Trabajos poco agradecidos: haber, haylos

Trabajos poco agradecidos: haber, haylos

Poco se habla de los trabajos desagradecidos y peligrosos. Que, aunque no lo parezca, y a pesar de nuestro glorioso pasado imperial, en España los hay. Fíjate si habrá, que incluso hay gente que no llega ni a mileurista. Y si me apuras un poco, no llega ni a eurista, categoría esta tan en boga en estos tiempos tan… en estos tiempos.

Que por cierto, el problema aquí no es que falte trabajo. Es que falta trabajo en el que te paguen, que es un detalle que parece que no tiene importancia, pero…

Vaya, que si no hay pleno empleo, esto es así, es porque no queremos ¡Lo que no hay es pleno cobro, coño! Que hay que decirlo todo.

Pero a lo que voy, ¡Que me liais cabroneh/ah!:

Trabajos durillos los ha habido siempre. De toda la vida de Dios. Por ejemplo, picapedrero, orinal humano, catador de venenos, catador de brócoli, limpiador de culo real, esclavo albañil de grandes monumentos de la antigüedad, charcutera de Alimer… de supermercado…

-¿El jamonyor, le vale así de fino?

-No, nena. Córtamelo más finín.

-¿Así?

-Más finín. Que si no el chiquillo se me atraganta

-¿Así?

-Un poco más fino, vida

-Señora, he visto cabellos de hada del bosque cortados por la mitad más gordos que esta loncha. Estamos a una finez de convertirlo en la primera loncha gaseosa de jamonyor de la historia.

-Un poquitín más, cariño. Que todavía es visible a simple vista

-¿Así?

-No, que está muy fino ¡Que venga el encargao!

Hay trabajos muy duros. Por abundar en ejemplos, ¿Cómo las tuvo que pasar el pavo que sostenía el micrófono en el discurso aquel que dio Franco hablando en inglé reguetonero? Amos, no me jodas:

«… cantri, reliyon, femili ¡Dis is auar eim an drín! ¡Gromenagüer! ¡Vivaespaña, primo!»

Tú echa números de la sudó fría que le tenía que de chorreá a ese muchacho por la espalda pabajo. Imagina que el andoba hubiera aprendío inglé con un curso de discos de gramófono muy bueno que sacaba el Planetagostini de la época a primeros de septiembre, a razón de un disco de pizarra y un cuadernillo daprendé inglé por semana, y además de comprárselo se lo empollara todas las semanas. Que ya hay que ser masoca. Claro, si el tío se estuviera empanando mínimamente de lo que decía Su Excelencia El Jefe del Estado (His excelens de boss of the esteit), y lo que quería decir endeverdá el texto original, eso tenía que dejar el discurso de la Miss aquella que decía que Confusio era el que inventó la confusión (confución), a la altura del puto Cicerón los días en que se levantaba con la inspiración romana subida. No alcanzo a imaginar al tío aguantándose la partidura de ojete al oír lo de «Vivaspaña» como colofón. A ver, eso al tío le tuvo que salir por algún sitio. En forma de cuesco o algo. Que seguramente sería menos peligroso peerse al final del discurso que descojonarse vivo.

-Usté perdone el cuesco, excelencia. Ha sío por las magníficas alubias españolas que me he apretao pa almorzar.

Nos ha jodido mayo. Ahí había que hilar fino ¿Que hay que elegir entre cuesco o descojone? ¡Elige cuesco, insensato!

Es verdad que esa misma técnica de inglés la utilizó décadas después el Príncipe Gitano (D.E.P.), perpetrando aquel temazo de Elvis:

An de jar mama craiiiii

Cosinifi guan sido sido ni modrili

yian grin monfi

in de gue e tooooooo….

Pero no vale como ejemplo porque para empezar, el Príncipe Gitano estaba bien pagao, y además el riesgo era mínimo al ser una minoría étnica oprimida saliendo por la tele democrática. Eran otros tiempos, claro. Porque no es lo mismo partirse el ojete en mitad de un discurso de Franco en la lengua de Chaquespeare en la época en que el Generalísimo era un super hit de la hostia, siempre en el número uno de los Cuarenta Nacionales, que descojonarse de lo mismo en tiempos de democracia de la de antes. En tiempos de la democracia de ahora ya hay que tener más cuidadín con lo que se osa expresar, pero eso es otro tema que requiere hablar con mi abogada antes.

Claro, lo del pavo que le sostenía el micrófono a Franco hablando en inglé del mismo Ferrol del Caudillo, y lo de «Güen de mama crai in de gueto» no son hitos comparables en absoluto. Eso es como comparar el entrañable y harinoso Cola Cao nacional con esa invención del invasor extranjero que es el Nesquik, que no hace grumos ni nada, ni te pone en riesgo severo de asfixia si te lo comes en seco a cucharadas (esto lo sé por un amigo que tengo).

Hay que decirlo abiertamente: hay trabajos que son una mierda y un peligro muy grande, y están mal pagaos o directamente no se pagan o incluso tienes que pagar por ellos. Pero para desempeñar trabajos de los de antaño, como el de Técnico Superior en Sujetar el Micrófono Cuando Franco daba Discursos en Inglés del Ferrol, y jugarte el paredón en cada discurso si ese día no te podías aguantar el descojone, había que tenerlos gordos como Indeguetos.

Amos, no me jodas…

Una cosita te digo

Una cosita te digo

No es por darme pisto con mis conocimientos cientifíricos, pero si a la COVID-19 le quitas el IVA, se queda en COVID-15,7 (COVID-14,7 en Canarias, que es por eso por lo que les va mejor que en la pinínsula ibérica). ¡Asunto arreglao! ¡Jaque mate, gobien-no dep-paña! ¡SIN ASESOREH NI POLLAH!

Esto es una cosa científica basada en que COVID-15,7 es menos que COVID-19. De toda la vida de Dios. Eso es como si te preguntan:

-¡A ver, muchacho! ¿Cuántas guantás a mano abierta quiés? ¿Quinientas y quince, o una ná más?

Coño claro, ¡Pos envuélvame una pa llevar! Porque una guantá estándar a mano abierta es más llevadera que quinientas y quince guantás estándar a mano abierta. Eso es como las mascarillas si no llevaran IVA, o si acaso la puntica de IVA ná más. Eso protegería (o protegeriese) lo mismo que las otras pero por menos perras. ¿No comprendes?

Tanto comitédespertos, y tanta hostia ya. Yo ahí lo dejo totalmente gratis, señá ministra.

O sea, señá ministra DE HACIENDA. Por matizar. No vaya a ser.

Briconsejos mascarilleriles

Briconsejos mascarilleriles

Echo en falta que alguna revista publique un artículo rollo «¡10 tips que no conocías para usar correctamente la mascarilla! ¡O sea!»

Pero antes, así, para aclarar los términos, «tip» es un término muy británico él, que emplean los tontos del culo para darse pisto cuando en realidad quieren decir «consejito». En sin en cambio, si va con mayúscula la cosa pasaría a ser «Tip», que era el compañero de Coll, y cuando iba a un bar decía «Tenga usted la bondad de escanciarme un vinillo, muchachuelo. Ahí tiene diez durillos. Quédese con las vueltas, y vaya usted con Dios» y cosas así. Pero eso es otro tema que sólo recuerdan personas de cierta edad en adelante. Concretamente de «edad provecta» en adelante.

Por eso, quiero dejar aquí algunos ti… algunos truquillos que, a la vista de lo visto, muchos seres desconocen. Pero del tó.

1.-Si hace ya meses que tu mascarilla no tiene ni gomas ni cuerdecillas ni nada, pero sin embargo no se te cae gracias a la increíble adherencia que ha ido desarrollando por el paso del tiempo y el aceite de los calamares del bar, tal vez vaya siendo hora de cambiarla por otra que no desafíe las leyes de la gravedad. O sea, NO es un salvaslip, que eso lleva un lado que es de pegatinilla que se pone pa fuera. Pa dentro no, porque lógicamente haría velcro con el mato grosso en no estando ya en época de bikini. Habrá quien objete que hay tangas que no llevan gomillas y se sostienen gracias a un perno que se inserta en el chirripitifláutico a la buena fin de que la prenda no se caiga. Pero este principio no es aplicable a la mascarilla. De hecho no parece NADA conveniente aplicar ese concepto a una mascarilla. Claro, porque íbamos a estar todo el día con arcadas ¡Qué va, qué va! Pasando.

2.- El material de tu mascarilla es importante. Si la tuya está tallada en sílex, debes considerar la posibilidad de cambiarla por otra más moderna. Así, como posibilidad.

3.-Si llevas la mascarilla en lugares anatómicamente inadecuados, es posible que esta no cumpla su función adecuadamente. Por ejemplo, está científicamente demostrado que la mascarilla protege poca cosa si la llevas en los testículos, el codo, el culo, la guantera del coche, la bola del pasamanos, el coxis, el páncreas, el orto o en la vesícula biliar. Porque en caso de que otro usuario te espute en un ojo o te tosa en la campanilla, no está asegurado que te vaya a proteger gran cosa porque no está demostrado que los viruses se cojan por los webos. Claro, porque los virus no tienen webos. Ni bola del pasamanos. Es de pura lógica.

4.-Las mascarillas tienen un tiempo de vida limitado. Más allá de cuatro o cinco semanas eso se empieza a enguarrinar y conviene cambiarla por un cepo de inmovilizar camiones, o en su defecto por irse a vivir al monte. Preferentemente en el mismo centro de alguna zona sin desbrozar.

5.-Si tu flamante mascarilla casi sin usar que te viene acompañando fielmente desde abril empieza a cambiar de color, mal asunto. Si por ejemplo era azul y ya se va poniendo verdosa, seguramente es porque le está saliendo verdín. Si se pone negra, hay muchas posibilidades de que sea roña. Y así sucesivamente. Si por ejemplo, qué sé yo, se pusiera de color «chartreuse desvahído», pos no te sabría decir a qué se puede deber, mayormente porque no tengo ni idea de qué mierda de color es ese. Pero vaya, que lo que es seguro es que si tu mascarilla se vuelve de color chartreuse desvahído, o madreperla glacé, u otro color de nombre inventao, debes prenderle fuego de inmediato y salir por patas a tu mascarillero de confianza para que te venda otra. Igual hay suerte y te sale tan buena como la primera. Y así ya vas tirando lo menos hasta marzo de 2089. Eso dura más que un Seat 127.

6.-Esto es muy importante: si tienes que hablar por teléfono BÁJATELA DE INMEDIATO porque de lo contrario el sonido rebota en la mascarilla y eso sale rebotao pa dentro, tragándote por tanto tus propias palabras ¡Y ESO SÍ QUE NO! y lo mismo si tienes que escribir un whatsapp, jugar al tetris en el móvil, abrir una multa, o saludar a alguien lamiéndole la cara. Tú con la mascarilla por las rodillas.

7.-Si en la superficie de la mascarilla llevas tal acumulación de coronaviruses, que se pueden contar a simple vista las puntas que tiene en la corona, o puedes distinguir si es un coronavirus macho o hembra, es posible que ya haya que cambiarla por otra. Por ejemplo, por esa que se te coló por el hueco del asiento del coche en junio. Que no está demostrao que el coronavirus pueda vivir ahí tanto tiempo alimentándose de las migas de risketos y de las monedas de céntimo, y prácticamente eso está ya desinfectao. Hay que reciclar.

8.-No. No es que la ciudad huela rara últimamente. Lo que hueles es tu propio aliento, y los fósiles de los «paluegos» que has ido ejcupiendo a lo largo de los meses. que es lo que te ha ido dejando el interior de la mascarilla como de gotelé. Pero no, porque el gotelé no se lleva nada y los fabricantes lo saben y por eso no hacen las mascarillas así. Que a tí te parece que eso venía así de fábrica, pero no. Eso se va sedimentando de a poco, y los procesos de putrefacción siguen su curso, que eso no hay toque de queda que lo pare. Eso lo miras con el microscopio y salen muestras de alimentos que parece un Mercadona recién repuesto (o reponido). Eso tiene más proteínas que la madre que lo parió.

9.-Si estás bajando en el ascensor y te puedes arrancar los pelos de la nariz haciendo pinza con los dedos, es probable que se te haya olvidao la mascarilla en casa. Sube otra vez a casa y cógela. haerfavó.

10.-Lo que se cambia cada 20.000 kilómetros o una vez al año (lo que ocurra antes) es el aceite del coche. La mascarilla hay que cambiarla con menos kilometraje, en pudiendo ser.

Y por eso, si te comes una almendra lo mismo pueden darse un par de casos, el cinturón de seguridad engorda, el salvavidas te hunde más que otra cosa, el casco es para nenazas, y esa lata de callos que dice «Consúmase preferentemente antes del fin del reinado de S.M. Carlos III» que huele un poco rara, se puede comer igual en teniendo un poco de cuidao.

Hala. Alegrándome.

Ideas de las buenas

Ideas de las buenas

Oye, que lo veo como solución pa’l asunto de la economía y el exceso de bilis: el estado construye una serie de recintos, naturalmente al aire libre por el asunto de la seguridad y la buena ventilación. Sin hacinamientos ni apreturas, igualico que en el metro o en el otobús. Lo del señor que iba en el ALSA tan pegao a otro que le donó un riñón sin querer es un bulo inventao por los facinerosos. Porque en el transporte público no hay hacinamiento, ni gente ni ná.

Estas infraestructuras públicas relanzarían ipsoflauto el sector de la construcción, y el de las comisiones en forma de fajos de billetacos y/o cuentas opacas (también conocidas como «cuentas oFranciscas»). Habrá gente tóxica y negativa que diga que no hay perras para esto, pero con un poco de imaginación y creatividad tiramos de tarjeta del Carrefour y que lo paguen nuestros bisnietos. No haber nacido.

En dichos recintos, la ciudadanía podrá debatir y, en su caso, dirimir sus diferencias a mano abierta todos los días de lunes a domingo en horario ininterrumpido (menos cada 29 de febrero, que así se aprovecha para pasar un poco el mocho, que la higiene es importante). Con dos cojones: ¡A tres turnos, como en las redes sociales!. Pero con la ventaja de que eso entre personal de mantenimiento, asesores, técnicos de hostiaje industrial, desarrolladores de improperios, activistas a sueldo, y el que le saca brillo a los pasamanos, ya generaría sus buenos empleos entre los colegas. Y así, el asunto del paro arreglao en un pispás. Los que no sean colegas que rasquen. Que hubieran sido colegas.

Si encima pones a trabajar siempre a los mismos en todos los turnos uno tras otro, eso que te ahorras en sueldos y en pensiones (hay que pensar en el futuro). Como si fuera en Corea del Norte, o en una empresa normal de cualquier otro sitio, vaya.

A medida que la gente vaya palmando por sobretrabajamiento vas contratando otra gente nueva. Total, será por gente… (obsérvese el sutil método de control demográfico, que así luego no se nos llena todo de chusma con ideas equivocadas por todos laos).

En estas magníficas construcciones, que naturalmente estarán dotadas de todo tipo de deficiencias y sobrecostes de última tecnología, como debe ser en cualquier obra pública que se precie, la alteradísima ciudadanía podrá dar rienda suelta a sus más bajos instintos, pero de forma controlada por el estado, como Dios manda. O como el Líder Supremo manda. Allá cada cual con sus cosas de la religión y de fe.

Porque no nos engañemos: hay que aceptar de una vez que lo del folleteo no es viable como método para aliviar tensiones. Mayormente porque, en contra de lo que aseguran los más reputados fantasmones, aquí se folla ná y menos. Lo cual es lógico con todo el papeleo que conlleva, que hay que registrar la voluntad de que ambas partes desean machihembrar ante notario, y eso da mogollón de pereza.

A ver, por aclarar las cosas para los degeneraos: no se trata de machihembrar ante la atenta mirada del notario, que bastante tiene con dar fe como para encima tener que mirar atentamente a los follantes. No. Lo que hay que hacer ante notario es manifestar la voluntad de la coyunda. A posteriori, en la fecha y hora convenida y con la debida intimidad, se ejecuta el coito como mejor proceda en derecho. O sea, como se vaya pudiendo. Como toda la puta vida, pero con papeles y una factura del notario que se funde el misterio.

No hostiante, esto sólo es válido para el mundo occidental desarrollado, claro. Mira los chinos, o los indios, que a pesar del mogollón que son con todo petao de gente hasta la bola, no se les ve nada estresaos. Claro, porque follan y procrean como los verdaderos campeones del follisque que son. Cómo será la cosa, que los chinos y los indios leen las noticias en Internet y no se alteran ni lo más mínimo. Es que no se molestan ni en comentar ná ni en cagarse en la madre de otros chinos o de otros indios en el feisbuk de los chinos y los indios. De nuevo, queda patente la importancia de salir de casa con los niveles de follisque satisfechos. Eso es más importante que los niveles de colesterol, triglicéridos y firlinduncios, o que tener el tránsito intestinal como los chorros del bífidus.

Pero centrémonos en nuestras futuras construcciones públicas para el desfogue ciudadano: ¿Que hay discrepancias entre la peña? Pues se van al Discutódromo público más próximo, sacan número para la discusión o debate concreto en el que desean ciscarse en la madre de otros debatientes, y cuando en la pantallica les salga la vez, pues salen al ruedo y empiezan a darse de hostias en to’l hocico, en el cielo la boca, o en el entrepato. Por supuesto, habiéndose rebozao previamente en gel hidroalcohólico que cada cual habrá de traerse de su casa y procurando no escupir al insultar. Civilizadamente, vaya.

En caso de empate, pues se le hace una PCR a los contendientes, y al que le salga que es gilipollas integral se le lanza con una catapulta en dirección a Francia o a Gibraltar. Lo que pille más cerca. Que se jodan y los aguanten allí. Esto, naturalmente, si las circunstancias epidemiológicas lo aconsejan. En caso contrario, a los que den positivo en gilipollismo integral se les mete en cajas de Amazon bien precintás, que eso desde dentro no se puede abrir porque no tienes acceso al sitio de meter la uña y tirar, y se guardan a la fresca en el almacén de gilipollas oportunamente previsto en cada Discutódromo, hasta que sean las Fallas, que ahí ya les vamos dando salida. Iban a durar las Fallas desde marzo hasta octubre. De 2025.

Por el contrario, a los que la PCR les salga a devolver, pues la devuelven y a partir de ese día serán tratados como héroes por el resto de la ciudadanía y se les dará un puesto de asesor, o de subsecretario, o algo de eso. Que no se necesitan estudios.

A los más válidos, durante los meses del otoño, se les dará un puesto de castañas, que eso da mucha calidez a las calles y anima mucho ¡Arreglao!

Y entonces, se nos iba a quedar un país que no lo iba a reconocer ni la madre que lo parió. Que hasta nos íbamos a poder permitir confinarnos cuando nos salga de los webos. Así, porque sí

-¿Ande va usté, Don Emilio?

-¡A confinarme un par de semanas! Que no estoy malo ni ná. Es sólo porque me se canta a mí por los webos de confinarme ¡Será por perras!

Pues oye, será. No te digo yo que no. Ni que sí.

Marco: la verdadera historia

Marco: la verdadera historia

Ya sé que para muchos esto será una herejía gordísima, pero la verdad es que mayormente me da lo mismo. Alguien tenía que decirlo: la historia de Marco no hay por dónde cogerla ni con la punta un palo. Y pensar que de eso puede salir una adaptación cuqui para hacer una serie de dibus adecuada para niños es una perversión intolerable. Así hemos salido los de nuestra generación y se explica el elevado consumo de psicofármacos. Esto es así.

Naturalmente me refiero a Marco, el niño italiano repelente que se fue solo por el mundo a buscar a su mamá cruzando el mar a otro país ante la pasividad de su hermano de 18 años y su papá, ambos con unos huevazos como balones de Nivea, dicho sea de paso.

-¡Papa, papa! ¡Il tontopoglia di Marco se va a buscare a la mamma!

-¡Santa madonna! ¡Il puto bambino dei coglioni! ¡Bah! ! ¡Ya ritornerá cuando se le acaben los tortellini e non tenga una merda que mangiare! ¡Con lo que traga il figlioputa!

Digo esto por no confundir con Marco Antonio, el romano repelentus que cruzaba el mar a otro país, pero para trequinarse a Cleopatra VII entre otras nobles causas ante la pasividad de Tulio Caius Cistilio, que era el podólogo de Marco Antonio y se la traía floja a quién se trequinaban o dejaban de trequinar sus pacientes. Esto último, al menos, es normal.

Es cierto que el hecho de que las cosas se pongan malamente y tengas que pirarte a currar a otro país en un trabajo de mierda y sin asegurar, dejando atrás a tus hijos de 11 y 18 años con su padre, que seguramente será un vago borrachuzo, no es una cosa difícil de imaginar, sobre todo si vives en 2020.

El tema es el siguiente: la mamma se va a trabajar de mucama en Argentina, más o menos a finales del S. XIX o principios del XX, que de aquella no había messenger ni videoconferencias, ni Frigopieses. No había una mierda de nada. Claro, normal que la gente se pirase cruzando el mar a otra galaxia más entretenida. Y para más INRI lo hacía desde un puerto italiano al pie de los Apeninos, que por lo que se ve, de aquella la cosa estaba tan mala que merecía la pena irse a currar de mucama sin asegurar al otro extremo del mundo. Vamos, que la cosa tenía que estar mala, pero mala de usar el papel higiénico por las dos caras.

Mientras la mama se alimenta del aire y de las florecillas del campo para poder enviar su miseria de nómina a casa, el hermano mayor de Marco se pasa la vida tocándose los webos jugando a la pleisteishon, que por aquel entonces era de madera de fresno, y el borrachuzo del padre se gasta la mitad en la taberna. Como si fuera español o algo. Lógicamente, el pequeño Marco vive asqueado en semejante familia desestructurada.

La mamma, que debido a que en la época no había otra cosa metía los whatsapps en un sobre y tras pegarles un sello a escupitajos los enviaba por correo ordinario, que por entonces era tan ordinario que no había otro correo, se pone malita y deja de enviar whatsapps. Ni por correo ordinario ni por correo elegante. Ná de ná.

Por aquel entonces no era como ahora, que si no se tienen noticias de alguien, a los 3 minutos ya se moviliza a la Guardia Civil, la Ertaintza, los Mossos d’Esquadra y al payaso de Micolor. No. De aquella nadie se alarmaba si no tenía noticias de un familiar hasta pasado un año. Ahí ya, se empezaban a preocupar y lo comentaban a la hora de la cena. De hecho, a los dos años sin saber nada de la mamma, ya se empezaron a mosquear de verdad e, incomprensiblemente, deciden que Marco, al que aún no le había cambiado la voz ni le había salido pelusa en el entrepato, sea el encargado de irse a buscar la mamma a casa Dios. Vaya familia de mierda. Vale más tener un radiocassette, que al menos puedes poner cintas de Los Chunguitos y deprimirte cuando te dé la gana.

Se conoce que el padre y el hermano mayor se quedaron en casa con la peregrina excusa de vigilar la pizza que estaba en el horno, o por si venía el repartidor de Amazon, o el cartero traía un whatsapp urgente o algo. A mí es que con esto me pasa como con la teoría de la relatividad, o con las opiniones de las redes sociales: que no lo entiendo ni pa Dios.

¡Home, no me jodas! Que una cosa es mandar al chiquillo a comprar un cartón de Ducados y otra muy distinta hacerle semejante putada sin que los servicios sociales de los Apeninos movieran un puto dedo. Menudos inútiles. Y eso que de aquella faltaban como 20 años para la siguiente pandemia ¡Ojocuidao con el dato!

La cosa es que el pequeño Marco, por alguna extraña razón, a pesar de ser pobre de los de reutilizar las bolsas del Alimerka, tenía un mono exótico y probablemente carísimo, que se llamaba Amedio. Que las vacunas de mono deben de costar un pico. Y con un par, ahí se piró por el mundo con unos calzoncillos de repuesto, cinco euros y un chusco de Bollycao de marca blanca sin relleno de chocolate ni nada.

Marco, después de pasar mil aventuras de mierda que harían vomitar a un facóquero y deprimirse al mismísimo Chucnorris, siempre termina llegando al sitio donde se supone que estaba su mamá trabajando de mucama para una familia pija con pasta, pero resulta que la familia se ha mudado a otra ciudad que queda a tomar por saco. No en el concejo de al lado, no. ¡A TOMAR POR SACO, DONDE PILATOS PERDIÓ LA PALANGANA!

Que la primera vez pase, pero es que al chaval le pasa eso mismo una pila de veces. Que es que hay que ser gafe de cojones. Es llegar POR FIN a la nueva residencia que la familia había elegido para vivir ese capítulo, llamar a la puerta, y que alguien con cara de estreñido y mala baba le diga a ese niñomierda repelente con pinta de politoxicómano que lleva un mono sin desparasitar en el hombro, que la familia Mequínez ya no vive allí. No me jodas. Esa familia se pira sin pagar el alquiler ni la luz ni nada. ¡PERO SI NO LES DA TIEMPO NI A QUE LES INSTALEN LA FIBRA ÓPTICA, JODER!

Lo cual me lleva a pensar que a la familia Mequínez no le va tan bien como pretenden aparentar, los muy snobs de los cojones, que mucha mucama y mucha movida, pero andan a dos velas y al padre lo echan del curro justo tres minutos después de firmar el contrato. Si no, no se comprende.

Vaya, que a los Mequínez les va muy malamente y la madre de Marco tiene la puntería en el culo a la hora de elegir familias adineradas de otro continente para las que trabajar como mucama.

Al final, resulta que el ingeniero Mequínez logra mantenerse en su puesto de trabajo hasta pasada la hora del pincho, y a Marco le da tiempo de llegar a la casa, donde su madre enfermísima ya se da por jodida pensando en hacer el equipaje OTRA VEZ antes de la hora de la merienda. Que menudos cabrones los Mequínez, obligando a su asistenta enferma y sin asegurar a trabajar como una esclava haciendo y deshaciendo el equipaje todos los días.

Entonces, al ver a su pequeño Marco, y tras echarle la bronca por andar con un mono piojoso y sin vacunar, se pone muy contenta y se opera de lo suyo recuperándose satisfactoriamente en pocas semanas, contrayendo una cuantiosa deuda con la clínica privada y con COFITRÍS, que le ha concedido un préstamo abusivo. Que ya hay que ser desgraciado. Pero la mamá de Marco, que no es muy larga de luces, acaba cayendo en la cuenta de que Marco ha venido solito desde el puerto italiano al pie de las montañas, que eso queda a tomar por saco de allí, y el comemierdas de su hijo mayor y el pichafloja borrachuzo de su marido se han quedao con los webos posados en el sofá rascándose los Apeninos a dos manos mientras dejan a su bambino pequeño solito por el mundo. Bueno, vale, con un mono sin vacunar, que al menos hace compañía aunque transmita la rabia y cosas chungas por falta de vacunas.

Nos ha jodido mayo con las historias conmovedoras y bonitas…