Y del mismo modo que en 15 días o así llega la primavera al Corte Inglés, llega el capítulo trece de Borja y Sandra Mary. Porque el trece es un número muy molón al que nadie quiere y eso es una cosa muy injusta. ¡Adopta un trece!

Como siempre, dejo el enlace al primer capítulo por si alguien quiere engancharse y ponerse al día. Ya sabéis que al final de cada capítulo siempre pongo el enlace al siguiente… https://www.facebook.com/isma.alvarez/posts/10209969590187107

Y ya sin más, ahí va la treceavientengésima entrega:


 

16 de enero de 2017. Clínica Gucci Plus Ultra. Departamento de desintoxicación y descachopización cuqui. Unidad detox de cuidados intensivos para recién retornados de Asturias:
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¡Pitu tía! ¡Soy Sonso! Aún estoy ingresada recuperándome de la Nochevieja en Asturias con Sandra Mary y Borja. No he podido escribirte hasta hoy porque el Doctor dice que aún tengo un poquito bajo el nivel de sangre en colesterol. He aprovechado para dializarme los radicales libres y me han inyectado unos leucocitos de Gucci ideales que me han sentado fenomenal, que me levanto por la mañana y lo noto muchísimo. Los triglicéridos me los han ido sacando y los han ido juntando todos en un frasquito, pero como eran muchos me los han dado en un bote de Granini de litro. Son ideales y me voy a hacer con ellos un colgante de calavera o algo #HeVueltoDeAsturiasSúperMacarraTía. Los smoothies de bayas de acai, col rizada y Calgón por vía intravenosa me han venido fenomenal y dice el doctor que la circulación ya se va restableciendo. Aún me queda someterme a una intervención de corte de puntas, que las tengo súper abiertas, pero el estilista de la clínica dice que apenas tiene riesgos.

¡Tía, tienes que ir algún día a Asturias porque lo vas a ultra flipar! Ya me había contado un poquito la mamá de Sandra, que ha salido hace unos días de aquí de la clínica Gucci como nueva después de lo suyo en Nochebuena. ¡Tía, parece otra! Antes era como la Personal Trainer de la Señorita Rottenmeyer, pero con úlcera de estómago, y ahora es un amor, que parece el abuelo ñoño que hacía de papá de Milikito en “Médico de Familia”. Ahora siempre huele así como a Chanel y zumo de manzana fermentado y está súper contenta. ¡Yo creo que se droga o algo!
¡Si ves a Sandra y Borja lo hiper flipas! Están súper cambiados y han engordado. Tía, Sandra por lo menos pesa 2 kilos más y tiene los mofletes un poquito colorados así rollo Heidi. Ella dice que es por el iluminador. ¡Una mierda! Con lo que comen ahora, no me extraña. Bueno, eso y el aire de la urbanización esa súper rural en la que viven…

Ya de mano el viaje he tenido que hacerlo en autobús porque no quedaban plazas para ir en avión. La mamá de Sandra me dijo que el aeropuerto de Asturias era así como de pueblo de Burundi, muy pequeñito y con muy pocos medios, sin quioscos de Gucci ni de Óscar de la Renta ni nada. Me hubiera gustado verlo, porque no me lo creo, pero bueno…

Total, que el viaje me lo he hecho en autobús, que allí lo llaman “el Alsa”. ¡Qué fuerte, tía! Ya para empezar, en la estación de autobuses me han robado el móvil. ¡Todo popular y proletario que te cagas! El autobús sólo lleva una azafata y el WIFI iba súper lento ¡Súper precario, tía! Pero me lo he pasado ultra bien y ha sido una súper aventura. Bueno, no te digo más, que he ido a la toilette del autobús ¡Qué hippie todo! Lo que no sabía es que el autobús paraba en un sitio que se llama Villalpando. ¡Ay tía, había un bar así como de carretera súper rudimentario, lleno de obreros! He pedido una tacita de Kopi Luwak y me han dicho que no tenían. Ni Jamaica Blue Mountain ni nada ¡Qué fuerte! El camarero me ha dicho que o Marcilla normal o descafeinado. Y ya. #AyQueMeParto. #ConCualquierCosaSeApañan

Después de eso ya no me he atrevido a preguntar si tenían dip de espinacas, palmito y alcachofas #FijoQueNoTenían. Total, que para integrarme en el ambiente obrero, me he pedido un bocadillo de chorizo y un café proletario con azúcar, porque tampoco tenían reducción de stevia cristalizada. ¡Ay, si me ves te partes! Hasta he sorbido el café y todo, pero me han mirado con cara rara los de la mesa de al lado, así que he debido de hacerlo fatal porque todavía no controlo bien las costumbres obreras. ¡Menos mal que no había nadie conocido, que si no qué vergüenza tía!

Al llegar a la estación de autobuses les he preguntado a dos chicos muy majos si me ayudaban con el equipaje. Cuando han visto las doce maletas se han puesto tan contentos que han empezado a hablar como en africano:

-¡BAMA LETADA! ¡GUNMIMA DRE!
-KELA PARIÓOOOO….!
-¡YOAKO JONO!
-¡PESENKOMOSU PUTAMA DRE!
-¡KIENTE MANDAKARA PIJO!
-¡TOYFRA LLAU!
-¡PUES RASKESKAM PEON!

¡Tía, qué amables son los asturianos! Me han dejado las maletas en la puerta de la estación y se han ido arrastrando. No digo nada, porque son sus costumbres y hay que respetarlas. Enseguida ha aparecido Borja a recogerme con el Mini, pero como es pequeñito no cabía todo el equipaje, así que el taxi ha venido detrás con las ocho maletas restantes. Tía, Borja lleva dos mazorcas colgadas en el retrovisor, que debe ser una costumbre de aquí. Ha ido todo el camino soltándoles súper improperios a los otros conductores, que al parecer también es una costumbre de aquí. Si lo llegas a oír te mega cagas. Con lo mono que es y ese rollo malo malote que ha cogido…¡Ainsssss!
El adosado es cuqui, y está en una urbanización obrera de abogados y operarios muy acogedora sin seguridad privada ni nada. Sólo tiene dos cuartos de baño, pero es como que no les importa, y de noche hay un gallo molesto que canta, que no sé cómo pueden vivir así, pero yo los veo súper encantados.

Nada más llegar han sacado un escanciador electrónico de sidra y hemos bebido todos del mismo vaso, que es una cosa súper poco higiénica que hacen aquí, pero son sus costumbres y hay que respetarlas. Como por la noche nos íbamos de cotillón, han dicho que comeríamos ligerito. Han sacado unos entrantes de embutidos de jabalí, o de antílope o algo así que me ha parecido súper exótico, y unas anchoas asturianas que me han dicho que eran de lastres. Se conoce que es la hora a la que se comen las anchoas aquí.

Luego hemos hecho una típica fondue de queso de Cabrales, que olía súper rara, así como a polideportivo de barrio. Y cuando ya tenía arcaditas y creía que habíamos acabado de comer, al parecer han sacado más comida, pero de eso ya no me acuerdo. Cuando recobré el conocimiento ya eran las cinco y media y casi no me da tiempo a arreglarme para ir al restaurante. ¡Qué súper pedo, tía! Menos mal que Sandra Mary me ayudó un poquito con el maquillaje, y para las nueve y media ya estábamos en el restaurante…

Tía, con el vestido de tirantes y la sandalias de Louis Vuitton casi me congelo de la humedad y el frío que te cagas. ¡La estola de seda de Kenzo no abriga una mierda y no es nada adecuada para este clima! Cuando vuelva a casa pienso ir a ponerle un reclamación a la operaria de la tienda de Kenzo. Como dicen aquí: “fai un chuscu que escaralapanga el cabello y pitinga el sudoku”. O algo así. Como hablan tan raro…

Nada más llegar al restaurante había un cóctel de bienvenida a base de beber y comer como cerdos, que es una cosa muy típica de aquí. Muy rico todo. Había Vol-Au-Vent de chosco confitado, canapés de perlas de morcilla de Bimenes, crujientes de Petit Toucin con Bien de lo Blanco, piruletas de micuit a la sidra y solomillo de mamut, o de no sé qué bicho que tienen aquí, y todas las recetas en ese plan. Lo que más me llamó la atención son unos recipientes altos así como de madera que están por todas partes y se utilizan para no salpicar cuando escancian la sidra. Pero eso ya me lo explicó amablemente un camarero después de vomitar en uno. Resulta que no era un vomitorium. ¡Tía que pedo!

Luego resulta que después del cóctel porno de bienvenida había que cenar, tía. Había entrante de crema de andaricas con lascas de ñocla del Cantábrico, que no tengo ni idea de lo que era, pero estaba que te cagas y sabía como a mar. Que no sé por qué lo llaman entrantes, si antes ya nos habían entrado con todos los canapés, y a mí ya se me salía todo por las orejas, pero bueno…

Luego había lomos de lubina salvaje del Cantábrico en hojaldre con emulsión de tomate y salsa de sidra, que seguro que era del Cantábrico también. Aquí todo es del Cantábrico, tía. ¡Jo, qué mega pedo! Ahí fue cuando se me saltó un cristal de Swarovsky del tirante y le dio en todo el ojo del Cantábrico al señor de la mesa de al lado, que no me he reído tanto en los días de mi vida. El señor, por el contrario, no se reía nada el muy soso.

Después han traído un cortante de esencia de kiwi asturiano del Cantábrico o de no sé dónde mierdas. No me acuerdo. Pero estaba muy bueno. Y no cortaba una mierda.

Cuando han traído el lechazo merino asado a baja temperatura con patatinos se me ha saltado otro cristal de Swarovsky y le he vuelto a dar un lechazo al señor en el mismo ojo, y se ha puesto hecho una furia diciendo que si era de la cuenca y que no le vacilaba nadie y no sé qué. ¡Qué gilipollas, de verdad! Que le he tenido que explicar que ya sé que el ojo va en la cuenca del ojo propiamente dicha. A mí lecciones de anatomía las justas. ¡Qué estúpido! ¡Y qué pedo! Luego le he pedido al camarero repetir de todo porque estaba rico que te cagas.

Luego había coulant de chocolate y caramelo con tulipa de mazapán del Cantábrico y turrones y cosas de esas. Del Cantábrico serían también. ¡Qué mega ciego que te cagas, tía! Luego ya, lo típico: me he comido los doce matasuegras y he soplado las uvas y todo eso. Recuerdo vagamente haber bailado el polvorete con el señor de la cuenca del ojo, y a su mujer hecha un basilisco. Pero no estoy muy segura. ¡Qué fiestón, tía! Al final, el camarero de la barra libre ya me echaba los hielos en la botella directamente. Luego nos hemos comido el chocolate con churros, que yo ya llevaba un subidón que te cagas. El camarero de la barra libre, que se ha hecho súper amigo mío me ha dado un alijo de chocolate con churros en un tupper para luego. ¡Qué mono!

Luego Borja y Sandra Mary se han puesto pesadísimos con que querían irse porque según ellos era muy tarde. Así que nos hemos ido súper pronto tía. Porque son sus costumbres y hay que respetarlas, pero acababan de empezar los saltos de esquí y la orquesta del Concierto de Año Nuevo todavía estaba afinando los violines y los tambores y todo eso. ¡Qué pena habernos ido tan pronto, que además ya estaban llegando otros camareros nuevos ¡Qué fiestón!

Bueno, Pitu, en nada creo que ya me dan el alta. Te dejo, que vienen a queratinizarme las uñas y a cambiarme el gotero de Jean Paul Gaultier. ¡Hazme caso y vete a ver a Borja y Sandra Mary a Asturias pero ya! ¡Besitos!

 

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