En mi opinión habría que quitar las farolas porque son un símbolo fálico clarísimo. No digamos ya los botijos, que eso trae el pitorro de serie y es totalmente falócrata porque hay que beber cuasi felando. Es más, estoy promoviendo expulsar de mi comunidad a Falo Fernández (3°B). Que va provocando cada vez que enseña el carné. Y los Donuts sin agujero, que es sexista. Del brócoli ya ni hablo. Porque no me gusta y había que encarcelar a los brocolistas, que son los que lo sacan de las minas de brócoli.

¿Que no te mola un mural que han pintao en la calle porque ES ofensivo / machirulo / pecaminoso sin lugar a dudas? Pues se tapa y se pinta otra cosa encima.
Si es que salimos a cuenta. El gobien-no de turno ya ni tiene que contratar censores. Ya venimos censuraos de casa.

La mejor manera de difundir la palabra, tal como demuestra la historia, es a hostia limpia y a voces. Y si no te avienes pacífica y libremente a corregir tu equivocada opinión, te meto un meco que te salen los empastes bailando reguetón. No sé de qué me suena esto, oye. Es de primero de marketing ideológico: ¡Compre nuestro producto, puto imbécil! ¡Cretino!. Y entonces las turbas de gente se convierten ipso facto de forma masiva, no vaya a ser. Esto me suena mucho también. ¡Qué coincidencia!

Porque como dijo Catalina de Aragón, o Paulo Coelho:

“Hay libertad, menos los martes y jueves. Resto días cerrado. Razón en portería”

Y para rematar, la obra cumbre de la creación humana: aquella frase polivalente y multisectorial que dice:

“¡Me paice a mí que tenéis un cuajooo!”

 

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