Esta tarde eché un ratico (de unas tres horas) ayudando a mi señora con el Lego de mil millones de piezas que le trajeron los reyes entre muchos otros presentes. Y doy fe de que es muy relajante. Para mí no, porque me pone de los nervios, me genera ansiedad, y me empuja a darme a la bebida y al descontrol de la ira. Pero para otras personas doy fe de que debe de ser muy relajante. No lo entiendo ni aunque me lo expliquen con marionetas. Pero han sido tres horas muy productivas en las que hemos montao un mazacote informe que algún día, allá por 2038, se supone que terminará siendo «La noche estrellada» de Van Gogh. Está muy bien traído el título, porque efectivamente se hizo de noche y pasé ganas de estrellar ese engendro de piezas ideadas por el maligno contra un muro. Si cojo a Van Gogh por banda, se iba a tener que sujetar las patillas de las gafas con chinchetas por haber inspirado semejante aberración lúdica.

Ya me pasó en su día con los mandalas. Empecé con gran ilusión y fe, que me duró unos tres minutos para dar paso a la pulsión irrefrenable de prenderle fuego al cuadernillo y clavarle los lapiceros de colorinchis a alguien con gran saña. Así que como métodos infalibles para la paz de espíritu me quedo con la musiquita, los videos de perretes, las infusiones, los inciensos, los videos de japoneses que van en autocaravana poniéndose hasta el culo de comer, y otros elementos de corte jipioso.

De momento lo de alcanzar la iluminación rollo Buda Gautama, lo veo regulinchi, oigan. Que pasen ustedes buena noche, amiguis.

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