por Isma Álvarez Paz | 26/04/2018 | Otros relatos
Pensaba escribir sobre esto mañana, pero no. Ya no me fío. Ya no nos fiamos. Probablemente es así desde hace ya mucho tiempo. Más del que cabría esperar de una sociedad que merezca siquiera ese nombre, y no digamos ya, apellidos como «avanzada», o «civilizada». Puede que de civilizada aún le quede algo, porque de lo contrario no sería de extrañar que todo estuviera ardiendo desde sus mismos cimientos hace lustros.
Voy a intentar no proferir un solo insulto, ni eso que los bienpensantes dan en llamar «palabras feas» o «malsonantes», y es una pena, porque casi todas ellas encierran una verdad inmensa y una capacidad de síntesis casi perfecta. Las palabras son hermosas si se respeta su esencia.
Tenemos un parlamento que se supone que ha de legislar para eso que todos llamamos «bien común», y tengo para mí que ambos términos, «bien» y «común», están ya tan sobados, tan manidos, tan prostituidos, que resultan ya casi inutilizables. Igual que «vergonzoso» «lamentable» y otros, que de tan repetidos, acaban perdiendo la esencia y por tanto la razón de SER.
Y el caso es que, efectivamente, no sólo legisla sino que, para mayor gloria de la nación, hiperlegisla. Eso no se le puede negar. No será por cantidad. Otra cuestión es por qué, para qué, y sobre todo y por encima de todo, para quién lo hace. Y no parece que sea para el común de los mortales, desde luego. No a la vista de lo que (mal)vivimos. No sé nada de leyes. Nada. Pero sí sé que si una ley protege al delincuente y denigra a la víctima, o está muy mal planteada, o está muy mal redactada, o simplemente es una vergüenza para quien se encarga de crearla y aprobarla. Las leyes no se esculpen en piedra, desde luego, pero aquí y ahora es evidente que le robamos una simple «L» al término y, maravillas de la palabra, resulta que se escupen. A placer. Sin tiento ni atisbo de rubor.
Sigan discutiendo sobre temas de máximo interés ciudadano. Sigan apuñalándose, que al igual que ocurría con la pólvora del rey cuando se suponía que era pólvora ajena (¡JA!), las puñaladas les caen -previo pago- a los que vivimos fuera, en esa realidad paralela que se empeñan en ignorar. Sí. En ignorar. Me importa un bledo lo que digan ustedes de puertas afuera para sus respectivas hinchadas, porque simplemente no sirve de nada, más allá de aquello del fervor de masas. Váyanse al cuerno con sus eslóganes vacíos. Con todo respeto, eso sí.
Me importa otro bledo aún más escaso que guarden minutos de silencio. Que cultiven el postureo ridículo, que en un currito tiene un pase, pero en ustedes es una indignidad. Que se lo compre quien pueda o quiera.
De quienes aplican las leyes, no puedo tener más que recelo. Espero que esto al menos siga siendo legal y se permita expresarlo. Ejemplos creo que sobran. No veo claro que puedan exigir respeto porque es difícil -si no imposible- respetar la falta de respeto a la dignidad humana. Si acaso, exijan acato. Que es otra cosa muy diferente. Y si los instrumentos legales con los que les dotan no sirven para proteger a su propio pueblo -otro término prostituido- tengan la bondad de exigir que les doten con otros más claros y justos. Claro, que a lo mejor esto último no es legal. Todo puede ser.
De vosotros, los que ejercéis y ejercisteis el poder ejecutivo, prefiero no decir nada, porque los hechos hablan por vosotros y os preceden de forma escandalosa. Magra fortuna de la que vanagloriarse, por cierto. Indignidad, descaro, prepotencia y mala índole os sobran. Cabe preguntarse si del mismo modo no estaréis también de sobra vosotros mismos, visto lo visto.
Seguid negando la mayor. Seguid pregonando que todo lo hacéis por el bien de la ciudadanía. Seguid enriqueciendo a la piara que os da cobijo en nombre de los sacrosantos «intereses de España». Intereses, sí. Pero ¿De España? ¿En serio? ¿Desde qué punto observáis esos intereses? Desde uno muy elevado, no. Desde luego.
Tal vez, y digo tal vez, buena parte de esa ciudadanía a la que decís representar esté ya hasta el sacrosanto gorro. De vosotros y de quienes os gobiernan a vosotros. De vuestra sacrosanta imbecilidad y cobardía que pagamos a la vista y con intereses. De que hayáis sido capaces de prostituir la libertad, la justicia, la convivencia, y hasta la última de las palabras del diccionario. Enhorabuena. Lo habéis conseguido con nota.
Y para aquellos quienes aspiráis a dirigir el país, la nación, el erial, o como se os cante llamar a este solar, deseo profundamente dejar de pensar algún día que es de vergüenza propia y ajena que con estos mimbres infames que padecemos no hayáis sido capaces de convencer y vencer por abrumadora e incontestable goleada. Y no creo que sea porque, según parece, consideráis que «la gente» es imbécil.
Algo estáis haciendo como el sacrosanto culo.
Hacéoslo mirar. Por favor.
por Isma Álvarez Paz | 26/04/2018 | Otros relatos
Desde ayer, tengo estos dos nuevos amigos de la foto. No me pude de resistir, porque salta a la vista que son Epi y Blas y por eso los llamo Epi y Blas. Habrá algún sieso, o intelectual o algo de eso que diga que no, que son cactus. Pero ahí está mi búho para dar fe, porque es de mucho fijarse y por eso está sacándose las oposiciones a notarías. A ver si aprendéis, que el pobre es de madera y a pesar de esa severa discapacidad, en lugar de ser reguetonero, influencer, tronista o enchufao, quiere una vida de dar fe ahí a tope.
Y hablando de Epis y Blases, y otros gratos recuerdos de la infancia, me vienen a la mente diversos traumas infantiles que los llevo ahí en el corazón (aquí hay que darse en el pecho con el dorso del puño como remarcando que puf, tronco. Ahí no, en el otro lao. ¡Aaaahí!) Me estoy dando cuenta de que mis traumas infantiles no vienen por no haber tenido el Ibertren, que también. Vienen por culpa de los personajes infantiles odiosos, que había muchos y no había Cristi ni deidad que los soportara o soportariese.
Uno era sin lugar a dudas la mierda de Piolín ¡PUTO POLLO CABEZÓN Y REPIPI! ¡MECAGÜEEEEEEN! Arf…arf… respira hondo, Isma. La tensión… el reuma, la… ¡LO MATOOOOOOOO! ¡Que te calmes ya!
Bueno, pues a mí el que me molaba de verdad era EL GATO, que nunca lograba sus nobles objetivos de comerse la mierda’l pollo tranquilamente, que es la naturaleza de los gatos. Y por eso me siento muy identificao con Silvestre, que el pobre siempre se llevaba palos magulladuras y contusiones mientras el gilipollas de Piolín -¡AAAAAAAARRRRGGHHHHHHH!- se columpiaba en su mierda de jaula, que ojalá le caiga la perpetua sin revisión ni nada y se pudra en ella. Y no se caía el cabrón del columpio tó esnucao, no. El que se caía del columpio era yo, que sigo vivo de milagro. Y decía Piolín aquella gilipollez de: «Me paresió ver un lindo gatito» ¡MIPIRISIÍ VIR IN LINDI GUITITI, ÑIÑIÑIÑIÑI! ¡Gilipollas! ¡Insoportable! ¡Comunista! ¡FÍJATE UN POCO , JODER! ¡QUE LLEVA EL GATO CUARENTA AÑOS INTENTANDO APIOLARTE DEL TODO, Y TIENES LOS SANTOS COJONES DE DECIR QUE «TE PARECÍO VER»! ¿PERO CÓMO QUE TE «PARECIÓ VER»? ¡ES UN GATO OCHENTA VECES MÁS GRANDE QUE TÚ! ¡QUE TU MIERDA JAULA TIENE BARROTES, Y SE PUEDE VER A TRAVÉS DE ELLOS! ¡QUE NO TIENE ESTORES NI CORTINAS NI NADA! ¡ES UN GAAAAAAATO! ¡CRETINO DE MIERDA! ¡QUE VAS A PEDIR UNA PAGA Y TE LA CONCEDEN ANTES DE SALIR DE CASA! Ay, que me da…
Luego ya estaba el Correcaminos, que no me daba tanto asquete como Piolín, pero me podía la solidaridad con el Coyote, que era achuchable del todo
😍
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😍. El día que sacaron el episodio en el que el Correcaminos cerraba el buzón de una puta vez, en mi casa brindamos con Champán del bueno. Del del Lidl de 2,50.
Pero si hay un personaje que de verdad me sacaba de mis casillas, de mis cabales, de mis entretelas y de todo, era uno que salía en Barrio Sésamo, que era una serie adorable con Triqui y Traque y la gocha Peggy o algo de eso. No, la gocha Peggy era de otra cosa. Da igual. Estaba Coco, que nos enseñaba la diferencia entre arriba y abajo, y dentro y fuera y era para comérselo a besos y ósculos y gracias a él salimos una generación perfectamente anómala y saludable. Por no hablar de Epi y Blas, que directamente me casaba con ellos. Con los dos. Sobre todo con Blas.
Ahí voy: el que de verdad me producía deseos irrefrenables de apuntarme al ala dura de las SS, pero el ala dura de verdad de comerse el pack ahorro de atún con lata y cartón y todo, era el puto caracol verde de mierda: sí. ÉL. ¡PEREJIL!
A ver por dónde empiezo: Perejil era un caracol de color verde que se pasaba la vida tocándose los oviductos encima de un muro, con lo cual imagino que vivía profesionalmente de las ayudas sociales, o traficaba, o las dos cosas. Todo el puto día mangao en aquel muro el imbécil de los falopios. Tenía gafas de culo vaso, pelambrera verde rizada modelo Cascomán a lo afropelopolla, y era un cuñao sabelotodo de mil pares de gromenagüers que no decía más que sandeces (¡Por los días buenos días, por las tardes buenas tardes, por las noches buenas…) ¡QUE NO ME HAAAABLES! ¡VETE A LA MIEEEEEEERDA! ¡CUÑAAAAAAAAAAAAAAAO! ¡ENTERAOOOOOO! ¡GILIPOOOOOOOOLLAAAAAAAS! Normal que pa una amiga que tenía fuera la gallina Caponata, que no era más tonta la pobre por pura incompatibilidad con la vida. Que encima lo quería sólo como amigo ¡QUE NO FOOOOOLLAS PEREJIIIIIL! ¡PRINGAO! ¡COMEMIELDAS! ¡MANGUÁN! ¡RIDÍCULO! ¡APARATOSO! ¡MELÍFLUO! ¡INFLUEEEEEEEEENCER!
¡Ay, que me encuentro fatalo!
Y por eso los traumas infantiles hay que exorcizarlos para que de adultos no nos salga la bilis por las orejas y nos veamos obligados a insultar por las redes y eso para no implosionar y ponerlo todo perdido de gotelé, que no se lleva nada.
Y para ser buenas personas.
Ya me encuentro mejor. Voy a respirar un rato dentro de una bolsa del Carrefur. De las grandes ¡Ay, qué alivio! Ommmmmm… ommmmmmm…UTO PEREJIIIIIIIL!
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por Isma Álvarez Paz | 25/04/2018 | Otros relatos
No soy yo de muchas poesías, pero hoy es un buen día para rapear.
¡Oh, palabras blasfemas!
Quién pensara, buenas gentes,
que por mangar unas cremas
dimitiera la Cifuentes
Dicen todos sotto voce
que infortunios tenía hartos.
Por desgracia, se conoce,
no le llegaban los cuartos
¡Bellos sones compondría
si viviera el gran Músorgski!
Dineros bastantes habría
por pagar en el Erorgski
Que cosa cierta a fe mía
ha de ser que nuestros cargos,
cortas han las regalías,
mas los dedos tienen largos.
Dura patria, tierra extraña
no hay tahúr que te pierda
y dicen que te aman, España.
Te amandaron, sí: ¡A la mierda!
por Isma Álvarez Paz | 22/04/2018 | Otros relatos
El hisno nacioná no genera consenso. Tenía que salir algo de una peli de Pajares y Esteso, con tetas sin venir a cuento, y Maribel Verdú enseñando la almóndriga garrapiñada. Y el guardia civil guaperas enseñando las cartucheras. Y nada de «looolo loooolo», que parecemos monguers. «Laaaailo lolaiiiilo lolaiiiilo lailo laaaailo lá lolaaaio laaaailo lá»
Así sí.
por Isma Álvarez Paz | 21/04/2018 | Otros relatos
Estábamos mi hija y yo haciendo el monguer y jugando a ver quién dice la parida más gorda, como siempre, y por razones evidentes salió a colación o colamiento un perpetrador de reguetón de lo más jevimetal que se hace llamar Bad Bunny. Er hioputa. RECTIFICO: me dice la heredera que no es reguetonero. Hace trap. Por tanto es trapero. A lo que iba: el trapero en cuestión es un ejemplo de superación, porque cada cosa que eructa es aún más retrasada que la anterior, lo cual tampoco es que sea novedad. Es como los comentaristas retrasaos de las noticias de Internés, pero con la diferencia de que este al menos se gana la vida con ello. La integración es una cosa buena.
Ya de mano, el estribillo de una canción así al azar, es: «Tú no metes cabra saramambiche», que quié icir «Tú no das miedo, hijueputa» (Son of a bitch= saramambiche= hijueputa). Esto ya es de por sí glorioso y como pa quitarle una calle del centro a cualquier faccioso, qué sé yo, ¡A Miliki, o a La Niña los Peines! y ponerle «Calle del Saramambiche». ¡Diosssss! Me se pone el páncreas como escarpias.
Así en resumiendo, son todo canciones de chingar y de agárrame el badajo nena yatusabeh, y de andar por los bajos fondos repartiendo justicia con un AK47, que como todo el mundo sabe es un fusil de asalto y un símbolo fálico que les gusta mucho a los reguetoneros y traperos ultras de decirlo. Por eso llevan elegantes a la par que discretos colgantes de cadena gorda con un pistolón de oro, o con letras tochas que digan cosas profundas como «Saramambiche» o «Se ruega a los usuarios del garaje que empleen la puerta peatonal para entrar y salir. Gracias».
Un por ejemplo:
«Sé que lo que hacemos es peligroso
Siempre chingamos arrebatao’ viendo to’ borroso
Este phillie préndelo, tu novio déjalo
Y este bicho si lo paras después bájalo»
¿Qué nos quiere decir el autor con estas palabras? Igual leído así es difícil de entender, pero si te imaginas a Antonio Gala o a, qué sé yo, a Pedro Piqueras recitándolo, ¿A que ahora ya sí?
Lo que está claro es que la última frase quiere decir sin lugar a dudas:
«Amor que mi pasión desboca
De mi fe reniego
corazón apóstata,
por los besos de tu boca
la tengo como una boca riego
y eso es malo pa la próstata»
Esto lo recitas así a lo Paul Iglesias y epatas en todas las discoteques y boites del lugar. Y por eso a partir de hoy voy a llevar siempre conmigo un pendrais con todas las canciones de este señor, que es un chollo.
Porque como dijo Bud Bunny:
«Y como jugo, remolacha y repollo
Si no estamos junticos la vida se vuelve un tollo
La llevo a comer vainaa dura yo, pica pollo
Nadie sabe que soy dueño yo, de ese hoyo»
Ahí, con tó lo gordo p’alante ¡Qué arte tié er saramambiche!
por Isma Álvarez Paz | 20/04/2018 | Otros relatos
Afueraparte de los Sugus de piña, hay cosas que me fascinan más aún que las katiuskas con shorts en una fiesta de prao. Más que hablar con alguien que tiene un moquete asomando tímidamente por la portañuela la nariz y no decirle ná. Ahí, a lo mala persona.
Sí: me refiero a:
¡LOS DEFENSORES A ULTRANZA DE LA HISTORIA QUE MOLA PORQUE LO ESTUDIARON EN LA ESCUELA UNA VEZ Y ESO ES ASÍN Y ADEMÁS TIENEN UN LIBRO!
Aparecen documentos que son analizados por reputadísimos y reputadísimas historiadoros. Pero no reputadísimos en Pumarín, no. Que también. Reputadísmos a nivel mundial de eso que los conocen en la Universidad de Alabama y el Doctor Kavinsky, que es otro muy reputao que se caga el can, está totalmente de acuerdo con sus teorías y cosas históricas. Y quedan pa tomar unos tés y departir amigablemente sobre las nuevas evidencias históricas.
Bueno, pues da igual. Aunque quede demostrao, por decir un poné (o ejemplo) que en Covadonga no entraba tanta gente a hostiarse de lo lindo porque aquello iba a parecer el Parqueprin el día sin IVA entre otras cosas, siempre saldrá el experto en Estoesasínlogía con el argumento definitivo:
-¿Qué ye, que tabas tú allí pa velo, campeón?
Y ante tanta sapiencia y rigor te quedas desarbolao. Sin recursos. Sin colesterol del bueno. Sintoísta. Sin embargo. Sinta Bárbara bendita. Sin tabaco.
¿Tamos preparaos para conocer verdades incómodas? ¿La historia es la que es? ¿El bollu preñao, con tocín o sin tocín?
-Pues el Che Guevara…
-¿Qué ye, que tuviste tú allí pa velo, campeón?
-Pues Pipino el Breve…
-¿Qué ye, que tuviste tú allí pa ver si tenía breve el pipino,
campeón?
-Pues arderéis como en el trintiséis
-¿Qué ye, que tabas tú allí pa ver si ardía, campeón?
Y en sin en cambio, son los mismos que hablan de cualquier período histórico porque, según parece, ellos sí que estuvieron allí y a callar to’l mundo. Lo de la documentación y el estudio de las fuentes es pa flojos y julandretes.
En resumiendo: no me toques el Mito que me irrito y la historia de verdá de la buena no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Y además tengo un libro. ¡EEEEEEEH!
Ojocuidao.
Buenhome, bueno. Así queeeee… ¿Entós tóo bien eh? ¡Hala, alegrándome!
No sé si me explico…