FBI, Megauploads y otros experimentos pecaminosos.

Seamos justos: hoy la cosa va para largo porque lo traigo calentito. Avisados quedan.

 En ocasiones veo hordas de  hijos de la gran cortesana,  de esas de  amplio y anestesiado receptáculo y vástagos y vástagas dotados del  don de la ubicuidad, lo cual Ipso facto, como no podía ser de otro modo implica que están en todas partes los muy cabrones/as. Pero en justicia hay que decir que algo es algo. Al menos estando en todas partes son coherentes con su propia ubicuidad e hijoputez.  Como ya sabe hasta el primo tonto del maestro armero, el FBI ha cerrado Megaupload y sus filiales -así, con un par y sin anestesia epidural-. Y todo ello en nombre de la sacrosanta y , a la vista del desparrame, agotada y huérfana de ideas industria del entretenimiento del imperio.

Pero como por una vez quiero vomitar fuera del receptáculo con un poco de orden, vayamos por partes:

  1. Soy profesional de estas cosas de la informática, las páginas web y guarradas de ese pelaje. Sí,  me gano en parte la vida gracias a Internet y en el otoño de  2012 hará  20 años  de ello. Soy un ser superviviente de los módems de 1200 baudios, años antes de  las obscenamente rápidas líneas RDSI de ciento y pico K’s y líneas   ADSL de las de  30.000 pesetas el alta, routers 3Com hechos de sílex  y ni me acuerdo de cuantos duros al mes, es decir,  que hace media vida año arriba o abajo  que uso este santo medio.
     Para que quede claro, amo a Internet apasionadamente porque de algo hay que vivir y morir.  Y llevo estos últimos años viendo, leyendo y oliendo en la prensa del movimiento tecnológico, a la que estoy suscrito pagando  con euros de curso legal, lo maravilloso que es esto de la información «en la nube» o dicho en americanés del norte – que siempre mola más –   el «Cloud Computing» (Ya he avisado de que molaba más).  Vamos, que tener todos o parte de tus datos accesibles en cualquier lugar y desde cualquier artilugio con Internet pinchado en vena es una cosa muy molona y muy moderna, pero a la vista está que también muy peligrosa.

     Y la cuestión no se reduce a que ya no puedas ver pelis, series o fotos guarrindongas por la cara, con lo que ello afecta al onanismo y la vida contemplativa en general.  La cuestión es, entre otras cosas,  que si tenías en este clausurado rincón de la nube tus fotos personales, o vídeos soporíferos de tus vacaciones rurales en Jacarandal del Ojete, o lo que sea, ya los has visto amiguito, porque los federales no te van a dejar recuperar tu material aunque fueras o fueses usuario Premium, o Platinum o como se diga. Y no digamos ya si habías tenido la feliz idea de subir tus documentos de trabajo porque en tal caso tu candidez no conoce límites.

    Ser más vulnerables ya  es imposible.  Lo de estar en la nube puede estar muy bien pero como se ve , puedes quedar expuesto a lo que se le cante por los mismísimos a una empresa de las gordas, de esas con accionistas y todo,  o a un gobierno que al menos teóricamente ni siquiera es el tuyo. Visto lo visto, la nube pública nos hace más vulnerables, más controlables y más extorsionables. Por si no lo éramos bastante, encima nos dan para que tengamos «p’al día de mañana». La cosa es tan grave que los mindundis como usted y yo, amigo internáutico,  no podríamos desparramar nuestra visión de las cosas en un blog como este, ni compartir un enlace de Youtube o una frustración personal en Facebook, ni tirarnos un cuesco de moderada musicalidad por si ello vulnerara, vulnerase o de cualquier otro modo y/o manera lesionara o lesionase la propiedad intelectual de algún otro ente del planeta Tierra. Menudo anatema. Éramos pocos y la abuela se torna fértil de repente.
     

  2.  Queda abierta la puerta a la censura inmediata de cualquier contenido que no agrade a multinacionales, gobiernos, y otros orcos y trolls de peor pelaje y por tanto pueden correr malos, malísimos, tiempos para la libertad de expresión y curiosamente también para la propia creación. Cuando venga la ley SOPA, la ley  PIPA y demás parientes nos dará aún más la risa. Lo del Gran Hermano (el de Orwell, no el de los trolls de TeleCirco) puede quedarse en una simpática broma por simple comparación. Internet acojona, y mucho, al poder. ¿O no lo ven claro aún?
  3. Efectivamente, los propietarios de Megaupload, que debe quedar claro que no eran palomas blancas ni primos segundos de Robin Hood,  ganaban sus buenos dineros gracias a sus usuarios Premium y sus publicidades varias. En definitiva, ha quedado claro que hay mucha gente dispuesta a pagar por los contenidos a pesar de que podrían conseguirlo gratis por muchos otros medios. Y cabe preguntarse como es posible que la gran «industria cultural», la de las multinacionales todopoderosas con departamentos de marketing  y abogados lo bastante hijos de la gran chingada como para sacar esto adelante,   esos que no necesitan de leyes SOPA para azuzar al mismísimo FBI a cerrar todo aquello que no sea de su agrado no hayan sabido mover ni articular ese mercado. ¿CÓMO ES POSIBLE?

    Igual resulta que también han sido algo piratillas todos estos años cobrando lo que se les cantaba por el orto por una cinta de cassette, o de VHS,  o por un CD o un DVD o una unidad DAT,   Blue Ray o cualquier otro soporte parido por la madre que lo fundó (tengo innumerables facturas de proveedores que hasta el pasado 31 de diciembre del anno domini de 2011 recaudaban cantidades indecentes para la SGAE en concepto de canon digital). Véase en este mismo blog un ejemplo de la infamia del extinto -de momento- canon digital en España.

    Y del mismo modo igual resulta que hay que ir pensando en cambiar el modelo de negocio y adaptarse a la realidad de los tiempos porque yo al menos,que TAMBIÉN HE CONSUMIDO CONTENIDOS DE FORMA PECAMINOSA, no estoy dispuesto a creer  que todos habríamos pagado por acceder a todos y cada uno de los contenidos afectados si no hubieran estado disponibles en la red. ¿Con qué sueldo, amiguetes? Y más digo: de no ser por la red a mucho cultureta de medio pelo no se le conocería ni de pasada, así es que menos lobos, Caperucitas Rojas.

    En la red tenéis el escaparate, muchachotes y muchachotas: usadlo a vuestro favor, que no es lo mismo que en contra de los usuarios. Ahí está Itunes o Spotify, que no me parece que estén en pérdidas precisamente. No creo que Bisbal, que es más intérprete que autor, no nos olvidemos,  se  haya hecho con inmuebles varios en Almería, o con una hermosa mansión en Miami y una cuenta corriente molona a base de discos. Más bien a base de conciertos y bolos varios a los que van fans que en muchos casos lo han visto en Youtube y MegaVideo hasta la náusea y se han descargado sus discos, pero luego van a sus conciertos y pagan entrada y zona VIP si pueden. Lo dicho: no hay suficientes lobos para tanta Caperucita de cestita insinuante y abuelita doliente. Todo ello, eso sí, para verte, oírte y comerte mejor.

  4. Por otra parte, no seamos fariseos: los autores deben cobrar por su obra porque también tienen facturas que pagar. He sido cocinero antes que fraile, he dedicado muchas horas de mi vida a aprender a aporrear medianamente mal un instrumento musical, a ir al conservatorio, a la musicología de mis entretelas…  Sé perfectamente lo que cuesta crear cosas aunque sean destalentadas del todo,  y amo profundamente la música, la literatura,  ese arte llamado  «whisky de malta»  y he llorado literalmente con el arte de  Paco de Lucía (esto último es una religión para mí).

    Eso es así, pero habrá que ver también si el tinglado que explota a los autores (A LOS AUTORES, SÍ) , o al menos a muchos de ellos,  es absolutamente necesario.  Hay que ver si toda la cadena de distribución tal como se entiende hoy es absolutamente necesaria o hay que articular otros medios más acordes con la realidad y el tiempo litúrgico. El tinglado editorial es un ejemplo bien claro,  dejando literalmente tirados a muchos autores.   Pregúntenle por ejemplo a la escritora Susana Pérez-Alonso, admirada amiga cibernética de armas tomar,  y verán lo que les cuenta… (Háganme un favor y lean su novela, presuntamente plagiada  por terceros (a mi jucio, plagiada por donde se quiera mirar)  «Melania Jacoby», y luego me lo cuentan). Vean la serie «La Señora», emitida en TVE y a ver a qué obra literaria les recuerda…

  5. Cultura es casi todo y a menudo se confunde con «formación»,  lo cual es confundir el culo con las témporas, siendo ambos conceptos cosas poco coincidentes, teniendo el culo mucho que ver con el aparato excretor y la formación con las enseñanzas recibidas en esta vida. Para que quede claro.
En resumen, amiguitos de Internet, tal vez nos sobre algo (he dicho «algo») de fútbol, cotilleo y otros pecados nefandos y nos falte un mucho de observación y (auto)crítica. Se admiten opiniones….

Extraño mundo este, ¡Por Tutatis! Me dan ganas de volver a fumar habanos de los de capa elaborada y tripa entera y prieta… Pecadillo cancerígeno, por otra parte, oigan. Cada agente 007 tiene su Doctor No y cada Némesis su Zeus que le cante las cuarenta por  llegar tarde a casa.

Nos vemos la próxima vez, si es que Blogger, este lugar de Internet propiedad de Google sigue siendo legal. Porque este blog y unos cuantos millones más están publicado en Google, una empresa del imperio y en la nube más nebulosa  que quepa imaginar mal que me pese… Pero guardo copias en mi disco duro. Por lo que pueda pasar.

Clases medias, platos rotos y casas sin barrer.

Soy consciente de que esto me va a servir para  catar  los humos y los calores  de la hoguera de las críticas y  del insulto por razones muy diversas, de lo cual me alegro porque es señal de que al menos por el momento se puede hablar.

Dado que al igual que la inmensa  mayoría de la población en España no le debo NADA a NINGUNA  de esas agencias de colocación mafiosas de amigotes en que se han convertido los partidos políticos, sindicatos, la patronal, y otros Clubes de la Comedia  patrios actuales (subrayo lo de «actuales»), NADA tengo que agradecerles ni a los unos ni a los otros.  Y dicho esto,  me explico:

Hace tiempo que mantengo una teoría acerca de la diferencia real entre las posiciones más radicales y sectarias de las mal  llamadas «izquierdas  y derechas democráticas» actuales en España (porque hay varias, no sólo dos) y veo que la realidad viene a confirmar mis sospechas. Ambos frentes hablan del bien para la ciudadanía, de la Justicia, de defender los intereses del pueblo, de la igualdad de todos los españoles ante la Ley (¿Ante  qué ley? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?). Unos van de matacuras,  otros de beatos irredentos, muchos llevan años viviendo profesionalmente de las rentas del guerracivilismo y de empeñarse en  resucitar a Franco cada cuarto de hora,  otros fueron lobos o hijos de lobos y ahora se han convertido en corderitos filodemócratas de toda la vida de Dios. Y muchos de estos especímenes se permiten el lujo de llamar «fascista» sin saber lo que se traen entre manos ni haber leído dos párrafos seguidos en su puta vida de nada que no sean sus panfletos de cabecera ni habiendo sido cocineros antes que frailes, a todo aquel que se desvíe un ápice de SU pensamiento normalizado y políticamente correcto. Eso sí, todos ellos tienen muy bien aprendido el «usted no sabe con quien está hablando», el «ordeno y mando» y la defensa a ultranza de la poltrona personal maquillándola de justificaciones históricas y éticas que no resisten media colleja dialéctica.

Mis sospechas, que intuyo que son las de millones de españoles, apuntan a que las diferencias que hay entre ambos bandos a día de hoy son puramente estéticas y poco más. Unos llaman blanco al negro y cara al culo,  y otros no dicen si se llama pan o se llama vino, ni si suben,  bajan o se quedan. Y poco más.

Y es que llama poderosamente la atención que los oligarcas, gobernando tanto los unos como los otros, siguen siendo los mismos o como mínimo se apellidan sospechosamente igual y están metidos en todas las salsas. Con la salvedad, eso sí, de que hay que añadir al elenco de nuevos ricos y aprendices de oligarcas  a los procedentes de la política profesional de cazo amplio,  tragaderas ideológicas y personales  incomensurables y cuentas corrientes venusianas, a los enriquecidos a base de especular con el ladrillo, y a la madre de moral distraída que los trajo a todos. Casualmente, algunos incluso  son miembros de  ambas  sectas.

Y digo esto, porque con frecuencia se olvida que la historia de España empieza muchísimo antes de  1936. Lo que ocurre es que las etapas anteriores no dan tantos  réditos electorales, por lejanas, aburridas, o porque «no dan bien en cámara». Pero el equipaje histórico, mal que les pese a algunos, está ahí para quien se quiera molestar en abrirlo y tratar de comprenderlo. Pero, claro está, es mucho más cómodo tirar de consigna preelaborada y repetir como un mantra las paridas que se vaya sacando del orto la cúpula del partido hasta convertirlas en dogmas de fe y de ese modo convertirse en  superguay con opción a puesto público vitalicio.

 Porque me consta que muchos de los españoles que no nos hemos casado con ningún partido, los que comemos de nuestro trabajo y no de prebendas obtenidas a dedo por la Gracia de la Deidad o del viento reinante, los que sabemos lo que vale un café, lo que cuesta pagar la luz y mantener a los nuestros y a los que no son los nuestros, los que sabemos lo que es vivir con la espada de Damocles y la Tizona del Cid sobre nuestras devaluadas cabezas,  estamos HARTOS de comemierdas ideológicos, de vagos, de ineptos, de chulos, de ladrones de alta y baja alcurnia, de financiar la fiesta y los orgasmos ajenos y encima tener  que pagar los platos rotos, fregar el suelo,  bajar la vista al suelo y apagar la luz al salir. Y, claro está,  aún tendremos que estaros agradecidos, salvapatrias y adalides proxenetas de libertades ajenas.

Que nadie se llame a engaño: en este país han  luchado toda su vida  generaciones enteras al margen de colores y partidismos para conseguir un futuro mejor para los suyos y para los que hemos venido detrás. Y desde los años de la Transición, que fue una oportunidad como pocas para reconciliar de una vez a este país de mierda,  toda esta casta de cantamañanas venidos a más se han asegurado de que lo que el dictador había dejado «atado y bien atado» siga igual, cambiando las formas, el lenguaje y, eso sí,  teniéndonos en cuenta una vez cada cuatro años. Pero el caso es que la res publica sigue siendo coto privado y hereditario. Porque hay mucho descendiente y deudor de  la CEDA, del Frente Popular e hijos de Falangistas que llevaron la camisa azul en su juventud pero ya no se acuerdan porque la memoria es frágil.  Porque queda mucho progre acomplejado y mucho fascista de los originales y genuínos y de los de nuevo cuño ahora subidos al carro del sufragio universal y del asiento calentito respaldado por carnés vacíos de memoria y de contenido, pero muy juntitos todos ellos.
 
Por eso, señores del gobierno saliente de infausto recuerdo y dorado futuro, y señores del gobierno entrante      que de momento no sólo no  le han tocado un pelo a los que se han enriquecido a costa de nuestro sudor y encima nos miran con asquete como populacho sudoroso que somos, sino que han empezado dándonos otra patada más en los dientes a las clases medias, que somos los que sostenemos este vodevil, permítanme desde el respeto y la humildad mandarles a todos a la mierda sin billete de vuelta. No busquen nuestro crédito cuando la banca a la que ustedes rescatan y mamporrean con nuestros dineros se lo niegan a las Pymes y a las familias, y si se lo dan es a base de demostrar que no lo necesitan y de endilgarles a cambio seguros de vida y planes de pensiones a precios de usura y condiciones leoninas. Buceen un poco en la curiosa manera que tienen las entidades bancarias de conceder préstamos ICO, por poner un ejemplo ilustrativo,  y sabrán de qué les hablo.

Sigan recortando a los más machacados, a los que tienen agarrados por los mismísimos o por  la goma del tanga,  a los que les sostienen el cotarro, a los que aún tienen algo que perder aunque ese algo sea lo último.  Terminen de rematar a las clases medias, que nos va a ir muy bien a todos.

Y el que venga con historias para no dormir  que argumente y ponga razones sobre la mesa o que calle para siempre, que está todo muy visto y muy sobado como para andarse con idioteces.   Que la Historia, al igual que la sombra del ciprés,  es alargada y aún tenemos memoria. Y se os ve el plumero  a todos a siete leguas de distancia, próceres de la patria. Y nosotros, españolitos como somos,  con estos pelos .

Depositen aquí sus insultos, hermanos.

Año nuevo, deseos renovados (con perdón).

Pues es lo que hay. Una vez más el calendario gregoriano, previsible cual si de un semáforo se tratara  o tratase, dice que el año se termina. 2011 ya va cuesta abajo, de nalgas y sin frenos y, para qué negarlo, un servidor se alegra profundamente de la acelerada caída y le desea que tanta paz lleve como descanso deja.   No corren buenos tiempos para la lírica en general y de la prosa en particular mejor ni hablamos, pero el caso es que estamos vivos que no es poca cosa (obsérvese el ingenioso artificio que hace rimar «prosa» y «cosa» de forma tan poco casual como gratuíta).

El año 2011 «después de la era» según los historiadores progres, «después de los dolores « según los afectos a Chiquito de la Calzada o «después de Cristo» según la Conferencia Episcopal, lo mismo da que da lo mismo,   ha sido un completo desastre para el común de los mortales ibéricos. Paro,  deudas acrecentadas, y en definitiva  otras hierbas de dudosa moral y peor catadura ética le han pegado un muerdo tal en las partes pudendas  a la humanidad en general que no se sabe bien a qué carta jugar.  Esto es así  y más de 5 millones de compatriotas de los más diversos palos políticos y sociales pueden atestigüarlo.  (Obsérvese lo hermosote que es el verbo «atestigüar», con su diéresis, su canesú y su vestidito azul).  En fin, el caso es observar que, de momento, ¡MIREN USTEDES!  es gratis.

 Así de prosaico está el tema.

Y ese tema que nos ocupa es que enfocamos un año con muy mala pinta, con lo cual eso de desear un buen año puede convertirse en un ejercicio de demagogia de los que hacen época, en un alarde de mala baba de los que marcan tendencia, o bien en un  ejercicio de buena voluntad de los que hacen historia. Como no lo tengo del todo claro voy a optar por lo de  la buena voluntad y desear a todos mis compatriotas del mundo mundial un feliz año 2012 tan lleno de éxitos y amagos de supervivencia como sea posible.

Y puestos a poner las cartas boca arriba por aquello de jugar limpiamente, les deseo también que las cosas sigan su curso al menos con la mínima decencia exigible y al margen de partidismos ridículos y poco justificables, que de eso en esta Hispania de zambomba defectuosa y zuarriagazo vivo sabemos un rato largo y así nos ha ido y nos va…

Y a los Reyes Magos de Oriente les pido que  nos guíen como buenamente les salga de los mismísmos y que nos libren de yernísimos ávidos de solidaridades  millonarias, de los Escuadrones Buenistas del Séptimo Día Solidario de Armani,  de las Brigadas Solidaristas de la Séptima Solidaridad Solidaria de Gucci porque en ellos ni está la Verdad ni se espera que esté y además nos salen carísimos.  Que para manifestaciones solidarias de todo a cien ya tenemos el Facebook que al menos no hace daño ni pupa a nadie y encima sale gratis. Si es que hasta las corrupciones nos salen más caras con esto del euro. Debe ser cosa del redondeo y la inflación

Por ello, insisto, a todos los incomprensibles seres humanos  que pululan por estos lares de infausto recuerdo,  les deseo un FELIZ 2012 sin trampa, sin cartón, sin ambages y sin más preámbulos. Dicho queda. Lo juro por Snoopy, por la gloria de Frank Zappa y por el mismísimo gen recesivo del Cid Campeador por línea materna descendente.

Okupaciones navideñas y otros buenos deseos

Okupaciones navideñas y otros buenos deseos

Un año más las sufridas muñecas de Famosa se dirigen al portal en desordenado  tropel, lo cual visto desde el portal debe acojonar de forma notable porque  no hay San José capaz de mantener la compostura en su sitio viendo venir semejante horda de muñecas y muñequetes caminando en plan  The Walking Dead sólo que en versión Toys «R» Us.  Y todo ello mientras profieren estridentes alaridos advirtiendo que vienen, vieja táctica de guerra psicológica que viene a ser un «espérate ahí muchacho, que no sólo estamos yendo sino que además te lo cantamos para que lo vayas rumiando». Una estampa tremenda, oigan. Observen la inquietante escena final y siéntanse como el mismísimo San José viéndolas venir, cosa por otra parte poco novedosa porque San José se pasó media vida, el hombre,  «viéndolas venir» y con la compostura de corbata.

  
Mientras tanto, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se afanan en montar un operativo de vigilancia  por aquello  de que en un portal con tanto movimiento de okupas algo raro se debe cocer. Olfato policial del fino. Y no es de extrañar si consideramos que en el techo del portal  está subido un individuo antisistema de sexo indefinido sin arnés ni nada, vulnerando en bloque toda la normativa de seguridad e higiene en el trabajo y vestido con una túnica de color chillón anunciando  la venida con una cinta de esas que se ponen en las coronas mortuorias con dedicatorias del estilo «Tu tía Gloria no te olvida», pero manipulada para que simplemente diga: «Gloria» que si lo piensan un poco es de género gore que te pasas. Por otra parte, las alas son un claro indicio de consumo de sustancias psicotrópicas en general  . Ya se sabe que a esta gentuza hay que amarrarla corta…
Y como cada año,  el magistrado juez habrá dictado orden de desalojo del portal para el día 25 de diciembre a las 8:00 a.m. y San José alegará suplicante que no puede poner fin a la okupación porque los Reyes Magos de Oriente  no llegan hasta el día 6 para entregar sus presentes al niño y sería hacerles un feo. 
!Haga usted un poder, que son doce días de nada Señor Secretario! – Y el secretario Judicial asiente displicentemente mientras el cabo Gutiérrez avisa a los de la Brigada de Estupefacientes de que se preparen para desarticular una banda de traficantes que lo traen calentito no sin antes advertirles que se trata de  una banda que viene de Oriente y por tanto no se andan con bobadas. Y es que ya se sabe como se las gastan  las Bandas del Este 
Y con un poco de suerte, el día 28 otra patrulla acudirá al portal a requerimiento de un grupo de ciudadanos indignados porque en el portal no se respetan las más elementales normas de paridad resumidas en dos sencillas fórmulas. Esto es:
  1. Una mula + un buey =  atendiendo a identidades de género la cosa tiene un pase
  2. Un señor + una señora + un niño =  Mal. No hay paridad.
Y así todos se respetaron más o menos en relativa paz, aproximada concordia e incontenibles recelos mutuos  al menos hasta el día 7 u 8, fecha a partir de la cual  se permite retornar al uso recurrente  de la colleja viva,  al patadón escrotoentrepiérnico y a insultar adecuadamente a cuñados y vecinos.

PS: A todos los pacientes lectores, gracias por pensar, por existir, por ser y por estar.
¡FELIZ NAVIDAD!
El  Gran Jefe Blanco

El Gran Jefe Blanco

Como habitualmente por estos lares suelen salir a relucir los casos y cosas de la actualidad ibérica, hoy propongo cambiar de tercio torero por un momento, para  luego volver a lo nuestro. Vamos a darnos una vuelta rapidita hasta la América del Norte de mediados del Siglo XIX, cuando el hombre blanco anglosajón se dedicaba a rematar la faena que los hombres blancos españoles y portugueses ya habíamos rematado siglos atrás en el sur del continente arrasando con todo, que es una cosa que históricamente también se nos da de miedo. Eso y curar jamones, lo que más oigan.

Hablemos en concreto del  Gran Jefe Seattle, que por si fuera o fuese poco no sólo era un señor muy mayor sino que encima era indio y cabeza visible de las tribus Dewamish y Suquamish  , lo cual por aquel entonces no dejaba de ser una desgracia como otra cualquiera.  Estas tribus habían tenido la poca vista histórica de asentarse en lo que luego sería el estado de «Guachintón», con el problemón que supone que te recalifiquen los terrenos  y te planten la Casa Blanca en mitad del medio del porche de tu tipi. El mercado inmobiliario ya hacía de las suyas en aquellos tiempos. El caso es que el Gran Jefe indio  recibió una  oferta de compra de las tierras que habitaban él y los suyos desde tiempos inmemoriales  por parte del  Gran Jefe blanco Franklin Pierce que era otro señor no tan mayor, blanco, y Presidente de los Estados Unidos a través del primer gobernador de Washington, Isaac Stevens, que era el Jefe Blanco local y no se andaba con demasiadas bromas. En definitiva, lo que se dice un trato de igual a igual.

Básicamente  a cambio de un puñado de parné, y tal vez de algunas cajas de agua de fuego por aquello de olvidar las penas, los sufridos indios debían trasladarse a una reserva donde seguir con sus usos y costumbres, pero sin molestar  a los colonos blancos  más de lo estrictamente necesario para que el progreso pudiera progresar progresivamente y a sus anchas. En definitiva, un nuevo episodio del tristemente famoso «Quítate tú pa ponerme yo o te meto una que te avío con vistas a la calle». Y entonces se supone que el Gran Jefe indio en su sabiduría, se dio por desflorado y  como casi siempre que hay sexo no seguro dio a luz, en este caso a su famosa carta de respuesta al Gran Jefe Blanco que ha llegado hasta nuestros días probablemente cargada de licencias poéticas y lenguaje modernizado,  pero que en esencia venía a decir lo siguiente:
«Mire usted,  tengo clarito que voy a vender los terruños y retirarme con los míos  mayormente porque no me queda otra. Eso sí: que sepa el Padre Blanco y su consejo de sabios que con todo respeto me defeco en sus insignes muelas y que el firmamento y la tumba de nuestros mayores por más que se empeñen ustedes no tienen precio, porque la tierra no pertenece al hombre. Y le digo más: es el hombre el que pertenece a la tierra, cosa que además de ser cierta queda muy bonita y aparente. Pero como  sus pistolones y escopetas recortás, no lo voy a negar, acojonan bastante, vamos a firmar y aquí paz y después gloria. He dicho». 
Y de este modo el Gran Jefe ejerció su derecho al pataleo frente al hombre blanco, cosa que al hombre blanco le importó medio huevo de pato por aquello de que ya estaba habituado a pisarle la cabeza al hombre negro, así es que pisársela a etnias de otros colores sólo era una cuestión de depurar la técnica.

Y fue entonces cuando se acuñó el término «hacer el indio»

Todo este desvarío viene a cuento de aquella frase célebre a la que tanto recurrimos y que en su forma abreviada dice: «Nada nuevo hay bajo el sol…» y cuya segunda parte es mucho más molona y dice: «…pero ¡Cuántas cosas viejas hay que desconocemos!».  Como ven, esto desmonta el mito de que segundas partes nunca fueron buenas. Y como en el presente tenemos lo que tenemos, a lo mejor no está de más echar un vistazo al pasado de vez en cuando para refrescarnos la memoria y con un poco de suerte tratar de entender que por más que la sinfonía unas veces la dirige Epi y otras veces la dirige Blas, la partitura siempre es la misma y los profesores de la orquesta siguen siendo vecinos de Barrio Sésamo. Eso sí, al menos ahora no es obligatorio aplaudir tras el «chimpún» final. Algo es algo.

Y seguimos bailando al son de la Danza de la Lluvia a ver si los dioses se dignan a reverdecer las praderas en las que antaño pastaban los bisontes y guerreando con la tribu del pueblo de al lado porque los colores son los colores y cada uno le reza con fervor a Manitú aunque la lluvia pase de largo y remoje más unas tierras que otras.

Y es que me temo que con la realidad ocurre como con los cuescos inoportunos:  nadie ha sido, pero el caso es que no hay quien pare en el ascensor.  Y en esas estamos, haciendo el indio y bajándonos en el tercero aunque en realidad queríamos ir al quinto. Somos así.

Y entre tanto, los Grandes Jefes Blancos del mundo mundial siguen a lo suyo discutiendo sobre el sexo de los ángeles sin querer darse cuenta de que  por la espalda les vienen Grandes Jefes de otros colores con ganas de batirse el cobre a golpe de talonario y zurriagazo. Pero no importa, porque nos pintaremos de nuevo con colores de guerra y nos iremos otra vez a medirles el lomo a los de la tribu de al lado que no tienen nada que ver, pero  nos pillan más cerca y además nos caen fatal.

 Ya se sabe que a cada bisonte le llega su San Martín y no están las cosas para danzas y menos aún para lluvias. Lo que sí está claro es que nos va a tocar hacerle unas cuantas ofrendas a Manitú. Ver veremos.

Historias metafóricas y metáforas histéricas

Historias metafóricas y metáforas histéricas

Inasequible al desaliento a pesar de los múltiples pesares , Ataúlfo Corrochano se decidió a encender su televisor 3D  Full HD de chorrocientas pulgadas cuadradas pagado en incómodos plazos a pesar de la que se avecinaba. Y es que encender la tele en plena noche electoral tiene lo suyo aunque parezca que no. Había pasado la jornada de reflexión intentando reflexionar con escaso éxito tal vez a causa de que, a poco que uno reflexione, llega a conclusiones tan demoledoras como irreflexivas. Y en la mañana del domingo 20 de noviembre, coincidiendo con efemérides por todos conocidas y  bien temprano,  se aprestó a ejercer su derecho al voto como alma que lleva el diablo con esa sensación de falso poder que da el hecho de pensar que uno tiene algo que decidir en los procelosos caminitos de los recortes patrios. Y para rematar el momento de éxtasis , introdujo con sus propias manos las papeletas blanca y sepia en sus correspondientes urnas sin que la mamporrera mano del presidente de la mesa turbase la inmaculada candidez del acto. Sobre  de color blanco, como el vestido de la novia que ya no recuerda cuando perdió la honra y sobre de color sepia, como la foto de la vieja gloria que rememora tiempos pasados en  su bien remunerado cementerio de elefantes. Ataúlfo en el fondo, era un romántico irredento.

Y mientras veía la cabecera del programa «Especial Elecciones Generales» pensó que aquella noche de domingo no era más que el preludio de una interminable semana de mítines postelectorales de taberna de todo a cien  protagonizados por los unos y los otros, los unos dando saltitos de inexplicable alegría, los otros aullándole a la luna por la idiotez de los unos, y los de más allá acordándose de la madre que trajo a los unos y a los otros. Ataúlfo,  además de ser un romántico irredento era un onanista mental de libro.

En la nítida tele de pantalla LED de diseño japonés, fabricación china y financiación multinacional, los grandes analistas políticos hacían quinielas sobre los resultados electorales a imagen y semejanza de los grandes economistas, que son esos señores y señoras que estudian durante años para justificar las razones por las que el Estado y las empresas palman dinero a cascoporro y los ciudadanos más afortunados no llegan a mediados de mes en este mundo esférico achatado por los polos y globalizado hasta la náusea. Y entre primas de riesgo buenorras  de esas que ponen palotes a los mercachifles financieros y encuestas sobre intenciones de voto a pie de urna y adarga en astillero, iba creciendo el subidón de los unos y la inflación galopante de gónadas de los otros mientras los ya mencionados de más allá no sabían si subir, bajar,  quedarse como estaban o abandonarse despreocupadamente a los estupefacientes producidos en el tercer mundo, que de algo tenía que vivir.

Ataúlfo decidió amenizar la espera recreándose en el ambiente explosivo de los foros interneteros, donde el reparto de collejas gratuitas iba en aumento y la culpa, para no variar, seguía compuesta, sin novio y vistiendo santos con túnicas de H&M que , como no podía ser de otra manera, también eran de fabricación china.

Finalmente, y en cuestión de dos horitas escasas gracias a los avanzadísimos medios tecnológicos, como habrán adivinado también de fabricación china, los resultados fueron más o menos definitivos. Y todos siguieron a lo suyo, los unos dando botes, los otros echándole la culpa a los unos y a la rentabilidad  de los Fondos de Inversión del Caudillo, que cada vez daban menos réditos, y los de más allá repartiéndose las sobras de la matanza bailando al son de la Ley D’Hondt. Y a quien San Sarkozy se la de,  la Merkel se la bendiga, que esto son cuatro días y a tí te encontré en la calle.

Y visto lo visto, Ataúlfo apagó la tele con desgana como el que aplasta la última colilla tras una noche de juerga torera sin saber a que carta jugar, en que puerto refugiarse ni a que santo encomendar sus plegarias. Más o menos como la mayoría de la sufrida y poco inocente población que ya no sabía si creer a Marx, a Bakunin, o alistarse en las filas del Partido Neocon, Libertario y de las JONS, que por otra parte no dejaba de ser un resumen bastante razonable de lo acaecido.

Y con la inquietante satisfacción del deber cumplido y el ánimus interruptus, se arrebujó entre las sábanas con la certeza de que, salvo causa de fuerza mayor, el lunes llegaría puntual a su cita dando inicio a lo que unos veían como el principio del fin y otros como el fin de los principios. Pero siempre nos quedará el consuelo de pensar que entre tierras medio pútridas cubiertas de hojarasca aún quedarán gorrinos con la esperanza de olfatear las últimas trufas otoñales.

Y Ataúlfo cayó en los brazos de Morfeo porque al fin y al cabo todos salimos del mismo sitio por más que nos esforcemos en sacarle brillo al pedigrí y ponerle puertas al campo.

Que visto lo visto no es poco…