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Enlace a la primera parte aquí

Días después, el padre de Javierín, que si es más chulángano y más tonto lo ingresan, tiene una importante reunión de negocios con un adinerado magnate del sector del codillo asao. Toda la familia acude a su lujoso y elegante chalet con forma de Mazinger Z. Está resultando una agradable velada de merienda-cena cuando Javierín, que tiene el pavo subido porque está en la edad, empieza a dar la turra y a mingitar fuera de la palangana. Su padre le mete tal soplamocos que le transmuta el flequillo en tupé. Javierín se siente resentido y huye a ver a Bocarte para pedirle cinco mil pesetas que le permitan escaparse de casa y emprender una nueva vida haciendo de bruja en un tren de la bruja itinerante, o algo de eso bohemio. Bocarte, con la pensión casi agotada por los elevados gastos que la pandilla le supone, le dice que sí, pero a condición de que eche el resto del día en el rincón de pensar de la Mobilete Campera para meditar detenidamente el asunto. Viene el padre de Javierín bastante alterado tras buscarle por todo el concejo, le mete una guaya a mano abierta cerrando definitivamente las negociaciones, y pa casita.

Bocarte, mirando al infinito, pronuncia su célebre frase: “Menos mal, porque si no el resto de agosto comía mierda”.

Bajo la lluvia torrencial, el cartero llama a la puerta del apartamento de los padres de Kikón para entregarle el elepé de Pedro Marín que ha pedido a Discoplay.

 —¡Paquete para Kikón Pañeda!

—No, se ha confundido. Aquí no vive ningún Kik…

—¡Paco, a ver si va a ser el niño! ¿cómo se llamaba?

—¡Ah, pues igual sí! Traiga usted, probo funcionario ¿Ande hay que firmar?

Una pandilla de jipis se va de la playa de Aguilar tras pernoctar allí. Todos, excepto Evelina, que es una joven que se ha quedado encinta y su novio se ha desentendido del asunto por completo. Javierín, que aún no ha recibido suficientes guayas, se enamora perdidamente de Evelina y la lleva a ver a Julita y Bocarte, que se ven sorprendidos y no tienen tiempo de huir. Los adultos, ejerciendo de tales, consuelan a Evelina para que no se sienta sola. Bocarte esconde disimuladamente la cartera por si acaso. Vacona y Tito van a contárselo a sus padres que, escandalizados, van en busca del cura párroco para que medie en el asunto. Finalmente, Evelina tiene una cinta VHS. Javi es de Beta a muerte y comprende que Evelina y él son incompatibles. Evelina es fichada para trabajar de bruja en un tren de la bruja itinerante. Javierín, comido por la envidia, llora desconsolado. Kikón es sistema 2000 y nadie lo quiere.

De repente, empiezan a aparecer flotando en el puerto nuevo botellas con misteriosos mensajes dentro: “Trizina, yes una moza muy curiosa. Sal conmigo”. “Trizina, quiérote más que qué sé yo”. “Si fuera florista te regalaría rosas, pero como soy repartior de materiales de construcción, toma esti sacu cemento”…

Trizina, halagada, corre a mostrarle a Desideria las notas de amor. Esta, con evidente cara de asco, apoya a su amiga:

 -¡Tía, me alegro mazo! (jalá te despeñes, tamadre que te echó, zorrón…)

A la vista de las evidencias, Tito y Vacona se ponen a investigar quién puede ser el autor de las notas, y van a ver a Bocarte para pedirle consejo. Este se encierra a tiempo en el mingitorio y echa el pestillo. Javierín, consumido por los celos, sospecha que es una maniobra de Pachu. Pachu, consumido por los celos, sospecha que es una maniobra de Javi, pero luego se acuerda de que es cosa suya, y se queda más tranquilo.

Tito y Vacona llegan a la conclusión de que tiene que ser alguien con acceso a papel, boli y botellas, y establecen un cerco a la papelería y al chigre de Tante. Al final, Pachu y Javierín, una vez más, protagonizan una bochornosa reyerta en la Playa de Aguilar, y quedan a dos velas. El uno y el otro.

La pandilla va de excursión a la cueva de la Iglesiona, en Cabo Vidio. Pachu se queda atrapado en su interior. Desideria va con el vespino a buscar a Bocarte y a avisar a la Guardia Civil, cuando se da cuenta de que lleva de paquete a un misterioso desconocido y se pone a increparlo. Kikón es feliz, porque al fin alguien le hace casito. Entre que vienen Bocarte y la Guardia Civil, Javierín entra en la cuevona para rescatar a Pachu. Para evitar perderse, se ata a la cuerda de la cometa de Vacona. Pachu, desde el interior de la cavidad, le dedica unas frases de agradecimiento:

 —¡Pero pa qué te atas a la cuerda, cara pijo! ¡fantasmón! ¡Si tamos a 10 metros y me tas viendo perfectamente!

Al final sacan a Pachu en el helicóptero del Principao. Trizuca le da un besín y le canta “sana, sana, culito de rana”. Javierín, una vez más, se ve consumido por los celos. El tío de Pachu se sube por las paredes cuando le mandan la factura del helicóptero, y tienen que pararlo para que no arroje a su sobrino por el acantilao. Bocarte le hace ver que Pachu le sale a cuenta porque no lo tiene asegurao ni nada.

Celesto, un famoso cantante de moda con un corte de pelo como pa repartir toñas de aquí a pascua, aparece en el pueblo para dar un concierto multitudinario. Desideria y Trizuca están locas por él, y los chicos se ven consumidos por los celos. Javierín está a una consumición de celos de desaparecer del mapa. Celesto es rico, guapo, famoso, y tiene una colección envidiable de pantalones fardapaqueteros. Pero no es feliz. Por las noches, va a ver a Bocarte y le confiesa la dura realidad de su solitaria vida. Bocarte pronuncia su célebre frase: “¡Pero yo a quién coño maté!”.

A Trizuca le viene el período. La pandilla sufre un verdadero cataclismo tratando de determinar qué período en concreto

—¡Yo postulo que ha de ser un período manierista! –Afirma Javierín

—¡De eso nada! Se trata claramente de un período intimista. Lo sé porque su madre le compró en el Alimerka un paquetín que ponía “Para tu higiene íntima” —Responde Pachu.

—¡Qué diréis, tolais! –replica Vacona— se refiere al período monstrual, que se lo he oído a Tito

—Yo, lo que oí en casa esta mañana. Dijo mi madre: “Trizuca ya es mujer”. Se conoce que antes era armario empotrao, o algo… -apostilla Tito.

—Pues yo creo que se refiere, sin lugar a dudas, a que Trizuca ha experimentado su primera menstruación, que se manifiesta a través de un sangrado vaginal que…

—¿Quién eres tú, niño repelente? ¡Sabelotodo, que te meto asín!

Ante lo cual, Kikón marchó pa la playa a comer gusanitos.

Bocarte se pone malo, y lo llevan pa’l San Agustín, donde Julita lo vela en todo momento excepto de lunes a domingo de 00:00 a 23:50 horas.  Pero religiosamente, dedica esos diez minutos a echar un pito en casa.

Bocarte recibe el alta y es recibido en el pueblo con gran algarabía. Es entonces cuando pronuncia su célebre frase: “Tenía que davos vergüenza nun habeme venido a ver ¡Cabrones!”.

Promociones Joputisa, malvada constructora, planea construir un bloque de apartamentos en un cacho del puerto. Pero la Mobilete Campera de Bocarte, allí fondeada, lo impide. Tras recibir una cuantiosa oferta económica por parte de Joputisa, Bocarte sigue cabezón en que no mueve su casa de allí. Joputisa inicia una campaña de acoso y derribo contratando a todos los faltosos y matones de la zona pa acojonar a Bocarte. Pero nada. Finalmente, una flota de palas excavadoras se dirige al puerto para proceder a la demolición de la Mobilete Campera en pro del orden y el progreso. Julita, junto con Bocarte y toda la pandilla, se atrincheran en el vehículo para impedir aquel abuso de poder, e inician un poderoso cántico a la libertad y en contra de la especulación inmobiliaria:

♫Dir a tomar tos por culo, cara pijos

Explotadores, avariciosos ¡Ta que vos parió!

¡Podéis meter los millones po’l orto! ¡fartones!

¡Nooooo, nos mooooveeeeeráaaaaan!♫

Es entonces cuando Bocarte pronuncia su célebre frase:

“¡Para, para! ¡EEEEEEH! ¡Quietos paraos! ¿Cómo que millones? ¡A ver, que yo soy de natural una persona muy impulsiva y no descarto habeme ocecao con esti asunto! ¡Les coses hay que hablales como personas humanas! ¡A ver! ¿Ónde ta el encargao de Joputisa?”

Termina el verano, y todos vuelven a sus casas. Bocarte, a salvo de las miradas inquisitoriales de aquella manga foriatos, vende su casa y con las perras construye un chaletón en Villademar que se funde el misterio. En octubre, el dueño del apartamento echa a Kikón. Este empieza a sospechar que sus padres se han olvidado de llevarle con ellos de vuelta a casa. Bocarte, hombre de gran corazón, le acoge en la caseta de aperos del jardín.

FIN

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