¡Ay Plácido! ¡Qué pillín!

Se desayuna uno leyendo que el señor alcalde de un sitio que se llama Torrenueva, y que para más señas se llama Plácido, como escribir su propio discurso de investidura le debía parecer una cosa poco menos que imposible, pues con tó lo gordo, se hizo un copia-pega con el discurso de otro alcalde. Concretamente del de Conil de la Frontera. Que oye, al fin y al cabo, pues tampoco es una cosa tan loca. Era otro alcalde, y otro pueblo, pero total, la gente qué sabe…

El amigo Plácido, haciendo gala de su nombre y de una sagacidad sin precedentes, le cambió al discurso fusilado cuatro cosillas, como por ejemplo el nombre del pueblo, que lógicamente eso habría cantado La Traviata, y el resto, pues oye, como era muy genérico y aprovechable, pues ya está. Que si «vamos a trabajá con musha ilución por el bien del pueblo…» que si «..porque pa nozotroh, ehte pueblo eh lo máh grande ca pué habé…». Luego es verdad que introdujo alguna cita de El Quijote, que eso siempre le da empaque a un discurso. Pero como El Quijote es cortito, pues se vio obligado a plagiar también las citas del otro alcalde ¡Qué hioputa el Plácido!

Y lógicamente, si así es la almorrana, queda automáticamente explicada por sí sola la increíble realidad del indescriptible culo español, donde lo de menos es tener alguna capacidad o talento. Porque como hasta el patriarca de Constantinopla sabe, lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe. O su página gües para poder copia-pegar a pijo sacao.

¡Ay Plácido! ¡Qué plácido y descansao que nos has salío, cabronaso!

No hay más preguntas, señoría…

 

 

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Sí. Es lunes ¿Y Qué?

Sí. Es lunes ¿Y qué?

De tal suerte vino la tormenta, que buscando cobijo terminó donde más llovía. Consultando exóticos mapas, llegó donde jamás quiso ir. Buscando metas ajenas, alejó aquello que más quería. Y fue sin buscar como halló posada. Y apartando el mapa de la vista, allí estaban firmes los pies sobre el camino. Y en el camino, donde siempre, seguían todas las metas esperando ser traspasadas sin más ceremonia ni fanfarria que la simple heroicidad de atreverse a cruzar la línea.

I.A.P.

 

 

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¡Por fin hay elecciones!

Oye, menos mal que por fin hay Elecciones Generales. Yo es que es pasar más de un trimestre sin ellas, y ya es como si me faltara algo. ¡Ojo, que ahí hay más oportunidades de negocio y creación de empleo, aparte de las evidentes!

Ya lo estoy viendo (música de arpa):

-Oficial ajustador de rajilla de urna electoral ¡Retomemos los oficios tradicionales, adaptados a los nuevos tiempos!

-Redactor creativo de programas electorales ¡Sorprenda a propios y extraños con graciosas promesas nunca vistas y que nunca se verán! (a este me apunto)

-Nada de tener a la población reclusa ociosa: cursos intensivos de croché en todas las cárceles para la elaboración de tapetes para urna. ¡Rompamos la espartana apariencia de las urnas! ¡La democracia también puede ser cuqui y hogareña! ¡Vivan las tradiciones del verdadero hogar español!

-Miembro titular de mesa electoral: ¡Crearemos cuarteles donde se adiestrarán presidentes, vocales y toda la pesca! ¡Basta de peña desganada al frente de las mesas! Y en período no electoral, que sólo son unos pocos meses de nada, ¡A podar setos en forma de polla por las rotondas!

-Poetas y vates censales: A la puerta de cada colegio electoral recitarán a la ciudadanía, en tercetos bien medidos, la mesa que les corresponde:

¡Qué fugaz momento el de Antonio Angulo!
Mesa doce, sección quinta, letra «E».
¡Todo tieso, al fondo a tomar por culo!

Yo lo veo. Se buscan inversores.

 

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Las amistades peli(n)grosas

Oye, de verdad. Los piratones, hackers, malandros, y seres que se acercan por puro interés en general en las redes sociales mandando solicitudes de amistad a cuatro manos como si fueran gratis, ya no se lo curran nada. Y luego pretendemos que haya acuerdos para gobernar, y cosas de ese tipo totalmente irrealizables, cuando en lo más sencillo la cosa hace aguas por todas partes.

Que mira que es una cosa de todos los días, pero de verdad que me sigue apasionando. Hoy no iba a ser menos:

.-Mozuela explosiva enseñando cacha, que ya directamente te dice que vayas a ver sus vídeos calientes. Que así de mano dices: «¡Coño! ¡Vídeos de empanadas, y croquetas! ¡Voy p’allá!». Y luego resulta que son cosas de machihembre y fornicio en general, y te frustras muchísimo. Estas van de frente, y sin tonterías. Y además, claramente, quien está detrás tiene que ser un gañán diplomao dirigiéndose a gañanes sin diploma. Fallo: Muchas veces ponen fotos de la moza en cuestión, pero cada foto es de una moza distinta. Esto ya, junto con la bienvenida de «Cómeme tó lo vivo, aguerrido desconocido del feisbuk» debería hacer sospechar. Pero oye, no. Porque tienen un montón de amigos confiadísimos.

-Luego ya está el modelo «¡Que le des me gusta a mi página, copón!» Estos son muy malvados, porque crees que va a ser una amistad sólida y duradera, como todas las del Facebook, pero una vez le das me gusta a su página pasan de ti como de la mierda. De hecho pasan de ti como de la mierda antes de que le des me gusta a su página. Son los amantes fugaces del Facebook. Los maestros del «Si te he visto no me acuerdo» o del «Ya si eso nos llamamos». Fallo: deberías haberte dado cuenta al aceptar a un señor que se llama «Fritangas Abelardo» o «Ferretería Corrochano», que además te pones a mirar y no tiene ná interesante publicao en su muro. Claro, es ná más que pa pillar cacho…

-Lo de los prestamistas ya me tiene hasta los forroñocos. Llamar, se suelen llamar con un nombre francés, y de foto de perfil tienen a una señora con gafas de ver de cerca y aspecto severo y formal, como de llevar dos semanas sin cagar, sentada en una mesa de despacho. Luego hay alguna foto suelta de esa, u otra señora que no se le parece más que en el estreñimiento pertinaz, estrechando la mano a unos señores también estreñidos, con pinta de ser importantes o algo. Como para darle peso a la historia. Pero cuatro posts más abajo sale un señor negro sentao en un bidón de plástico con una gallina al lado. A ver, que hay que darle un poco de coherencia a la historia ¡Coño! ¿Dónde está el carácter del personaje? ¿Qué estructura es esa? Eso para peli de Almodóvar de los ochenta, pues sirve. Pero para pedir amistad por el facebook, no. ¡Muy mal, prestamistas! ¡Vagos! ¡Ponéos a trabajar!

-Y cierra el ranking una persona en pose pretendidamente sensual y juvenil, que eso no hay por donde cogerlo, pero como de andar por casa en zapatillas descalcañadas, que busca «amistad y lo que surja», y que a todas luces es totalmente real. Y para una solicitud que parece sincera y auténtica, no la acepto. Reconozco que me he acojonado muchísimo por lo de «…y lo que surja». No vaya a ser que surja…

Y esto para empezar el día. No. En serio: hay que currárselo un poco más ¡Hombre, pordió!

 

 

 

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Botones que NO funcionan

El botón de Facebook ese que pone: «Ver menos publicaciones como esta», NO funciona. Ya tengo tan desgastada esa zona de la pantalla, que en el hueco meto las monedillas sueltas. Cosa muy cómoda y práctica, por otra parte.

El mundo está lleno de botones que no valen pa ná. Esto lo corroboran numerosos estudios inventaos de prestigiosas universidades.

Ahí están, verbigracia, el botón de cerrar las puertas del ascensor, que promete algo que no cumple porque al vecino coñazo siempre le da tiempo de sobra a entrar antes de que se cierren. O el botón ese de algunos semáforos, que si lo aprietas se supone que puedes cruzar: que puedes cruzar por la parte de los santísimos escrotos, porque después de un cuarto de hora esperando que pase algo, eso sigue igual y acabas cruzando a lo Kamikaze.

Oye, en serio, que alguien le diga al dueño de Facebook que mire ese tema. Que no cuidan nada las instalaciones y luego hay goteras por todas partes.

Que si sale una foto de una tetilla, buena prisa que se dan con el tema censura, pero luego con el rollo «sé que el 99 por ciento de mis amigos no compartirán ni le darán like a esta mierda» o «sé que no me darás un like porque tengo distensión de sobaco, amén Jesús» es que ni se inmutan. ¡Coño, si es que esto último es una clara incitación al odio, y no una teta inocente!

Oye, que no hay manera…

 

 

 

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Invasión en el sentro de salud

Para una vez que vengo al centro de salud, y está tomado al asalto por una numerosa banda de peligrosos ciudadanos del IMSERSO. Unos 250 más o menos. Deben ser amigos entre sí porque comparten en voz alta detalles de su vida íntima con total confianza.

Es acojonante. Cada vez que le suena el selular a alguno, tengo un amago de infarto. Eso son 290 decibelios reventándote el tímpano. Porque hay que ver lo que suenan los selulares de persona mayor ¿Eh? Que digo yo que en las mezquitas podían aplicar el sistema para llamar a la oración. Pones un Nokia con el volumen al alto la lleva con un politono de llamar a la oración, y dejas avisaos de una tacada a los fieles en ocho concejos a la redonda ¡Coño, otra vez! ¡Señora, modere el volumen de su politono, pordió!

Pero hay algo a este respecto que me apasiona más. Y es el tiempo que transcurre desde que suena el celular hasta que se dan por enterados de que está sonando. Yo creo que ahí te están vacilando.
Suena el celular. Eso da más decibelios que la sirena de un penal. Pero en lugar de cogerlo antes de que la vibración les desprenda los órganos internos, pasan de todo. En plan: «Sé que está sonando el celular, pero no me sale de los perendengues descolgar. Aguantaré hasta que el páncreas casi se me desprenda».

Es de flipar. Tú tratando de recuperarte del infarto del puto politono desbocao, y ellos como si les importara una mielda.

Una vez transcurrido el tiempo reglamentario, toca sacar el celular DEL BOLSO. Es una maniobra muy compleja sólo equiparable a atracar un transatlántico en una piscina hinchable y que sobre sitio. Eso es una cosa que no es normal.

Sacar un celular del bolso lleva aproximadamente el mismo tiempo que sacar el monedero para pagar en la caja del supermercado. O sea: mucho. Una vez se me caducaron los yogures esperando que la de delante sacara el monedero para constatar que al final no tenía suelto y pagar con el billete que había sacado tres lunas atrás.

El siguiente paso es ponerse las gafas de mirar quién llama. Pero es una tarea inútil, porque luego no se fían. Que en la pantalla pone «Encarni móvil» claramente, pero da lo mismo. Descuelgan estirando mucho el dedo no vaya a ser que qué sé yo, y acto seguido hay que decir:

¡¡¡¿¿¿A VER????!!!! ¡¡¡¿¿¿QUIÉN ES????!!!!

A grito pelao, claro. Entras en fibrilación ventricular. Del susto.

Y luego ya es la apoteosis, porque por lo visto tampoco tienen fe en que el celular funcione bien. Como si no les fueran a oír o algo. Y resulta que Encarni lo está oyendo todo perfectamente desde su casa. De hecho no necesita el celular para nada porque te oye a pelo de las mismas voces.

Yo a esto le veo cierto paralelismo con lo de llevar la música en el coche a todo lo que da el chunda chunda, con las ventanillas bajadas. Aquí hay tema.

Y os dejo, que al fin me llama el médico. Ya se me ha olvidao a qué venía, pero voy a aprovechar para que me trate la deshidratación. Han sido largos días de espera…

 

 

 

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