Cosas, cosicas, pepinos y pepinacos.

Menuda semanita que llevamos. A decir verdad no muy diferente de las otras 51 que tiene el año, pero algo hay que decir. Va la Fräulein ministra de Agricultura y otros menesteres de Alemania, y ante la multitud de afectados por la prima de Zumosol de la E. Coli en la zona de Hamburgo,  se le ocurre una salida de pata de banco buenísima a costa del pepino hispánico y se queda más ancha que alta la zagala (tirando a oblonga, que dirían Les Luthiers).  Es normal. Debe ser que nos tienen calados. Con los pepinos franceses no se hubieran atrevido, porque detrás vendría Monsieur Sarkozy repartiendo Croissants  y baguettes a mano abierta y explicándole a la fräulein ministra las mil y un formas de maniobrar un pepino francés por la «Pomme de terre» de forma perversa y dolorosa sin necesidad de GPS. Para que nos entendamos, que le iba a localizar el punto G, el H y el I  del mismísimo «Kartofell» en cómodos fascículos coleccionables.

Dicen los expertos que la bacteria en cuestión ha ido al gimnasio y le ha dado a los anabolizantes sin tiento ni conocimiento alguno y se transmite de persona a persona y a través de la carne picada. Por la misma regla de tres desde el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino de España (lo que viene siendo el departamento responsable de  la cosa de la contaminación, las cosicas del campo y de la mar procelosa) podrían haber manifestado que la infección proviene de la hamburguesa, que de todos es conocido que está hecha de carne picada de animal o vegetal muerto y se inventó en Hamburgo, lo mismo que la ensaladilla rusa es originaria del mismo centro de Vladivostok. Puestos a razonar… ¡Nos ha jodido Mayo con sus flores y Junio con sus sayos!

Dicen las malas lenguas que el mismísimo Dr. House (Gregory, para los escasos amigos), ha decidido que ya no le va a poner pepino a la tónica «eschegüepes» no sea el demonio que le vaya a dar sarcoidosis, amiloidosis, lupus,  o cualquiera de esas guarradas médicas con las que tiene que lidiar cada día. Bastante tiene el hombre con la bicodina como para buscarse más problemas hortofrutícolas a lo tonto.

La conclusión es clara. Pintamos menos en Europa que un rotulador de los chinos con el tapón mordido.  Y no es que  que sea muy partidario de boicotear al Lidl por su parida de publicar que sus pepinos no son españoles porque los currantes no tienen ninguna culpa, pero un sustillo sí que les daba. La calidad no será cara, pero desde luego la inteligencia y el sentido común son bastante escasos, amiguitos de Lidl España. Vosotros a lo vuestro.

Como tenemos pocos problemas, sólo nos  faltaba la ola de paro que va a sacudir a las cooperativas agrícolas porque un asesor de la ministra alemana le ha sugerido que le eche la culpa al pepino español. Total, ¿Qué más da? Al fin y al cabo somos esos vagos del sur que vivimos gracias a ellos, que nos pasamos la vida de vacaciones y que tenemos que currar más horas y tener menos descansos.

Por lo que a mí respecta, les diría a nuestros vecinos del norte que «Menos samba e mais trabalhar», y que se metan con uno de su talla, porque con nosotros es demasiado fácil. Y a nuestros vecinos dirigentes les diría que se den una vuelta por Bruselas y que suban un poco el listón siempre que  sus problemas sucesorios se lo permitan. Del tema del (pe)pino que le planta la prensa al Rey en su regia barriga ya hablaremos otro día.

Mientras tanto, compañeros de fatigas, pepino tintorro y Rock and Roll que esto son cuatro días y tres de ellos llueve.
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PS: sepan los sufridos lectores que algún usuario (o usuaria, o usuarie, para que nadie se ofenda)  de Facebook haciendo legítimo  uso de su sentido democrático y de su amplia concepción de la libertad de expresión  ha denunciado este blog como inapropiado, ofensivo, o alguna cosa parecida en dicha red social  y por tanto cada vez que intento compartir una entrada, se me informa de la situación invitándome amablemente a que contacte con ellos, cosa que ya he hecho, pero mientras tanto, nada de compartir publicaciones manchadas de incorrección política, o moral, o vete tú a saber.  Quiero manifestar por este medio mi emoción y agradecimiento al ser distinguido con el alto honor de ser censurado. Ya tengo algunas conclusiones que sacar y algo que contarles a mis nietos. Estoy por hacer recordatorios y un álbum de fotos vestido de marinerito que diga en la portada en letras de oro: «Recuerdo de Mi Primera Excomunión»


Mientras tanto, nos seguiremos viendo por aquí (y también por Facebook gracias a unos trajes de camuflaje que me he comprado en el todo a cien informático, pero no se lo digan a nadie, que es un secreto). Por mi parte, muchas gracias a los que me leen, e incluso a los que me censuran, por hacer la vida más plural y más divertida, aunque la verdad es que las críticas me parecen más interesantes en forma de debate, para que todos tengamos las mismas oportunidades. Mucho mejor discutir las cosas amigable y dialécticamente que ir a «chivarse a la profe». Donde va a parar…

Hace ya mucho tiempo… (reflexiones postelectorales)

Ahora que las elecciones han pasado y los diferentes grupos políticos  andan pacta que te pactaré, desdiciéndose de lo dicho  y tiro porque me toca, no puedo remediar soltar unas cuantas cosillas que probablemente a alguno no le van a gustar (lo cual es muy sano), pero sintiéndolo mucho es lo que pienso (que también es muy sano).

 Y ahora que están avisados los navegantes, vamos al turrón:

Hace ya mucho tiempo que vengo pensando y diciendo que hay ciertos valores que no pertenecen a ninguna ideología en particular y sin embargo aún hay quien se empeña en apropiárselos por la cara y porque yo lo valgo. Así sin más. Y por si no queda claro me refiero a valores como igualdad (que nada tiene que ver con paridad, porque una cosa es ser iguales y otra muy distinta ser pares), progreso, libertad, honestidad y otras hierbas de la misma familia.  
Hace ya mucho tiempo que terminó la Guerra Civil y que Franco dejó de andar bajo palio o bajo cualquier otro adminículo. Hace ya mucho tiempo que la mayoría de nuestros abuelos fueron llamados a filas por los de uno u otro bando en función de quien llegase antes al pueblo de turno (vamos, que en la mayoría de los casos la cosa dependió de una mera cuestión de ubicación, porque en general la gente no tenía ni puta gana de ir a una guerra que no entendía del todo). Hace ya mucho tiempo que al abuelo de mi mujer lo enterraron bajo un árbol como a un perro o a mi abuelo le voló media mano una bala perdida (cada uno en el bando que le tocó). Hace ya mucho tiempo que mi abuela se jugaba el pescuezo por darle de comer a un infeliz echado al monte por culpa de un vecino que le había denunciado «por rojo» por ni se sabe qué antiguas rencillas familiares. Hace ya mucho tiempo que se rebanaron pescuezos por ir a misa y por no ir.
Hace ya mucho tiempo que los españoles tuvimos una ocasión de oro para superar viejas rencillas (hoy lo llamamos «Transición»). Hace ya mucho tiempo que las cosas estaban medio calmadas y parecía que por fin habíamos pasado página con mayor o menor fortuna.
Y sin embargo parece que seguimos igual que siempre, con los mismos discursos que dividen la sociedad en rojos o fachas y punto pelota. Con dirigentes políticos o aspirantes frustrados a serlo que tienen los santos redaños de poner en duda el intelecto ajeno por no haberles votado a ellos, con gente de uno y otro palo rebosando bilis por las comisuras porque «los suyos» no han arrimado cebolleta o porque la han arrimado a base de bien.
Y metidos en siglas concretas,  si el PSOE se ha caído con todo el equipo tendrá que reflexionar muy seriamente sobre cuales han sido  las razones  y aplicarse una sanísima dosis de autocrítica renovación y barrido de alfombras. La gente no ha votado otras opciones  porque hay crisis sino por la manera de afrontarla y gestionarla. Por el exceso de prepotencia y de incompetencia demostrada por muchos cargos públicos, con un plus de idiotez e indigencia intelectual incomensurables en el caso de algunos (y algunas) de ellos. Porque la burbuja inmobiliaria empezó a gestarse en los primeros años 80 y todos los gobiernos participaron y se revolcaron en ella disfrutando más que un gorrino en un charco hasta que todo reventó. Porque quienes han estado en el gobierno central y por tanto han tenido la responsabilidad de gobernar en sus manos han sido ellos y lo que habría pasado en el caso de estar los otros se queda en el terreno de la especulación. 
Porque Mariano y los suyos han estado muy cómodos esperando a que las cosas se cayesen por su propio peso y acojonados por si a ZP le daba por adelantar elecciones y les tocaba a ellos el marrón. Porque en este santo país seguimos pensando que la responsabilidad de darnos a todos un curro una casa y un buga guapo en la puerta es de Papá Estado. Porque el esfuerzo y el espíritu emprendedor parece que queda sólo para los imbéciles. Porque los que no pisan cabezas ni lamen traseros ni tienen padrinos no salen adelante ni por equivocación. Porque todos aspiramos a ser funcionarios y no puede ser. Porque habría que lavar mucha conciencia empresarial y sindical. Porque ahora que mucha gente ha salido pacíficamente a la calle a gritar ¡Basta! todos han intentado arrimar el ascua a su sardina de una u otra manera haciendo proselitismo barato
Y del mismo modo, que los vencedores tengan claro que no están ahí por méritos propios sino por errores ajenos y aún así  habrá que darles en justicia el menguadísimo beneficio de la duda. Pero que les quede clarito que ahora les toca a ellos mover ficha y no nos podemos permitir que nos coman y nos manden para casa porque va a estar muy complicado sacar un cinco para poder salir de nuevo al tablero.
Porque todos estamos hartos de que jueguen al parchís con nosotros, pero a la vez estamos  muy ocupados en escupirle en el ojo al vecino porque piensa diferente aunque esté tan jodido como nosotros mismos y lo hayan parido por el mismo sitio. Y no terminamos de entender que eso conviene sólo a unos pocos que son los que se han enriquecido con todo este lodazal.
Porque HACE YA MUCHO TIEMPO… que somos así y parece que no tenemos remedio. Ya veremos…
Spanish Revolution, o la esperanza resumida en un plano.

Spanish Revolution, o la esperanza resumida en un plano.

Levantarse por la mañana, hacer las tareas domésticas entre otras lindezas mundanas, conectarse al facebook y encontrarse con esto, es como para alegrarse el día y por extensión la vida:

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Que la gente normal, la de a pie, la que compra en el Dia, en la panadería de la esquina y en la carnicería de Manolo, la que sabe lo que cuesta un café y un pincho de tortilla, a qué huele el Metro o lo que es no llegar a mediados de mes sea capaz de organizarse de esta manera y sin liarse a palos es, cuanto menos, emocionante.

Estamos hablando del «pueblo organizado» de forma pacífica y enfrentándose a un sistema que no sirve a nadie mas que a aquellos que lo han puesto a su servicio en nombre de la democracia a tiempo parcial, el amiguismo o el prevaricato selectivo en función del grado de compromiso con la secta.

Del pueblo frente a aquellos que llevan demasiado tiempo reviviendo a los dos gañanes de Goya midiéndose el lomo mutuamente a garrotazo limpio, de los que viven de rentas retóricas y lejanas, de quienes no han tenido ni conocido  ocupación ni beneficio al margen de la política enroscados en cargos de confianza, en escaños temporales sobre el papel y vitalicios de facto, de quienes han pretendido convertir en un coto privado supuestas virtudes y categorías morales que no merecen ni siquiera nombrar.

En definitiva, del «PUEBLO» en el sentido más amplio frente a los verdaderos antisistema que no son, ni más ni menos, que aquellos que se lo han llevado todo calentito sin que hasta ahora nadie les haya plantado cara de verdad. No se si serán ciertos los rumores sobre supuestas manos negras que mueven los hilos y financian todo esto desde la sombra. Creo que no es así. Y si lo fuera, los que están  en la sombra se van a quedar sin circo porque les han crecido los enanos, el tragasables se ha hecho alérgico al metal,  y el hombre bala y la mujer barbuda, que se llevaban a matar,  se han liado la manta a la cabeza y se han mudado a vivir juntos a la Plaza Mayor del pueblo más próximo que, por si no se han fijado en el plano, hasta tiene zona infantil, información, WC, comedores, logística y zona de descanso.

Si en uno de los buques insignia de la prensa oficial del Imperio como es «The New York Times» la palabra más buscada es «Spain» es que algo se está cociendo. Ojalá los españoles hagamos historia de nuevo sin soltar un solo mamporro más allá de las oportunas coces en forma de sobre electoral que cada cual estime oportunas. Y es que no creo en eso de las «dos Españas» más que nada por cuestiones aritméticas. Sumando así a ojo, a mí me salen mil y pico y parece que por fin casi todas saben lo que NO quieren, que no es poco.

Que ustedes lo reflexionen bien.

Idiotez, botox y neuronas solitarias

Idiotez, botox y neuronas solitarias

Hacendado y anonadado  me hallo. No se puede llevar con decencia que después de cenar te cuenten en las noticias de la noche que a una pendeja residente en el Imperio de Su Graciosa Majestad («graciosa» sí que es, hay que reconocerlo), le han retirado la custodia de su hija de ocho años por ¡Inyectarle botox! Lo juro por Tutatis y si no, que el cielo caiga sobre mi cabeza.


La interfecta en cuestión le metía a su hija un chute de  toxina botulínica cada 3 meses, según sus propias palabras, «para ayudarle a convertirse en una estrella». ¡Y se siente orgullosa por ello! Pero lo más escalofriante es lo que dice la niña:   «cada noche compruebo si tengo más arrugas y si veo alguna quiero más inyecciones» (¿He dicho ya que es una niña de ocho añitos?). Ya no es que haya que retirarle la custodia a la  «Mamá Mengele», es que hay que condenarla a formarse un poquito empezando por la colección completa de Barrio Sésamo que imagino que es la literatura  más densa que podrá digerir el cerebro de este espécimen

Por decencia, la imagen de la niña aparece pixelada aunque se
puede encontrar en cualquier periódico digital.
«Lo de la izquierda» es la «orgullosa» mamá

La mameluca en cuestión (con todo el respeto para los mamelucos), de profesión esteticista, se compraba el botox y todo el instrumental necesario para «ayudar a su nena» por Internet, que como todos los anormales mononeuronales saben es el lugar ideal para adquirir medicamentos, toxinas, ántrax, Rolex de oro macizo y otras golosinas con total confianza. Con un par. 


Y por más que trato de comprenderlo no lo consigo, miren ustedes. No tengo ni idea de qué horribles traumas infantiles puede tener esta estúpida profesional, pero seguro que haría falta una legión de psicólogos, tres furgonetas de reparto de psicotrópicos y un palé de camisas de fuerza tan solo para  hacerle un apaño.


Definitivamente la naturaleza de sabia tiene muy poco, o de lo contrario este tipo de piltrafa  humana carecería de capacidad reproductiva (¡Huy lo que he dicho! Lo borraría pero no me funciona bien el teclado). Mire señora: inyéctese gasofa de 98 octanos en la laringe, tráguese un Zippo encencido y conviértase usted solita en toda una estrella ardiente, que eso sí que mola. Y deje ya de envenenar a su hija con sus neurastenias de Barbie frustada de todo a cien de polígono ¡So Pendeja!



Familia monomarental, parida monumental.

Les traigo la  parida de la semana amiguitos. En la ya acostumbrada línea filosófico-lingüístico-progresoide de tasca cutrona que campa por sus respetos en los ambientes políticos, nos han regalado otro hermoso «palabro» que viene a enriquecer el ya de por sí amplio acervo hispánico. Ahora resulta que las familias monoparentales no son políticamente correctas y por lo tanto, en aras de la igualdad más igualitaria que te cagas, pasan  a denominarse, agárrense al sofá,  «familias monomarentales».

El argumento para la invención del palabro que nos ocupa no es otro que el hecho de que la mayoría de las familias antes llamadas de forma errónea y fascista-leninista «monoparentales» están formadas por una mujer con cargas familiares (generalmente hijos, personas mayores, un cuñado con mucha  jeta, perro, canario o en los casos más extremos una combinación de dichos elementos).

 La cosa es que en el programa electoral de un partido de no recuerdo qué lugar de la geografía celtibérica, el aspirante o la aspiranta a la alcaldía anuncia a bombo, bomba, platillo y platilla de la que defeca la ratilla «ayudas para familias monomarentales» porque así se entiende mejor. Se ve que al electorado hay que darle las cosas masticaditas para que las entienda.  Eso sí, que nadie se alarme porque en el caso de que al frente de la familia monomarental esté un hombre, también podrá optar a las ayudas prometidas aunque sea un asqueroso ente de género masculino, que para eso somos iguales.

No tengo ni idea de quien ha sido el genio o la genia responsable del engendro, pero lo que está claro es que debería pedir que le devuelvan a sus padres (y a sus madres) los cuartos que hayan pagado por su educación porque está claro que el timo de la estampita se queda en una simpática broma o chanza por simple comparación.

No se crean que es tarea  fácil buscar un problema donde no lo había. ¡Qué va! Es curioso que para resolver una supuesta desigualdad haya que generar otra, aunque solo sea en el plano lingüístico. Que alguien me lo explique, por favor. Y es que parece que el sentido común indica que lo de monoparental no tiene mucho que ver con «un solo padre» sino más bien con «un solo pariente».

Los romanos, que de esto del  latín sabían un huevo, denominaban a sus respectivos progenitores como «pater» y «mater» pero, curiosamente, al conjunto de ambos lo denominaban «parentes», término a su vez relacionado con  «parire», esto es, el «acto de parir» capacidad esta última reservada exclusivamente, hasta donde yo conozco, a las mujeres e incluso a algunas «mujeras».

Así que, mira tú por donde, igual resulta que lo de «monoparental» no era nada machista aunque a los sesudísimos y sesudísimas autores y autoras de la gilipollez se lo pudiera parecer. Están locos estos romanos y romanas.

En definitiva, que me da en la nariz que vivimos inmersos en un mar de mamonadas (y para ser igualitarios, también de paponadas). Así nos va y de inocentes tenemos muy poquito.

A ver si entre todos ahorramos para regalarles una goma y que se borren con ella del mapa o en su defecto la usen para no procrear por si acaso la idiotez se hereda.

Paro, Hijo y Espíritu Santo

Dice la prensa de hoy que en este lugar llamado España (o simplemente, país) hay la nada desdeñable cifra de 4.900.000 parados, o lo que es lo mismo, 1.386.000 familias con TODOS sus miembros en el paro. Con estos datos demoledores la pregunta que surge es: ¿Porqué no nos hemos parapetado aún tras las barricadas?

Y la respuesta se me antoja muy  simple: porque tenemos miedo, porque la familia echa una manita que vale su peso en oro del bueno,  y porque la gente se busca la vida como buenamente puede en eso que se ha dado en llamar «economía sumergida». Así de claro.
Y es que con semejantes datos, en esta piel de toro reconvertida en pellejo de choto con más remiendos que el sayón de un picaruelo las cosas deberían estar en ebullición cosa mala. Y sin embargo se mueve, oigan, que diría el ínclito Galileo en sus tiempos de jiñe frente a la Inquisición que, manda huevos, se dice que era santa. Fue a hablar de puta la tacones y con la Madre Iglesia hemos topado.
Soy un pequeño (pequeñísimo) empresario dedicado fundamentalmente a prestar servicios a otros empresarios generalmente mucho más grandes, a la administración, que es más morosa que el del ático de 13  Rue del Percebe y a muchos particulares en todo lo que tenga que ver con la informática y los artefactos electrónicos en general y estoy harto de oír en  los últimos tres años que la cosa está muy malita, que las ventas ya no son lo que eran, que el problema ahora ya no es llegar a final de mes sino llegar a mediados de mes… en definitiva, que va a resultar que es cierto eso que decía el ingeniero aquel de que finalmente nos hemos enterado de que somos pobres. Y es que si hay algo claro es que corren malos tiempos para la lírica, para la prosa, para la carne y para el pescado.
De todos modos, frente a esta realidad irrefutable siempre nos quedará la penúltima Boda del Siglo protagonizada por el Guillermito y la Catalina, las disquisiciones sobre si la mozuela llevaba la cola del vestido demasiado corta o iba demasiado clásica, o si al principito se le veía demasiado el cartón capilar o su hermano Harry Petas iba muy despeinado. El Harry es el puto amo, no tengo ninguna duda. Eso que Marx (Carlos, no Groucho), llamaba el «Opio de pueblo», sigue muy, pero que muy vigente.
En definitiva, sufridos lectores europeos, asiáticos y  del otro lado del charco, que alguien me lo explique porque estas cosas no se enseñan en la Universidad. 
Al menos que yo recuerde…