Los años 70 son apasionantes. Hay incluso quien, por llevar la contraria y hacerse el que lleva la contraria, considera que son apasiondespués. ¡Ñiñiñiñiñi! ¡Ipisindispíis! A ver, que habrá quien quiera más matices, porque todos los siglos tienen años 70. En ese tema los siglos vienen equipaos de serie. Yo me refería a los años 70 del siglo equis equis. Los del siglo equis palito equis eran diferentes porque no se habían inventao los Bee Gees, los pantalones de campana, ni los cantantes de rumba con pajarita talla 58.

Es más: en la década de 1870 no había ni Mirinda en los bares, lo cual deja claro que era una década de mierda con muchas carencias. Además, la gente se hacía fotos de familia y eso, y salían con unos caretos y unas pintas que aquello metía miedo a las polainas. Como queriendo decir: “Cuidao con nosotros, que semos unos chungos de los años 70 del siglo equis palito equis”. Si de petaca alguien salía en el retrato con cara de chiste o algo, le afeaban la conducta por salir bien y tener que repetir la foto. Algunos fotógrafos contrataban a gente pobre y chusma así, les enseñaban los retratos de familia, y si infartaban o se iban por la pata abajo del mismo acojone, es que la foto era buena.

-A ver, ustedes pongan cara de tener acidez de estómago, y de que les duelen tres callos en el dedo gordo y cuenten hasta 6000 en lo que se va haciendo la foto al óleo. A ver, la señora con cara inquietante, tápese la enagua, que le asoma un poco por entre la bajera del faldón ¡Impúdica! ¡Guarra! ¡Esto no es un selfie!

El caso es que la década de 1970, que es la que nos ocupa, tenía la particularidad de que se extendía entre los años 1970 y 1979, lo cual nos da una idea de la verdadera dimensión del momento. Ya de mano, ibas al cine y antes de empezar la peli te cascaban el NO-DO que era una cosa tradicional de mucha información que ponía el mundo al alcance de todos los españoles. Lo primero que hay que decir, es que el nodo empezaba siempre con una música molona:

 Tiiiii, tiririiiiii, tiriri, tiriri, tiriri… (y así todo el rato).

Y la música terminaba así:

Tiii tiiiii ti ti ti ti ti tíiiiiiiiiiiii… que era mucho mejor que tachín o chinpún, que eso estaba muy visto. Luego ya, si había suerte, se inauguraba algo. Si era una cosa muy gorda de inaugurar, rollo pantano o sitio con máquinas tochas y un botón rojo de inaugurar, la cosa empezaba con “Su Excelencia el Jefe del Estado…” y si no, pues se ponía una tonadillera o algo de eso y un señor con voz raruna como de tener mocos, decía:

“La popular tonadillera “La Niña de los Hematomas”, inauguró este magnífico parque infantil con columpios totalmente hechos en España, sin homologar ni nada, donde las futuras generaciones se forjarán como españoles de bien con las rodillas todas pelás. En las imágenes podemos observar a esta graciosa pequeñuela que se acaba de abrir la ceja con el canto’l tobogán, oportunamente afilado. Es de destacar el maternal gesto de la Niña de los Hematomas, a la que vemos en el momento de reintroducir el globo ocular de la pequeñuela en la cuenca. Para finalizar el entrañable acto, la tonadillera les dedicó algunas coplas a los agradecidos infantes, que llenos de júbilo y alborozo se entregaron como corresponde a sus despreocupados juegos y mutilaciones…”

Porque los niños en los 70 nos alborozábamos con cualquier mierda. Así daba gusto de ir a ver una pinícula. Lo de la tele ya era otra dimensión muy jevimetal. Por ejemplo, se inventó el “Un Dos Tres”, que era un concurso que iban parejas, como en First dates pero en otro plan, y primero tenían que responder preguntas. En otro plan también:

-Por veinticinco pesetas, nombres de animales que podemos encontrar en el zoo. Por ejemplo: “avutarda”

Ti turu tirirururú pi… pi… pí ¡Cu, cu! ¡Cu, cu! (que la música también, le roncaba la huevera)

– ¡Avutarda! (la primera la solía acertar todo el mundo, y de ahí la expresión “Eres más tonto que cagal-la en la primera pregunta del Un Dos Tres”)
– ¡Elefante!
– ¡Foca!
– ¡Tu puta madre!

¡TOLÓN TOLÓN TOLÓN! Y Don Cicuta te jodía vivo porque en los zoos no tenían tuputamadres. Los zoos españoles eran muy precarios y no tenían de ná.

Y entonces una azafata vestida de domadora de circo con unas gafas más tochas que los tapacubos de un Pegaso, cogía la calculadora y echaba cuentas, que eso era un prodigio:

– ¡Han sido tres respuestas acertadas! A veinticinco pesetas cada una (clic, clic clic clic, clic, clic, clic, clic ¡Ay, mierda! Clic, clic clic… clic… clic… … clic!) ¡SETENTA Y CINCO PESETAAAAS!

Con calculadora también yo ¡No te jode!

La cosa es que la pareja que más perras ganaba, seguía la semana siguiente. Que oye, a mil doscientas pesetazas cada semana, ya eran cuartos. Las otras dos parejas, que habían ganado una mierda pinchada en un palo -con doscientas cincuenta pesetas no se iba a ninguna parte- pasaban a la eliminatoria, que era una cosa de mucha risa. Por ejemplo, había que llenar una taza de ácido sulfúrico hasta el borde, bajar por un tobogán español sin homologar, saltar de un trampolín a una piscina llena de mierda mientras te estampaban huevos en la cabeza, que en casa nos partíamos todos el ojal, y luego ya metías el ácido sulfúrico que quedaba en la taza de Duralex en una tarreña que había al final del recorrido. La tarreña era de Duralex también, que era lo único que aguantaba el ácido sulfúrico. En caso de hecatombe nuclear, lo único que sobreviviría sería el Duralex. Ni cucarachas ni nada. El puto Duralex, que no había manera de acabar con aquello. Eso lo pilla Hitler pa blindar los Panzer y gana la Segunda Guerra Mundial con la chorra. Total, que el que más miembros conservara sin desintegrarse, ganaba la eliminatoria. El que perdía se iba a la mierda y no levantaba cabeza más en toda la vida, porque perder en el Un Dos Tres era de catetos.

La pareja ganadora iba a la subasta, que aquello era la escojonación del átomo. Ahí salía gente haciendo cosas de risa, y dejaban un objeto que lo mismo podía dar pistas de qué regalo escondía, que no darlas en absoluto:

– ¡Ay Pepe! Nos quedamos con la mierda de cartón piedra, que tengo un pálpito
-No, que me da mala espina. ¡La verruga con pelos, la verruga con pelos!
– ¿Y si les ofrezco cinco mil pesetazas y nos olvidamos de todo?
– ¡Pepe, mil duros! ¡Nos da pa un piso modesto! (con aluminosis, que era una enfermedad que venía de serie en los edificios baratejos, pero piso al fin y al cabo)
– ¡Aquí hemos venío a jugar! ¡LA VERRUGA!

Y entonces Kiko Ledgard cogía un tarjetón que iba pegao en el culo de la mierda de cartón piedra, y resulta que estaba el Seat 124 o el apartamento en la Manga del Mar Menor, Murcia. ¡Ooooooooooooh!

Y el paroxismo llegaba cuando cogía el tarjetón que iba pegao en el culo de la verruga con pelos:

-De todos es sabido que las verrugas, esas molestas lesiones cutáneas, pueden aparecer en diversos puntos del cuerpo de la persona humana, como manos, pies, o incluso en el mismo ojete… Sin olvidar, naturalmente, las verrugas plantares también conocidas como “ojos de gallo”. Y hablando de gallos, y aprovechando la feliz coincidencia de que el Arlanza desemboca en el Pisuerga, han ganadooooo…

– ¡Ay Pepe, que nos ha tocao un río!

– ¡ESTE MAGNÍFICO POSTE DE TELÉGRAFOOOOOOOOOOOS!

Luego ya, la dirección del programa te facilitaba un pasaporte falso pa que pudieras salir del país dignamente. Hoy le puedes hundir la vida a alguien con las redes sociales, pero por aquel entonces el Un Dos Tres era el puto amo del universo.

Los setenta tenían muchas otras cosas, ojocuidao: revistas de tetas, pelis de tetas y de quinquis, revistas de quinquis, quinquis con tetas, y niños que ponían ratas muertas en las vías de tren a ver qué pasaba. Como cosa científica.Y Quinqui. Fue un momento de mucho aperturismo cultural, que ibas a los coches de choque y ponían música de Los Chunguitos y te atracaban primero los de los coches de choque, que te dejaban sin la paga de la semana, y luego ya los quinquis titulares de los alrededores de los coches de choque, que ejercían una fascinación sobrehumana entre los quinquis. Estos últimos te quitaban las fichas. Por aquel entonces se aprovechaba todo hasta el extremo de atracarte dos veces por lo mismo. Hasta había quinquis que les robaban a los otros quinquis las fichas que te acababan de robar, que eso sí que es reciclaje de lo bueno ¡Qué recuerdos!

De aquella todo el mundo iba en la amotillo sin casco. El casco era una cosa desconocida, o en caso de ser conocida, de mariquitas y blandengues. Como queda dicho, era una época de mucho aperturismo. Sobre todo, por traumatismo craneoencefálico. El único casco interesante era el de los refrescos y eso, que eran botellas pero los llamaban “cascos” como si fueran auriculares o algo. Era una época de muy poca lógica en la que cuando te acababas la Fanta de litro ibas a la tienda y te devolvían las perras del casco.

– ¡Una Fanta!
– ¿Con casco o sin casco?
– ¡Sin casco!
– ¡Ahí, con dos cojones chavalote! ¡El casco es de mariquitas!

No era como hoy, que estamos más avanzaos y primero pagamos el casco y luego se lo llevamos a domicilio al que lo recicla y se lo regalamos por la cara pa que lo recicle, que es más lógico.

“Deposite sus cascos en el contenedor verde ¡No sea mariquita!”

Otro día seguimos hablando de los años setenta, que quedan muchas cosas que decir, pero es que hoy me levanté nostálgico y me dio por el No-Do, el Un Dos Tres, los coches de choque y los envases retornables.

Y hablando de retornar, vuelven Sandra y Borja Mary con el capítulo 31, que ya van siendo capítulos. Y para celebrar que me da por la gana, es un capítulo especial.

Para quien no sepa de qué va la cosa, por si le apetece, dejo el enlace al primer capítulo para empezar la historia desde el principio propiamente dicho, que hay que ser masoca:

Ir al capítulo 1.

Al final de cada capítulo hay un enlace al siguiente, y bla, bla, bla… y también se puede ir a mi página güeb www.ismaalvarezpaz.es que está todo colocao en cómodos envases retornables.

He aquí pues, el capítulo 31:

 


 

¡Sonso tía! Espero que al recibo de la presente te encuentres bien. No como la última vez, que te encontrabas mal. Me tienes que perdonar que hoy no te escriba por Messenger ni por Whatsapp como siempre. Lo que pasa es que como estamos en los setenta y el Internet está prohibido o sin inventar o algo de eso, te tengo que mandar el Whatsapp por correo ordinario. Que no me gustan nada las ordinarieces, pero como es una cosa de fuerza mayor te fastidias. Estúpida. #QueNoHayInternetTeDigo

Tampoco te puedo poner emoticonos porque no están inventados, y para ponerlos tengo que usar los rotus de Carioca, que da mucho trabajo. Bueno, te pongo este de un esmarfón, y te arreglas:  Tía, los 70 son súper agotadores

#SonSúperAgotadoresTía (esto es un hashtag, que tampoco está inventado, pero yo lo pongo igual)

Pero eso sí: son súper aperturistas. En la tienda de debajo de casa han puesto un servicio nuevo muy moderno de compra on line con consultas de stock en tiempo real. Te asomas al patio de luces y haces así:

– ¡Norbertoooooooo!
– ¿Quéeeeeeee?
– ¿A cómo tienes la naranja güasintonaaaa?
– ¡A catorce pesetaaaaas!
– ¡Qué carísimoooo!
-Por culpa la crisis del petróleooo
– ¡Mándame tres kiloooos!
– ¡A qué cuentaaaa!
-A Sandramary@tercerocé.es
-Vaaaaaaa

Y te los manda por E-milio ipso facto, y pagas la compra por PayPal:

– ¿Cuánto es?
-Son tres kilos de güasintonas acertadas, a catorce pesetaaas… clic, clic, clic clic, clic… clic. Doble clic… ¡Cuarenta y dos pesetas, señá Mary!
-Toma 45 y lo que sobra lo metes P’ayPal bolso, E-milio, guapo.
– ¡A mandar!
– ¡Ea!

¡Cualquier día inventan la compra por teléfono, tía! Hablando de teléfono, voy a aprovechar el emoticono de esmarfón de antes: 

Los setenta son muy entretenidos y hay muchas cosas que hacer. Por ejemplo, esta mañana hemos ido a comprar el pan a la panadería, la leche a la lechería, la carne a la carnicería, los expendos a la expendeduría y los abogos a la abogacía, que estaban de oferta. También hemos ido a la abacería porque no nos quedaban abazos, pero estaba cerrada. Que eso ya nos ha llevado media mañana. Ya casi no llaman mariquita a Borja por ir conmigo a la compra, ni le pegan ni nada, porque hay mucho aperturismo. Pero yo lo mando al bar con los amigotes a tomar solysombras y cubaslibres y a decir “MecagoenlalecheMerche” y eso. Para que no lo discriminen por blandengue. Yo creo que me lo está estropeando un poquito ese tal Antonio Alcántara, que es un pesao y está en todas partes. Como la Mirinda. Una vez me lo encontré el mismo día en la calle Preciados, en Moratalaz, en 1992, y en la sopa Knorr. Y las cuatro veces estaba riñendo y cagándose en la cuna que lo arrulló el tío cretino.

Hablando de cret… de Borja: ¡Ay, qué mono que es! Desde que es abogado progre lo llevo hecho un pincel, Sonso, tía. ¡Está para comérselo con los pantalones de pana de pata elefante y el jersey cuello pico con corbata gorda! Espera, que pinto un emoticono: Estoy a ver si lo convenzo para que se deje las patillas más largas, como Peret.

Los viernes por la noche nos vamos a dar un voltio a la boite, que es como si fuera una discoteque pero se dice “buat” y movemos el esqueleto cantidubi, que es como decir que vas a bailar, pero haciendo oposiciones a imbécil. No veas lo que farda Borja con los zapatos blancos de punta fina, tía. Lo malo es que desde que se murió Franco, las boites están llenas de quinquis y milindroquis que te intentan seducir sacándote la navaja y diciendo cosas quinquis:

– ¡Chati, te invito a mi queli a ejcuchar el último de Camilo Sesto! ¡Ayyyyyy, que te lo daba tó!
– ¡No me da la gana!
-Pos uno de Camilo Sétimo. A mí me da lo mim-mo ¡Chati! ¡Tronga!

Y cuando la cosa ya se ponía fea, va Borja y se encara con el quinqui, que por cierto era monísimo con ese flequillazo, la camisa apretada, la cadena de oro gorda y la recortá escondida en la pata elefante.

– ¡Oiga, señor quinqui, le conmino a que deje de importunar a mi mujer, o me veré obligado a llamar a la pol…. ¡A los maderos, a los maderos! ¡Tronco! ¡Malhechor! ¡Que te des el queo, cara peo!
– ¡Será “que te des el piro vampiro”!
– ¡Ahí, ahí! Eso también

Menos mal que en ese momento entró El Fary a la boite y dijo:

– ¡Deja a los chavaleees! ¡Que camelen lo que ellos vean que quieren camelar! ¡Ere un figuraa! ¡Qué arte má grande! ¡Quinqui! ¡Que ere un quinqui! ¡Ole!

Entonces Borja hizo una maniobra de distracción, sacó un billete de mil pesetas y amenazó con él al quinqui de boite ¡Qué valiente tía! Imagínate cómo sería, que el quinqui se llevó toda la cartera de recuerdo.

– ¡Y no vuelva por aquí! ¡Quinqui de boite!

Y el Fary a lo suyo:

– ¡Ole! ¡Qué arte má grande! ¡Como un pachá has quedao con la chavala! ¡Ere un número uno! ¡Blandengue! ¡Que seguro que haces la compra y llevas casco que no es retornable! ¡Ole!

Cuando le dejó de temblar el pulso y eso, nos pusimos a bailar, porque ponían nuestra canción:

¿Qué pasa contigo tíiio?
Conmigo qué va a pasaaar…

Y luego llega la parte de:

Y es que me paso el día de juerga
Todas las noches sin descansar
dándole al vino y a la guitarra
con las chavalas cerca del mar… 

Que es una canción muy transgresora y aperturista, como queriendo decir que no das un palo al agua y eres un borrachuzo. No sé dónde vamos a llegar, tía…

Pues ya te digo, tía. Por aquí todo bien y muy moderno, que hasta hemos puesto portero automático.

– ¡Matíaaaaas!
– ¿Quéeeee?
-Suba, y bájeme la basura ¡Haga el favor!

Y automáticamente sube y te baja la basura. A veces se equivoca y te sube la basura y luego baja. Pero es buena persona y gasta poco, que es normal con la mierda que le pagamos. Pero con mucho aperturismo, tía.

¡Ay, te dejo! Que está llegando Borja en el 124 y va a empezar el Un Dos Tres. Otro día te cuento más cositas ¡Besitos de Borja y Sandra Mary! Espera, que te pinto un emoticono: 

PD: Mañana echo el Whatsapp al buzón.

Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

Leer más historias