Protocolo en ómnibus y otros vehículos de uso colectivo

Protocolo en ómnibus y otros vehículos de uso colectivo

En mi nuevo libro «Aprende a tener fe en las llamadas telefónicas», explico las razones por las que es totalmente innecesario hablar pegando estridentes berridos para que la persona al otro lado de la línea reciba el mensaje. En otro orden de cosas, le deseo a la señora no creyente en el poder del teléfono que se acaba de bajar del autobús, que le traigan los Reyes Magos un botón de mute como el del mando de la tele. O una mordaza. Dispositivos de eyección instantánea de voceras en los autobuses ¡YA!

Un día…

Un día…

Un día eres joven, y al siguiente te levantas con resaca psicológica por culpa de los chupitos que NO tomaste. Bueno, home, bueno ¿y de otra manera cómo os alcontráis? Os veo como con mustiedad, ahí sin despellejar a la Pedroche ni a la vaquilla de Ramón García ni nada. ¿Al final Chicote cerró algún garito o algo? No sé, aunque sea un doner kebab que huela a bayeta rancia.

Yo personalmente, echo en falta que no le hayan bajao el IVA a las campanadas y que en Canarias las sigan poniendo tan tarde. El año que viene me las tomo con la música del Tetris o con un vídeo del señor de Bricomanía clavando la pata una mesita. Cosa, a fe mía, mucho más decorosa y llevadera.

Hala, feliz jalogüin.

Otro año

Otro año

Pues se acaba 2023, que se fue en medio suspiro. Más concretamente, y como soy asturiano, lo expresaré en varias escalas de medición: se ha pasao en medio Suspiro del Nalón, en 0,37 Carajitos del Profesor, o en 0,7 Gonmimadres por segundo. Para los que sois de letras, son magnitudes estándar del Sistema Métrico Asturiano Universal junto con muchas otras como el fostión por metro cuadrao, los cagamentos por hora o las farturas por kilopondio cúbico.

Aparte de una baja médica más larga y cansante que el campofúbol de Oliver y Benji, que me deja unas manos más débiles y torpes que antes, 2023 me ha traído la edición de mi primera novela tocha y seria, y además justo en la fecha del aniversario de mi padre. Esa fue una de las mayores suertes, porque aunque tenía la voluntad de hacerlo coincidir, no estaba totalmente en mis manos que así fuera. Pero en las primeras horas de la madrugada de aquel día, recibí un mail indicando que la novela ya estaba disponible. Y ese deseo se cumplió. Y con ello, una promesa que les hice años atrás a mis mayores que ya no estaban. A los míos y a los de todos en realidad. Los que habéis leído La herencia de los cautivos hasta el final, sabéis que así es y que vuestra gente también vive en esas páginas. Y las promesas están para cumplirlas.

En eso, 2023 me deja la conciencia tranquila y el regalo de que el primer ejemplar de La herencia de los cautivos repose junto a los demás libros en una estantería de la casa de mis ancestros. Eso vale oro molido, y la infinidad de horas y horas de documentación, trabajo e inmersión en capítulos muy dolorosos que supuso ese proyecto. Esto último, para mí se queda. Lo que yo veo no es un tocho de 660 páginas. Es un exorcismo, y una limpieza del caminito recorrido y del que quede por recorrer. Y, como queda dicho, una promesa sagrada que pude dar por cumplida.

Sé que los míos -los nuestros- nos sonríen desde donde estén.

Este año también me trajo el inicio de otra novela, con título definitivo y la portada ya en mente tras haber escrito unas cuantas páginas, pero que tengo parada de forma indefinida porque uno sabe cuándo toca escribir algo y cuándo toca dejarlo reposar para mejor ocasión. Sé muy pocas cosas pero, esa al menos, sí.

También escribí mucho humor en redes, y alguna que otra historia triste. Escribir historias tristes es mucho más fácil. Hacer llorar es más simple que hacer reír. Seguramente porque así es la naturaleza humana, y llevamos dentro muchas miserias sin sanar y muchas emociones contenidas. Por eso es tan sumamente fácil despertarlas.

Este fue el año en el que hice mío lo que una amiga, ante el bajón que arrastraba en cierto momento, y a la pregunta de «¿Cómo es posible que pueda hacer reír a otra gente, pero no a mí mismo?», me dijo: «Querido, uno no puede dar lo que no tiene». Y me di cuenta de que las alegrías, igual que las penas, se llevan siempre encima. Y están ahí para usarlas en cosas que lo merezcan. Y me permití aceptar que si puedo regalar risas es porque también las llevo dentro. Efectivamente, no se puede dar lo que no se tiene. Por eso procuro entregar todo lo que puedo. Según parece, tengo el don de hacer reír o llorar poniendo las palabras en un determinado (des)orden. En lo personal no es que me sirva de mucho de forma directa, pero sí que lo hace de vuelta a través de mucha gente que -y alucino con esto- me escribe para darme las gracias por haber aliviado sus penas con unas risas o con unas lágrimas. Y todas y cada una de las veces me pilla por sorpresa. Y todas y cada una de ellas me recuerda por qué hago esto y me impulsa a seguir haciéndolo.

Este año conserva a mi gente con salud y trabajo. Y a mi perrete Lucas, viejito y camino ya de los dieciséis años, con la misma mirada de cachorro que cuando llegó a casa con tres meses. Este año me trajo la noticia de que mi hijo mayor se casa en 2024 con la hija adoptiva riojana con la que comparte su vida hace años. Es verdad que también se llevó a personas cercanas a gente muy querida para mí. Demasiado joven en algún caso, y pura ley de vida en otros. Duele, pero forma parte de lo que todos sabemos que ha de ocurrir. El más reciente, Darío. Te pudiste reunir de nuevo con la mujer de tu vida tras haber vivido más de noventa años siendo una buena persona. No está nada mal.

En 2023 he puesto en orden muchas cosas, y he podido darme cuenta de lo amable que ha sido la vida conmigo en casi todo lo realmente importante. Salvedad hecha de algunos episodios que me golpearon muy duro hasta llegar a tumbarme, pero con los que hace años ya que aprendí a convivir.

Y con 2023 también cierro de la mejor forma posible, y con mil emociones y experiencias increíbles, la andadura de mi primer libro, Vida y Milagros de Sindo Morán, cuyos ejemplares restantes se han ido para contribuir a que 29 asociaciones que defienden y promueven causas justas puedan seguir haciéndolo. Recordad que podéis adquirir ejemplares en todos estos sitios, y que el importe íntegro es para sus actividades:

https://www.ismaalvarezpaz.es/puntos-de-venta-vida-y…/

En lo personal, a 2024 le pido que me ilumine un poco en el tema laboral y me traiga un trabajo que me llene, me permita ganarme la vida, y seguir haciendo las cosas que de verdad me gustan. Y si eso se resuelve, también la vuelta a un medio que adoro: LA RADIO. Pero esto último depende de lo primero por aquello de no echar el carro por delante de los bueyes.

A todos los que estáis, os deseo lo mejor de lo mejor, y que nos sigamos acompañando en el camino. Si tienes que pintar, pinta. Si tienes que cantar, canta. Si tienes historias que contar, hazlo. Entrega los dones que tengas y verás que, antes o después, la magia ocurre de la forma más inesperada.

Soy un tipo con suerte.

Uno por uno, os mando abrazos a mansalva. Gracias siempre.

PD: gracias a mi primo Horacio Rodriguez por la foto.

Estomagantes y otros centros del universo

Estomagantes y otros centros del universo

A ver una cosilla: cuando sale por la tele Matiasprás dando el parte, NO te está hablando a ti directamente. Cuando sale Clinisbuz en una pinícula diciendo: «hay dos clases de personas: las que saben usar las redes sociales, y las que acarician carburadores de Renol 4 como si fueran gatitos. ¡Suelta ya ese carburador! ¡Cretine!», no te está mandando soltar el carburador a ti. Va más gente al cine, y además Clinisbuz no se va a fijar en ti, que el único talento que tienes es tocar la Marsellesa desafiná con el sobaco.

Pues por esa regla de tres, cuando alguien en redes escribe cosas en segunda persona del singular o del plural, TAMPOCO se está dirigiendo personalmente a ti / vuzotroh / uhtedeh. No eres el centro del universo, ni la rotonda del Carrefour. Lo único que gira en torno a ti, son las moscas de la fruta. En verano, y con ciertas dudas. Haerfavó.

Por favor, que implanten el carnet de usar redes sociales, pero ya. Con su examen teórico y práctico. Urge.

Tupper mortal (cuento postnavideño sin gluten).

Tupper mortal (cuento postnavideño sin gluten).

-¡BRIGADA ANTIFARTURAS! ¡SUELTE ESE TUPPER INMEDIATAMENTE Y PONGA LAS MANOS EN ALTO!

-¡Jamás! ¡Es un tupper de solomillo garrapiñao! ¡No me lo quitaréis, cabrones!

-Soy el teniente Macrobiótiquez. Especialista en mediación alimentaria. Señor Jarandilla, debe deponer su actitud de inmediato. Sus análisis muestran unos alarmantes niveles de colesterol del malo y del regular. ¡Piense en sus hijos!

-¡Si, hombre! ¡Con lo pirañas que son! ¡EL TUPPER ES PA MÍ NA MÁS!

-¡POR EL AMOR DE DIOS, JARANDILLA! ¡RECAPACITE!

-MFGRTGPRMÑ

-¡Dios mío! ¡Ahora tiene una casadiella en la boca! ¡QUE VENGAN LOS GEOS, LA RENFE Y FALETE! ¡HAY QUE ACABAR CON ESTE SINDIÓS!

-¡Como se acerque Falete, me bebo estos dos litros de mayonesa frita! ¡QUE ESTOY MU LOCO!

-Es un caso perdido. No nos deja más alternativa que mandarle a Bolaños pa que le cuente milongas.

-¡Pero eso es una crueldad, teniente Macrobiótiquez!

-Lo sé, agente Cetogéniquez. Pero a veces hay que tomar decisiones dolorosas.

-Teniente, los aros de cebolla y el McFlurrys de torreznos, ¿los quiere con Ketchup?

-Enga.