Seamos justos: hoy la cosa va para largo porque lo traigo calentito. Avisados quedan.

 En ocasiones veo hordas de  hijos de la gran cortesana,  de esas de  amplio y anestesiado receptáculo y vástagos y vástagas dotados del  don de la ubicuidad, lo cual Ipso facto, como no podía ser de otro modo implica que están en todas partes los muy cabrones/as. Pero en justicia hay que decir que algo es algo. Al menos estando en todas partes son coherentes con su propia ubicuidad e hijoputez.  Como ya sabe hasta el primo tonto del maestro armero, el FBI ha cerrado Megaupload y sus filiales -así, con un par y sin anestesia epidural-. Y todo ello en nombre de la sacrosanta y , a la vista del desparrame, agotada y huérfana de ideas industria del entretenimiento del imperio.

Pero como por una vez quiero vomitar fuera del receptáculo con un poco de orden, vayamos por partes:

  1. Soy profesional de estas cosas de la informática, las páginas web y guarradas de ese pelaje. Sí,  me gano en parte la vida gracias a Internet y en el otoño de  2012 hará  20 años  de ello. Soy un ser superviviente de los módems de 1200 baudios, años antes de  las obscenamente rápidas líneas RDSI de ciento y pico K’s y líneas   ADSL de las de  30.000 pesetas el alta, routers 3Com hechos de sílex  y ni me acuerdo de cuantos duros al mes, es decir,  que hace media vida año arriba o abajo  que uso este santo medio.
     Para que quede claro, amo a Internet apasionadamente porque de algo hay que vivir y morir.  Y llevo estos últimos años viendo, leyendo y oliendo en la prensa del movimiento tecnológico, a la que estoy suscrito pagando  con euros de curso legal, lo maravilloso que es esto de la información «en la nube» o dicho en americanés del norte – que siempre mola más –   el «Cloud Computing» (Ya he avisado de que molaba más).  Vamos, que tener todos o parte de tus datos accesibles en cualquier lugar y desde cualquier artilugio con Internet pinchado en vena es una cosa muy molona y muy moderna, pero a la vista está que también muy peligrosa.

     Y la cuestión no se reduce a que ya no puedas ver pelis, series o fotos guarrindongas por la cara, con lo que ello afecta al onanismo y la vida contemplativa en general.  La cuestión es, entre otras cosas,  que si tenías en este clausurado rincón de la nube tus fotos personales, o vídeos soporíferos de tus vacaciones rurales en Jacarandal del Ojete, o lo que sea, ya los has visto amiguito, porque los federales no te van a dejar recuperar tu material aunque fueras o fueses usuario Premium, o Platinum o como se diga. Y no digamos ya si habías tenido la feliz idea de subir tus documentos de trabajo porque en tal caso tu candidez no conoce límites.

    Ser más vulnerables ya  es imposible.  Lo de estar en la nube puede estar muy bien pero como se ve , puedes quedar expuesto a lo que se le cante por los mismísimos a una empresa de las gordas, de esas con accionistas y todo,  o a un gobierno que al menos teóricamente ni siquiera es el tuyo. Visto lo visto, la nube pública nos hace más vulnerables, más controlables y más extorsionables. Por si no lo éramos bastante, encima nos dan para que tengamos «p’al día de mañana». La cosa es tan grave que los mindundis como usted y yo, amigo internáutico,  no podríamos desparramar nuestra visión de las cosas en un blog como este, ni compartir un enlace de Youtube o una frustración personal en Facebook, ni tirarnos un cuesco de moderada musicalidad por si ello vulnerara, vulnerase o de cualquier otro modo y/o manera lesionara o lesionase la propiedad intelectual de algún otro ente del planeta Tierra. Menudo anatema. Éramos pocos y la abuela se torna fértil de repente.
     

  2.  Queda abierta la puerta a la censura inmediata de cualquier contenido que no agrade a multinacionales, gobiernos, y otros orcos y trolls de peor pelaje y por tanto pueden correr malos, malísimos, tiempos para la libertad de expresión y curiosamente también para la propia creación. Cuando venga la ley SOPA, la ley  PIPA y demás parientes nos dará aún más la risa. Lo del Gran Hermano (el de Orwell, no el de los trolls de TeleCirco) puede quedarse en una simpática broma por simple comparación. Internet acojona, y mucho, al poder. ¿O no lo ven claro aún?
  3. Efectivamente, los propietarios de Megaupload, que debe quedar claro que no eran palomas blancas ni primos segundos de Robin Hood,  ganaban sus buenos dineros gracias a sus usuarios Premium y sus publicidades varias. En definitiva, ha quedado claro que hay mucha gente dispuesta a pagar por los contenidos a pesar de que podrían conseguirlo gratis por muchos otros medios. Y cabe preguntarse como es posible que la gran «industria cultural», la de las multinacionales todopoderosas con departamentos de marketing  y abogados lo bastante hijos de la gran chingada como para sacar esto adelante,   esos que no necesitan de leyes SOPA para azuzar al mismísimo FBI a cerrar todo aquello que no sea de su agrado no hayan sabido mover ni articular ese mercado. ¿CÓMO ES POSIBLE?

    Igual resulta que también han sido algo piratillas todos estos años cobrando lo que se les cantaba por el orto por una cinta de cassette, o de VHS,  o por un CD o un DVD o una unidad DAT,   Blue Ray o cualquier otro soporte parido por la madre que lo fundó (tengo innumerables facturas de proveedores que hasta el pasado 31 de diciembre del anno domini de 2011 recaudaban cantidades indecentes para la SGAE en concepto de canon digital). Véase en este mismo blog un ejemplo de la infamia del extinto -de momento- canon digital en España.

    Y del mismo modo igual resulta que hay que ir pensando en cambiar el modelo de negocio y adaptarse a la realidad de los tiempos porque yo al menos,que TAMBIÉN HE CONSUMIDO CONTENIDOS DE FORMA PECAMINOSA, no estoy dispuesto a creer  que todos habríamos pagado por acceder a todos y cada uno de los contenidos afectados si no hubieran estado disponibles en la red. ¿Con qué sueldo, amiguetes? Y más digo: de no ser por la red a mucho cultureta de medio pelo no se le conocería ni de pasada, así es que menos lobos, Caperucitas Rojas.

    En la red tenéis el escaparate, muchachotes y muchachotas: usadlo a vuestro favor, que no es lo mismo que en contra de los usuarios. Ahí está Itunes o Spotify, que no me parece que estén en pérdidas precisamente. No creo que Bisbal, que es más intérprete que autor, no nos olvidemos,  se  haya hecho con inmuebles varios en Almería, o con una hermosa mansión en Miami y una cuenta corriente molona a base de discos. Más bien a base de conciertos y bolos varios a los que van fans que en muchos casos lo han visto en Youtube y MegaVideo hasta la náusea y se han descargado sus discos, pero luego van a sus conciertos y pagan entrada y zona VIP si pueden. Lo dicho: no hay suficientes lobos para tanta Caperucita de cestita insinuante y abuelita doliente. Todo ello, eso sí, para verte, oírte y comerte mejor.

  4. Por otra parte, no seamos fariseos: los autores deben cobrar por su obra porque también tienen facturas que pagar. He sido cocinero antes que fraile, he dedicado muchas horas de mi vida a aprender a aporrear medianamente mal un instrumento musical, a ir al conservatorio, a la musicología de mis entretelas…  Sé perfectamente lo que cuesta crear cosas aunque sean destalentadas del todo,  y amo profundamente la música, la literatura,  ese arte llamado  «whisky de malta»  y he llorado literalmente con el arte de  Paco de Lucía (esto último es una religión para mí).

    Eso es así, pero habrá que ver también si el tinglado que explota a los autores (A LOS AUTORES, SÍ) , o al menos a muchos de ellos,  es absolutamente necesario.  Hay que ver si toda la cadena de distribución tal como se entiende hoy es absolutamente necesaria o hay que articular otros medios más acordes con la realidad y el tiempo litúrgico. El tinglado editorial es un ejemplo bien claro,  dejando literalmente tirados a muchos autores.   Pregúntenle por ejemplo a la escritora Susana Pérez-Alonso, admirada amiga cibernética de armas tomar,  y verán lo que les cuenta… (Háganme un favor y lean su novela, presuntamente plagiada  por terceros (a mi jucio, plagiada por donde se quiera mirar)  «Melania Jacoby», y luego me lo cuentan). Vean la serie «La Señora», emitida en TVE y a ver a qué obra literaria les recuerda…

  5. Cultura es casi todo y a menudo se confunde con «formación»,  lo cual es confundir el culo con las témporas, siendo ambos conceptos cosas poco coincidentes, teniendo el culo mucho que ver con el aparato excretor y la formación con las enseñanzas recibidas en esta vida. Para que quede claro.
En resumen, amiguitos de Internet, tal vez nos sobre algo (he dicho «algo») de fútbol, cotilleo y otros pecados nefandos y nos falte un mucho de observación y (auto)crítica. Se admiten opiniones….

Extraño mundo este, ¡Por Tutatis! Me dan ganas de volver a fumar habanos de los de capa elaborada y tripa entera y prieta… Pecadillo cancerígeno, por otra parte, oigan. Cada agente 007 tiene su Doctor No y cada Némesis su Zeus que le cante las cuarenta por  llegar tarde a casa.

Nos vemos la próxima vez, si es que Blogger, este lugar de Internet propiedad de Google sigue siendo legal. Porque este blog y unos cuantos millones más están publicado en Google, una empresa del imperio y en la nube más nebulosa  que quepa imaginar mal que me pese… Pero guardo copias en mi disco duro. Por lo que pueda pasar.