Cocina avanzada y otras delicatessen

+Caballero, aquí tiene su Petit Cuillerée de semillas de Oryza sativa en emulsión láctea texturizada con reminiscencias cítricas, corteza de Cinnamomum zeylanicum en polvo y toque de destilado de Pimpinella anisum. Esperamos que lo disfrute. Son 60 euros

– ¿¿¿DOS MIL DUROS POR UNA CUCHARADUCA DE ARROZ CON LECHE???

+ Sí, pero con limón rallao, canela, y pingaratas de anís.

-¡Ah!, ¡Pues así, sí!

+¿Efectivo o tarjeta?

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La Feria de Muestras

La feria de muestras es una cosa que está muy bien. Hacía por lo menos 4 años que no iba, pero hoy fui y recordé la razón por la que hacía al menos 4 años que no iba.

La primera condición para ir a la feria es aparcar hacia la altura de Casa Dios. Se conocen casos de gente que cuando llegó a la puerta desde el coche le convalidaron la compostelana.

La segunda condición es que un asturiano que se precie no paga por ir a la feria, por lo que hay que tener invitación. Por la taquilla sólo pasan los de Madrid y/o la gente que dice «sidriña», que pagan 4 leuros por cabeza. Si tienes dos cabezas hay una oferta especial de entrada por tan solo 8 leuros. Hay varios tipos de invitación. La que más mola es la «Invitación de Honor», que vale para ir cualquier día, ahí como queriendo decir: «Yo molo porque voy a la feria cuando me sale de la marañuela como un paisano de verdá». Y si te sale del forro ir un miércoles por la tarde pues vas. El resto de invitaciones no son de honor ni nada. Son invitaciones piojosas sin honor ninguno y entre ellas destacan las de Cajastur y las del Banco Herrero que ahora se llaman invitaciones de Liberbank y Banc Sabadell respectivamente y sólo valen para ir un día concreto. Es lo que tiene ser una simple invitación del pijo, sin honor ni honra. Lo que se dice unas invitaciones de mierda, pero si no hay otra cosa pues es lo que hay.

La feria de muestras está muy bien si necesitas comprar un tractor, una hormigonera, un horno de fundición, una grúa, una Thermomix, un misil intercontinental y cosas así grandes y caras, pero en caso de que no necesites una hormigonera ni nada de eso puedes comprarte muchas cosas pequeñas y molonas y muy novedosas. Y muy caras.

Por ejemplo, hay un señor que vende sartenes desde el año 1783 y que por alguna extraña razón tiene allí un montón de frixuelos fosilizaos, como de cartón piedra, y que va haciendo una montaña con manzanas y caramelo, que con los años que lleva, debería haber hecho cima en ella Jesús Calleja, pero sin embargo aquello no crece ni pa Dios. He visto bahías, dolinas y estalagmitas crecer más rápido, pero es que hay gente con una productividad muy mierdosa.

Luego ya, hay otro señor que vende un imán muy novedoso (producto del año en 1944, V año de la Victoria) que limpia los cristales por los dos lados a la vez. Este año el imán tiene una innovación muy molona y es que el mango es azul.

Luego también hay otros 287 puestos (que en la feria llámanse «stands» pero son puestinos), que venden la «piedra blanca» que es como el jabón de la marca «Flota» de toda la puta vida de a 15 pesetas la pastilla de kilo, pero este lo venden a 10 leuros en una caja de plástico amarilla, como queriendo resaltar que es la piedra blanca. Eso limpia, fija y da esplendor que ye la de mi madre. Le das con eso a la expresión «Haber si nos bemos un dia de hestos» y la RAE la da por buena. Se trata de un producto ligeramente abrasivo, por lo que si te lavas las manos con él más de tres veces te regalan dos manoplas para cubrirte los muñones.

En el apartado culinario están los bocatas de calamares, que son una cosa tradicional si vas a la feria. Técnicamente no se puede decir que sea de «calamares» porque es una palabra plural. Poniéndose exquisitos lo correcto es decir «bocata de algunos fragmentos de calamar». Lo que vienen siendo tres anillas de calamar entre dos panes de a ochocientas pesetas de las de antes.

Luego están los puestinos de objetos para cortar cosas como pepino, patatas, puerro o brócoli, que digo yo que qué necesidad habrá de cortar brócoli o incluso qué necesidad habrá de brócoli. El caso es que tú coges un pepino y lo cortas sin esfuerzo con forma de ondulada Matutano, lo cual no es que le aporte gran cosa al pepino pero oye, vacilas con los amigos más que Pitingo versionando a Bob Dylan.

También hay unos puestos donde engochiponcian un suelo de mentira con todo tipo de guarrerías pero luego le pasan una fregona de la mi madre que vale mil duros y al final aquello queda fregao. Impresionante.

Pero la novedad más novedosas que te cagas es «El croquetero», que vienen siendo unas pinzas con pinta de estar hechas de plástico de orinal reciclao con dos cazoletas dentadas en los extremos, que bien podrían ser un juguete «sesuarl» de rollo sadomaso a lo 50 sombras de Grey pero sin un pijo de glamour, pero no. Tú coges las pinzas, tienes un plato con arroz blanco, metes ahí las pinzas y te sale un gurruño de arroz con forma de croqueta y le pones encima un cacho pequeño de salmón ahumado y queda un canapé muy fino y elegante por la parte del arco de triunfo con el que podrás dar cócteles en tu casa que dejarán las recepciones de la Preysler a la altura del cagar. Curiosamente con El Croquetero también se pueden hacer croquetas propiamente dichas si te apeteciera o apeteciese.

Jo, acabo de venir y ya estoy deseando que llegue 2020 para volver de nuevo. A ver si ahorro algo curioso y por fin me compro la hormigonera de mis sueños…

 

 

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De celdas, monasterios, relicarios, viajes en el tiempo y otras fiestas de guardar

De celdas, monasterios, relicarios, viajes en el tiempo y otras fiestas de guardar

Siendo cosa cierta según mi memoria alberga, que al pie de  tres años hará que nuestro  Rey Don Felipe el cuarto entregó el alma al Altísimo, y teniendo yo barrunto cierto de que poco ha de quedar a este pecador para cabalgar igual viaje, que no hay en esto distingos entre reyes, clérigos y gentiles, véome obligado no menos por la venerable ancianidad de la que buena fe dan cuantas arrugas y marcas y albas vellosidades que en la faz labradas llevo, que por dejar testimonio fiel a las 
generaciones que detrás hubieren de venir de cuantas cosas y vivencias y sucesos estos ojos vieron, yo, que por gracia llevo y así me cosnocen como Juan de Troncedo, doy en escribir estas líneas de mi puño y letra, que en no teniendo ya el pulso como de mozo, bien pudieren salir de renglón torcido  mas sin mengua alguna de la recta verdad. Y por más señas si así no fuere, el Señor me lo demande con mucha severidad y punición.
De familia humilde y medio hidalga por parte de madre, en siendo primogénito y varón y teniendo mis progenitores muy  magra herencia que dejarme,  por mediación del nuestro cura párroco Don Prudencio, santo varón que siendo de parroquia pequeña y muy rural era hombre de muchas letras y muchas luces, habíame enseñado a las cosas del leer y del escribir y con mucha recomendación suya por epístolas que mandó al Abad del Monasterio de Santa María la Real que distaba  muchas jornadas de allí,  tomé los hábitos a la edad de veinte, siendo aún de piernas y brazos fuertes y dientes enteros, que la mocedad de tales dones anda sobrada, mas tenía yo entonces poco seso, que no fueron sino los años de mucho estudio y disciplinas y privaciones todas en el cenobio quienes vinieron a poner remedio a lo segundo y a hacer gran quita de lo primero. Que buen cristiano no ha de querer para sí juntar los dones todos del cuerpo y la sapiencia por ser cosa de mucho pecado.
Y con el correr de los años muchas  lecturas hube, merced a los libros y pergaminos y documentos otros que con abundancia había en el Monasterio de Santa María La Real en el que servía a nuestro Señor, donde vide y me empapé de lo que en otros siglos copiaron laboriosamente los monjes que  me precedieron. Y dellos escritos muchos eran prohibidos por contener herejías y saberes de moros y judíos y alquimistas y gentes que contaban magias y brujerías de mucho espanto. Mas habiendo querido Dios nuestro Señor que ninguno de los abades que en el cenobio dicho mandaron fuese de juicio severo en demasía con las cosas escritas, y por lo apartado que estaba de caminos y posadas y las muchas cuitas que suponía allegarse hasta él, quedando así aquellos muchos anaqueles y estantes y cofres rebosantes de conocimientos y saberes lejos de manos inquisidoras de aquellas de hoguera fácil,  tuve por ventura navegar por aquellos mares de tinta pecadora y fijar en el seso cuantas enseñanzas en ellos había, cuidando de no olvidar los principios de la fe verdadera por procurar que no se perdiere el alma mía por tanto alimentar las cosas de la cabeza y la razón.
Y así, púseme en mucho conocimiento  de artes muy antiguas que hablaban de cosas muy contra natura, que manejar permitían las cosas del tiempo, y contaban de hechos y sucesos muy espantables de gentes que a su antojo iban y venían a voluntad a tiempos muy remotos de antaño y con igual maña a tiempos futuros y volvían  como si nada hubiera acontecido a los tiempos presentes que por nascimiento les tocaban. Y cuidaba yo mucho de que los otros monjes y el Abad no hubieran noticia alguna destas lecturas y enseñanzas que por ser tal su naturaleza ni en confesión me hubiere atrevido a revelar, y confesábame a solas ante Dios nuestro Señor por ver si su infinita bondad perdonaba aquellos pecados que parecíanme a mí de más castigar que los de la carne. Y así, en teniendo miedo y vergüenza en demasía y más de lo primero que de lo segundo, pero más grande curiosidad que de ambas dos cosas,  resolví de poner en hechos aquellas historias y de probar en mi carne mortal y pecadora si aquellos viajes por los  tiempos eran de factura posible.
Y por procurar más disimulo a la aventura, mandé recado al Abad de que me dispensara de las horas de trabajo y de recibir alimentos ni cosa alguna con los otros monjes, y de no ser turbada mi soledad en dos jornadas en las que, el Señor me perdone, dije yo que iba a hacer ayuno y penitencia y mucha mortificación de la carne y mucha oración y vigilia. Y quiso la Providencia que me fuera concedido quedar a solas en mi celda sin tener que dar cuentas a nadie ni ser perturbado mi retiro en las dos jornadas siguientes.
Y la cosa primera que hice no fue sino elegir a qué año me había de llevar la aventura. Y pasando sin mirar las hojas de las Sagradas Escrituras, al azar puse el dedo sobre Éxodo capítulo 20, y teniendo ya las dos cifras primeras, me dije de elegir otras dos por ser bastantes cuatro, no fuera a llegar después del Juicio Final por mucho inflar las cifras, y parecióme que era cosa de poco seso y escasas luces llegar después del fin de los tiempos. Y quiso la fortuna o el infortunio, que como se verá en el relato no sé bien de las dos cual fue, que eligiera los versículos primero y sexto, y así fue como juntando las cifras cuatro, quedó dispuesto que había de viajar al Año del Señor de dos mil y dieciséis, y parecióme número de mucho vértigo y que mucho habría cambiado el reino para entonces, pero siendo esa mi suerte, quedé resignado a ver y vivir en mis carnes mortales lo que en aquellos tiempos futuros aconteciere.
Ahorro al lector, por lo prolijo de las muchas invocaciones y fórmulas y sortilegios que se han de emplear, los detalles y rituales que es menester usar para estos viajes y diré que finalizados los dichos encantamientos, al punto mudó todo cuanto veía, y ya no estaban donde solían las paredes de mi celda, ni los pocos enseres que en ella había. Y halléme de súbito en lugar que nunca antes viera, y era de mucho espanto y mucho susto y muy notable de ver cuantas cosas allí había.
Y vide muchos carruajes de colores vivos que de rojos y amarillos y otros colores ofensivos en demasía a la vista dañaban, mas ninguno de ellos llevaba caballo ni mula ni acémila que de ellos tirara, y movíanse igualmente. Y aquellas aberraciones salidas del mismo infierno mucho ruido y alboroto formaban en torno de sí. Y vide construcciones y edificios y comercios finos como jamás cristiano imaginara. Y en los muros dellos muchos habían grandes letras, que descían cosas como “ZARA” y pensaba yo que allí había de faltar a la fuerza  “GOZA”, y que por lo que fuera sin gozo quedara, y ropajes muy extraños y de muchas medidas habían en los estantes,  y otros que rezaban “Burger King” y “KFC” que mucha olor a fritura y aceites y grasas daban, que a mi entender cosa buena no pudiera salir dellos. Y encomendéme al Altísimo al ver otro que “El Corte Inglés” decía, que así tuviere las más finas mercaderías no pisara yo ni habiendo hartura de vinos por no ofender al Rey nuestro señor en siendo los ingleses gentes de mucha piratería y poco fiar, que tantas afrentas hicieran al Reino y mucho oro de las Américas y cosas de valor hurtaron a placer de navíos de las Españas. Y siendo los cortes cosa por lo común de poco desear, menos habían de serlo si de la Inglaterra venían. 
Y había de posadas y tabernas en una calle sola como en la cristiandad toda, que es cosa notable que las gentes de este tiempo han de ser de mucho catar vinos y licores y otras bebidas de nublar el entendimiento. Y eran los suelos de las calles duros y sin barros y no olía a orines y excrementos en demasía, que se conoce que habían bien de letrinas y pozos negros y cuidaban aquellas gentes de no vaciar los orinales por las ventanas, que era cosa de mucho agradecer. Y di en observar que las gentes todas, mayores y menudas y casi hasta los infantes de pecho iban mirando con mucha fijación unas cajas pequeñas  y alargadas y de poco fondo que en las manos llevaban, que pensé que habían de ser relicarios de mucha devoción viendo que dellas no levantaban la mirada en momento alguno.

Y hordas había por doquier de zagales y zagalas con los dichos relicarios que aparentando estar ajuntados en grupos, que es de pensar que fuera por haber amistades entre ellos, mas no dirigían   palabra alguna los unos a los otros, ni quitaban la vista de los dichos relicarios, cosa que a mi entender había de ser porque las amistades entre ellos fueran escasas y buscaran consuelo en los relicarios que en las manos portaban. Y acerquéme a uno dellos y de las manos quitéle el relicario, y vide con mucho espanto que por un vidrio que en la tapa llevaba, veíanse de figuras y de imágenes muy espantables, obras todas del maligno, y con mucho aspaviento solté de las manos aquel ingenio infernal, que fue a dar en el suelo con mucho estruendo y en mil pedazos rompió, y dejaron de se ver las figuras y las imágenes, que se conoce que del golpe huyeron. Y el zagal fuera de sí al ver el relicario suyo tan quebrantado por los suelos, arrancóse a blasfemar y a  lanzar muy grandes improperios contra mi persona, y aparecieron en un carruaje que lanzaba rayos azules por la techumbre dos uniformados que se conoce que habían de ser alguaciles, pues llevaban al cinto un palo y como unos arcabuces pequeños que por prudencia no quise yo catar, que ya tenía visto que eran estos tiempos de ingenios y máquinas y de invenciones muy espantables de ver.
Y viendo los alguaciles que andaba yo con los mis ropajes que desentonaban más que un Cristo en puerta de lupanar, debieron convenir que no estaba yo en mis cabales, y conmináronme a marchar del lugar so pena de llevarme preso, cosa que pensé yo que sería poco conveniente a un clérigo de mi edad y condición, que poco propicia era para llevar palos y guantadas y puntapiés y que mejor me guardaba de acabar en las mazmorras de los dichos alguaciles, que sería cosa de mucho quebranto y vergüenza.
Y así decidí marchar de aquellos tiempos, que estando en ellos míos no eran, y caía ya la noche, y resolví  en viendo una casa que tenía en los muros la leyenda “Club El Paraíso” que en letras muy luminosas y de un hermoso azul encendíanse y apagábanse una y otra vez haciendo como un zumbido a la par, que aun no sabiendo qué cosa era un Club, no podía ser mal asunto en llamándose “El Paraíso”
Y de lo que en el Paraíso aconteció excuso al sufrido lector por no ser prolijo en palabras ni hablar en demasía y por ser cosa de mucho pecado y poco decoro para buen cristiano. Y usando otra vez de los sortilegios y fórmulas y liturgias volví al tiempo que me tocaba sobrándome un día. Y en los días que siguieron viéronme los otros monjes y el Abad muy rejuvenecido y con gran regocijo y júbilo, y con otros brillos en los ojos, y con muchos bríos para el trabajo, y pensaron que era cosa de la mucha oración y recogimiento y mortificación de la carne habida en mi celda.
Y para mis adentros pensé en habiendo hecho Adán y Eva tan grande felonía en su Paraíso, no había de ser tanto pecado el que hiciera yo en el mío, y que en no mortificando la carne por una vez no se había de acabar el mundo.  

Y en renegando de los demonios en paz me puse con Dios, y a la vejez viruelas, que no es mala cosa…
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