Y así es como se hace

Y así es como se hace

Toy ahí escribiendo los guiones de los dos siguientes programas de la radio, que es una cosa que me gusta mucho de hacerla. No es como la cama, que no me mola nada de hacerla.

Es curioso, porque cada vez que decido el tema a tratar, pongamos por caso que se trata de “Las mil y un maneras de liofilizar la casadiella”, por alguna razón que desconozco acabo hablando de otra cosa totalmente relacionada. Totalmente relacionada con algo que no tiene nada que ver. De hecho, creo que la expresión “liofilizar la casadiella” es muy ponible.

Por ejemplo, cuando alguien te importuna, te molesta de manera pertinaz, te resulta estomagante y arranante, o por el contrario te toca los webos con inusitada habilidad, queda fetén decir: “Tenga usted la bondad de irse a liofilizar la casadiella, pongamos por caso, a casa Dios.”

Esta expresión es completísima. Analicemos:

.-“Tenga usted la bondad de irse”: esto denota una clara intención como de ser amable. Como queriendo quitarle hierro al asunto. Sin alharacas innecesarias ni nada. Pero manteniendo la firme voluntad de mandar a tomar por el orto a otro concejo o pedanía no demasiado próxima.

.-“A liofilizar la casadiella”: a pesar de que pudiera denotar un cierto simbolismo fálico, esta locución es absolutamente ambivalente en materia de género porque lleva anís y eso lo hay lo mismo del mono que de la asturiana. Esto es irrefutable. No se puede futar.

.-“Pongamos por caso”: esto es un canto al libre albedrío, a la par que enseña y entretiene. Como el Libro Obeso de Petete, o Aramís Fuster, que enseña de tó y a la misma vez, Petete entretiene. Como queriendo decir: “esto que le voy a manifestar a continuación, es meramente ilustrativo y/u orientativo, no constituyendo obligación contractual alguna.” Como queriendo decir que no constituye “obligación contractual”, que en derecho significa “Po te jodes. No haber firmao”.

.-“A casa Dios”: denota lejanía y atomarporculez.

Y así es como se escriben guiones pa la radio.

 

 

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¡Ay!

¡Ay!

Tengo agujetas en el páncreas, en el íleon, en el yeyuno, en los menudillos, en la campanilla, en las trompas de Eustaquio, en la rabadilla y en las agujetas. Y luego ya en todo lo demás. Que me lo noto yo ¿En el cielo la boca hay músculos? Y luego ya para rematar me encuentro con que ha habido serios problemas en el protocolo de besar manos. Qué importa. Lo bonito es quererse y besarse. Por cierto, en el protocolo también tengo agujetas.

Al salir de la ducha estaba Pedro Piqueras esperando con una tortilla Ibuprofeno y me ha dicho:

“Las agujetas que van a ver a continuación son absolutamente apocalípticas, demoledoras, ¡Acojonantes!”

De esto último no estoy seguro porque iba yo así como catatónico. Pero de lo que estoy seguro es de que detrás de un matorral estaba Matías Prats defecando y dijo claramente: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Sin duda alguna cuando te levantes mañana te va a… Cagar”.

Yo creo que me voy a dormir, que es más mejor. Tengo agujetas en el pijama.

Porca miseria…

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Maestro

Maestro

Como un mantra se repetía la historia. Una vez. Dos. Miles. La misma idea rumiada una y otra vez sin tregua. El mismo clavo que, golpeado sin la menor piedad, mantenía la herida en carne viva, lozana y sangrante. Y en esa calidez infame vivías como el peor pagador de entre los huéspedes.
Tirano a pensión completa y con derecho a roce en mala hora acogido. Yo te di las llaves y la espada. Yo te las quito.

No. Nada eres. Por más empeño que saques de las entrañas que, por más señas, son las mías. Me cansas, sí. A veces me agotas sin más victoria que la miseria de verme de nuevo en pie. Y los muros inmensos que tantas veces como levantaba te empeñabas en derruir a golpe de soplidos, quedaron al fin en el suelo vencidos porque no volví a poner piedra sobre piedra. Ya no. Porque a base de odiarte aprendí que muralla vencida hace buena calzada por la que transitar saltando de piedra en piedra. Eso viniste a enseñarme, y esa lección me queda.

Fue muy ingrata tu compañía, maestro. Gracias por hacerme verlo. Llegó la hora. Depón ya las armas y ríndete porque tu misión está cumplida y empieza la mía. Ya no eres mal hallado. Ya no eres. Ya no.

Lo que haya de venir, sea sin esfuerzo. Que del esfuerzo dejé media vida sin mayores frutos. Que de subir peldaños y arrojarme al vacío perdí las fuerzas y gané la única certeza de volver de nuevo al mismo sitio. Ya no. Que el camino no era ese, y por ello vuelvo al camino. Porque por andar buscando no encontré, dejo la búsqueda y abandono el anhelo, de tal suerte que sea la búsqueda quien me encuentre a mí si lo tiene a bien.

Y por eso te escribo, maestro. Para hacerte saber que agradezco el servicio inmenso de tu presencia exasperante, tanto tiempo repitiendo sin descanso que el empeño en no querer, nada es lo que concede. Y al fin te escucho.

Por eso quiero. Por eso nada espero. Por eso.

Justo por eso. Gracias maestro. Aquí ya no tienes posada ni nadie que te odie. Por eso es. Por eso te suelto. Vete. Que donde antes había muralla tienes, a falta de plata, puente de piedra. Vete, que el triunfo es tuyo y en esa derrota está la victoria que hago mía.

Aprendí. Por eso. Justo por eso.

Buen camino tengas, maestro.

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¡Pos te jeringas!

¡Pos te jeringas!

Ayer vi una foto terrorífica. Pero no terrorífica en plan: “me ha entrao diarrea tocando el trombón en la cabalgata de Reyes”. Terrorífica rollo “he soñao que me perseguía Aramís Fuster en tanga con un hacha mientras tocaba el trombón con diarrea en la cabalgata de Reyes y la diarrea la tenía el trombón. Y Aramís”.

Efectivamente: me refiero a una foto de la peor pesadilla de la infancia de los años 70 y anteriores. Aquella caja de metal asquerosa que dentro llevaba la herramienta de tortura favorita de los verdugos de la época: LA JERINGA DE CRISTAL DEL PRACTICANTE.

De aquella se producía una curiosa epidemia entre la clase médica, y es que si te ponías malito de algo, invariablemente te recetaban supositorios o una inyección. Era rollo: “pos métale al muchacho este supositorio con cabeza nuclear por el ojete. Y por si acaso que le corneen en el cachete que más joda esta garrafa de antibiótico”.

Yo cada vez que tenía anginas, que era todos los martes y jueves, intentaba disimular tratando de que la infección remitiera ella sola. Tan solo quería una convivencia pacífica con las bacterias de mi garganta para evitar aquel genocidio, pero el mundo me lo impedía.

-¿Te duele la garganta, hijo?

-¡O aá! ¡O e uele o ás íimo!

Pero la cosa siempre acababa como con el recibo de la luz: poniendo el culo. Sonaba el timbre de la puerta, y por las risas de hiena ya sabías que se trataba del practicante. A mí, como era gilipollas, siempre me encontraban en mi escondite secreto debajo de la cama. Se las sabían todas los practicantes, joder.

El ser del Averno sacaba de la mariconera la cajita metálica aquella, que contenía una jeringa familiar de litro y medio y cuatro o cinco agujas de tejer que iban bailando. Claro, tú pensabas que te iban a ensartar con aquello que había conocido los culos de todo el barrio, y te temblaban las canillas que te se ponían los huevers a punto nieve.

Había un tiempito de espera que contribuía a que te acojonaras más, porque aquello había que ponerlo a hervir en un cazo. Era el método Milton de la época. Cuando ya estaba al dente, sacaban aquella mierda del cazo, le calzaban la aguja del ocho y el practicante te decía aquello de “tranquilo, QUE NO TE VA A DOLER ¡MUA HA HA HA HA HAAAAAA!”. Ya desde pequeños todo era una puta mentira. A mí me pinchaban una droga que se llamaba Becentazil, que lo había de varias tallas. Él mío era “Becentazil mil millones” y tenía la virtud de dejarte con ardor y parálisis de culo una semana.

Anda que no me habré visto veces el UN, DOS, TRES apoyao en el brazo del tresillo con el culo en pompa mientras me jincaban el Becentazil mil millones. El nombre le venía porque mandaba mil pares de millones de cojones lo que dolía. Que las bacterias emigraban por solidaridad. “Pobre muchacho. Vamos a joder la marrana a otras amígdalas.”

El único alivio y consuelo era pensar que aquella invención del Maligno saldría de tu casa para martirizar otros culos que no eran el tuyo. Tu madre le pagaba al sicario aquel, y lo acompañaba a la puerta, y tu te quedabas viendo a Bigote Arrocet decir polladas. Eso sí, tumbao boca abajo.

Buen lunes, oye.

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El cuajo y otros símbolos

El cuajo y otros símbolos

En mi opinión habría que quitar las farolas porque son un símbolo fálico clarísimo. No digamos ya los botijos, que eso trae el pitorro de serie y es totalmente falócrata porque hay que beber cuasi felando. Es más, estoy promoviendo expulsar de mi comunidad a Falo Fernández (3°B). Que va provocando cada vez que enseña el carné. Y los Donuts sin agujero, que es sexista. Del brócoli ya ni hablo. Porque no me gusta y había que encarcelar a los brocolistas, que son los que lo sacan de las minas de brócoli.

¿Que no te mola un mural que han pintao en la calle porque ES ofensivo / machirulo / pecaminoso sin lugar a dudas? Pues se tapa y se pinta otra cosa encima.
Si es que salimos a cuenta. El gobien-no de turno ya ni tiene que contratar censores. Ya venimos censuraos de casa.

La mejor manera de difundir la palabra, tal como demuestra la historia, es a hostia limpia y a voces. Y si no te avienes pacífica y libremente a corregir tu equivocada opinión, te meto un meco que te salen los empastes bailando reguetón. No sé de qué me suena esto, oye. Es de primero de marketing ideológico: ¡Compre nuestro producto, puto imbécil! ¡Cretino!. Y entonces las turbas de gente se convierten ipso facto de forma masiva, no vaya a ser. Esto me suena mucho también. ¡Qué coincidencia!

Porque como dijo Catalina de Aragón, o Paulo Coelho:

“Hay libertad, menos los martes y jueves. Resto días cerrado. Razón en portería”

Y para rematar, la obra cumbre de la creación humana: aquella frase polivalente y multisectorial que dice:

“¡Me paice a mí que tenéis un cuajooo!”

 

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¡Ay, que me dejes!

¡Ay, que me dejes!

Hay tres palabras que por separado no están mal, pero cuando las juntas eso es como el tomate, la mozarella y el orégano, que hacen mejor trío que Los Panchos o los Biyís. Efectivamente: hablamos de la nunca bastante ponderada expresión “se conoce que”.

Por ejemplo, no tienes cuartos bastantes a pesar de currar más que el helicóstero de Moncloa. Pues “se conoce que” la culpa es de la oposición, o en su caso, de alguien que es otro que no somox noxotrox. Qué cabronacos.

Amaneces en tu cama tras una noche de desenfreno, de esas que si te hacen un análisis te sale la sangre de 98 octanos y el nivel de vidrio disparadísimo: pues “se conoce que” ibas más perjudicadito que Ernesto de Janover en la fiesta de fin de curso, y te has teletransportao a lo tonto del bar a tu habitación por no saber beber. O por culpa de Pusdemón o de Quim Torrija. A lo de ir vestido de bata de cola no le encuentras explicación. Se conoce que no la tiene, y te aceptas tal como eres. Ahí sí que no hay duda de que tienes parentesco con Quim Torrija, que se conoce que se acepta tal como es.

Vives en España, que otra cosa no, pero sol hay por un tubo. Pero los paneles solares son una mariconada antipatriótica, y a los que los ponen hay que vigilarlos de cerca por subversivos y por escojonar el tema del déficit de tarifa, que es una cosa que hace que las eléctricas pierdan perras tontamente. Se conoce que igual hay mucho hijo púcter. Y/o que somos gilipollers.

Luego está el tema de la libertad de expresión y eso, que se puede decir lo que quieras sin problema, siempre que digas lo que hay que decir y no digas nada que no se deba decir, porque poder se puede, pero no mucho. Se conoce que no se puede, porque si no te linchan por las redes, que te lo tienes merecido por cipotudo/a, por facha/o y por rojazo/a de las JONS/JANS. HASTA AHÍ PODÍAMOS LLEGAR. Si tal, es libertad de expresión, y si Pascual es leche uperisada. No tiene nada nada que ver.

Y es que se conoce que una cosa es agresión y otra una hostia bien dá. Se conoce que una cosa y su contraria es rectificación, pero una cosa y su contraria es incoherencia. Se conoce que rectificar es de sabios, o de cobardes. Se conoce que a veces dan ganas de desaparecer. Se conoce que a veces uno se jarta de griterío. Se conoce que ya no nos reconocemos ni con un croquis. Se conoce que quienes proclaman que no hay límites se refieren siempre a los suyos.

Se conoce que prefiero reírme de mí y con todo. Se conoce que quien no lo vea así tiene las puertas igual o más abiertas que cuando vino.

Porque se conoce que me importa una mierda que me den o me quiten razón. Porque se conoce que no recuerdo haber nombrado policías del recto pensar. Eso ha de ser.

Se conoce que la gente que SE amarga la vida, es responsable de su propia amargura y por eso mismo se conoce que no permito que me pisen la huerta que tanto me costó sembrar. Eso es lo que “se conoce que”. Ni más ni menos.

Se conoce que debe ser difícil de entender…

 

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