Para una vez que vengo al centro de salud, y está tomado al asalto por una numerosa banda de peligrosos ciudadanos del IMSERSO. Unos 250 más o menos. Deben ser amigos entre sí porque comparten en voz alta detalles de su vida íntima con total confianza.

Es acojonante. Cada vez que le suena el selular a alguno, tengo un amago de infarto. Eso son 290 decibelios reventándote el tímpano. Porque hay que ver lo que suenan los selulares de persona mayor ¿Eh? Que digo yo que en las mezquitas podían aplicar el sistema para llamar a la oración. Pones un Nokia con el volumen al alto la lleva con un politono de llamar a la oración, y dejas avisaos de una tacada a los fieles en ocho concejos a la redonda ¡Coño, otra vez! ¡Señora, modere el volumen de su politono, pordió!

Pero hay algo a este respecto que me apasiona más. Y es el tiempo que transcurre desde que suena el celular hasta que se dan por enterados de que está sonando. Yo creo que ahí te están vacilando.
Suena el celular. Eso da más decibelios que la sirena de un penal. Pero en lugar de cogerlo antes de que la vibración les desprenda los órganos internos, pasan de todo. En plan: «Sé que está sonando el celular, pero no me sale de los perendengues descolgar. Aguantaré hasta que el páncreas casi se me desprenda».

Es de flipar. Tú tratando de recuperarte del infarto del puto politono desbocao, y ellos como si les importara una mielda.

Una vez transcurrido el tiempo reglamentario, toca sacar el celular DEL BOLSO. Es una maniobra muy compleja sólo equiparable a atracar un transatlántico en una piscina hinchable y que sobre sitio. Eso es una cosa que no es normal.

Sacar un celular del bolso lleva aproximadamente el mismo tiempo que sacar el monedero para pagar en la caja del supermercado. O sea: mucho. Una vez se me caducaron los yogures esperando que la de delante sacara el monedero para constatar que al final no tenía suelto y pagar con el billete que había sacado tres lunas atrás.

El siguiente paso es ponerse las gafas de mirar quién llama. Pero es una tarea inútil, porque luego no se fían. Que en la pantalla pone «Encarni móvil» claramente, pero da lo mismo. Descuelgan estirando mucho el dedo no vaya a ser que qué sé yo, y acto seguido hay que decir:

¡¡¡¿¿¿A VER????!!!! ¡¡¡¿¿¿QUIÉN ES????!!!!

A grito pelao, claro. Entras en fibrilación ventricular. Del susto.

Y luego ya es la apoteosis, porque por lo visto tampoco tienen fe en que el celular funcione bien. Como si no les fueran a oír o algo. Y resulta que Encarni lo está oyendo todo perfectamente desde su casa. De hecho no necesita el celular para nada porque te oye a pelo de las mismas voces.

Yo a esto le veo cierto paralelismo con lo de llevar la música en el coche a todo lo que da el chunda chunda, con las ventanillas bajadas. Aquí hay tema.

Y os dejo, que al fin me llama el médico. Ya se me ha olvidao a qué venía, pero voy a aprovechar para que me trate la deshidratación. Han sido largos días de espera…

 

 

 

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