Cocina avanzada y otras delicatessen

+Caballero, aquí tiene su Petit Cuillerée de semillas de Oryza sativa en emulsión láctea texturizada con reminiscencias cítricas, corteza de Cinnamomum zeylanicum en polvo y toque de destilado de Pimpinella anisum. Esperamos que lo disfrute. Son 60 euros

– ¿¿¿DOS MIL DUROS POR UNA CUCHARADUCA DE ARROZ CON LECHE???

+ Sí, pero con limón rallao, canela, y pingaratas de anís.

-¡Ah!, ¡Pues así, sí!

+¿Efectivo o tarjeta?

La Feria de Muestras

La feria de muestras es una cosa que está muy bien. Hacía por lo menos 4 años que no iba, pero hoy fui y recordé la razón por la que hacía al menos 4 años que no iba.

La primera condición para ir a la feria es aparcar hacia la altura de Casa Dios. Se conocen casos de gente que cuando llegó a la puerta desde el coche le convalidaron la compostelana.

La segunda condición es que un asturiano que se precie no paga por ir a la feria, por lo que hay que tener invitación. Por la taquilla sólo pasan los de Madrid y/o la gente que dice «sidriña», que pagan 4 leuros por cabeza. Si tienes dos cabezas hay una oferta especial de entrada por tan solo 8 leuros. Hay varios tipos de invitación. La que más mola es la «Invitación de Honor», que vale para ir cualquier día, ahí como queriendo decir: «Yo molo porque voy a la feria cuando me sale de la marañuela como un paisano de verdá». Y si te sale del forro ir un miércoles por la tarde pues vas. El resto de invitaciones no son de honor ni nada. Son invitaciones piojosas sin honor ninguno y entre ellas destacan las de Cajastur y las del Banco Herrero que ahora se llaman invitaciones de Liberbank y Banc Sabadell respectivamente y sólo valen para ir un día concreto. Es lo que tiene ser una simple invitación del pijo, sin honor ni honra. Lo que se dice unas invitaciones de mierda, pero si no hay otra cosa pues es lo que hay.

La feria de muestras está muy bien si necesitas comprar un tractor, una hormigonera, un horno de fundición, una grúa, una Thermomix, un misil intercontinental y cosas así grandes y caras, pero en caso de que no necesites una hormigonera ni nada de eso puedes comprarte muchas cosas pequeñas y molonas y muy novedosas. Y muy caras.

Por ejemplo, hay un señor que vende sartenes desde el año 1783 y que por alguna extraña razón tiene allí un montón de frixuelos fosilizaos, como de cartón piedra, y que va haciendo una montaña con manzanas y caramelo, que con los años que lleva, debería haber hecho cima en ella Jesús Calleja, pero sin embargo aquello no crece ni pa Dios. He visto bahías, dolinas y estalagmitas crecer más rápido, pero es que hay gente con una productividad muy mierdosa.

Luego ya, hay otro señor que vende un imán muy novedoso (producto del año en 1944, V año de la Victoria) que limpia los cristales por los dos lados a la vez. Este año el imán tiene una innovación muy molona y es que el mango es azul.

Luego también hay otros 287 puestos (que en la feria llámanse «stands» pero son puestinos), que venden la «piedra blanca» que es como el jabón de la marca «Flota» de toda la puta vida de a 15 pesetas la pastilla de kilo, pero este lo venden a 10 leuros en una caja de plástico amarilla, como queriendo resaltar que es la piedra blanca. Eso limpia, fija y da esplendor que ye la de mi madre. Le das con eso a la expresión «Haber si nos bemos un dia de hestos» y la RAE la da por buena. Se trata de un producto ligeramente abrasivo, por lo que si te lavas las manos con él más de tres veces te regalan dos manoplas para cubrirte los muñones.

En el apartado culinario están los bocatas de calamares, que son una cosa tradicional si vas a la feria. Técnicamente no se puede decir que sea de «calamares» porque es una palabra plural. Poniéndose exquisitos lo correcto es decir «bocata de algunos fragmentos de calamar». Lo que vienen siendo tres anillas de calamar entre dos panes de a ochocientas pesetas de las de antes.

Luego están los puestinos de objetos para cortar cosas como pepino, patatas, puerro o brócoli, que digo yo que qué necesidad habrá de cortar brócoli o incluso qué necesidad habrá de brócoli. El caso es que tú coges un pepino y lo cortas sin esfuerzo con forma de ondulada Matutano, lo cual no es que le aporte gran cosa al pepino pero oye, vacilas con los amigos más que Pitingo versionando a Bob Dylan.

También hay unos puestos donde engochiponcian un suelo de mentira con todo tipo de guarrerías pero luego le pasan una fregona de la mi madre que vale mil duros y al final aquello queda fregao. Impresionante.

Pero la novedad más novedosas que te cagas es «El croquetero», que vienen siendo unas pinzas con pinta de estar hechas de plástico de orinal reciclao con dos cazoletas dentadas en los extremos, que bien podrían ser un juguete «sesuarl» de rollo sadomaso a lo 50 sombras de Grey pero sin un pijo de glamour, pero no. Tú coges las pinzas, tienes un plato con arroz blanco, metes ahí las pinzas y te sale un gurruño de arroz con forma de croqueta y le pones encima un cacho pequeño de salmón ahumado y queda un canapé muy fino y elegante por la parte del arco de triunfo con el que podrás dar cócteles en tu casa que dejarán las recepciones de la Preysler a la altura del cagar. Curiosamente con El Croquetero también se pueden hacer croquetas propiamente dichas si te apeteciera o apeteciese.

Jo, acabo de venir y ya estoy deseando que llegue 2020 para volver de nuevo. A ver si ahorro algo curioso y por fin me compro la hormigonera de mis sueños…

 

 

De celdas, monasterios, relicarios, viajes en el tiempo y otras fiestas de guardar

De celdas, monasterios, relicarios, viajes en el tiempo y otras fiestas de guardar

Siendo cosa cierta según mi memoria alberga, que al pie de tres años hará que nuestro Rey Don Felipe el cuarto entregó el alma al Altísimo, y teniendo yo barrunto cierto de que poco ha de quedar a este pecador para cabalgar igual viaje -que no hay en esto distingos entre reyes, clérigos y gentiles-, véome obligado por la venerable ancianidad, y por dejar testimonio fiel a las generaciones que detrás hubieren de venir, de cuantas cosas y vivencias y sucesos estos ojos vieron.
Yo, que por gracia llevo y así me cosnocen como Juan de Troncedo, doy en escribir estas líneas de mi puño y letra, que en no teniendo ya el pulso como de mozo, bien pudieren salir de renglón torcido mas sin mengua alguna de la recta verdad. Y por más señas si así no fuere, el Señor me lo demande con gran severidad y punición en abundancia.
De familia humilde y medio hidalga por parte de madre, en siendo primogénito y varón y teniendo mis progenitores muy magra herencia que dejarme, fue por mediación del nuestro cura párroco Don Prudencio, santo varón que siendo de parroquia pequeña y muy rural era hombre de muchas letras y muchas luces, que aprendí las cosas del leer y del escribir. Y gracias a la mucha recomendación suya en epístolas que mandó al Abad del Monasterio de Santa María la Real, que distaba muchas jornadas de mi casa, tomé los hábitos a la edad de veinte, siendo aún de piernas y brazos fuertes y dientes enteros, que la mocedad de tales dones anda sobrada. Mas tenía yo entonces poco seso, y no fueron sino los años de mucho estudio y disciplinas y privaciones todas en el cenobio quienes vinieron a poner remedio a lo segundo y a hacer gran quita de lo primero. Que buen cristiano no ha de querer para sí juntar los dones todos del cuerpo y la sapiencia por ser cosa de mucho pecado.
Y con el correr de los años muchas lecturas hube, merced a los libros y pergaminos y documentos otros que con abundancia había en el Monasterio de Santa María La Real en el que servía yo al Altísimo, donde vide y me empapé de lo que en otros siglos copiaron laboriosamente los monjes que me precedieron. Y dellos escritos muchos eran prohibidos por contener herejías y saberes de moros y judíos y alquimistas y gentes que contaban magias y brujerías de mucho espanto. Mas habiendo querido Dios nuestro Señor que ninguno de los abades que en el cenobio dicho mandaron fuese de juicio severo en demasía con las cosas escritas, y por lo apartado que estaba de caminos y posadas y las muchas cuitas que suponía allegarse hasta él, estaban aquellos muchos anaqueles y estantes y cofres rebosantes de conocimientos y saberes lejos de manos inquisidoras de aquellas de hoguera fácil. Y tuve por ventura navegar por aquellos mares de tinta pecadora y fijar en el seso cuantas enseñanzas en ellos había, cuidando de no olvidar los principios de la fe verdadera por procurar que no se perdiere el alma mía por tanto alimentar las cosas de la cabeza y la razón de las que tanto goza Satanás.
Y así, púseme en mucho conocimiento de artes muy antiguas que hablaban de cosas muy contra natura, que manejar permitían las cosas del tiempo, y contaban de hechos y sucesos muy espantables de gentes que a su antojo iban y venían a voluntad a tiempos muy remotos de antaño, y con igual maña a tiempos futuros. Y volvían como si nada hubiera acontecido a los tiempos presentes que por nascimiento les tocaban. Y cuidaba yo mucho de que los otros monjes y el abad no hubieran noticia alguna destas lecturas y enseñanzas que, por ser tal su naturaleza, ni en confesión me hubiere atrevido a revelar, y confesábame a solas ante Dios nuestro Señor por ver si su infinita bondad perdonaba aquellos pecados que parecíanme a mí de más castigar que los de la carne.
Y así, en teniendo miedo y vergüenza en demasía y más de lo primero que de lo segundo, pero más grande curiosidad que de ambas dos cosas, resolví de poner en hechos aquellas historias y de probar en mi carne mortal y pecadora si aquellos viajes por los tiempos eran de factura posible.
Y por procurar más disimulo a la aventura, mandé recado al abad de que me dispensara de las horas de trabajo y de recibir alimentos ni cosa alguna con los otros monjes, y de no ser turbada mi soledad en dos jornadas en las que, el Señor me perdone, dije yo que iba a hacer ayuno y penitencia y mucha mortificación de la carne y mucha oración y vigilia. Y quiso la Providencia que me fuera concedido quedar a solas en mi celda sin tener que dar cuentas a nadie ni ser perturbado mi retiro en las dos jornadas siguientes.
La cosa primera que hice no fue sino elegir a qué año me había de trasladar en tan grande peripecia. Y pasando sin mirar las hojas de las Sagradas Escrituras, al azar puse el dedo sobre Éxodo capítulo 20, y teniendo ya las dos cifras primeras, me dije de elegir otras dos por ser bastantes cuatro, no fuera a llegar después del Juicio Final por mucho inflar las cifras, pues pareciome que era cosa de poco seso y escasas luces llegar después del fin de los tiempos.
Y quiso la fortuna o el infortunio, que como se verá en el relato no sé bien de las dos cual fue, que eligiera los versículos primero y sexto, y así fue como juntando las cifras cuatro, quedó dispuesto que había de viajar al Año del Señor de dos mil y dieciséis. Y pareciome número de mucho vértigo y que mucho habría cambiado el reino para entonces. Pero siendo esa mi suerte, quedé resignado a ver y vivir en mis carnes mortales lo que en aquellos tiempos futuros aconteciere.
Ahorro al lector, por lo prolijo de las muchas invocaciones y fórmulas y sortilegios que se han de emplear, los detalles y rituales que es menester usar para estos viajes y diré que finalizados los dichos encantamientos, al punto mudó todo cuanto veía, y ya no estaban donde solían las paredes de mi celda, ni los pocos enseres que en ella había. Y halleme de súbito en lugar que nunca antes viera, y era de mucho espanto y mucho susto y muy notable de ver cuantas cosas allí había.
Y vide muchos carruajes de colores vivos que de rojos y amarillos y otros colores ofensivos a la vista dañaban, mas ninguno de ellos llevaba caballo ni mula ni acémila que de ellos tirara, y movíanse igualmente. Y aquellas aberraciones salidas del mismo infierno mucho ruido y alboroto formaban en torno de sí. Y vide construcciones y edificios y comercios finos como jamás cristiano imaginara. Y en los muros dellos muchos habían grandes letras, que descían cosas como “ZARA” y pensaba yo que allí había de faltar a la fuerza “GOZA”, y que por lo que fuera sin gozo quedara, y ropajes muy extraños y de muchas medidas habían en los estantes, y otros que rezaban “Burger King” y “KFC” que mucha olor a fritura y aceites y grasas daban, que a mi entender cosa buena no pudiera salir dellos. Y encomendeme al Altísimo al ver otro que “El Corte Inglés” decía, que así tuviere las más finas mercaderías no pisara yo ni habiendo hartura de vinos por no ofender al Rey nuestro señor en siendo los ingleses gentes de mucha piratería y poco fiar, que tantas afrentas hicieran al Reino y mucho oro de las Américas y cosas de valor hurtaron a placer de navíos de las Españas. Y siendo los cortes cosa por lo común de poco desear, menos habían de serlo si de la Inglaterra venían.
Y había de posadas y tabernas en una calle sola como en la cristiandad toda, que es cosa notable que las gentes deste tiempo han de ser de mucho catar vinos y licores y otras bebidas de nublar el entendimiento. Y eran los suelos de las calles duros y sin barros. Y no olía a orines y excrementos en demasía, que se conoce que habían bien de letrinas y pozos negros y cuidaban aquellas gentes de no vaciar los orinales por las ventanas, que era cosa que me pareció de mucho agradecer. Y di en observar que las gentes todas, mayores y menudas y casi hasta los infantes de pecho, iban mirando con mucha fijación unas cajas pequeñas y alargadas y de poco fondo que en las manos llevaban, que pensé que habían de ser relicarios de mucha devoción viendo que dellas no levantaban la mirada en momento alguno.
Y hordas había por doquier de zagales y zagalas con los dichos relicarios. Y ajuntábase la antedicha mocedad en grupos, que es de pensar que así fuera por haber amistades entre ellos. Mas no dirigían palabra alguna los unos a los otros, ni quitaban la vista de los dichos relicarios, cosa que a mi entender había de ser porque las amistades entre ellos fueran escasas y buscaran consuelo en los relicarios que en las manos portaban. Y acerqueme a uno dellos y de las manos le arrebaté el relicario, y vide con mucho espanto que por un vidrio que en la tapa llevaba, veíanse de figuras y de imágenes muy espantables, obras todas del maligno. Y con mucho aspaviento solté de las manos aquel ingenio infernal, que fue a dar en el suelo con mucho estruendo y en mil pedazos rompió, y dejaron de se ver las figuras y las imágenes, que se conoce que del golpe huyeron. Y el zagal fuera de sí al ver el relicario suyo tan quebrantado por los suelos, arrancose a blasfemar y a lanzar muy grandes improperios contra mi persona.
Y aparecieron en un carruaje que lanzaba rayos azules por la techumbre dos uniformados que se conoce que habían de ser alguaciles, pues llevaban al cinto un palo y unos arcabuces pequeños que por prudencia no quise yo catar, que ya tenía visto que aquellos eran tiempos de ingenios y máquinas y de invenciones muy espantables de ver.
Viendo los alguaciles que andaba yo con los mis ropajes que desentonaban más que un Cristo en puerta de lupanar, debieron convenir que no estaba en mis cabales, y conmináronme a marchar del lugar so pena de llevarme preso, cosa que pensé yo que sería poco conveniente a un clérigo de mi edad y condición, poco propicia para llevar palos y guantadas y puntapiés, y que mejor me guardaba de acabar en las mazmorras de los dichos alguaciles, que sería cosa de mucho quebranto y vergüenza.
Y así decidí marchar de aquellos tiempos que, aun estando en ellos, míos no eran. Caía ya la noche, y resolví en viendo una casa que tenía en los muros la leyenda “Club El Paraíso” que en letras muy luminosas y de un hermoso azul encendíanse y apagábanse una y otra vez haciendo como un zumbido a la par, que aun no sabiendo qué cosa era un Club, no podía ser mal asunto en llamándose “El Paraíso”.
Y de lo que en el Paraíso aconteció excuso al sufrido lector por no ser prolijo en palabras ni hablar en demasía y por ser cosa de mucho pecado y poco decoro para buen cristiano. Y usando otra vez de los sortilegios y fórmulas y liturgias, volví al tiempo que me tocaba sobrándome un día. Y en los días que siguieron me encontraron los otros monjes y el abad muy rejuvenecido y con gran regocijo y júbilo, y con otros brillos en los ojos, y con muchos bríos para el trabajo. Y pensaron que era cosa de la mucha oración y recogimiento y mortificación de la carne habida en mi celda.
Y para mis adentros pensé que, en habiendo hecho Adán y Eva tan grande felonía en su Paraíso, no había de ser tanto pecado el que hiciera yo en el mío, y que en no mortificando la carne, aunque fuere solo por una vez, no se había de acabar el mundo.
Y en renegando de los demonios en paz me puse con Dios, y a la vejez viruelas. Que no es mala cosa…
Cosas difíciles, bilis, y otras ofensas

Cosas difíciles, bilis, y otras ofensas

La neurocirugía, la física cuántica, la ingeniería aeroespacial, el encaje de bolillos, montar un mueble de Ikea a la primera sin que te falte el tornillo Stüpiden… Todas ellas son cosas que tienen en común el hecho de ser dificilísimas.
Pero que digo yo que si hay algo difícil, pero difícil que te pasas a día de hoy, es abrir la boca en las redes sociales sin que alguien se ofenda y/o escandalice más que Pitita Ridruejo en un concierto de Extremoduro. De hecho dicen que en el Facebook además del botón de «Bloquear» y del de «Eliminar de mis amigos«, van a poner otro de «Yomecagüentóstusmuertosjolagranputa» para dar salida a la sobreproducción  de bilis de forma ordenada a la par que tecnológica. Hay estudios que dicen que la bilis que produce en un día un ofendido profesional del Facebook podría proporcionar energía a una ciudad de 250.000 habitantes durante tres meses bisiestos.
Y siendo tan general esto de ofenderse por todo,  digo yo que o bien debe ser cosa del cambio climático, o bien tenemos la piel más fina de lo normal. De tratarse de esto último no cabe ninguna duda de que estaríamos hablando de un clarísimo complot del Mercadona, que le pone algo chungo a los potingues de Deliplus, y de la que te hidratas o te exfolias el careto te meten por vía tópica un chute de Malahostiadiol o de L-Ofenditina. Y por si fuera o fuese poco el Deliplus, hay fundadas sospechas de que el Hacendado tenga algo que ver en el asunto: un tipo que lo mismo te hace unas galletas, un yogur de coco o unos macarrones, y todo ello sin gluten ni nada, no puede ser de fiar. O sea, que el Hacendado está acaparando todo el gluten para él solo –el muy cabronsón– y de ahí que no se pueda opinar sobre nada en el Facebook o en el Twitter sin que la concurrencia, que está hipogluténica perdida, se te tire a la yugular.
Por ello, para luchar contra el exceso de Malahostiadiol y de L-Ofenditina y la flagrante escasez de gluten, vamos a considerar algunas cuestiones a tener en cuenta para que la peña no se nos ofenda toda en esos lugares que sirven para demostrarle a todo el mundo lo feliz que eres «pa’ que se jodan», más conocidos como «redes sociales»:
Una cosa que, al igual que Nacho Vidal, puede traer mucha cola son las expresiones y frases hechas. Si por ejemplo llueve mucho ni se te ocurra decir que «hace un día de perros» porque te van a salir 350 animalistas dándote de fostias hasta en el DNI electrónico por insensible. No seas zoquete y limítate a decir que «hoy llueve mucho», aunque en tal caso también corres serios riesgos de que te caneen por simplón y por decir obviedades: la peña ya sabe que llueve mucho porque es lo primero que miran en el «esmarfón» antes de meterse en las redes sociales a ofenderse.
Si un día no te encuentras del todo bien, no seas asno y en ningún caso se te ocurra decir que «no estás muy católico» porque te convertirás ipso facto en cosas como por ejemplo , un cristofascista. En todo caso deberás decir que «no estás muy confesional ni tampoco aconfesional, tirando a ateo o a agnóstico pero todo ello dentro de un orden relativo dentro de las creencias personales» aunque probablemente incomodarás alguna sensibilidad anarquista por lo del orden, o a los aficionados al baloncesto por lo de las personales. Limítate a decir «Estoy jodido/a» , cosa de la que se alegrarán un alto porcentaje de tus amigos y como mucho te pondrán 25 cartelitos con frases de esas de autoayuda de Paulo Coelho. Tú eliges libremente la penitencia.
En temas de política sí que tienes que andar con pies de plomo, porque aunque ya se sabe que en España todos somos muy tolerantes y extremadamente respetuosos con las creencias de mierda de los demás, la paciencia tiene un límite. Aquí da exactamente igual lo que digas, porque serás un fascista-leninista-neoliberal-liberticida-marcablanca y de las JONS te pongas como te pongas. Por tanto te quedan tres opciones y elijas la que elijas vas a quedar como Cagancho en Almagro o lo que es lo mismo,  como Belén Esteban en Saber y Ganar
  • A) Colapsar Internete compartiendo las 24 horas del día una amplia selección de los carteletes y textos de copia-pega que más y mejor insulten a todos los que no vayan a votar lo que tú. Que lo que pongan los carteles sea verdad o no, no importa lo más mínimo. Tú a lo tuyo, que es concienciar a los demás de que son completamente gilipollas y tú no.
  • B)  No publicar ni compartir nada al respecto para que quede más espacio en tu muro para los carteletes que comparten los de la opción A.
  • C) Hacerte el orejas y limitarte a publicar fotos de gatetes y carteles con frases de Paulo Coelho,  para terminar de colapsar el muro de los de la opción B, no sea que se vaya a desperdiciar espacio a lo tonto.
Luego ya, puedes optar por A y C a la vez, pero entonces es bastante probable que ofendas muchísimo a los de la opción B, que a su vez ofenden a A y a C porque su desinterés y falta de posicionamiento los hace cómplices silenciosos del sistema.
Respecto al tema del sexo, hay reglas que se deben respetar: si eres hombre y ves un artículo remotamente relacionado con el asunto del follifornicio en cualquiera de sus variantes, como por ejemplo: «Las siete cosas que debes saber para volver loca a tu pareja en el lecho»por alguna extraña razón siempre son siete– ni se te ocurra compartirlo, cerdo machista. Tú entra a mirar el artículo a ver si sale alguna teta o algo, y punto.  Por el contrario si ese mismo artículo lo comparten ellas está bien, porque es para mejorar la relación de pareja y «por si aprendes algo». Lo que ellas no saben es que dejaste de leer el artículo cuando viste que no salían tetas ni nada, y que casi prefieres que te hagan directamente un breve resumen de las siete cosas que se supone que tienes que aprender. Pero no se lo digas, no se vaya a ofender. Tú haz como que leíste el artículo, pero no le des a «Me gusta» o todas sus amigas sabrán que eres un salido -cosa que por otra parte, todos tus amigos ya saben perfectamente.
Conclusión: que los dioses repartan gluten,  que buena falta nos hace. Menos a los celíacos, no vaya a ser que se ofendan.
Cosas difíciles, bilis, y otras ofensas

Avances científicos, reality shows y otros grandes éxitos

Vivimos en un mundo lleno de avances científicos y tecnológicos del recopón, con sus smartphones, sus compresas con alas aerodinámicas –se conoce que para que corra mejor el aire-, sistema odorcontrol, radio FM  y bluetooth, sus bolsas de conguitos marca Hacendado de medio kilo, o  su Vaginesil por si te da la  sequedad o el picor en la zona de la  Tierra Media… Todos ellos grandes avances que ofrecen una solución para cada necesidad e incluso una necesidad para cada solución, oiga.  La investigación científica va camino de dar respuestas para casi todo, excepto para la muerte, para España y para la gilipollez. De hecho lo de la muerte e incluso lo de España tiene más visos de solución científica que lo de la gilipollez.

Esto es así porque si se resolviera la gilipollez humana no se venderían, por ejemplo,  los palos de hacer selfies, las katiuskas de goma de  a 200 leuros el par, las gorras de poner pa’ atrás, ni los pantalones «cagaos«,  con las nefastas consecuencias  que ello tendría para la economía china. Pero esto es otro tema.
La cosa es que vivimos en un mundo que ha sido capaz de dar respuestas a problemas muy gordos, tales como la penicilina para las enfermedades, el calimocho para las penas, las tiritas para las pupas o el Mister Proper para la roña persistente,  y sin embargo ante la lacra de los Reality shows a los ingenieros no se les ocurre otra cosa más peregrina que inventar la tele en alta definición.  Hay que ser cabrones.

Porque tú llegas a casa directamente del Carreful más próximo con tu tele de 200 pulgadas, con su alta definición y su canesú, la enciendes y casi seguro que lo primero que te vas a encontrar, así sin anestesia ni nada, es un primer plano del jeto de la Esteban moqueando y balbuceando gilipolleces de un tal Míguelcon acento en la «i»-en Full HD Dolby Surround System, que en inglés quiere decir «Alta definición, pero alta que te cagas». comprendiendo de la forma más dolorosa que, para según qué cosas, cuanta menos definición mejor.  
Y llegados a este punto, trataremos de explicar para los no iniciados qué es y en qué consiste un reality show -pronúnciese «realitichou«.
Un realitichou es un «pograma» de la tele que se suele poner en «praimtaim«, que en inglés es un término que significa «a una hora que lo vea todo dios».  Hay muchos tipos de realitichous. Unos son de mayores que cantan como Bisbal, otros de niños que cantan canciones de Joselito y de niñas  de tres años que cantan «La Zarzamora» como el culo, pero con mucha gracia porque tienen tres años, otros de gente que cocina… Pero hoy nos centraremos en los realitichous de gente que se supone que va a convivir entre sí.
La cosa consiste en poner a concursar a un conjunto de homínidos o prehomínidos de ambos sexos-la especie de los concursantes es una cosa que decide el productor– en un plató hortera, en una casa hortera,  o en una isla hortera a tomar por saco, haciendo las mismas cosas que se supone que hace la gente normal sólo que con unas dosis de bilis, analfabetismo y mala hostia incompatibles con la vida. 
Lo primero que hay que decidir es si los concursantes serán famosos o no. Esto es muy importante porque definirá el nombre del programa.
Ejemplo:
Si los concursantes son desconocidos: «Potorros, badajos y viceversa»
Si los concursantes son famosos: «Potorros, badajos y viceversa VIP«
Hecho esto, y para que el realitichou mole, tienes que hacer un casting entre miles de seres y elegir bien a la peña que vas a meter a concursar, que tendrán que cumplir severos requisitos tales como una capacidad neuronal suficiente para controlar esfínteres y respirar de forma autónoma y, pudiendo ser, sin  excesivos estudios o una profesión concreta.  
Independientemente de la metodología aplicada, la selección natural actuará por sí sola y te quedará un grupo en el que los psicólogos y otros especialistas, haciendo un alarde de sadismo sin límites, elegirán finalmente a lo más granado de la concurrencia. 
Luego ya le asignas a cada concursante el papel que va a interpretar en el realitichou de modo que se integre en uno o varios de los siguientes grupos en función de sus habilidades personales:  
  • Malos integrales: se encargan con gran eficacia del tema del hijoputismo
  • Guarros cum laude: dícese de aquellos cuya máxima aspiración en materia de limpieza es que los testículos no se les queden pegados en el asiento  del WC. 
  • Vagos alfa: su principal cometido en el programa es hacer la fotosíntesis, pero sin cansarse mucho. 
  • Plañideros sin fronteras: sirven para llorar a todas y cada una de las putas horas del día porque en realidad no quieren estar en el programa, pero no hay quien los saque ni con espátula y soplete.
  • Hacendosos de morondanga: No habían visto una escoba jamás y en la vida real su máximo esfuerzo es hacer la digestión, pero en el realitichou hacen como que trabajan mucho. 
  • Salidos compulsivos: sufren una tendencia irrefrenable de fornicar hasta con el mocho. Son  los encargados del tema del edredoning y el intercambio de fluidos.
  • Sosos hasta pa’florero: son como Iniesta, pero sin balón ni nada.
  • Filósofos de todo a cien: una vez leyeron un libro, y se encargan de decir gilipolleces sin sentido alguno confundiendo y mezclando frases de Paulo Coelho con canciones de Torrebruno . Ejemplo: «El amor no necesita ser entendido porque Tigres y Leones, todos quieren ser los campeones» Lo bueno es que como el nivel general es bajo, van colando.
Una vez asignado el papel de cada cual, los metes en el plató, casa o isla de turno, y dejas que la cosa fluya por sí sola. Si ves que la cosa no fluye,  los pones a pasar penalidades o les pones un vídeo emotivo con cualquier pendejada lacrimógena. En caso de que esto también falle, infiltras a un metemierda profesional que meta cizaña y serruche cuanto pueda, y cuando incluso los del grupo de Sosos hasta pa’florero dejen de tener el chichi pa’ farolillos, tendrás un realitichou del copón.
Mientras tanto, tú vas emitiendo el programa diario y unos cuantos debates y galas, a los que llevas a familiares y amigos de los concursantes a que se den unas collejas y rematas la faena vendiendo a precio de farlopa de la buena discos, libros, revistas, y merchandising del programa. El merchandising son cosas sin utilidad alguna como los souvenirs de Benidorm pero que se llaman merchandising en lugar de souvenirs.  
Luego ya, la gente llama a un número de los de a 1,50 mas IVA el minuto y vota para echar a los que le caen mal y  al final gana la Esteban. Pero, eso sí, en alta definición. El que avisa no es traidor.
Y esperando haber aclarado qué es un realitichou,  les dejo hasta la próxima, que empieza el Gran Debate de Potorros Badajos y viceversa VIP …