Mientras la van peinando, os dejo un cuentiquín muy guapo de amor y pación:

 

-¡…no puedo aceptar esta carta que recibo de tus manos! ¡Está llena de rencor y despecho y no veo qué he podido hacerte para que me hieras de este modo!
-¡Pero qué está dicien…
-¡No me interrumpas! Yo creía que nuestro amor a primera vista era puro y sincero… ¡Me has hecho daño!
-¡Oiga, que yo no…
-¡Basta! ¡No quiero tu carta ni la amargura que conlleva! ¡Me voy de aquí en mi brioso corcel y allá por dónde pase jamás volverá a crecer la hierba de la pasión!
-¡Caballero, deténgase inmediatamente o…
-¡Calla, ladrón! ¡Nada de lo que digas sanará mi alma herida!
-¡Le he dicho que son 300 euros y 3 puntos del…
-¡Tres miserables puntos no bastan para suturar mi corazón maltrecho! ¡Te odio!
-¡YA ESTÁ BIEN! ¡BÁJESE DE AHÍ Y PÓNGASE DE ESPALDAS Y CON LAS MANOS EN ALTO!
-No te bastaba con mancillar mi alma y ahora quieres mancillar mi cuerpo. ¡Está bien! ¡Ámame como si no hubiera un mañana y mitiga el dolor que me has causado!

+- ¡Venga, sargento, rompa la multa y vámonos de aquí, que todavía vamos a acabar mal con este anómalo…!
-¡A veces me siento TAN cansado, cabo…! ¡DIOS! ¡Abráceme fuerte!
+-¡Al fin, mi sargento! ¡Llevaba años esperando este momento! ¡¡¡LE AMO!!!
-¡Siempre estaré a su lado, Ramírez! ¡Huyamos sin mirar atrás!

Y el coche patrulla se alejó lentamente entre las brumas de la noche dejando un reguero difuso de la luz azul con la que se tejen los sueños más hermosos. Y él se quedó solo una vez más en medio de la oscuridad sin atreverse a bajar las manos, y comprendió que circular con el cortacésped por aquella rotonda marcha atrás y en sentido contrario había sido su definitiva perdición…

 

 

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