Acerca de canciones que hablan  de lavar cosas

Acerca de canciones que hablan de lavar cosas

A ver:

lo de que Franco tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel, vale.

De lo de que la reina Sofía lo lava con lejía no digo na, porque en el hecho se percibe un ansia de limpieza y desinfección muy loable. Hay que dar ejemplo de pulcritud cular al populacho. Que luego se sube al otobús o al metro y eso es un dolor cuando viene la temporada de anticiclones y calorinas en general.

Que Supermán lo lava con Perlán, tiene un pase porque se puede ser superhéroe y sin embargo tener el ojal delicado. Le quita épica al asunto, pero al fin y al cabo mira a Batman, que el único superpoder que tiene el muy pringao es tener pasta. Que eso está bien pa ser jeque, potentado, reguetonero analfabeto, jefaza de banco, o llevar un ministerio. Pero pa superhéroe es de ser un poco parguelas.

Aun así ya te vale, Supermán. Se conoce que no eres del mismo centro de Krypton. Pudiendo asearte la frontera de los Sudetes con el rayo láser de tus ojos, que a la vez que te refrescas mantienes una depilación impecable en lo que son cachas y mollete, vas y te das al detergente para prendas delicadas. Echa bien la capina por encima los hombros, que por la estratosfera dicen que está frejco. Linda amapola de los webos.

Pero los que no tenéis un pase sois lo que cantáis que el coronel lo lava con Vernel y el de Borbón lo lava con Calgón ¡Jipis! ¡Maleantes! ¿Qué sindiós es ese de lavarse el guardabarros con suavizantes y fórmulas antical? ¿Qué letra es esa? ¿La de una canción de Rosalía?

¿Jatimati teriyaki Juancal-late tu te lavah con Calgón to er bullate?

¿Yeah yeah, Mmmmm Coronel no me llameh hahta que te atuseh er orto con Vernel? Amos, venga…

Y por eso veo muy adecuado crear campos de internamiento y reeducación para la correcta interpretación de canciones populares con perspectiva científica y de utilidad real de las cosas. De lo contrario es imposible prosperar ni como nación de naciones ni como puesto de torreznos en el mismo cogollo de Abu Dabi, amiguis de la fauna ibérica.

Del espinoso asunto de los que dicen «exclavo», «visicituz», «beneficiencia», «tasi», «senófogo» y «haber si nos vemos» ya hablamos en otro momento.

Ea.

Abajo el periscopio

Abajo el periscopio

Cerró el ojo izquierdo asegurándose de que no dejaba ni un solo resquicio. Y, tal y como acostumbraba a hacer cuarenta y cinco años atrás, se acercó hasta apoyar la mejilla en uno de los hexágonos que conformaban aquella verja que un día había sido verde. Siempre le había parecido que era una verja más adecuada para un gallinero pero, por lo que fuera, en su día la dirección del colegio había decidido que aquel alambre pintado de verde y trenzado en hexágonos, era lo adecuado -lo más barato- para cercar el patio de tal modo que los pollitos no se salieran de la linde más de lo estrictamente necesario, evitando así motivos de escándalo o queja entre los padres del alumnado.

Ahora, de aquel verdor oscuro y mate que llevaba grabado en la carta de colores de su infancia, solo quedaba algún resto mínimo de pintura que resistía terco, guardando un puñado de centímetros míseros en aquella Numancia comida por la metástasis de la herrumbre, la decadencia y la agonía más indigna.

Pero era el caso que aquel cierre, que para él había sido durante años el muro de la vergüenza y la tortura consentida con el sacramento del miedo, como es preceptivo en toda tortura que se precie, seguía cumpliendo su función de contener a los pollitos dentro de los límites del centro. Ahí seguía el cabrón, casi medio siglo después, maltratado, abandonado a su suerte y sin que nadie se hubiera preocupado de brindarle el más mínimo cuidado. Pero aún en pie. En eso, tenía mucho en común con aquella alambrada repulsiva.

Movió la cabeza imaginando, como cuando tenía siete años, que el hexágono de alambre que quedaba a la altura del ojo derecho era el periscopio desde el que oteaba el patio en busca de enemigos que surcaran aguas que debían ser evitadas a toda costa. En su caso, las naves más temidas eran Carlitos y los cuatro o cinco monaguillos psicópatas que le asistían a todas horas en los sagrados oficios de torturar pringados con gafotas, marginados con aparato en los dientes, o cosas aún peores y penadas gravemente según el catecismo retorcido de aquella caterva de tarados. Y volvió a aquel viernes de marzo de 1978 como quien pone sin querer el VHF en blanco y negro y espera a que la pantalla se ilumine como una revelación mal definida, pero suficiente para que duela con la frescura de la primera vez.

Era el último día antes de las vacaciones de Semana Santa. Buena cosa, porque eso significaba estar alejado un puñado de días de aquel Coliseo en el que él, y otro puñado de prescindibles, servían de alimento a las fieras día sí, jornada también. Pero para ese respiro, aún tenía que nadar las aguas de aquella tarde.

No había ni rastro de aquella manga de patanes. Normal, por otra parte. Para eso procuraba llegar media hora antes de empezar las clases, y si no había enemigos a la vista corría hacia la puerta de entrada sin pararse a pensar en si le llegaba el aire a los pulmones o no. Para recuperar el aliento perdido, ya habría tiempo al llegar a la clase, donde Don Abilio pugnaba por no dormirse mientras vigilaba a tiempo parcial al rebaño más tempranero que, casualmente, solían ser de la tribu de los sin nombre. Aquella en la que predominaban las gafas gruesas, los aparatos de los dientes, los modos amanerados, y otros pecados a los que solo les faltaba portar en la pechera un neón parpadeante en forma de diana para resultar más irresistibles a los depredadores.

Al final, aquel 17 de marzo del 78 fue como casi todas las demás jornadas. Con la salvedad casi anecdótica, de que lo interceptaron en el descansillo del segundo, y no a la salida de clase como era habitual. Un bofetón, una zancadilla en las escaleras, algún escupitajo menor… lo normal cuando eras alguien de siete años con varias dioptrías, alguna lorza poco disimulable, corrector dental y hechuras más amaneradas de lo aconsejable dentro de aquel recinto cerrado con una económica y lustrosa alambrada verde de gallinero.

Abrió los ojos. Pero en aquel mismo mar casi medio siglo más añejo, el periscopio solo le mostraba un puñado de criaturas pegando patadas a un balón de colores imposibles, y un ejército silencioso y ajeno a todo lo que no fuera la pantalla del teléfono.

No sabía qué habría sido de los monaguillos de Carlitos después de todos aquellos años. Seguro que a alguno se lo había llevado por delante la carretera, las drogas, o cualquier otro de los mil millones de tiros que nos pasan rozando la sien cada vez que damos un paso. La verdad es que le importaba una mierda lo que hubiera sido de aquella gente.

Lo que sí sabía con total exactitud, era dónde estaba Carlitos en aquel preciso momento. Los monaguillos habían ido cambiando cada curso, pero el pope de aquella secta de pacotilla siempre había sido el mismo. El muy cabrón no le había reconocido. Ni falta que hacía. Al menos no en un primer momento. Para Carlitos, él solo era uno de los muchos chaperos que pululaban junto a la estación de autobuses, y no se le había pasado por la imaginación ponerse a bucear en los recuerdos de su infancia, cuando regía con mano de acero los destinos de su particular Reich. Carlitos, ahora, consagraba su tiempo en desangrarse tirado en uno de los cubículos de los servicios de la estación. Pero antes de eso, Armando se había asegurado de que Carlitos hiciera memoria. Era lo suyo.

Armando respiró hondo y caminó hacia las vías del tren, que seguían estando en su sitio, calle abajo, a algo más de cien metros del cole. Las mismas vías que tantas veces había atravesado a la carrera para volver a casa, siendo un niño, tratando de acortar la huida al máximo. Sobre el balasto de las vías, casi medio siglo después, aún debían quedar restos de las muchas lágrimas y mocos que había ido perdiendo por el camino, mochila al hombro, gritando de rabia hasta desgañitarse y perder el resuello cada semana de lunes a viernes. Lo que había cambiado, es que ahora no volvía a casa ni a ninguna otra parte. Ni iba a desgañitarse, ni a quedarse sin un aire que ya no iba a necesitar más.

Lo sabía, porque se lo había susurrado al oído esa sensación nueva de que, en alguna parte del universo, había una mesa que se había quedado coja. Y ahora iba a calzarla ofrendándole al balasto, con la ayuda del primer tren que tuviera a bien echarle una mano, los pocos fluidos que le quedaran.

——

FIN

Lo de Mari Kondo

Lo de Mari Kondo

O sea, que el tema de Mari Kondo al final era así:

Primera fase:

A lo primero nos vende la moto de que hay que tirar casi todo lo que tienes porque estorba y ocupa espacio a lo tontaina, y eso te jode el karma, el feng shui y el forro la pingarata. Vale. Todo a la mierda, que si más adelante te hace falta ya se lo comprarás a ella en MariKondoShopPuntocom. Como mucho había que tener 30 libros en casa, porque si tenías más a ver si se te iba a ocurrir leer más de lo debido o algo. Solo por esto, yo ya te hubiera deportado a la mierda, con un botellín de Trinaranjus de pomelo y un Bollycao sin cromo, Mari. Por si el cromo te jode la ordenación, bonica. Así como lo siento, te lo suelto tía.

Por si fuera poco, tenías que doblar las bragas hasta dejarlas reducidas a un tamaño equivalente a media papelina de farlopa. Eso sí, una papelina mu bien doblá y muy cuqui Y, por supuesto, colocadas en una cestica de ratán de comercio justo según la escala cromática de Kraussman-Wurtzlingler. Que es una escala que me acabo de inventar, pero le da peso científico a este Marikondesco asunto .

Los pantalones había que enrollarlos o no sé qué mi madre, pero con la técnica que a ella le saliera del potorro, porque otra no valía ya que no quedaban enrollaos como es debido. Eso, en una academia de marikondismo era dogma de fe. Al que enrollara mal los pantalones le caía una manita de hostias y luego lo metían, debidamente enrollado y clasificado según la esponjosidad del páncreas, en el cajón-mazmorra de castigar terroristas desordenaos de mierda.

Los pantalones había que meterlos en el cajón como quien presenta una bandeja de sushi del fino. Para los que no entendáis de cocina oriental, eso es arroz blanco con cachos de pez crudo, envueltos en láminas de pación marina enrollada con precisión laser. Como quien se lía un peta, pero bonito y hecho como es debido. No como los porreros desordenaos estándar que tenemos en occidente. Las camisas y camisetas imagino que las habría que esferificar o la madre que lo parió. A saber. Qué más dará.

La tía tenía el santo chirripitifláutico de hacer cosas psicopáticas como ordenar los macarrones dentro del bote por diámetros (medidos con un calibrador de macarrones homologado por Mari Kondo). Y a su vez, colocaba los botes ordenados por el peso atómico del contenido en orden descendente. O sea, una psicopatía de manual. Todo esto debidamente recogido en libros, vídeos, elepés y musicasetes de venta en los mejores establecimientos de MariKondeces. No se te fuera a olvidar algo, primo.

Segunda fase:

La Mari se compra un casoplón de la rehostia en el que puede meter toda la purria que se le cante porque otra cosa no, pero sitio tiene pa aburrir. Podría estar comprando todas las mierdas de la teletienda durante doce olimpiadas y catorce mundiales de brisca, y no llenar ni el trastero. La Mari se ve con tres zagales que dan una guerra del copón santo, y dejan todo sembrao de Barriguitas, Airgamboys, Micromachines, culos de Geyperman, cachos de cheetos incrustaos por las juntas de los baldosines, cintas del Cinexin, piezas del Tente y del Exin Castillos mezcladas de cualquier manera en plan jipi de la peor calaña, y además se suenan la mocarrada en los paneles japoneses, dejan impresos en la encimera de cuarzo rosa los dedazos churretosos de Phoskyto derretido, y se jiñan en el tatami de piel de Pikachu como si tal cosa. Como unos putos niños normales, vaya.

A esto hay que sumar que la chavalada caga y mea sin orden ni concierto, como auténticos delincuentes, y pasan de ordenar las heces por colores y consistencias, como de la mierda. Con horror, Mari cae en la cuenta de que la descendencia le ha salido humana.

Mari comprende a base de patadas en el Kondo, que no le da la vida pa hacer todas las gilipolleces que hacía antes. Y deduce que, tal vez, igual no es preciso doblar los calcetines con forma de grulla y colocarlos mirando hacia el cinturón de Orion, o que calibrar los macarrones por diámetro o los penne rigate por la profundidad del rigate, es una cosa prescindible. De lo de ordenar los champuses por densidad y los botes de Vim Clorex Verde por granulometría y volatilidad en condiciones de humedad normal, ni hablamos. Y ve asombrada que el resto de la humanidad sobrevive desde tiempos inmemoriales con un cajón donde mete las bragas con un sistema de ordenación binario muy elemental:

-Bragas de la regla

-Las demás bragas

Si hablamos de gente aún más organizada por falta de cajones, habría que añadir otra categoría en el cajón:

-Si queda sitio, más cosas que no necesariamente tienen que ser bragas. Por ejemplo, calcetines. Esto forma parte de la sabiduría de nuestros ancestros, que comprendieron que el ser humano distingue con gran facilidad unas bragas de unos calcetines o de una llave grifa y no es preciso andarse con polladas, aprovechando el tiempo para cosas más relevantes como conseguir comida o evitar que la tribu de enfrente los ensarte por el orto con la lanza sin atender al diámetro órtico ni nada.

Yo mismo, en el cajón de los calzoncillos, he ideado un ingenioso sistema por el cual en la parte izquierda tengo algún cinturón. ¿Por qué? Porque una vez embutidos los calzoncillos en el otro lao, quedaba sitio a la izquierda pa meter algún cinturón. Yo no domino el mundo porque no quiero.

Total que la Mari ha caído en la cuenta y ahora, gracias a los excelentes psicofármacos y electroshocks que le da su terapeuta, ya nos lo va a contar en su nuevo best seller «Cómo tener la casa como una persona normal y no parecer una localcóñer alfa: cómo mis churumbeles, y haber conocido a Jesuscríster, me han cambiao la vida que flipas».

Ha tardao pero Mari ha visto al fin la luz, caris.

Y es que ser ordenao está bien, pero tirar del vello púbico con tenazas ya es pasarse.

Home, no me jodas…

Vendehuming y otros cursos de formación

Vendehuming y otros cursos de formación

Una preguntilla: los cursos estos que se ven por aquí de «Total & Absolute Vendehuming», «Jalafración Holística, Lavado y Engrase» «Dametuputo Dinering Ipsofacting» y, en general, ese tipo de cursos que ni Buda sabe de qué van, pero por lo visto son para personas humanas que quieren ¡POR FIN! ajolondrar el popolofrate con perspectiva de fesoria y así mejorar sus cositas, y que vienen a salir a 400 napos per capita, ¿se los inventa la peña así sin más con to lo gordo, o están apoyados en investigaciones de la prestigiosa universidad griega de Misantos Khojonathos? ¿Los que impartís el curso habéis estudiao allí, o de pequeños os caísteis en la marmita del venerable druida Barbiturix y entavía no se os ha pasao?

Lo digo porque casi dan más confianza las mozas de buen ver que ofrecen préstamos por Messenger y los zagales que se hacen fotos con Ferraris y Lamborchinis de otras personas, viven con sus padres y les tienen que pedir hasta pal bonobús pero a la misma vez son unos cracks de las criptomierdas y to eso. Si me apuras, incluso parecen más fiables los marines que le piden perras a señoras occidentales para poder volver del Carreful de Mali, donde se han quedao atrapados por el fuego enemigo, a darles amor del bueno.

Es para un amigo que busca salidas laborales que no cansen mucho, a la par que ajolondrar el popolofrate con perspectiva de fesoria para así mejorar sus cositas.

PD: en realidad yo iba a escribir de Mari Kondo, que por lo visto se ha cansao de doblar las bragafajas como si estuviera poseída por algún ente psicótico del to. Pero este apasionante tema, que tantos disgustos me trajo hace años con adoradoras de la Kondo, lo dejo para otro día.

El Día D mañana es hoy (relato bélico, pero poco)

El Día D mañana es hoy (relato bélico, pero poco)

-¡Maldita sea! ¡Corred, muchachos! ¡Debemos salir de la playa y ponernos a cubierto tras aquellas rocas! ¡Si no lo hacéis, esos malditos boches os acribillarán!

-¡Sargento Mc Donald! ¿Cómo se atreve? No puede usted referirse al enemigo como “esos malditos boches”, ya que es una clara muestra de xenofobia además de una falta de respeto. Deberá referirse a ellos como “las personas con las que mantenemos ciertas diferencias que sin duda podremos superar desde el diálogo y la tolerancia”. ¡Multa de 786 dólares, por fascista opresor que.. (¡CHOUF!)

-¿Qué demonios ha sido eso?

-Los boch… las personas con las que mantenemos ciertas diferencias que sin duda podremos superar desde el diálogo y la tolerancia le han volado la tapa de los sesos a Smith, el Consejero de Resiliencia, Diálogo y Buenas Prácticas en Combate Solidario

-¡Pobre consejero Smith! Era un buen tipo…

-Sí. Tonto de los coj… de capacidades diferentes, pero buen tipo. ¿Quién podía pensar que quedarse de pie en medio de este infierno para afearle la conducta al sargento Mc Donald por su actitud xenófoba le iba a costar la vida?

-¡Maldita sea! ¡No se podía saber!

-¿Qué hacemos, sargento?

-Recojan los restos del delegado Smith, y sepárenlos debidamente en los correspondientes contenedores. To lo que sea mondongo y casquería, al marrón.

-El delegado Smith tenía un ojo de vidrio

-Pues eso va al verde

-¡Que venga el batallón de ecosostenibilidad!

-Llegarán en un par de semanas o así porque vienen en bici solar y

eso por el mar va regulero y algo lento

-Pe… pero ¿están atravesando el Canal de la Mancha en bici solar?

-Mira que los de la Comisión de Prevención de Tontás y Acciones Protomonguer lo avisaron ¿eh? ¡QUE NO ES BUENA IDEA CRUZAR EL CANAL DE LA MANCHA EN BICI ECOSOSTENIBLE! ¡QUE NOOOO! (¡CHOUF!)

-Vaya por Dios, otro más que va pa los contenedores ¡Cojonsky! ¡Deje una nota para el batallón de ecosostenibilidad! El difunto cabo Buonatranca tenía un testículo de polipropileno. Un desgraciado accidente con una bicicleta sin sillín cuando era niño… Su familia era pobre y no tenía para el sillín.

-Ajá. Tomo nota. “Meter el cojón sintético del cabo Buonatranca en el contenedor amarillo” ¿”Cojón” va con “g” o con “j”?

-Va con lo que el cojón o cogón decida libremente

-¡Rápido, muchachos! ¡Pongámonos a cubierto!

-¿Y mancharme las VANS de combate con esta arena infecta toda manchada de restos orgánicos? ¡NI MUERTE!

-¡Vaya cojonazos que tienes, Mulligan!

-¡No, perdona! ¡COGONAZOS! ¡QUE VENGA INMEDIATAMENTE UN CONSEJERO DE RESILIENCIA DIÁLOGO Y BUENAS PRÁCTICAS EN COMBATE SOLIDARIO DESDE LA DIVERSIDAD! ¡ESTO ES INADMISI… (¡CHOUF!)

-¡Jajajajajaja! ¡A Mulligan lo han apechujcao también los boch… las personas con las que mantenemos ciertas diferencias que sin duda podremos superar desde el diálogo y la tolerancia!

-Era mu pesao, también te digo…

-Los del batallón de ecosostenibilidad van a tener faena pa rato en esta playa de mierda. A todo esto, ¿los contenedores de reciclaje los traen en las bicis, o cómo va eso?

-Ese es otro espinoso asunto que ya advirtieron los de la Comisión de Logística Pensá con Dos Dedos de Frente. Al final me parece que traen en la mochila unas bolsas reutilizables del Mercadona y luego ya van viendo dónde pilla el punto limpio más próximo…

-Entonces, ¿salimos de la playa para ponernos a cubierto, o qué?

-Hay que convocar una junta y aprobarlo por mayoría cualificada. Y para ello debemos avisar previamente por radio al Mayor Peterson

-No tenemos radio. No había presupuesto pa cosas superfluas.

-No, si ya me lo olía yo, ya… ¡Soldado Antón Fouciñas Cabeceira! ¡Tráigame un formulario H485 B!

-¡Ay carallo! Pero ese papel, es el de pasarse al enemigo, ¿no? ¡Pues es que no me quedan, hombre! Ya se pasó toda la compañía al enemigo en lo que ustedes andaban ahí haciendo el zalapastrán y diciendo parvadas gordas como botafumeiros.

-Yo me viá cagar en to lo que se mueve, primo…

-No, pero lo mismo que che digo unha cousa, digoche a outra ¿eh?: me quedan aquí formularios bastantes del modelo L712-A. El de solicitar alpargatas de comercio justo libres de ftalatos que… ¡Sargentiño! ¿se encuentra bien, home? ¡Ay virgen de Rianxo, que pa min que al sargentiño le está dando un apachusco o un soponcio o algo ¿eh?

-Arrgghhhh…

-Hay que ver lo bien que se me murió este hombre, ¿eh? ¡Eso es gloria bendita! ¡Bueno, home, bueno! Pues yo iré marchando, que teño que marchar…

FIN