Desde ayer, tengo estos dos nuevos amigos de la foto. No me pude de resistir, porque salta a la vista que son Epi y Blas y por eso los llamo Epi y Blas. Habrá algún sieso, o intelectual o algo de eso que diga que no, que son cactus. Pero ahí está mi búho para dar fe, porque es de mucho fijarse y por eso está sacándose las oposiciones a notarías. A ver si aprendéis, que el pobre es de madera y a pesar de esa severa discapacidad, en lugar de ser reguetonero, influencer, tronista o enchufao, quiere una vida de dar fe ahí a tope.

Y hablando de Epis y Blases, y otros gratos recuerdos de la infancia, me vienen a la mente diversos traumas infantiles que los llevo ahí en el corazón (aquí hay que darse en el pecho con el dorso del puño como remarcando que puf, tronco. Ahí no, en el otro lao. ¡Aaaahí!) Me estoy dando cuenta de que mis traumas infantiles no vienen por no haber tenido el Ibertren, que también. Vienen por culpa de los personajes infantiles odiosos, que había muchos y no había Cristi ni deidad que los soportara o soportariese.

Uno era sin lugar a dudas la mierda de Piolín ¡PUTO POLLO CABEZÓN Y REPIPI! ¡MECAGÜEEEEEEN! Arf…arf… respira hondo, Isma. La tensión… el reuma, la… ¡LO MATOOOOOOOO! ¡Que te calmes ya!
Bueno, pues a mí el que me molaba de verdad era EL GATO, que nunca lograba sus nobles objetivos de comerse la mierda’l pollo tranquilamente, que es la naturaleza de los gatos. Y por eso me siento muy identificao con Silvestre, que el pobre siempre se llevaba palos magulladuras y contusiones mientras el gilipollas de Piolín -¡AAAAAAAARRRRGGHHHHHHH!- se columpiaba en su mierda de jaula, que ojalá le caiga la perpetua sin revisión ni nada y se pudra en ella. Y no se caía el cabrón del columpio tó esnucao, no. El que se caía del columpio era yo, que sigo vivo de milagro. Y decía Piolín aquella gilipollez de: “Me paresió ver un lindo gatito” ¡MIPIRISIÍ VIR IN LINDI GUITITI, ÑIÑIÑIÑIÑI! ¡Gilipollas! ¡Insoportable! ¡Comunista! ¡FÍJATE UN POCO , JODER! ¡QUE LLEVA EL GATO CUARENTA AÑOS INTENTANDO APIOLARTE DEL TODO, Y TIENES LOS SANTOS COJONES DE DECIR QUE “TE PARECÍO VER”! ¿PERO CÓMO QUE TE “PARECIÓ VER”? ¡ES UN GATO OCHENTA VECES MÁS GRANDE QUE TÚ! ¡QUE TU MIERDA JAULA TIENE BARROTES, Y SE PUEDE VER A TRAVÉS DE ELLOS! ¡QUE NO TIENE ESTORES NI CORTINAS NI NADA! ¡ES UN GAAAAAAATO! ¡CRETINO DE MIERDA! ¡QUE VAS A PEDIR UNA PAGA Y TE LA CONCEDEN ANTES DE SALIR DE CASA! Ay, que me da…

Luego ya estaba el Correcaminos, que no me daba tanto asquete como Piolín, pero me podía la solidaridad con el Coyote, que era achuchable del todo 😍😍😍. El día que sacaron el episodio en el que el Correcaminos cerraba el buzón de una puta vez, en mi casa brindamos con Champán del bueno. Del del Lidl de 2,50.

Pero si hay un personaje que de verdad me sacaba de mis casillas, de mis cabales, de mis entretelas y de todo, era uno que salía en Barrio Sésamo, que era una serie adorable con Triqui y Traque y la gocha Peggy o algo de eso. No, la gocha Peggy era de otra cosa. Da igual. Estaba Coco, que nos enseñaba la diferencia entre arriba y abajo, y dentro y fuera y era para comérselo a besos y ósculos y gracias a él salimos una generación perfectamente anómala y saludable. Por no hablar de Epi y Blas, que directamente me casaba con ellos. Con los dos. Sobre todo con Blas.

Ahí voy: el que de verdad me producía deseos irrefrenables de apuntarme al ala dura de las SS, pero el ala dura de verdad de comerse el pack ahorro de atún con lata y cartón y todo, era el puto caracol verde de mierda: sí. ÉL. ¡PEREJIL!

A ver por dónde empiezo: Perejil era un caracol de color verde que se pasaba la vida tocándose los oviductos encima de un muro, con lo cual imagino que vivía profesionalmente de las ayudas sociales, o traficaba, o las dos cosas. Todo el puto día mangao en aquel muro el imbécil de los falopios. Tenía gafas de culo vaso, pelambrera verde rizada modelo Cascomán a lo afropelopolla, y era un cuñao sabelotodo de mil pares de gromenagüers que no decía más que sandeces (¡Por los días buenos días, por las tardes buenas tardes, por las noches buenas…) ¡QUE NO ME HAAAABLES! ¡VETE A LA MIEEEEEEERDA! ¡CUÑAAAAAAAAAAAAAAAO! ¡ENTERAOOOOOO! ¡GILIPOOOOOOOOLLAAAAAAAS! Normal que pa una amiga que tenía fuera la gallina Caponata, que no era más tonta la pobre por pura incompatibilidad con la vida. Que encima lo quería sólo como amigo ¡QUE NO FOOOOOLLAS PEREJIIIIIL! ¡PRINGAO! ¡COMEMIELDAS! ¡MANGUÁN! ¡RIDÍCULO! ¡APARATOSO! ¡MELÍFLUO! ¡INFLUEEEEEEEEENCER!

¡Ay, que me encuentro fatalo!

Y por eso los traumas infantiles hay que exorcizarlos para que de adultos no nos salga la bilis por las orejas y nos veamos obligados a insultar por las redes y eso para no implosionar y ponerlo todo perdido de gotelé, que no se lleva nada.

Y para ser buenas personas.

Ya me encuentro mejor. Voy a respirar un rato dentro de una bolsa del Carrefur. De las grandes ¡Ay, qué alivio! Ommmmmm… ommmmmmm…UTO PEREJIIIIIIIL!👿👿👿

 

 

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