-¿Verdad que la noche está bien linda, mi amor?

-Así es, mi amor. Y le diré más aún: ¡La noche está bien relinda!

-Pero, escúcheme, María Isadora ¿Sabe lo que es verdaderamente relindo, mi amor?

-No lo sé mi amor

-Usted nunca sabe nada, mi amor ¡Es usted tan encantadoramente lela e idiota… ¡Ignorante!

-Y usted es medio imbésil y un vergafloja, y no le digo nada. Mi amor

-Así mismo es, mi amor. Pero dehemos ya de hablar de mí. Sus cumplidos hasia mi persona terminarán por haser que me ruborise. Permítame desirle lo que sería verdaderamente relindo… lo que sería verdaderamente hermoso… lo que sería realmente bello… lo que sería auténticamente chévere…

-… de chévere sebinoua, mahabi ande bugui ande güididipi ¡Qué linda cansión, mi amor!

-Desde luego, yo seré medio imbésil, pero usted es la persona de este universo que mehor complementa mi imbesilidad, mi amor. ¡He estado tantos años buscando inútilmente mi media naranha… Pero ahora he comprendido que usted, verdaderamente, es mi media imbésil. ¡Huntos seríamos invensibles, mi amor! ¡Claro que sí! Usted y yo, huntos para siempre ¡Casi seríamos como el gobierno y la oposisión, todo en uno!

-¡Ay mi amoooor! ¡Qué cosas lindas me dise usted!

-María Isadora, mi amor: lo que yo quería desirle antes de que usted empesara a orinar fuera del envase con sus memeses, es que… Yo la amo con toda mi alma y mi corasón

-¿Y con su páncreas?

-¿Eh?

-No deseo que nadie me ame si no es con todas sus entrañas. Sobre todo con el páncreas, mi amor. Por algo es el único órgano que tiene su propio santo.

-¿El páncreas tiene su propio santo? ¡No sabía, mi amor!

-¡Claro que sí mi amor! ¿Acaso no oyó hablar de San Pancreasio? Se agarra el muñequito, se le incrusta un peso aguhereado en la mano, se le pone un poco de perehil, y se coloca de cara a la pared. Como queriendo mandarlo directamente a la verga al santito de mierda. Es para que los negosios vayan bien y den plata, mi amor.

-¡Pobre hombre! Hay que ver qué miserable vida de porquería lleva el santito ¿Eh? Y bueno… ¡No será tan santo! ¡Algo habrá hecho! Pero no nos alehemos del asunto que nos ocupa, María Isadora. Yo la amo a usted con todas mis vísceras, mi amor. Por eso, acá mismo, baho la lus de la luna en esta noche máhica, al calor de esos neumáticos de carro que se están quemando allá, y con el aroma a cloaca, formaldehídos y otras mierdas venenosas que emana esta chingadera de vertedero a la que la trahe, quiero desirle… quiero comunicarle… quiero haserle partísipe… ¡DE QUE QUIERO PASAR TODA LA VIDA A SU LADO!

-¡No diga eso, mi amor! Estar asulado indica una preocupante falta de oxigenasión en la sangre. Si usted se pasa toda la vida asulado, eso indicaría una sianosis gravísima que podría incluso llevarle a falleser con gran riesgo para la vida de su propia persona de usted, mi amor…

-Es usted tan imbésil mi amor… ¡A veses cuando la miro tengo la sensasión de estar mirándome en un espeho! ¡Estúpida! ¡Mema! ¡Cretina!

-¡Idiota! ¡Tontolpijo! ¡Comunista! ¡Beséme hasta perder el aliento!

-¡No! ¡Hasta perder el aliento, no, mi amor! Vea: ¿Y si se pone usted sianótica con gran riesgo para la vida de su propia persona de usted? Bueno, no importa. ¡Encomendémonos a San Pancreasio y besémonos como si no hubiera sino un eterno hoy y un mañana tan lehano que bien podría desirse que hamás habrá de llegar…

-¡Qué lindas sus palabras, Fransisco Arnulfo, mi amor! ¡No entendí ni mierda!

-Ni yo tampoco, mi amor. Ni yo tampoco…

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FIN

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