Venía yo con mi perrete Lucas paseando por las calles -aunque en sentido estricto íbamos paseando por una calle solamente porque de momento no sabemos cómo hacerlo por más de una de forma simultánea sin consumir alucinógenos o algo- y, de repente, el cánido en cuestión decide acoplar el orto en una valla de esas verdes como de gallinero moderno.

Hay que matizar unas cosillas:

-Desde mi ángulo no se apreciaba el acoplamiento de precisión. Todo apuntaba a un margen razonable entre orto y valla que permitiera recoger el alijo a este lado de la frontera Y NO AL OTRO.

-Lucas es mucho de defecar en dos o tres fascículos.

-Al otro lado de la valla se desarrolla un frondoso bardial que ahora, con el aporte orgánico adicional, lo será aún más.

Bueno, pues quiso la fortuna que el acople fuera tan preciso que el tercer fascículo, muy breve porque el pobre tiene sus límites y lo había dado casi todo en los dos anteriores, fue a dar al otro lado de la valla sin tocar siquiera levemente el alambre. Exactamente por el centro. Lo de mi perro es un orto laser que deja los espadones de Star Wars a la altura del trito. El resultado, una caca irrecuperable sin violar varias leyes, empezando por las leyes físicas. Mayormente porque uno no está para andar trepando vallas. Ni cosa alguna. Porque una cosa es esforzarse muchísimo en la vida para llevarse una mierda a cambio, y otra trepar vallas para, en el mejor de los casos, obtener idéntico resultado. Hay cosas que no, oigan ¡Qué va, hombre!

Bueno, pues así descubrí que lo de las fragonetas espaciales esas que llevan astronautas a la Estación Espacial Internacional y se acoplan con total precisión, es una mierda pinchada en un palo selfie en comparación con lo de Lucas y la valla. Si lo llegan a ver los del tribunal ese que le dio a la Nadia Comaneci 10 puntos redondos, a Lucas le dan 14. He visto políticos afinando menos a la hora de hacerse leyes a medida, amiguis.

Y por una simple asociación de ideas, imagino que relacionadas con lo de no poder recuperar ya ni la mierda, me pregunté si las cositas de estos últimos años, como por ejemplo los DJ’s de balcón, la Gestapo de balcón, la falta de harina, de papel tualé, de levadura, la gasofa con un precio el litro que empieza por dos, los cohetes chinos que caen donde les sale de los chinatauns, la sandía a precio de tinta de impresora, el Kilowatio/hora a punto de alcanzar la paridad con el gramo de farlopa, la proliferación del coche eléctrico enchufable en lo cohone a falta de otros enchufes, y otros grandes éxitos en los que paso de entrar para evitar disgustos, HA SIDO VERDAD O SOLO LO HEMOS SOÑAO.

Ya, ya sé que alguien se habrá alarmado terriblemente ante tanto fatalismo. Pero como me parece poco, introduciré la idea de lo que va a pasar con las fragonetas de llevar astronautas cuando los chinos terminen su estación espacial: otrosí digo y afirmo, que no va a haber parcelas bastantes pa que se le estrellen las cequinces, las Kangús y las Vanettes espaciales a Xinchinpín, primicos. Yo, si fuera astronauta chino, me iba a dar la risa pensar en el viaje de vuelta. Por no mencionar cada vez que vaya la fragoneta de Mercachina a llevar el pedido de la semana. Que pa ir, bien. Pero pa volver ya vemos que tienen poca mano.

Hala, que paice que se ha quedao buena tarde.

Quiero unirme a la lista de reservas Te avisaremos tan pronto como el libro esté a la venta (primeros de 2022). Por favor, escribe una dirección de correo electrónico válida.