Capítulo 15- CRÓNICAS DESDE EL PARAÍSO: diario de dos emigrantes en Asturias

 

Y a lo tonto, el mero hecho (en salsa verde) de que en meses anteriores haya habido otros catorce, hace que llegue el capítulo quince de Borja y Sandra Mary, porque las matemáticas y el algodón no engañan. Salvo que estemos hablando de un algodón o unas matemáticas con tendencia y/o compulsión hacia el engaño y/o la ocultación o, por ejemplo, te llames Cristina y seas despistada, que entonces puede darse el caso de que no recuerdes, no sepas, desconozcas o, y esto es lo más terrible, no te conste. Que no te conste es de lo peor que te puede pasar en la vida porque es como si te faltara o faltase algo. Incluso se podría decir que es como si no te constara o constase.

Ejemplo 1:

-¿Gozas, cari?
-No me consta
– ¡Joooodeeeeer!
-No, eso tampoco me consta

Ejemplo 2:

-Cari, ¿Hay moros en la consta?
-No me Costa Cruceros
-¿Y turcos?
-No me Constantinopla
-Pa todo tienes respuesta.
-No recuerdo (o souvenir) de Constantinopla.

Y para que conste algo, para quienes no sepan de qué va la historia, cosa que no me extraña, dejo el enlace al primer capítulo que es este:

http://www.ismaalvarezpaz.es/capitulo-1-cronicas-desde-paraiso-diario-dos-emigrantes-asturias

Luego ya, al final de cada capítulo hay un enlace al siguiente en un alarde de ingenio técnico que lamentablemente no pasará a los anales de la historia. A los anales, por tanto, tampoco les va a constar nada. Al resto nos va a constar todo por vía anal y rectal pa que no nos falte de ná.

Pues lo dicho: como soy políglota (dícese del que posee dos o más glotas), he aquí el capítulo quince, this is chapter fifteen, Guayo Miní dis puán, Bayern Leverkusen Thyssen Boetticher Telefunken, Borjen und Sandra Mary ninienboniten bundeskapitulen:


 

¡Sonso tía! ¡Ay, qué experiencia más súper heavy metal lo de Covadonga a ver a la Santita (que, abundando en detalles, no sólo es pequeñita sino que además es galana)! ¡Lo más plus! ¡Si lo llegamos a saber hubiéramos ido antes, te lo juro! #SúperBonitoDelNorteTía

Como nos habían dicho que Covadona tiene cueva y todo, y está en un sitio así como montañoso, hemos ido súper preparados con toda la ropa de The North Face y calzado de espeleología y todo eso, que yo además de los Manolos de Trekking me he llevado las botas de montaña de cuando la berrea por si acaso… #AMíNoMePillanMásTía

Al principio el viaje ha sido una gozada, todo por autopista que se va súper bien, pero de repente se acaba la autopista porque resulta que no llega hasta el mismo Covadonga centro. Sólo hasta las afueras, que quedan como a 55 kilómetros del mismo centro de Covadonga . Entonces ya, se va por una carretera de esas peligrosas que tienen aquí, con curvas y eso. A Borja le pone malísimo conducir por carreteras así por si se encuentra con un camión, con un tractor, o una curva o algo, porque no hay quien adelante y es casi imposible ir por tu carril si vas a más de 45 por hora, tía.

Si pasas de esa velocidad, automáticamente el coche va por tu carril y también por un 33% del carril contrario, y en las curvas la velocidad se reduce a un máximo de 35 por hora. Eso es una ley física de la automoción no autóctona que tienen aquí, que no sé por qué no la cambian #QuéLesCostará . Eso y llevar detrás doce vehículos pitando y asomándose como queriendo adelantar a toda costa, que al principio Borja se ponía muy nervioso, pero ahora ha descubierto que si pone en el equipo de música del mini la de “Despacito” a todo trapo, no se oyen los pitidos nada de nada, tía

Además se ha comprado en Aliexpress el kit de pegatinas asturiano estándar compuesto por los siguientes modelos:

-“Yo conduzco, ella me lía”

-“La muyer y la manzana tienen que ser golden”

-“Con las fabes y la sidriña no es menester ni ha lugar la utilización de gasoliña ni otros hidrocarburos fósiles ni nada”.

Y las ha pegado todas en la parte de atrás del mini porque al parecer eso incrementa la velocidad media en carreteras convencionales hasta un 35%. A mayores, se ha comprado otra muy grande de la bandera de Asturias y la ha pegado en el cristal de atrás para despistar #QuéApañadoEsParaElBricolajeDelAutomóvil #MeLoComo

Nada más salir de la autopista, el pobre ha empezado a sudar y a parar en todos los pueblos y gasolineras para dejar pasar la caravana de coches que llevábamos detrás, que íbamos creando más problemas circulatorios que un donut relleno de compango 🍩🍩🍩 🚗🚕🚙🚌🚎🏎🚓🚑🚐. Yo no entiendo qué prisa tienen, tía . En las rectas pisaba a fondo, pero le adelantaban todos igualmente. Por el contrario, curiosamente en las curvas también le adelantaban. Los asturianos con esto de adelantar se ponen muy nerviosos. Dicen que una vez, un señor de Cabrales fue a la inauguración de la variante de Pajares, se pasó siete pueblos adelantando, y llegó antes de que la licitaran #NoSéSiSeráVerdadTía

Pero lo gordo ha sido cuando le ha adelantado un Pascualín verde y rojo como una exhalación, que le ha parecido fatal, tía. ¡Con lo orgulloso que está del mini! Los pascualines son esos tractores de colorinos así rollo Torrebruno como el que te conté que vimos en Tineo, que se arrancan tirando de una cuerda con este procedimiento:

-¡Aínnnnnnnnn! (blasfemia) ¡Aínnnnnnnnnn! (cagamento) ¡Aínnnnnnn! (cagamento con recitación de santoral en orden alfabético ascendente) ¡Aínnnnnnnnnnn! (blasfemia terrible) ¡AAAAAAAÍNNNNNNNNNNNNN! – petpetpetpetpetpetpetpetpetpetpet….” Y arrancan. ¿Te acuerdas?

Yo creo que en el mosqueo que se ha pillado ha tenido algo que ver el hecho de que el señor con gorra de la caja Rural que lo conducía dando botes le haya gritado:

“¡Ah guaje! ¡Tú nun pases de cincuenta! ¿Eh? Nun vaya a ser el demonio que derrapes o fagas acuaplanin o la virgen! ¿Oíste?¡Meeeecajuen….!” Y luego ha pegado un acelerón repentino que lo hemos perdido de vista:

Petpetpetpetpetpetpet….¡¡¡Creeeeeeeeec!!! ¡¡¡¡PETPETPETPETPETPETPETPET…!!!!! 💨💨💨

Ahí Borja ha subido la música aún más, que aquello parecía un after de polígono cuqui:

“¡¡¡Déjame sobrepasar
tus zonas de peligro
hasta provocar tus gritos
y que olvides tu apellidooooo….

¡¡¡  Despacito
Vamos a hacerlo en una playa en Puerto Rico…  “

Y ahí ya le ha empezado a salir humillo por las orejas. Entonces, como había una recta larga, ha pisado el pedal a fondo y ha adelantado al del Pascualín en plan macarra, pero cuando iba casi a 70 ha visto que se le acababa la recta y se ha súper acojonado, porque las curvas de aquí son como la mierda de cajas de bombones de Forrest Gump, que nunca sabes cuál te va a tocar si no miras la foto que viene en el culo de la caja . ¡Qué país, tía, no se leen ni las fotos de las cajas de bombones! Así se explica que… ¡Nah!, es igual.

Total, que se ha parado en el arcén a disimular como que iba a hacer pis, con tan mala suerte que no había arcén y después de diez metros deslizándonos sin control debido al bajo coeficiente de fricción de las ruedas con la tierra completamente mojada, se nos ha enterrado el mini hasta el corvejón en un barrizal que te cagas. Para colmo, la puerta no abría porque estaba por debajo de la línea de flotación del barrizal, y el pobre no ha podido salir a disimular. Ni a hacer pis tampoco, porque no le he dejado.  .

El señor del Pascualín ha sido súper amable y nos ha sacado en un pispás de las tierras movedizas con el Pascualín y la cuerda de contacto de arrancar Pascualines . Al final hemos ido hasta Cangas de Onís detrás del Pascualín, que Borja para seguirle el paso se las ha visto y deseado tía! ¡Flipas con las velocidades de los Pascualines con lo rudimentarios que son! Y eso que el mini llevaba el kit de pegatinas oficial…

En Cangas de Onís tienen un puente romano que no es romano ni nada, pero como en Asturias los puentes romanos los construyen en el siglo que les da la gana, pues a callar todo el mundo. Eso sí, el puente tiene colgada la cruz de la victoria, que es una cosa muy asturiana, y queda bonito que te cangas. Como Borja llevaba más tensión nerviosa que una infanta en un curso intensivo de aprender a que te consten las cosas, nos hemos parado un ratito en el mercadillo de Cangas de Onís y hemos comprado un montón de cosas autóctonas de comer, pan de escanda y queso de Cabrales de ese que dices que huele a vestuario de polideportivo de barrio  Que vale que huele raro, pero a nosotros nos encanta, tía!

Total, que hemos seguido viaje hacia Covadonga, que queda muy cerquita. ¡Tía, cuando hemos visto Covadonga ahí, puesta encima de una montañita, nos hemos quedado boquerones del todo  . ¡Ay, qué cosa más bonita! Es como de peli de Disney, pero en asturiano, que ya me imaginaba hasta la banda sonora:

 Se oye una cancióooon….
que hace suspiraaaaaar
¡Ponme un cachopóooooon,
taaaaamaño tablóoon !
¡Grande como el maaaaaar…. !

 La fabada llegaaa yaaaaaaa …
¡Que nun quede ná de náaaaa!
Compangu a doloooor…
¡Tiemblan de emocióoooon…!

¡…UN PAR DE GOOOOOCHOS SOOOOOOOOON! 🎶 

Lo que no he entendido muy bien es cómo Pelayo pudo batallar ahí con lo pequeñito que es Covadonga . ¡Si casi no había sitio para aparcar el mini, como para organizar una batalla campal, con la de metros cuadrados que deben de hacer falta para eso, tía! #NoEntraNiDeCoña La batalla de Covadonga tuvo que ser como el Primark el primer día de rebajas, o el Intu Asturias en domingo de apertura, ahí a codazos y pisotones, que yo creo que la ganaron por lo brutos que debían ser los asturianos de aquella época. #ComoLosDeEstaMásOMenos y por agobio de las mismas apreturas y el olor a humanidad que tenía que haber allí . Que yo creo que para entrar en combate pusieron una cosa de esas de coger número organizadamente, como en la charcutería, porque si no, no lo veo:

-¡A ver, el 287, ponga el turbante curioso y vaya sacando ahí el alfanje que ya le va a tocar!
-¡Vale, paisa! ¡Alfanje, turbante mucho puta madre!
-¡Gonmimaaaadre, chaval! ¡Y yo que llevo el 759! Yo marcho a tomar algo, que pa tar aquí parao sin hostiame con nadie…
-Home no me jodas, en pleno siglo VIII, y ya hay lista espera!
-¡Acabemos con la lista de espera! ¡SÍ-SE-PUEDE! ¡SÍ-SE-PUEDE!
-Pues verás que risas con lo de la variante…!
-¡Acabemos la variante! ¡SÍ-SE-PUEDE! ¡SÍ-SE-PUE… ¡Ah, no, calla!…

#ComoSiLoVieraTía.

Total, que nos hemos quedado flipando con lo bonita que es la basílica y las vistas que hay de los Picos de Europa todos nevados con su nieve, sus Europas y todo 🏔🏔🏔. Nos hemos hecho un selfie con la estatua de Pelayo, y con una campana muy grande que hay, que digo yo que será la campana que llevaba Pelayo cuando la batalla, o algo… #NoMeExtrañaríaNadaTía

¡Ay tía, pero lo que es de cuento de verdad es la cueva donde está la Santita!  Hay como un pasadizo excavado en la roca que seguramente lo excavaría Pelayo a mano, y al final subes por unas escaleras y llegas a la cueva donde tienen la capilla con la Santita. ¡Tía, súper bonito todo! ¡Qué pequeñita es!  ¡Y qué galana también! La tradición manda que hay que besar con devoción el medallón de la Santita y ahí ya, fue cuando el señor que iba detrás de nosotros nos advirtió amablemente de los peligros de decir “Santita”:

-¡Ah moza! Mirá-y a ver, que como decir digáis “Santita” otra vez, va a apease de la peana y entavía vos anda con la cara, que la probe será santa y piquiñina, pero tamién ye asturiana y tóo tien un límite ¿Oísteis ho? ¡Ojo!, Yo dígolo por avisar…

Que resulta que aquí la llaman “La Santina”, porque todos los diminutivos femeninos los terminan en “-ina”

Santa -> Santina
Aspira -> Aspirina
Gabarda -> Gabardina
Estricna -> Estricnina
Penicila -> Penicilina
Y así…

Luego hemos bajado de la cueva por unas escaleras muy empinadas, que ahí ya lo flipas todo, porque se ve la cueva de la Santina súper bonita en mitad del acantilado, y de la parte de debajo de la cueva sale una catarata muy cuqui que cae en un estanque precioso , todo lleno de monedas que tira la gente, porque según la tradición, tú tiras la moneda, pides un deseo, y luego ya le quitan el tapón al estanque para vaciarlo y cogen las monedas . Y así a base de recaudar el estanque, van amortizando la catarata y todo eso, que debe de ser muy cara de mantener una cosa así sólo para echarle monedas, tía. El deseo que hayas pedido, pues ya si eso, tal. #QuéBonitasSonLasTradiciones

A la izquierda del estanque hay una fuente que cuenta la leyenda que si bebes de todos los caños te casas antes de que pase un año  ¡Tía, que vergüenza he pasado con Borja tirado en el suelo agarrándome del tobillo! Casi no consigo llegar a beber de la fuente con él arrastrando. ¡Qué bochorno! El agua estaba muy rica y muy fresquita, que me han dado ganas así como de casarme y todo. Luego Borja se ha subido a un león de piedra que hay, y no se quería bajar ¡No lo saco más de casa! 😒

Menos mal que luego hemos ido a un mercadito de cosas de Covadonga que hay allí, con colgantes y medallas y complementos monísimos y se me ha pasado. Borja no se ha callado hasta que le he comprado unos caramelos de La Santina tamaño ladrillo tabiquero y luego se ha quedado muy tranquilo comiéndose con las dos manos uno de anís mientras miraba las pegatinas asturianas típicas de Covadonga. Ahí ya, se ha alterado mogollón otra vez al ver que las de Aliexpress no son las genuinas, que resulta que la mujer y la manzana no tienen que ser Golden, sino asturianas. Y todo así. ¡Todas las pegatinas mal, tía, que estos chinos no se fijan en nada! #CómoVaAAndarElMiniConEsasPegatinasDeMierdaTía .

¡Tía, total que esto es súper bonito todo, y nos hemos comprado el genuino kit oficial de pegatinas autóctonas #ElMiniVaAAndarQueLoFlipas, y ahora que nos hemos presentado a la Santina, que ye piquiñina y galana, ya somos un poquito más asturianos!

Te dejo, que voy a ver si consigo bajar a Borja del otro león, que ya me está montando otro espectáculo porque no le quiero comprar un souvenir de llavero-gaita-linterna

 

¡¡Besitos de Borja y Sandra Mary!

 

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LEVE

Por aquello de que no todo en el monte es orégano, me parece hermoso y necesario escribir lo que a uno le viene en gana en cada momento. Y en este en concreto, me apetece escribir esto:

 


LEVE

Y cuando al fin reunió el valor necesario, se enfrentó a lo que realmente era y soltó cuantas dudas pudieran quedarle, rindiéndose desarmada ante la más desnuda de las evidencias. Y en el rincón donde siempre había pensado que atesoraba un mar de cautivación y dependencia elegida, comprendió que no había hecho sino almacenar las cadenas de su propio cautiverio.

Cansada. Cansada de vivir muerta en vida y de malmorir una vida de prestado, se atrevió a mirar a la mujer del espejo decidiendo que aquellas serían las últimas marcas que nadie, al margen del tiempo, volvería a dibujar en su rostro. Nunca más.

Y ligera de equipaje abrió la puerta y se fue, con la frente alta y la cara lavada, sin trampas que tapasen al mundo las mil batallas lloradas y perdidas, dejando claro a quien quisiera ver, que el tiempo de no ser se había desvanecido. Proclamando alto y claro a quien quisiera escuchar, que ya le daba igual que sólo la hubieran oído. Dejando abierta su antigua tumba, a la vista de todos, tal como se deja abierto un libro escrito por mano ajena, como clara constancia de que quien debe arrastrar la vergüenza es el verdugo que escribe la historia con la tinta de sus propios horrores.

Y al fin libre de todo lo que tenía que ver con él, le dejó escrito en el aire el deseo sincero de que el universo tuviera a bien regalarle el don de la plena consciencia, de cuanto había hecho y lo que había sido, permitiéndole conocer hasta sus últimas consecuencias toda la verdad del antiguo adagio que reza que el propio pecado lleva imbricada la incontestable verdad de la propia penitencia.

Leve te sea la tierra, nada sea tu recuerdo, leve me sea la vida.

 

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Historias de San Valentín: Superhéroes astures

Y aprovechando que tal, me adelanto a San Valentín con este hermoso relato de amor y superhéroes. ¡Hala!


 

Los primeros rayos de sol bañaban las calles aún desiertas de Llaviana City. Los segundos rayos de sol ya no bañaban nada porque estaba nublao pa no variar. Total, que al final orbayaba a lo fato sobre la metrópoli, y aquello sí que bañaba las calles en condiciones, que mejor hubiera empezao por ahí y ganábamos tiempo, pero hay que rellenar espacio y darle dramatismo a la cosa. El viejo truco literario de: “Los primeros rayos de sol bañaban las calles aún desiertas”. Y a lo bobo ya rellené otra línea más.

Josefa Antuña se dirigía como cada mañana a su trabajo sin sospechar lo que el destino le reservaba en aquella mañana lluviosa y orbayosa de febrero. Febrero rimaba con “afilador y paragüero” y con “pajillero”, que eso no tenía nada de extraordinario, incluso en el hipotético caso de que hubiera algún afilador y paragüero que aunase además la condición de pajillero, que todo podía ser…

Afiladores y paragüeros: aquella profesión ya en decadencia debido al empuje de los tiempos modernos. Aquellos héroes anónimos que tanto habían hecho por las artes musicales interpretando magistralmente por las calles aquellas escalas naturales ascendentes y descendentes, ejecutadas sin solución de continuidad en un perfecto legato y dominio del tempo, emulando al mismísimo semidiós Pan con sus aerófonos de a peseta. Además, afilaban cosas. A lo tonto, otro párrafo rellenao. El viejo truco literario del afilador y paragüero onanista.

Todo parecía discurrir con normalidad. Josefa conducía por la desierta carretera secundaria que conducía a su lugar de trabajo en la Metal & Steel Automotion Recovery Corporation Limited, donde desempeñaba su labor como Associated Personal Assistant & Accounting Manager Senior. Aquello era una cosa que quedaba mucho mejor que “Auxiliar administrativo en Desguaces Severino S.L.” y marcaba más paquete en el Feisbuk.

Aquella molesta luz que llevaba viendo varios días en el salpicadero del coche seguía sin apagarse a pesar de sus denodados esfuerzos. Taparla con una tirita sólo había resuelto el problema la mañana del primer día, pero por la tarde ya se había despegado y desintegrado por completo debido al contacto con el aire, a los agentes corrosivos ambientales, y a que aquellas tiritas eran una mierda. ¡Malditas tiritas de los chinos!

Fue entonces cuando en mitad de la desierta carretera, el motor emitió lo que parecía ser su último suspiro. Josefa trató de arrancarlo varias veces utilizando técnicas avanzadas de mecánica, autoayuda y espiritualidad diciéndose a sí misma:

-¡Josefa, trata de arrancarlo, por Dios!

Pero sus esfuerzos no sirvieron de nada, y descubrió con horror que tenía su teléfono celular completamente descargado. Cuando descubrió que además era domingo y ese día no trabajaba, comprendió la magnitud de su error: por aquella carretera en domingo no pasaba ni Piter. Josefa no pudo evitar un momento de pánico y frustración:

-¡Meeeecagüen el puto coche, el móvil y su pu*ísima madre, né! ¡Quedar tirá en mitá’l culo’l mundo! ¡Home no me j…
(Traducción:)
-¡Cielos! ¡Qué cúmulo de fatalidades! ¿Quién podrá asistirme en esta hora amarga? ¡¡¿Quién?!!

Fue entonces cuando percibió aquel extraño zumbido que parecía ganar intensidad por momentos. Jamás había oído nada igual y no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda, como una premonición de que algo terrible se avecinaba.

BROOOMMMMM …..iiiihhhhhhhhhhhhh…….SHHHHHHHHHH…..¡BOOM! petpetpetpetpetpetet…. ñic..ñic…ñic… ¡pluf!

Aquella extraña criatura había aparecido de la nada, entre un estruendo infernal, como reptando por el húmedo asfalto a gran velocidad mientras un sonido agudo de metal chirriante perturbaba la paz de aquel solitario rincón, y probablemente la de tres concejos adyacentes. Finalmente, se había detenido de forma abrupta contra el talud y la maleza.

Josefa vio con horror cómo del suelo se erguía una figura borrosa que apenas alcanzaba a distinguir a través de la persistente cortina de agua que caía por el parabrisas. Aquella figura siniestra se acercó lentamente al coche. El corazón de Josefa latía con fuerza y bajo aquel estado de tensión sólo alcanzó a balbucear algunas palabras inconexas:

-¡Ay madre, fía! ¡Tacógrafo, mitomanía, encurtidos!

Aquella figura siniestra estaba cerca, y Josefa cogió instintivamente la motosierra que siempre llevaba oculta bajo el asiento. Josefa siempre había sido muy expeditiva con el tema de la autoprotección. Trató denodadamente de arrancarla:

-¡Josefa, trata de arrancarla, por Dios!

Luego recordó que aquello arrancaba tirando del cordel, y aquella mortífera arma arrancó y tomó vida aprestándose a defender aquel reducto que constituía su única defensa. Mi coche, mi castillo…

Fue entonces cuando sucedió lo inevitable y aquella sombra amenazante golpeó la ventanilla:

(toc, toc, toc)

-¡Moza! ¿Tas bien ho? Acabo esfarrapame en la cuneta con la Mobylette Campera del setenta y dos, que yera el amoto de mi güelo. ¿A que te fijares, eh? Normal, eso ye un maquinón. Debí resbalar con la pila fueyes moyáes y ando con la cubierta de alantre algo gastá. Claro, como ye la original… Acababa de truca-y la carburación y la centralita electrónica pa que fuera a ochenta y voy y peto…

Josefa se armó de valor y bajó la ventanilla del coche, acuciada por la curiosidad y porque allí no había Dios que respirase a causa de la humareda que armaba la motosierra. La próxima vez compraba una eléctrica y un alargador de seis kilómetros.

-¡Aléjese! ¡Tengo una motosierra!

-Ye muy guapa, fía ¿Qué ye, una Stihl de cinco caballos y cadenona de tungsteno reforzao con retrobloqueo centrífugo, eh?

-¿Eh? Pues… eeeh….No sé si… ¡Aléjese! ¡Tengo una motosierra!

-¿Qué ye, que quedaste tirá co’l vehículo eh?

-S…Sí. Es que hace días que se encendió una bombilluca en el salpicadero y…

-¡Nun se hable más! ¡Abre ahí el capó, moza!

Josefa, más calmada ya ante la presencia de aquel desconocido, obedeció y tiró de la palanca. Aquel extraño hombre levantó el capó con decisión y durante unos minutos permaneció absorto escrutando la intrincada mecánica del motor con la intensa mirada que sólo poseen aquellos pocos elegidos capaces de interpretar los más oscuros arcanos del universo. Josefa miraba a aquel rudo hombre con una creciente fascinación. A pesar del casco modelo bacenilla, del palillo entre los dientes, de los pantalones de tergal, del jersey verde de renos y cuello pico, de la camisa de cuadros abrochada hasta las cejas, del aroma a sudor y a Ducados, y de las ajadas zapatillas de cuadros con calceto blanco de raya azul y roja que asomaban tímidas por la parte superior de las madreñas, no podía dejar de sentir por él una atracción primitiva, casi animal. Se podría decir incluso, que lógica femenina…

Sintió que le faltaba el aire. Una dulce sensación de abandono y atemporalidad recorría su cuerpo, y por un instante se sintió al borde del desvanecimiento, tal era el influjo que sobre ella ejercía. Luego apagó la motosierra, salió del coche y el descenso de los niveles de CO2 y la mejoría de la oxigenación de los centros nerviosos hizo que parte de los síntomas desaparecieran. Sin embargo, él seguía llenando con su presencia todos los vacíos que la habían acompañado hasta ese mismo día. Sentía mariposas en el estómago y un escalofrío recorriendo cada poro de su piel. Era lo que tenía salir de casa sin desayunar y sin paraguas.

-¡Lo que me temía! ¡El motor no arranca por falta de ignición y arrancamiento! Puede deberse a un fallo en la señal de retorno del sensor Lambda, a un descenso brusco en la presión de la rampa de inyección, o incluso a la falta de respuesta en el módulo de cálculo de la ECU secundaria. ¡Es probable incluso que se haya escojonao!

Josefa lo miraba obnubilada, y sentía cómo el corazón se desbocaba en su pecho anhelante. Su fascinación por aquel ser no conocía límites.

-¡Cielos! ¿Eso es malo?

-Eso es que no arranca, pero tranquila, que ta tóo controlao.

-¿Quieres decir que puedes arreglarlo?

-No, ni de coña. Pero ta tóo controlao. Peslla el coche, garra el bolso, monta conmigo en la Mobylette y te llevaré de vuelta a la civilización. Por mí llamaba a la grúa, pero nun tengo saldo en el Nokia, así que…

Y tras sacar la Mobylette Campera de entre la sebe y los escayos con la sola ayuda de sus poderosos brazos, le limpió el sillín lleno mierda y barro con la manga del jersey. Ella estaba fascinada mirando sus desgastadas coderas de escay marrón y deseó que aquel momento no acabase jamás. Y durante cada segundo del viaje de vuelta sintió la frescura del orbayo deslizándose por el cuello haciéndola estremecer mientras aspiraba, fijándolo en su memoria, el embriagador aroma y el cálido tacto de la espalda de su amado, que guiaba con pericia la Mobylette a través del húmedo asfalto, sintiéndose por una vez cabalgar a lomos de Strategos junto a su amado y protector Aníbal a la conquista de la Roma eterna.

Jamás supo el tiempo que había transcurrido hasta que él la dejó a salvo en aquel lugar, mientras pronunciaba las que sabía que habían de ser las últimas palabras que surgieran de sus labios antes de alejarse definitivamente de ella:

-¡Hala moza! Llames ahí a la grúa desde el bar y asunto resuelto. Y acuérdate que les ruedes ye mejor hinchales con nitrógeno líquido esferificao, y que el seguro del coche ye más barato donde lo tengo yo. ¡Alegrándome!

-¡Dime al menos tu nombre!

-Llámame Cuñaoman…

Y sin más, cruzó con él la última mirada y lo vio alejarse cruzando el Puente La Chalana, sabedora de que debía atesorar cada segundo de aquel día como el más preciado de los dones que jamás habría de recibir. Y con la mano sobre el pecho respiró desesperadamente en busca del sutil aroma de su hombre, que ya se confundía con el olor a monte, musgo y agua milenaria de su amado valle, y con el del menú del día del bar, que de segundo tenía parrochas.

FIN

 

 

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