Es curioso lo de la autopercepción que solemos tener los de nuestra especie. Naturalmenta, y por matizar, hablo de la especie humana. Que me he hecho análisis. Bueno, ahora no. Me los hice antes de la pandemia. Ahora no se puede pedir vez pa hacerte análisis porque molestas y a nadie le importa con la que está cayendo cómo carajo tienes el nivel de aceite ni de qué especie en particular eres. Y con razón. Cómprate en Amazen un kit de saber de qué especie eres, y ya. A ver si crees que te lo tienen que financiar todo, so comuniste.


Claro, las cuestiones del autoanálisis y todo lo que le cuelga, son cosas que ya sabían Aristóteles, Platón, Marie Curie, Mary Carmen y sus moñecos, o la Bernarda y su afamado potorro, tantas veces referenciado en situaciones comunicativas en las que queremos poner de manifiesto el caos y/o la absoluta falta de orden y concierto.
Efectivamente amiguis, a la hora de autoanalizarnos y hacer introspección de esa, la humanidad en general tenemos cierta tendencia a hacerlo tirando a regulín o a malamente. Ya de mano, sólo hay que fijarse en los grandes maestros de la meditación: ¿Qué es lo primero que hacen para analizarse a sí mismos? ¡Coño, pos cerrar los ojos! Ya está todo hablao. Claro, es normal. Ya lo dijo Buda un día que se sentó a no hacer ná en una banqueta de su casa:
«Viá cerrar los ojos que así no veo tó la mierda que tengo incrustá en la cocina, primo. Hace seis meses que ya no encuentro la vitro, y el fregadero sé a qué altura queda porque asoma la punta del grifo por encima la roña, que eso parece el puto periscopio’l Nautilus…»


Años después, que ya le había caducao la promoción de Budafone y pagaba una primada por el fijo e interné que eso no era normal, abrió los ojos de nuevo y descubrió que ahí seguía tó la mierda mas un pequeño plus de dos centímetros adicionales de costra en concepto de intereses. El grifo ya ni asomaba. Fue entonces cuando escribió su célebre cita:
«Que nada turbe la mansedumbre que alimenta el manantial de tu paz interior. Cierra los ojos y encuéntrate a ti mismo, que por otra parte en esta cocina que parece el coño la Bernarda, poco más vas a poder encontrar. Si acaso un tifus. Yo me piro de aquí y el que venga detrás que arree. Y que pague las facturas de Budafone.»


Fue entonces cuando se mudó a meditar por las orillas del Ganges, a ver si pillaba WIFI, dejándole aquel marronazo al pringao que viniera detrás. Iluminao era un rato. Pero del tirón, vamos. Y modesto como él sólo hasta el punto de que en las tarjetas de visita mandó imprimir en Times New Roman 8 negrita: «Buda. Coach meditacional. Lavado y engrase de chakras. Iluminado, pensador y puto amo mundial de la modestia.».


Claro, así iba el tío por las orillas del Ganges con ese flow y ese arte, y las masas lo aclamaban y lo recibían en loor de multitudes, cosa que las multitudes desconocían por completo porque no sabían qué carajo era el loor. Pero lo recibían con gran júbilo y algarabía, cosa que también desconocían porque eran masas poco ilustradas. Tenían menos ilustraciones que un anuncio por palabras, los hijueputas. Y le decían cosas como:


«¡No sabes tú ni ná, Buda! ¡Gallo! ¡Rumboso!»
«Que no me entere yo de que esa paz interior pasa hambre ¡Machote! ¡Galán!»
«¡Ayyyyyy! ¡Si yo fuera fustero te daría un fustazo, pero como soy pollero, te doy las buenas tardes!»

Y Buda les miraba con gran misericordia y hacía gesto como de disparar con dos pistolas mientras les guiñaba un ojo. La peña no entendía nada porque de aquella no se conocía todavía el Colt 45 ni el licor 43, que también es un arma muy chunga, pero lo flipaba todo con aquel gesto molón. De hecho, fue entonces cuando se acuñó la expresión «Le queda como a un Buda dos pistolas», para referirse a que algo le quedaba muy requetebién a alguien. Pero a partir de Cristo, que eso fue como cinco siglos después, el significado de esta expresión pasó a ser el contrario porque el ser humano es, por encima de todo, caprichoso. Como la pizza. Que efectivamente ya tiene que ser caprichosa pa llevar alcachofa en tó lo alto, ahí, enterrada entre el queso, no habiendo necesidad ninguna.


Pero el caso es que gente como Buda, capaz de analizar el propio universo de forma tan certera, hay poca. Si acaso en algún ministerio, y para de contar. Porque la realidad es que lo único que podemos analizar de nosotros mismos con total precisión e imparcialidad son las cosas que tenemos flotando en el pipí, el popó, la sangre, los lapos, y algunas otras guarrerías corporales. Con esto está todo dicho. Es más: el análisis lo tiene que hacer otro ser humano especialista en saber mirar en los fluidos y miasmas corporales. Porque si no, ni eso.


-Anda usted de colesterol como un asesor de campaña electoral de morro, amiguete. El gluten disparao, y los trinplinpéridos hechos un ecce homo, que eso da pena de verlo. Y además tiene la gilipollina y la localcoñina por las nubes. Le quedan dos telediarios, o una encuesta del CIS, como mucho

-¡Bah! ¡Los telediarios están manipulaos! ¡El colesterol no está demostrao que exista! ¿Ande lo ha visto ustéd? ¿Eh? ¿Eh? ¡Eso es un contubernio de los de Mercadona, que dicen que lo suyo no tiene gluten, pero en realidad está tó petao de gluten ¡Que lo he visto yo en un video de youtube! ¡Una vez compré pan, y estaba lleno de microchís de gluten hasta el culo! Lo sé porque me se puso el suelo perdío de microchises y tuve que pasar el mocho.


Que nos analizamos muy malamente, vaya. Que hay gente que una vez que nevó hizo culoesquí con un saco de piensos Biona en un vertedero de Calahorra, y se cree que se ha ido a esquiar a los Alpes Cuquis.
O qué decir de esas presuntas autocríticas mistergüonderfuleras de mierda que ponemos en la redes sociales en plan cuqui:


«Tan yo, tan mí misme, con esas encantadoras locuras que a veces me hacen volar alto y minutos después me llevan a deslizarme por el fondo de mis abismos, tan yo, me, mi, conmigue. Y con mis luces y sombras me has de amar tal cual soy ¡Insensible de mierda!»


Pero vamos a ver: con lo fácil que es decir «Toy loque’l coñe y no me aguanto a mí misme ni jarte grife. Pa otra vez he de acordarme de tomar la medicación.»


Que sí, primis. Que de autoconocimiento andamos igual que de perras. Y no: ese ratito que habéis estao con los ojos cerraos, no cuenta como que estabais meditando. Si hay ronquidos y babilla, no es meditación. Es siesta. Luego querremos autoconocimiento por la parte de los congojos.


Nos ha jodido Buda con sus flores…

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