonado para diálogos de ascensor, anodinos y llenos de lugares comunes, de chistes infantiles de oficina a la hora del café. A Carlos nunca le había gustado entrar al trapo en el albero de la socialización forzada, en lo que él percibía como el reino de los tópicos y las frases hechas, de las conversaciones con las que, a modo de ladrillos, se construyen muros que tapan silencios que se antojan incómodos.
Pensó en el curioso paralelismo con ciertas músicas de dudosa calidad, en la que apenas se emplean los silencios, resultando de todo ello una cascada de sonidos inarticulados, fluyendo diarreicos y sin tregua. Conocía a muy pocas personas que dominasen el arte de interpretar y ejecutar los silencios.
-¡Tío, eres un asocial! – le había dicho su novia días antes, tras una comida de compromiso en la que no le había reído las gracias al pesado de Juan, empeñado en repetir hasta la náusea presuntos chistes arrebatados al humorista de moda en la tele.
Le cargaban profundamente ese tipo de situaciones en las que hay que pasarlo bien sólo porque es lo que toca. No podía, o no quería evitarlo. La verdad es que no estaba del todo claro.
En la radio se empeñaban en anunciar la llegada inminente de las siete en punto a golpe de pitidos. Hora de ir al tajo. Apagó la luz y cerró la puerta con dos vueltas de cerrojo.
En el pasillo, una vecina con aire cansino esperaba el ascensor.
-¡Buenos días Carlos! Parece que hoy también va a llover, ¡Qué!, ¡A trabajar! ¿No?
-¡A ello vamos María, a ello vamos! – dijo tratando de contener la risa mientras pensaba que, en el fondo, su novia le conocía demasiado bien.
por Isma Álvarez Paz | 29/09/2010 | Diario de un Ojiplático, Otros relatos
No deja de ser curioso que tras tantos años hablando de las dos Españas, aún no nos hayamos percatado de tan flagrante error aritmético. A mí, desde luego, las cuentas no me salen, consciente, eso sí, de que me sacan de contar «por los deos» y ya me pierdo. Y es que uno, «apoyao» como está en el quicio de la cuarentena, no es que se considere de vuelta de todo (triste posición por cierto), pero sí, digamos, a medio usar y por ende, con media idea de por donde van los tiros que se disparan por estos lodazales del solar patrio, venidos de viejos y diversos polvos para los que no se ha inventado aún plumero ni antiestático que los trinque.
Dejando claro, pues, que uno no es muy «de ciencias» a la par que de escasas letras, y a la vista de la evidente «mala follá» que diría un granaíno, que atenaza a buena parte de la ciudadanía a pesar de los talantes talantas y tolontos que nos venden estos últimos años en la prensa del movimiento de turno, no parece del todo descabellado pensar que Españas, lo que se dice Españas, hay muchas y muy variadas. Baste asomar el hocico a cualquier conversación filosófica de las que se desarrollan en esos foros patrios que son los bares, tascas y tugurios de diverso pelaje donde nos solazamos al calor de chatos cañitas y raciones de oreja. Sí, amigos, hay cabreo generalizado. Cabreo contra el gobierno, al que curiosamente ahora resulta que no votó nadie, cabreo con la oposición a la que, y también curiosamente, no votó nadie cuando era gobierno, cabreo con los sindicatos, con la patronal, con los funcionarios, con la banca, con la vecina del quinto, que por cierto dicen que mete las barreduras debajo de la alfombra, con Aznar, que cada vez que abre la boca sube el pan, con ZP, que cada vez que abre la suya baja el índice Nikkei, con Rajoy, que contempla la escena con ojos muy abiertos como diciendo «¡Joder, vaya tropa!», y, si me apuran, con el lucero del alba. Eso sí, hay un cierto consenso en que la Esteban tendría cabida en el parlamento patrio por aquello de ser la princesa del pueblo. Aunque bien pensado, tampoco desentonaría tanto sentada en su escaño de polipiel con tapetes de ganchillo. Pero bueno, dejémoslo que me voy por los cerros de Úbeda, provincia de Jaén.
La cosa es preocupante. Las listas del paro crecen cual hongos, se termina la pasta para subvencionar múltiples sectores «productivos» que de otra forma no podrían ni pagar el recibo de la luz, y menos ahora, que la tarifa se pone peliaguda, se gastan millonadas en «Guías del culo», en dar dinerín al explotado sector bancario que hasta hace dos telediarios nos daba parné para el queli y, ya puestos, para un buga que no nos podíamos permitir, en determinar si Blancanieves, la Cenicienta y su primo el Ceniciento, son una pandilla de sexistas de mierda a los que habría que exterminar por no cumplir con criterios paritarios (paridad, ¿vendrá de parida?), en traductores y traductoras para que los miembros y miembras del Senado puedan entenderse al no tener, pobrecicos ellos, un lenguaje común con el que poder lanzarse exabruptos…. En fin, con estos y otros excelsos mimbres, nos toca ahora hacer cestos que malamente se venderán en el mercadillo de la realidad.
El caso es que estamos en un punto muy conveniente para que oligarcas de nueva y vieja factura, gente «bien» de esa a la que le va estupendísimo de la muerte independientemente de los vientos que soplen, pijiprogres de Armani, y profesionales de la poltrona y la nada más absoluta en general, sigan viviendo muy bien a costa del costillar del resto de ciudadanos, ocupados como estamos en tirarnos los trastos a la cabeza unos a otros. Dense una vuelta por los foros de la internete, sean del pelaje que sean, y verán que bien nos llevamos. Como decía un humorista argentino: «Estamos vivos de milagro». Que Ned Flanders nos ampare a todos y todas….
por Isma Álvarez Paz | 29/09/2010 | Diario de un Ojiplático

La ciudad despertaba de su estado letárgico, acentuado por la exasperante persistencia de la fina lluvia que se había adueñado del
fin de semana.
Carlos se asomó a la ventana del salón y observó el bosque de antenas que presidían las húmedas azoteas del vecindario. Era lunes, apenas había amanecido y en la radio se oían las voces de los gurús mediático
s, afanados en crear opinión entre la adormilada ciudadanía.
Siempre se había debatido entre el placer de arrebujarse entre las sábanas hasta horas poco respetables y la intensa sensación que experimentaba levantándose al alba. Esto último le proporcionaba una mezcla de deber cumplido y anticipación, de tiempo aprovechado y pertenencia al grupo de los elegidos que estrenan el día antes que el común de los mortales. Pensó que ciertamente todo depende del color del cristal con que se mire. En su caso, un elaborado cristal multifocal que le permitía adaptar la realidad a sus verdaderos deseos.
Desde pequeño había sido un tipo relativamente solitario. En el fondo era un eremita a tiempo parcial, que necesitaba en igual medida disfrutar de su soledad y sentir el calor reconfortante de la compañía bien escogida. Sabía muy bien que el talento, cuando no hay público que lo valore, es como una moneda sin acuñar: reluciente, tangible…pero de valor indefinido.
Lunes gris y lluvioso. Terreno abonado para diálogos de ascensor, anodinos y llenos de lugares comunes, de chistes infantiles de oficina a la hora del café. A Carlos nunca le había gustado entrar al trapo en el albero de la socialización forzada, en lo que él percibía como el reino de los tópicos y las frases hechas, de las conversaciones con las que, a modo de ladrillos, se construyen muros que tapan silencios que se antojan incómodos.
Pensó en el curioso paralelismo con ciertas músicas de dudosa calidad, en la que apenas se emplean los silencios, resultando de todo ello una cascada de sonidos inarticulados, fluyendo diarreicos y sin tregua. Conocía a muy pocas personas que dominasen el arte de interpretar y ejecutar los silencios.
-¡Tío, eres un asocial! – le había dicho su novia días antes, tras una comida de compromiso en la que no le había reído las gracias al pesado de Juan, empeñado en repetir hasta la náusea presuntos chistes arrebatados al humorista de moda en la tele.
Le cargaban profundamente ese tipo de situaciones en las que hay que pasarlo bien sólo porque es lo que toca. No podía, o no quería evitarlo. La verdad es que no estaba del todo claro.
En la radio se empeñaban en anunciar la llegada inminente de las siete en punto a golpe de pitidos. Hora de ir al tajo. Apagó la luz y cerró la puerta con dos vueltas de cerrojo.
En el pasillo, una vecina con aire cansino esperaba el ascensor.
-¡Buenos días Carlos! Parece que hoy también va a llover, ¡Qué!, ¡A trabajar! ¿No?
-¡A ello vamos María, a ello vamos! – dijo tratando de contener la risa mientras pensaba que, en el fondo, su novia le conocía demasiado bien.