Yo no quiero decir nada, pero ayer devolví los libros de la biblioteca con unos cuantos días de retraso, que como todo el mundo sabe, es una cosa que da muchos sudores fríos, taquicardia, y malestar general. Y oye, no sólo no me condenaron a las mazmorras de la biblioteca, sino que además me sonrieron y me dijeron que «naaaaaaa… Eso no tiene importancia alguna (guiño, guiño)» Y el colmo ya, fue que si quería, podía sacar libros igual.

Como dice Paulo Coelho: «Tanto sufrimiento, pa’ ná».

¡Ay señor, dame tierra!

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