Viaje al centro de la mierda

¡A la mierda! Es difícil encontrar una frase tan breve, tan  incompleta en sus formas y que a la vez exprese tan amplio fondo de deseos y emociones . Seres humanos, jefes, ideas,  políticos, aparatos electrónicos… todo es enviable directamente a la  mierda aunque sea en lo más profundo de nuestros más íntimos pensamientos. Y casi siempre sale gratis.  


Ese trabajo que tenemos que presentar mañana por la mañana, cuidadosamente presentado en Word, y cuando estamos a punto de terminar al Windows le sale de los ovarios que va a ser que no, y te planta un pantallazo azul que se funde el misterio:  entonces llega el inevitable ¡MIERDA!, así con mayúsculas. Si el trabajo era muy importante es común repetir la expresión  varias veces (por ejemplo: ¡MIERDA, MIERDA, MIERDA!!!). Es importante que el último «mierda» denote una cierta desesperación. Opcionalmente se admite mandar a la mierda a Bill Gates y toda su descendencia. Los más violentos subrayan la expresión estrellando el teclado repetidamente  contra la mesa dejando, todo hay que decirlo, ambos elementos hechos una mierda. Eso sí: si se trata de un portátil la maniobra no es nada recomendable, aunque los informáticos de mierda nos pondremos muy contentos a la hora de hacer la factura. No vean lo que mola reconstruir un portátil a precio de sangre de unicornio…

Al hilo de esto último, recuerdo un cliente que trajo los restos mortales de su flamante portátil que le había «regalado» su banco explicando balbuceante que su mujer lo había estampado contra el suelo tras cabrearse con su hijo adolescente que no se despegaba del tuenti ni para ir a hacer aguas mayores. Pero no nos desviemos del asunto que nos ocupa…

El gran Fernando Fernán Gómez fue un acérrimo  valedor de la materia truñística. Todos recordamos a aquel anonadado lector al que envió a la mierda con billete sólo de ida eso sí, con trato de usted (¡Váyase usted a la mierda!). Qué mala leche tenía, pero ¡Qué grande!

¡Qué término tan polivalente! Si alguien está cansado, «está hecho una mierda», expresión que lo mismo es aplicable al estado de un piso de estudiantes, al país, o el estado de tu coche cuando más lo necesitas: 

.-Entonces, ¿El motor tiene arreglo?
.-Pues tiene usted descompensada la embocadura de la trócola y habría que recalibrar el enjuñe de admisión del turbo no sea el demonio que se vaya a sulfatar la junta del enfosque y no le pase la ITV por la cosa de las emisiones de humos.
.-¿Cómo dice?
.-¡Que está hecho una mierda!
.-¡Jo, qué mierda!

La mierda es un elemento que tiende a enfatizar  todo aquello que le acompaña. A un amigo, por ejemplo,  puedes decirle que es un cabrón y echar unas risas,  pero si le dices que es un «Cabrón de mierda» ahí ya hay mal rollito y lo mismo puede suponer un cierto  menoscabo para la amistad o incluso para la dentadura del más desprevenido de los dos. El orden también es relevante. Todo el mundo sabe que no es lo mismo  ser «una mierda de político» que «un político de mierda».  Ambos se ganan bien la vida, pero el segundo es bastante más peligroso porque es buen profesional. Maticemos, amiguitos.

Afortunadamente, la naturaleza es sabia  y ante un mundo tan lleno de mierda ha generado una legión de comemierdas  (fantástica palabra que en Cuba se dice «comemieldas») que mantiene el ecosistema más o menos estable. Debe de ser por la cosa del Ying y el Yang, que más o menos viene a decir que  lo que sube baja y lo que lo que entra sale, cosa por cierto muy relacionada con el tema de hoy. Y es que el equilibrio es muy importante y por eso hay que comer mucha fibra según el ínclito doctor All Bran, catedrático de truñología de la Universidad de Kellog’s. 

La literatura también está plagada de referencias al escatológico elemento: recordemos al coronel que no tenía quien le escribiera, que a la desesperada pregunta de su desnutrida y asmática esposa de qué comerían respondió: «Comeremos mierda» (gran idea ante la crisis galopante) o la sublime «Historia de la mierda» de Dominique Laporte, libro de obligada lectura que descubrí en mis gloriosos tiempos de estudiante universitario. 

Tal vez alguien se esté preguntando el porqué de tan amplias referencias a las heces en general. Lo confieso: hoy  al salir de trabajar venía oyendo en la radio la noticia de una nueva empresa online llamada «Cacas a domicilio» que, como podrán adivinar le ha dado una vuelta de tuerca al concepto de «mandar a la mierda» decidiendo que es mucho más rentable mandar la mierda directamente a nuestro destinatario favorito. No es coña: por menos de 10 euretes usted podrá enviar a quien desee una ración de auténticos excrementos de vaca o caballo para manifestarle sus sentimientos de forma real, tangible y olfateable. Y debo reconocer que tras oir algo así, el mundo me parece un lugar mejor. También tienen camisetas, tazas, y cacas de mentira.  Mola incluso el logo de la empresa, que es un truñito sonriente. Suerte a estos emprendedores, que al igual que nuestra clase política han decidido hacer de la mierda un negocio, pero jugándose sus propios cuartos.

Por eso, y utilizando la socorrida frase del mundo teatral y operístico, les deseo de todo corazón ¡¡Mucha mierda!!!




El angelito de los sueños 2.0

El angelito de los sueños 2.0

Es curioso que casi todos los entes más o menos humanos pasemos antes o después por esa infernal etapa de terrores nocturnos infantiles. Recuerdo que cuando tenía unos cinco o seis años, cada noche soñaba con gente que tenía el mismo aspecto que los negativos de las fotos que, todo hay que decirlo, para mí era una cosa de mucho acojonar. Y encima los muy pendejos se movían como a cámara lenta, y yo a cámara aún más lenta, lo cual me dejaba con menos posibilidades de supervivencia que un vendedor de tangas en una comunidad Amish.   Supongo que es lo que tiene nacer en plena era de la fotografía analógica. Imagino que de haber nacido en 2005 hoy soñaría con abominables engendros con careto de micro SD y criaturas del Averno con los genitales en forma de Memory Stick de 4 gigas.

-¡Mamáaa! ¡Que me come una tarjeta SD!
-¡Tranquilo hijo!, formatéala, y ponle la pestaña en modo de sólo lectura. Ea, ea, ea……

Así tiene pesadillas cualquiera. Es como si tus enemigos funcionasen en Windows: un simple collejón en mitad del escritorio, y aprovechas para huir mientras se reinician.

Mi hijo mayor, sin embargo, soñó que le comía una letra «B» el mismo día que le dí sus primeras nociones de MS-DOS. Aquí se aprecia una clara evolución tecnológica. Verídico.

En mi caso, recuerdo que mi madre me compró con todo el amor del mundo un «angelito de los sueños» que básicamente era una lucecilla mortecina de color verdoso con la silueta de un angelito dibujada en color dorado. Es el día de hoy que me acuerdo de aquella invención del maligno y aún se me erizan los pelillos de la chepa. Y es que no he conseguido comprender qué clase de degenerado mental puede diseñar un objeto tan desasosegante, cuya función principal se supone que debería ser tranquilizar y velar los sueños de un niño.

El caso es que era enchufar aquello y apagar la luz, y toda la habitación se veía envuelta en un resplandor verdoso y titilante que convertía en una pesadilla cuantos objetos habitaban en ella. A nadie se le ocurriría pensar que un clic de Famobil o un Geyperman pueda suponer una amenaza. Falso. En esas condiciones lumínicas,  el diabólico flequillo de un clic bombero  haría huir al mismísimo Chuck Norris perdiendo los intestinos por el camino.

Imagino que a día de hoy el diseñador de aquella abominación será en el mejor de los casos un hombre muy mayor al que francamente le regalaría un braguero sado con los pinchos hacia dentro. Quid pro quo, colega…

Actualmente mi hija pequeña está pasando por su fase de terrores nocturnos. La diferencia es que ella tiene un angelito de los sueños con forma de luna y estrellita de colorinos con tecnología LED que le da a la habitación un ambiente cromático de lo más tecnológico-molón. Y todo ello con unos módicos 0,2 W de consumo

Y es que al igual que las penas con pan,  las pesadillas con tecnología LED son mucho más llevaderas.

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PD:  tras cuatro meses de andadura, quiero agradecer a todos  los visitantes de este blog el tiempo que dedican a su lectura. Me cuesta trabajo creer que alguien se moleste en leer esta cosa que empezó siendo una especie de engendro  terapéutico…  Así es que, amigos lectores de España, USA, Mexico, Colombia, Perú, Argentina, Chile, ¡China!, Reino Unido, Alemania, Francia, Eslovenia, etc…. ¡Felices y luminosos sueños LED!.

Inocentes, cándidos y puros

Los titulares de «La Voz de Minglanilla» no dejaban lugar a dudas: una nueva era había llegado al destartalado solar patrio, prometiendo un futuro luminoso y lleno de color donde las casitas eran de chocolate y se podían fumar, las sardinas corrían por el monte, las liebres se regodeaban por el proceloso mar y los ríos arrastraban copiosas cantidades de mazapán y Lacasitos.

Ataúlfo no daba crédito a las noticias, cada una de las cuales dejaba chica a la anterior:

Una enorme foto de Rajoy y Zapatero dándose un apasionado  beso de tornillo sin lengua, por aquello de que una cosa es el cariño y otra el intercambio de fluidos. Al lado, otra foto de Pepiño muy contento porque por fin se había sacado el Graduado Escolar. Maria Antonia Iglesias y Federico Jiménez Losantos paseando por la playa cogidos de la mano en animada y respetuosa conversación mientras Gallardón, a tres prudentes metros, hacía de pudorosa carabina, que ya se sabe que el hombre es fuego y la mujer estopa…

El cambio climático se había ido de vacaciones perpetuas con Al Gore, la luz bajaba un 38% + IVA, que por cierto se reducía al 12%, las tabaqueras dejaban de añadirle más mierdas adictivas al tabaco y lo dejaban sólo con las que ya trae de serie y además ponían el kilo a 2 euros. La chevecha y el Güisqui de malta del bueno a 1 leuro la botella de litro y medio. Ahora al pedir que te llenaran el depósito te lo llenaban mayormente de  gasolina y no de impuestos.

Se clausuraban los parlamentos autonómicos, sus habitantes se iban de cabeza al paro, se cerraban todos los chiringuitos partidistas y se reabrían los playeros. Los políticos decidían por unanimidad ponerse a cotizar como todo Dios para ganarse su pensión (lo de ganarse el sueldo lo dejaban para más adelante, que no es cosa de hacerlo todo a la vez). La DGT reubicaba todos los radares y los colocaba en tramos donde eran realmente necesarios y además, en caso de salir en la foto, te la mandaba cariñosamente dedicada el propio Pere Navarro.

Rub Al Kaba se convertía al budismo y repartía cervecitas por las comisarías. Leyre simplemente no salía en ninguna noticia lo cual era en sí mismo una noticia planetaria. Telecinco decidía retirar de su programación toda la telebasura y buscaba desesperadamente material con el que llenar las 23 horas y tres cuartos restantes. Wyoming fichaba por Intereconomía, los controladores aéreos no tenían ningún tipo de estrés, los dineros públicos no se dedicaban a hacer gilipolleces, los artistas de verdad seguían trabajando como siempre y los de pega dejaban de llorar y se ponían a trabajar de una puta vez.

La SGAE se convertía en una sociedad transparente, Ramoncín tomaba clases de canto, se aprendía la escala hasta el La bemol y firmaba una declaración jurada por la que se comprometía a actuar exclusivamente en su casa los domingos por la tarde y con el karaoke de la Play Station que se había bajado de Internet. Se prohibían por ley los privilegios territoriales, los diputados dejaban de cobrar si faltaban a las sesiones de forma injustificada, se reformaba la Ley Electoral de modo que el voto de todos valiese lo mismo,  y la malversación de fondos públicos se castigaba con rigor…

De repente Ataúlfo sintió que perdía la visión mientras un infernal griterío parecía salir del interior de su cabeza. Siete de la mañana.  El radio despertador vomitaba una acalorada disertación de Fede, que se ciscaba en la familia directa de María Antonia, mientras Enric Sopena y uno del PP que pasaba por allí se medían el lomo a zurriagazos.

-¡Porca miseria! – De un certero papirotazo tiró el despertador de la mesita y cerró de nuevo los ojos abandonándose a la onírica inocencia de los brazos de Morfeo…

El júbilo de la jubilación se va de jubileo: que curre hasta los 67 su señora madre

A nuestro héroe Ataúlfo Corrochano se le atragantó el cafelito con churros mañanero tras ver los titulares de la prensa.  Había leído con estupor todos los periódicos del bar. El Pís, El Inmundo, el Abecedefegé, La Sinrazón, El Diario de Orihuela, la Hoja Parroquial, y hasta el Zás. Todos ellos sin excepción  escupían más o menos la misma noticia: a currar hasta los 67, eso sí «con factores de flexibilidad razonables», que nadie sabe qué significa exactamente, pero suena bien que te defecas por las extremidades inferiores abajo. ¡Tócate la mandanga!

Con un pañuelo de papel marca Hacendado (que no falten), limpió los tropezones de churro que se habían desparramado por la barra en el lance atragantador.  Hay que decir que al ver a su cliente favorito retorciéndose entre toses y estertores torrefacto-churreros, Pepe el camarero se había abalanzado sobre Ataúlfo para salvarle de lo que se le antojaba una muerte inminente por asfixia:
.-¡Tranqui, que te hago la maniobra Heimlich!
.-¡Vete a maniobrar a la mierda Pepe! – le espetó Ataúlfo entre tos y tos. Este tipo de escena era habitual entre ambos, así que Pepe el camarero, muy profesional él, se fue a la mierda un rato.
Más calmado y recuperada a medias la compostura, Ataúlfo sacó su Tablet PC y en cuestión de 2 minutos se curró una hoja de Excel en la que calculaba lo que le quedaría de pensión al cumplir los 67. El resultado era desolador:   45 años cotizados, y  teniendo en cuentas las desviaciones del IPC y el coeficiente aerodinámico de la madre que parió al poder ejecutivo, el  Mocosoft  Excel 2010 venía a decir que le quedaría, euro arriba o abajo, la nada desdeñable cantidad de un truño pinchado en un palo de Chupa-Chups y un esfínter anal con una dilatación suficiente para dar a luz un rorcual común de tamaño medio. ¡Magra fortuna!
Todo ello, claro está, suponiendo que hasta entonces no se quedase sin curro ni aumentasen aún más los años necesarios para tener derecho a una pensión.  
Ataúlfo decidió cerrar el Excel  y abrir el Word 2010, y en un arranque de inspiración se dejó llevar por la musa Calíope, que casualmente pasaba por allí,  escribiendo algunos versos deslabazados:
Diputados hay a cientos,
todos ellos en manada,
calentando sus asientos.
¡Qué putada mi brigada!

Secretarias, Secretarios, 
las ministras, los ministros,
las becarias, los becarios,  
y ocho fistras y ocho fistros.

Mil millones de asesores
y otros tantos consejeros
concejales, directores,
y seiscientos mil palmeros

Un sinfín de Parlamentos,
mil y un observatorios,
y una recua de jumentos
con salarios muy notorios

Y en el Senado pretenden
¡Qué pandilla de tunantes!
que los pobres no se entienden
en la lengua de Cervantes

Y un aviso al navegante
que con la Mula y el Ares
de Bisbal y Bustamante
descarga  discos a pares:

Dice la ministra Sinde
con su Ley lista en la mano,
que la «esgae»  no se rinde.
¡Y a joder al ciudadano!

Y a currar toda la vida
como todo buen currante.
Ya está todo resumido:
¡Que nos den por el talante!

Buen rollito para el Karma.
Aquí se acaba la historia.
¡Feliz estado de alarma! 
y aquí paz..¡Y después gloria!
Ataúlfo pensó por un instante en inmortalizar su obra pulsando  en «Guardar como» y de repente se percató de que el Word 2010 mejoraría mucho con un nuevo menú «Enviar»  con submenús como «A la mierda»,  «Al cuerno» o «A tomar por saco»
Lástima que la tecnología ofimática aún tenga estas carencias. A ver si Bill Gates nos lo arregla en el Office 2011 Abnormal Citizen Edition 2.0, que va ser que no.
¡Felices Saturnales!

¡Felices Saturnales!

Hoy tengo el día ñoño. No sé si será por la proximidad de la Navidad, del solsticio de invierno o de las saturnales, que al fin y al cabo son la misma cosa barnizada con diferentes tintes en función del momento histórico. Es curioso como los humanos necesitamos cerrar y abrir ciclos para exorcizarnos de nuestras miserias, que no son pocas. Se acaba el año solar y nos planteamos ir al gimnasio, dejar de fumar, retomar aquella lectura imposible o simplemente ser un poco menos cabroncetes, cosa esta última muy loable y aún más improbable.

Se termina el año y dejamos atrás el rastro de lo que hemos ido sembrando. De aquellos polvos de enero vienen estos lodos de diciembre o, más poéticamente, de aquellas simientes llegaron estas mieses con las que ahora, más o menos repleto el granero, nos planteamos pasar el crudo invierno y afrontar el «año nuevo» aunque la experiencia nos diga que los años suelen ser cualquier cosa menos nuevos.

De todos modos, digo yo que acongojaditos como estamos- es decir, con los  congojos de corbata- nos merecemos un respiro, un tiempo muerto, una breve tregua. En definitiva, un momento para pensar que todo esto, con sus pros y sus contras, merece la pena.

Desde luego,  a mí no me cabe la menor duda de que sí merece, y mucho, la pena.  Y si la merece, es porque uno mira a su alrededor y se da cuenta de que siempre hay alguien a quien hacerle un guiño. Y lo más sorprendente es que ese alguien, por alguna extraña razón  te lo devuelve en la medida en que se siente cómplice de tus cosas, de tus escasas grandezas  y de tus múltiples miserias.

Por eso, por lo que a mí respecta, pienso celebrar las saturnales, la navidad, el solsticio, o lo que sea como es debido. Porque hay gente que este año se sumó a la fiesta y aún mira el mundo con ojos muy abiertos a medio camino entre el asombro y la esperanza (besos, Helenita), porque otros encontraron nuevos rumbos laborales, porque algunos se quebraron los huesos en lances poco afortunados, porque otros (la mayoría), están envueltos en incertidumbres más o menos relevantes, porque uno hace recuento de los buenos momentos y se le escapa la risa recordando momentos memorables bajo la lluvia o en una playa a las tantas (nada de sexo, que nadie se confunda), … porque sé a ciencia cierta que algunas sacarán a relucir sus «santos ovarios» porque nada se les pone por delante…

Arrieritos somos y en el caminito estamos, porque para ello no necesitamos  encontrarnos.

¡Felices saturnales!

Ataúlfo Corrochano reloaded: la resistencia terrestre frente al caos aéreo

Ataúlfo Corrochano reloaded: la resistencia terrestre frente al caos aéreo

El vuelo salía a las 19:45. Nuestro héroe sabía perfectamente que en materia de aeropuertos no se puede funcionar con improvisaciones. Por ello, con puntualidad de Lord inglés fundamentalista, Ataúlfo se presentó en la cola de facturación de Piltrafilla Airlines con tres horas y 2 minutos de antelación. Había adquirido el billete dos meses atrás por el módico precio de 48,50 euros ida y vuelta para hacer el  trayecto Barajas – Jacarandal de la Babilla y pasar el largo puente estudiando el comportamiento de la gallineta común, muy abundante en la zona. Las gallinetas – y más las comunes – eran otra de las grandes pasiones de Ataúlfo.

Jacarandal de la Babilla había ganado muchos enteros desde la apertura de su flamante aeródromo, que ya movía más de siete viajeros semanales. Incluso en una ocasión llegó a haber una cola de tres personas en el Duty Free, donde se daba salida a los tapetes de ganchillo que confeccionaban los controladores para aliviar el stress en sus tiempos muertos. Optimización de recursos lo llamaban.

Tras poco más de 20 minutos, su equipaje ya estaba facturado, por lo que decidió darse una vuelta por la enorme terminal. Ataúlfo había leído por alguna parte acerca de una leyenda urbana que decía que en una ocasión, un viajero llamado Johann Van Huygens se perdió en el intrincado laberinto y nunca más volvió al mundo de los vivos.  Desde entonces, son muchos los que aseguran que vaga errante por los desagües atormentando a los viajeros que osan aliviarse en la fría soledad de los WC. Así se forjó la leyenda del holandés aerofágico errante. Otros, de forma menos poética,  cuentan que apareció en coma etílico tirado en un lavabo tras haber escrito con su propia sangre «Que os den» en el espejo cuando llevaba 72 horas esperando el embarque. A saber…

De pronto, la megafonía vomitó un inquietante aviso a navegantes:

«Señores viajeros, por razones técnicas desde este momento queda cerrado el espacio aéreo. Permanezcan atentos»

.-¿Permanezcan atentos?, ¡Jodeeeer! ¿Atentos a qué? ¡Ay Diooooooos…. – Ataúlfo sintió un sudor frío que recorría su espalda en imparable descenso, en parte por la gravedad de la situación y en buena medida también, por la gravedad terrestre que parecía ser lo único que seguía haciendo su trabajo contra viento y marea. Trató de calmarse, y decidió que iría a refugiarse en la ventanilla de Piltrafilla Airlines, que al fin y al cabo, era a quien había  confiado su equipaje y su equipo de observación de gallinetas.

Según se iba acercando, observó que todos los mostradores de facturación estaban colapsados y los viajeros más avezados habían comenzado a montar elaboradísimos campamentos donde hacerse fuertes ante el asedio que se avecinaba. Incluso le pareció ver que algunos llevaban sus propios generadores eléctricos y letrinas de campaña – la experiencia sin duda es madre – o al menos madrastra- de la ciencia-.

Ataúlfo abrió su equipaje de mano  para hacer recuento de la munición con la que contaba: un supermóvil con conexión a internet y repleto de música, juegos y pelis con su correspondiente batería de repuesto. Un cargador. Su cartera, con suficiente dinero y tarjetas de crédito para resistir lo que hiciera falta. Un cartón de tabaco, chicles de clorofila para mantener el aliento fresco y el último número de «Gallineta’s Magazine».

Ataúlfo se hizo fuerte entre dos jardineras y una cabina de teléfono, a escasos metros del WC más próximo y justo enfrente de la cafetería. Y sonriendo  de nuevo, se sintió como Viriato, dispuesto a defender la plaza al precio que hubiera que pagar mientras pensaba que no hay nada como ir a la guerra bien provisto de munición.

Las gallinetas tendrían que esperar…