Crónicas escandinavas: cómo redecorar tu vida

Ataúlfo Corrochano  estacionó su utilitario en el abarrotado aparcamiento. En la columna, un cartel de color azul decía que aquello era el sector M42, a unos 400 metros de la entrada. Armándose de valor, se bajó del coche y se sumergió en  la marea humana cargada de paquetes planos y bolsas reciclables. A falta de 150 metros para llegar a la puerta de entrada, esquivó  a una criatura que conduciendo un carrito de forma temeraria se dedicaba a arrasar la rabadilla y los juanetes de todo lo que se meneaba a su alrededor.


Ten cuidadín guapo, no vayas a hacerle pupa a alguien! – Como respuesta, el pequeño cabroncete le lanzó un certero escupitajo justo en medio de la pechera y continuó su camino. Toda una declaración de principios a tan temprana edad. Ataúlfo se vio súbitamente inmerso en una ensoñación de violencia y destrucción masiva de la que despertó al ser abordado por la mamá del infame engendrillo, completamente desencajada.


¡Perdone, es que el niño es de un travieso…! ¡Espere, que le limpio la camisa!
-Es igual señora, no se moleste. Son cosas de críos – respondió mientras trataba de absorber el esputo con un pañuelo de papel marca Hacendado. Y es que, a pesar de pasadas vivencias Ataúlfo seguía siendo fiel a la marca.


Siguió caminando hacia la entrada mientras iba pensando que  Herodes debió ser un tipo majete. Pasó la puerta giratoria, y sus penas se evaporaron de inmediato al verse inmerso en un mundo de luz, color y estampados suecos por doquier. La excitación de Ataúlfo iba en aumento mientras pensaba extasiado en las infinitas combinaciones que podría hacer con las estanterías Garrülensen, disponibles en 18 colores, 14 modelos de puertas y 387 accesorios diferentes entre baldas, cajones, rejillas, organizadores  y colgadores de  jamón. Disimuladamente, cogió 8 lápices y unos 250 gramos de papel que se fueron directamente a la buchaca. Las cosas gratis molan. Completamente obnubilado, comenzó a apuntar referencias mientras la libido se le iba disparando peligrosamente. 


Avanzó por el camino que le iban marcando las flechitas dibujadas en el suelo, regodeándose con los sofás Apalankä, las mesas Jödensen, los grifos Gotëan, las lámparas Alümbrik, las escobillas  Waternlïmp, las mantas Täpaten, los relojes de pared Punktüalsen… 


Ataúlfo, metódico como nadie,  llevaba 18 cuartillas escritas y ordenadas escrupulosamente por pasillos y estanterías. En la sección de menaje se sintió el rey del mambo mientras metía en el carrito 12 copas Täjaten, un juego de café Torrefakt, 2 sartenes Friktängart y un picador de cebolla Llörenson. Sintió que el mundo era suyo mientras adquiría un juego de cuchillos Machëten, un pelapatatas Mönda y 12 cucharillas de postre Empaläga. Naturalmente, añadió a la lista un cargamento de velas aromáticas  Cïrien, 
sus favoritas de toda la vida, 7 bolsas de popurrí Golifäten, y las imprescindibles perchas Kuëlga.


A estas alturas de la película, Ataúlfo estaba próximo al orgasmo y sentía que su vida se estaba redecorando irremediablemente mientras se convertía en un aguerrido guerrero nórdico sediento de batalla. Se dirigió a la salida no sin antes comprar una planta  Hierbäjen, que haría un estupendo avío frente a la ventana de la cocina. En un arrebato de cordura, y cuando estaba a punto de ponerse en la cola de cajas, decidió hacer una arriesgada maniobra evasiva hacia la sección de oportunidades.


Fue  en aquel preciso instante cuando lo vio: un flamante colchón de látex Revölkon a mitad de precio, y la mamá del cabroncete mutante que se dirigía con ojillos de codicia a cobrarse el preciado botín. Sin pensarlo dos veces, Ataúlfo soltó el carro y se lanzó vociferante sobre el mullido artefacto. 


-¡Por Thor y Odín, juro que será mío aunque tenga que morir atravesando las 540 puertas del Valhalla!


Ataúlfo desfiló triunfante  ante la petrificada mamá y el boquiabierto zagal, que en su perplejidad ahora  babeaba sobre su propia pechera. Una vez más, nuestro héroe pensó que la vida merecía la pena. 


El Valhalla podía esperar…



Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

Tarjeta roja

Tarjeta roja para el cabrón que maltrata a su mujer,  a sus hijos, a sus empleados… Para el malnacido que se apropia de los símbolos comunes y los pone al servicio de sus intereses personales o partidistas- tanto da lo uno como lo otro. Para quienes se mueven dentro de la corrección política más estúpida  sólo para salir en la foto. Para los que se escudan falsamente en el argumento de los malos tratos para pisarle la cabeza a su pareja. Para los que miran para otro lado cuando delante de sus miserables narices se está produciendo un genocidio y se apoyan  en la prudencia, en el ya veremos y en la amnesia histórica selectiva.

Para los que se aferran al escaño, a la silla,  al triclinium del poder mientras se deleitan a la romana con el racimo de uvas común como si fuera propio. Para los que viven cómodamente en la oposición esperando que la manzana de Newton se rinda a la gravedad  sin aportar nada. Para los que viven el presente a costa de un pasado lleno de lamparones.

Para quienes se apropian de la Historia dándole la vuelta. Para los que creen que términos como libertad, solidaridad u honradez sólo son reales si salen de su boca.  Para los que consideran que fascista es todo aquel que piensa diferente.

Para los que oyen pero no escuchan. Para los que escuchan pero no aprenden. Para los que aprenden a no escuchar. Para los que ignoran que existen términos neutros que sirven para todos (y por tanto, también para todas). Para quienes se empeñan en reventar la historia y sus símbolos, que aún habiendo sido nefastos están ahí como testigos de lo que ocurrió y no debería repetirse.  En definitiva, para los talibanes del pensamiento político y la indigencia moral e intelectual.   Al final va a terminar por resultar cierto aquello de que «la historia se repite».

Lo que sí parece cierto es que la verdad tiene muchas caras.  Tal vez sea mejor así.

Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

¡La leche con la muñeca!

Ojiplático  me hallo con el anuncio de la muñeca con sacaleches para promocionar la lactancia materna. Que no es que me parezca mal la cosa de la lactancia natural, y todo eso. ¡Qué va! La cosa es que la muñeca en cuestión, tiene como accesorio un sacaleches de pega con su pera y todo, para que la niña se «extraiga» el preciado líquido y otro miembro (o miembra) de la familia amamante al tierno lactante de polipropileno mientras la niña-mamá está en el cole. No es cosa de que el pelele en cuestión pase hambrota. Faltaría plus.

La muñeca sale por la nada desdeñable cantidad de 40 machacantes, aunque eso sí, es capaz de succionar y eructar entre otras cosas. Desconozco si también suda, tiene flatulencia, le sale cera en las orejillas o pelusillas en el ombligo. Si no lo hace, por ese precio debería hacerlo.

Eso sí, el sacaleches por lo visto se vende aparte por el módico precio de 12 leuros de curso legal

Al parecer, el kit lúdico maternal está avalado por pedagogos y pedagogas muy reputados. ¡La reputa! Vamos, que no acabo de verle el intríngulis al tema del sacaleches.

Digo yo que, ya puestos, habrá que ir pensando en otros juguetes de alucinante realismo.

Para ir haciendo boca, propongo los siguientes:

  • Mi primer kit de fertilización In Vitro (no haré comentarios sobre el sacaleches, aunque ya adelanto que se venderá aparte) 
  • Barbie Superhipoteca Subprime
  • Mi primera melopea de Jesmar
  • Mi primer laboratorio de speed (este, lógicamente lo fabricaría  CEFA)
  • Aprende a traficar con Pin y Pon
  • Aprende a destilar cazalla con la Señorita Pepis 
  • Ken Supersubvención Estatal
  • Trivial Pursuit, Belén Esteban Edition
  • Nancy Farlopilla

Juguetes todos ellos de dudosa calidad educativa, pero de acreditado  realismo.

Pero vamos, que sólo es una idea…

 

Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

¡La leche con la muñeca!

Ojiplático  me hallo con el anuncio de la muñeca con sacaleches para promocionar la lactancia materna. Que no es que me parezca mal la cosa de la lactancia natural, y todo eso. ¡Qué va! La cosa es que la muñeca en cuestión, tiene como accesorio un sacaleches de pega con su pera y todo, para que la niña se «extraiga» el preciado líquido y otro miembro (o miembra) de la familia amamante al tierno lactante de polipropileno mientras la niña-mamá está en el cole. No es cosa de que el pelele en cuestión pase hambrota. Faltaría plus.

La muñeca sale por la nada desdeñable cantidad de 40 machacantes, aunque eso sí, es capaz de succionar y eructar entre otras cosas. Desconozco si también suda, tiene flatulencia, le sale cera en las orejillas o pelusillas en el ombligo. Si no lo hace, por ese precio debería hacerlo.

Eso sí, el sacaleches por lo visto se vende aparte por el módico precio de 12 leuros de curso legal

Al parecer, el kit lúdico maternal está avalado por pedagogos y pedagogas muy reputados. ¡La reputa! Vamos, que no acabo de verle el intríngulis al tema del sacaleches.

Digo yo que, ya puestos, habrá que ir pensando en otros juguetes de alucinante realismo.

Para ir haciendo boca, propongo los siguientes:

  • Mi primer kit de fertilización In Vitro (no haré comentarios sobre el sacaleches, aunque ya adelanto que se venderá aparte) 
  • Barbie Superhipoteca Subprime
  • Mi primera melopea de Jesmar
  • Mi primer laboratorio de speed (este, lógicamente lo fabricaría  CEFA)
  • Aprende a traficar con Pin y Pon
  • Aprende a destilar cazalla con la Señorita Pepis 
  • Ken Supersubvención Estatal
  • Trivial Pursuit, Belén Esteban Edition
  • Nancy Farlopilla

Juguetes todos ellos de dudosa calidad educativa, pero de acreditado  realismo.

Pero vamos, que sólo es una idea…

Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

La herencia de la incoherencia

Leo en el blog amigo http://desdelaveleta.blogspot.com, escrito por La Gata Negra,  un encendido comentario acerca de la penúltima memez de un memo profesional que ha entrado él solito y por méritos propios en el Salón de la Fama de Memolandia: Salvador Sostres.

Para quien aún no lo conozca, es entre otras cosas columnista de El Mundo y tertuliano de Telemadrid que cada vez que abre la boca consigue que suba el pan  de hogaza y baje el índice Nikkei, el IBEX 35, el karma de Menéame y el Windows 7.  Este señor, que antaño escribía encendidas soflamas nacionalistas en Avui, hogaño  defiende posturas ultraliberales asomado al lado opuesto en un inexplicable, pero posiblemente rentable, giro ideológico. Si algo me jode es la gente incoherente. Mire usted, que diría Josemari, sea usted lo que sea, prefiero verle venir que no saber de qué pie cojea. Una cosa es evolucionar y otra muy diferente arrimarse al sol que más caliente y más convenga. En ese sentido me parece más fiable, por poner un ejemplo, un ultrafacha, un antisistema, o un Yihaidista,  que al menos sé por donde me van a salir, que un espécimen de dudosa clasificación que un día huele a sobaco, al otro a Axe y al otro a Chanel Nº 5,4 periódica pura.

El caso es que el amiguete, al que ya en su día le dedicaron un grupo en Facebook con gran número de seguidores («Salvador Sostres: Gilipollas del año» se llamaba), y  que escribió un «lúcido» artículo a cuenta de la muerte de Labordeta, entre otros méritos,  ahora ha sido pillado en un pequeño lapsus en los momentos previos a la emisión del programa «Alto y Claro» de Telemadrid.

Vean:

Ahora, se queja de que son imágenes «robadas» en el contexto de una «conversación privada». Desconozco  qué entiende este prohombre por «conversación privada», pero si hay cámaras focos y público me parece que la privacidad se queda un tanto mermada. Vamos, digo yo. Viva la coherencia.

Hablando de falta de coherencia,  también destaca estos días lo que está pasando en el Sáhara. O, según Marruecos, lo que no está pasando. Mientras tanto, aquí se dan por buenas desde las altas esferas las explicaciones del Reino Alauí y no se hace ni puto caso de la versión Saharaui, pero bueno, al menos Mohammed VI nos va a permitir enviar a dos medios españoles para que nos lo confirmen. Al final irán representantes de El País y de El Mundo. Al resto de los medios que les den mantequilla para suavizar el roce.

Queda por ver si Pedro J.  manda a Sostres  de enviado especial, que por poder, podría ser. Igual hay suerte y un camello le estampa la patilla en medio de los huevecillos. Mira tú por donde iba a resurgir en las capillas catedralicias la figura del castrato. Lo que íbamos a fardar con nuestro propio Farinelli cantando hermosas melodías con voz prístina y ese  aspecto de camionero del mismo centro de  Kentucky que se gasta el colega.

En definitiva, desde el PSOE lo dan por bueno en tanto no haya pruebas fehacientes, y desde el PP van de guays con la causa Saharaui. Poquita memoria por ambas partes, me parece.

Y es que el problema, al margen de que haya muchos Saharauis con DNI español, que no deja de ser un cacho de plástico con un chip incrustado (¡Coño!, igualito que la Visa), es que han pasado siete lustros mal contados desde que España abandonó el Sáhara y ninguno de nuestros gobiernos ha cogido el toro por los cuernos ni por ningún otro apéndice. El colonialismo es lo que tiene. Molan los fosfatos, mola el olor golosón de los hidrocarburos, molan los beneficios que obtienen los lobbies de siempre (¿Lobbie viene de lobo?), pero a los legítimos propietarios del Sáhara occidental que les den.

Aquí ya no tratamos de dignidades nacionales, ni de recuperar perejiles al alba y con viento de levante o poniente, o de donde coño soplase. Se trata de ser coherentes con los compromisos contraídos. Un siglo de ocupación española. 100 añazos en los que curiosamente sólo hubo algo de interés en la explotación pesquera, en reclutar personal para la cosa de la  milicia  y,  desde los años 50, en la explotación de los fosfatos. Otra herencia cojonuda del franquismo que no han sabido resolver ninguno de nuestros gobernantes. Tanta culpa tiene el que mata la burra como el que sostiene la pata.  Será porque hay demasiados intereses y muy poco interés. Así son nuestras paradojas patrias.

Así son nuestras vergüenzas, que ahora tapamos pudorosamente no vaya a ser el demonio que se nos vean las ladillas de la historia aferradas al vello púbico. La historia es la que es, por más que la tapemos a paladas. Aquí de eso sabemos un huevo de pato a base de remodelaciones de las crónicas y memorias históricas varias, a fuerza de divisiones entre fachas y rojos, de simplismos de libro gordo de Petete, de votar con las tripas, con el culo o con una garrafa de bilis en lugar de con la cabeza, de ser del Madrid o del Barça, de Pinto o de Valdemoro, de frases hechas, de localismos paletos y ombligueros, de bulerías o rondeñas, de Fernando Alonso, o de Vettel…

Yo soy español, y asturiano, y europeo, y ciudadano del mundo y de la Vía Láctea si es preciso.  Y el orden me da lo mismo,  que al fin y al cabo tanto monta, monta tanto…

Y es que,  huerfanito de padre y madre como soy, hay ocasiones en las que asomarme a la ventana del mundo sólo me incita a acordarme de la madre que me (nos) parió que, como todo el mundo sabe, qué descansada quedó…

Salam Aleikum… Shalom… Que la paz sea con nosotros …de una puta vez.

 

Compartir esto en Redes Sociales, Whatsapp o por correo electrónico

Este sitio web utiliza cookies, y por tanto si continúas en él, das consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, y bla, bla, bla.. . Pincha el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies